Jaleo en el sistema solar: ¿por qué es tan difícil saber si hay nueve o diez planetas?

El misterioso noveno planeta podría no existir, pero un equipo de astrofísicos cree haber descubierto ya un nuevo Planeta Diez. ¿Debemos olvidar lo que aprendimos en el colegio?

Hay últimamente un poco de jaleo entre los vecinos que forman esta nuestra comunidad: el sistema solar. Primero fue la degradación de Plutón de la categoría de planeta a planeta enano. Luego el descubrimiento de un posible nuevo planeta llamado a ocupar su lugar, el Planeta Nueve. Ahora parece ser que ese Planeta Nueve podría no existir finalmente, pero los astrónomos anuncian otro posible planeta, el Planeta Diez.

Todo este ajetreo se está produciendo en el cinturón de Kuiper, una región del sistema solar más allá de Neptuno poblada por objetos de entre 100 y 1.000 kilómetros de diámetro. Una vez conocidos y estudiados los alrededores de nuestro planeta, los astrónomos han puesto la mirada en esta zona para averiguar con quién más compartimos vecindario. Es lo que pretende el Estudio Sobre los Orígenes del Sistema Sola Exterior, Outer Solar System Origins Survey, OSSOS, un proyecto internacional de cuatro años para elaborar un inventario de los objetos de esa región del espacio. Pero decirlo es más fácil que hacerlo.

ALGO PERTURBA EL CINTURÓN DE KUIPER

La Tierra y los demás planetas conocidos del sistema solar orbitan en torno al Sol todos más o menos en el mismo plano, pero los objetos del cinturón de Kuiper (hasta el momento se han descubierto una docena) se encuentran a suficiente distancia de la influencia gravitacional de éstos como para orbitar en distintos ángulos de este plano, dependiendo de las colisiones que hayan sufrido y de sus trayectorias previas. Los astrofísicos pueden calcular esos ángulos, y cuando esas predicciones fallan, suele ser señal de que algo imprevisto se oculta cerca, afectando a sus trayectorias.

Esto fue lo que ocurrió en 2014: científicos del Instituto de Tecnología de California publicaron en Nature evidencias sobre la existencia de un posible Planeta Nueve en esta zona. Observando el movimiento de algunos de los objetos del cinturón de Kuiper, llegaron a la conclusión de que éste se veía afectado por la fuerza gravitacional ejercida por un objeto mayor, lo que ellos propusieron que debía ser un planeta con una masa diez veces superior a la de la Tierra y que tardaba en completar una órbita alrededor del Sol entre 10.000 y 20.000 años.

SIN TODOS LOS DATOS NO HAY CONCLUSIONES

Ahora, otro estudio pone en duda esta posibilidad. Los argumentos a favor de la existencia de este Planeta Nueve se basaban en la agrupación de seis objetos del Cinturón de Kuiper que orbitaban en dos grupos, una formación inusual que los científicos achacaron a la influencia de un objeto mayor: el posible planeta. En la última investigación, otro equipo señala que esos datos no estaban completos debido a los problemas de visibilidad que causa el mal tiempo en algunas épocas del año, y a que es más fácil observar aquellos objetos del Cinturón de Kuiper que desde la Tierra nos pillan fuera del plano de la Vía Láctea.

Estos sesgos en la visión hacen que los astrofísicos vean más grandes los objetos de unas zonas del espacio que de otras, aunque su distribución en realidad pueda ser homogénea, y por tanto saquen conclusiones sesgadas sobre la presencia de grandes objetos con influencia gravitacional sobre los cuerpos que orbitan a su alrededor. De hecho, los miembros del OSSOS han descubierto recientemente cuatro nuevos cuerpos en esa zona que no parecen estar bajo la influencia de ese misterioso Planeta Nueve, lo que pone en duda su existencia.

ENTONCES... ESO NUEVO, ¿QUÉ ES?

Pero no lloremos la pérdida todavía porque, mientras se aclara la existencia del Planeta Nueve, Kathryn Volk y Renu Malhotra, de la Universidad de Arizona, creen haber dado con la pista de otro nuevo planeta, el Planeta Diez. Según su investigación, que se publicará próximamente en la revista The Astronomical Journal, algunos objetos del exterior del cinturón de Kuiper presentan un ángulo de órbita que difiere en 8 grados lo que los cálculos predicen. Este resultado resulta inesperado si los ocho planetas que conocemos son efectivamente los únicos del sistema solar.

Según el estudio de Volk y Malhotra, para causar este efecto el planeta desconocido debe tener la masa aproximada de Marte, algo que causa cierto escepticismo entre sus colegas, que señalan que un objeto de ese tamaño debería haber sido detectado antes.

"Lo único que podría confirmar definitivamente esta posibilidad es que los observadores descubran un planeta adicional en el sistema solar con suficiente masa como para causar esas desviaciones", explica Volk. La investigadora considera que las probabilidades de que sus resultados se deban a un error estadístico rondan el 1%, pero reconoce a la vez que la muestra de objetos en esa zona es todavía pequeña para descartar cualquier posibilidad.

BUSCANDO MOVIMIENTOS EN LA OSCURIDAD

¿Por qué es tan difícil descubrir con seguridad nuevos planetas en nuestro sistema solar? Porque el proceso se parece mucho a buscar algo a tientas en la oscuridad a partir de un eco impreciso. Los planetas y, en general, los objetos del sistema solar se descubren a partir de la toma repetida de imágenes del espacio, en las cuales se buscan cambios de posición de los objetos respecto a las estrellas del fondo, inmóviles desde nuestra posición. "Cuanto más lejos está algo del Sol, y de nosotros, más borroso lo veremos y más despacio parecerá moverse", explica Volk, quien también forma parte del equipo OSSOS.

"El otro problema es que ¡el espacio es enorme!", bromea. Así que los astrónomos deben encontrar un equilibrio entre lo nítidas que quieren obtener las imágenes y la superficie del cielo que quieren cubrir. "Los estudios que buscan objetos tenues a nuestra vista normalmente están limitados a cubrir pequeñas áreas del espacio", continúa, y por ese motivo, no toda la superficie espacial visible desde la Tierra ha podido ser estudiada todavía en busca de objetos desconocidos en la parte exterior del sistema solar.

Además hay objetos que se ponen por medio o cuyo brillo dificulta la observación. Algunas investigaciones tratan de evitar buscar en las zonas del plano galáctico, donde el brillo de las estrellas de la Vía Láctea hacen que buscar un objeto borroso que se mueve despacio sea como buscar una aguja en un pajar. Esta es precisamente la explicación que Volk cree más plausible para la hasta ahora invisibilidad de su Planeta Diez: "Debería ser bastante brillante, así que probablemente esté oculto a nuestra vista en esa porción de cielo oscurecida por el plano galáctico".

¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DE NEPTUNO?

Debido a estos problemas de observación (que no son tan diferentes de los que tenemos los humanos cuando oteamos en busca de algo en la distancia), conocemos con mucha certeza los objetos que rodean a nuestro planeta, pero no tenemos tan claro qué hay más allá de Neptuno, el octavo y de momento último planeta del sistema solar.

No parece probable que encontremos allí otro gran planeta, como Júpiter o Saturno, pero sí puede haber alguno más pequeño. "No me sorprendería en absoluto que encontrásemos al menos un planeta nuevo en el lejano sistema solar exterior a medida que el estudio avanza y seguimos expandiendo el área y el detalle del cielo en los que buscamos nuevos objetos", concluye Volk.

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