50 años de una difícil decisión: Cuando Armstrong fue elegido para pisar la Luna

La personalidad de Neil Armstrong fue un factor decisivo en su elección para ser el primer humano que caminara sobre la Luna

Este domingo se cumplen 50 años de la toma de una decisión difícil. Tras largas semanas de expectación en las que se lanzaron todo tipo de especulaciones, el 14 de abril de 1969 el director del programa Apolo, George Low, anunció en una rueda de prensa que Neil Armstrong sería el primer ser humano que caminaría sobre la Luna, y que su compañero de tripulación Buzz Aldrin le seguiría unos minutos después.

¿ARMSTRONG O ALDRIN?

Ser el primer ser humano que caminará sobre la Luna sería un privilegio que había que confiar a alguien excepcional. La tripulación del Apolo 11 estaba constituida por Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins. Este último era el piloto del módulo de mando y permanecería en la nave. Los otros dos astronautas caminarían sobre nuestro satélite, pero ¿quién lo haría primero? Ambos eran personas sobresalientes, ambos reunían méritos suficientes para pasar a la historia de la exploración espacial por su puerta más grande.

Neil Armstrong, de 39 años de edad, era un ingeniero aeroespacial que había sido formado en la Universidad de Purdue y en el Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT). Su perfil ha quedado retratado, por ejemplo, en la reciente película First Man, en la que es interpretado por el actor Ryan Gosling. Había iniciado su formación de piloto cuando fue llamado a filas en 1949 y participó en la guerra de Corea ejecutando 78 misiones de vuelo. Pasó a la reserva en 1953 hasta que renunció a su cargo en 1960.

Tras graduarse en Purdue, se convirtió en piloto de pruebas y durante sus numerosos vuelos se vio envuelto en distintos incidentes. En 1958 fue seleccionado por el programa de la Fuerza Aérea de los EEUU que debía poner un hombre en el espacio y en 1962 fue solicitado por Deke Slayton, el jefe de la oficina de astronautas para ingresar en el cuerpo de astronautas de NASA. Armstrong se convirtió de esta manera en uno de los primeros civiles que llegaron a ser astronautas.

Buzz Aldrin, también de 39 años de edad, había estudiado en la Academia Militar en West Point e ingresó en la Fuerza Aérea de los EEUU donde recibió un intenso entrenamiento como piloto. Como Armstrong, también sirvió en la guerra de Corea ejecutando numerosas misiones de vuelo. Se doctoró en astronáutica en el MIT, de forma que cuando fue seleccionado como astronauta de NASA, pasó a ser el primer astronauta de la historia con título de doctor.

ARGUMENTOS TÉCNICOS Y PERSONALES

Cuando George Low anunció la decisión de NASA de que el primer ser humano que pisaría la Luna sería Armstrong, argumentó la decisión en términos técnicos: Armstrong era el comandante de la misión y, como tal, estaría situado en el módulo de alunizaje en una posición con respecto a la puerta de la pequeña cápsula que hacía más fácil y rápida su salida. En efecto, frente a la puerta, vista desde el interior, Armstrong iría a la izquierda y Aldrin a la derecha; como la puerta se abría hacia la derecha, la salida de Armstrong resultaba más inmediata.

Sin embargo, gracias a un libro publicado mucho después por Chris Kraft, director de operaciones en vuelo, se supo que la decisión se había tomado en una reunión que había tenido lugar en NASA varias semanas antes. En aquella reunión habían participado George Low -director del programa Apolo-,

Deke Slayton - jefe de los astronautas-, Bob Gilruth -director del centro de vuelos tripulados- y el propio Kraft. Allí también se tuvo en cuenta la personalidad de ambos astronautas. Mientras Aldrin era de carácter muy expansivo, autosuficiente y excesivamente extrovertido, Armstrong era mucho más fiable, serio y discreto. Armstrong debía representar mejor el ideal del norteamericano medio y podría llevar durante toda su vida el privilegio de haber sido el primer hombre en la Luna con mucha mayor calma y discreción.

Así que la personalidad de Armstrong fue un factor decisivo en su elección. La larga vida del astronauta (falleció en 2012) demostraría que esta elección fue muy acertada. Armstrong siempre se comportó con suma seriedad y discreción. Poco después del Apolo 11 anunció que no regresaría al espacio, se mudó a vivir al campo, trabajó como profesor universitario, participó en comisiones de NASA y en los consejos de dirección de varias empresas, pero nunca se dejó llevar por la embriaguez del éxito.

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