El mejor talento joven reclama una oportunidad en casa

Ni las ayudas, ni la investigación ni el mercado laboral en España suelen acompañar a su excelencia

Tienen currículums de infarto y una formación exquisita fruto de la preparación y el esfuerzo. Sin embargo, ni las ayudas, ni la investigación ni el mercado laboral en España suelen acompañar a su excelencia y su talento acaba muchas veces fuera de nuestras fronteras.

Cuando Adrián Sánchez acabó en Mérida su Bachillerato lo hizo con una media de Matrícula de Honor, lo que le permitió acceder a la Licenciatura de Biotecnología en la Universidad de Salamanca. De ahí a la Bellarmine University (EE.UU) y después finalizó con sobresaliente el Máster en Biología y Clínica del Cáncer. Esto le abrió las puertas al Doctorado, gracias a un contrato predoctoral concedido por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Con este currículum podría haber seguido adelante sin mirar atrás, pero decidió que la excelencia tenía que tener reconocimiento. Ha puesto en marcha, junto a otros graduados, la Sociedad Española De Excelencia Académica (Sedea): «Al finalizar la carrera el panorama laboral no es tan halagüeño como cabría esperar para estudiantes tan sobresalientes. Resulta incomprensible que con semejante talento y capacidad de esfuerzo se vean en situación precaria, con prácticas mal remuneradas o contratos del Sistema Nacional de Garantía Juvenil».

Ranking nacional

Sedea tiene la misión de identificar, poner en valor y acreditar a los mejores graduados del país mediante el Ranking Nacional «Graduados Top»; y contribuir a su éxito laboral con un Portal de Empleo Exclusivo, donde pueden apuntarse gratuitamente para acceder a ofertas laborales, prácticas y becas en las mejores empresas e instituciones del país. «Queremos apoyar a los estudiantes más sobresalientes en el momento de su primera inserción laboral, evitando situaciones de desempleo o sobrecualificación que conlleven el desaprovechamiento de sus excelentes capacidades», sentencia Adrián.

Informes de la OCDE afirman que un profesorado motivado influye más en el éxito académico que el gasto educativo. «He tenido profesores muy implicados» afirma Jesús Sevilla, y lo dice recordando su instituto de la pequeña localidad de Aguilar de Campoo, al norte de Palencia. «La educación es un ascensor social, donde importa el esfuerzo y las capacidades, no de dónde vengas». Y sabe de lo que habla: «Vengo de una familia humilde, dedicada al campo, al pastoreo y la cría de ovejas».

Con una nota de más de 13 sobre 14 en la Ebau, recibió el Premio a la Excelencia de Fundación Dädoris, con el que pudo ir a la universidad. Jesús cree que las ayudas públicas son insuficientes y «dejan fuera del sistema a alumnos brillantes, sin recompensa por su esfuerzo». Estudia Físicas en la Universidad de Valladolid y afirma que «aunque llegues con una gran nota, eres igual que el resto. El interés por aprender depende de uno mismo, aunque el apoyo docente es clave para potenciar la excelencia académica». La media de su primer curso: 9,3. El próximo año quiere ir a Malta: «Estudiar fuera es una puerta a nuevas y mejores oportunidades».

Paula Martín es una de esas estudiantes excelentes que han salido de nuestras fronteras. De un pequeño pueblo de la sierra madrileña, Pedrezuela, a los laboratorios de Cambridge gracias a la carrera de Biotecnología Médica. «Al terminar, en España no veía opciones para seguir investigando sin depender de mis padres, y solo conseguí ofertas para trabajar en consultoría. Una profesora me asesoró sobre programas de excelencia y descubrí que en el extranjero hay multitud de ayudas».

Consiguió la beca Rafael del Pino para hacer el posgrado en el Imperial College de Londres y después en una de las instituciones más prestigiosas para su doctorado, la Sklodowska Marie Curie Fellowship. «Cuando ves cómo se hacen las cosas fuera te das cuenta de todo lo que nos queda por aprender. En cuanto a formación estamos muy igualados, pero la infraestructura fuera es sorprendente. Estoy haciendo cosas que en la Universidad española ahora mismo no son ni planteables». Con especialización en imagen médica y un máster en física médica, ahora implementa modelos de inteligencia artificial en radiología para predecir cómo pueden responder los pacientes a una terapia u otra. Y por si fuera poco se ha apuntado como voluntaria en un grupo de trabajo frente al SARS-CoV-2. ¿Volver? «Lo estoy deseando, pero ahora en España tendría un contrato predoctoral por 900 euros al mes. En el extranjero cualquier beca está muy por encima y pagan las tasas que suman más de 10.000 euros. Porque estudiar fuera sin beca, para muchos de nosotros, es inviable. Pero si hubiera encontrado todo lo que tengo aquí no me hubiera ido».

Bernardo Navazo, presidente de la Asociación de Becarios de Excelencia Rafael del Pino, es ingeniero aeronáutico de formación y encontró su verdadera vocación tras licenciarse en Ciencias Políticas y de la Administración. «Para mí, la excelencia es dar lo mejor de uno mismo en cada momento. Así entendido, es un compromiso al alcance de todos con independencia de las condiciones de partida», asegura. Afirma que la Fundación Rafael del Pino cambió su vida al becarle para estudiar un máster de Relaciones Internacionales en la Universidad de Columbia durante dos años. «La experiencia de estudiar en universidades de prestigio es inigualable. Son lugares donde las discusiones son de excelencia global y el compromiso con la educación es elevadísimo», explica. Primer español en dar el discurso de graduación en esta escuela de Columbia, Navazo afirma que «la Universidad española debe seguir mejorando para no desaprovechar el talento. Que idealmente vaya fuera, se forme y regrese y ayude a hacer el país. En nuestra asociación tenemos muchos jóvenes con ese perfil, auténticos fueras de serie que esperamos que vuelvan a aportar riqueza, conocimiento y valor».

Nora El Bouhni es un ejemplo de cómo la motivación rompe todas las barreras. Con una vida en el humilde barrio de la Ventilla, siete hermanos, padre marroquí y madre gitana, el estudio fue «una manera de encontrarme a mí misma», relata y «gracias al premio a la excelencia de la Fundación Dädoris pude romper esquemas y ser la primera de mi familia en acceder a la Universidad». A pesar de un estupendo expediente en Bachillerato, no logró hacer el doble grado en Derecho y Ciencias Políticas por un 0,2, «Pensé que después de tanto esfuerzo había fracasado. Un número, dos décimas, iban a determinar mi futuro. Pero saqué lo positivo y estoy feliz en Derecho», explica esta universitaria que ya se ha ido a la India como voluntaria, y cuya ilusión es cursar un Máster de derechos humanos y gobernanza, para poner todo su potencial en ayudar a los demás.

Marina Martínez investiga en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña cómo regenerar tejido cardíaco gracias a la beca de La Caixa INPhINIT. «La excelencia no tiene más límites que los que tú mismo te impongas, pero las becas son un trampolín esencial a la hora de empezar este camino». Gracias a ellas pudo cursar estudios de postgrado en Estocolmo y en la Harvard University, en Boston: «Sin ellas no estaría donde estoy», asegura. Siempre ha tenido claro que quería estudiar fuera aunque está convencida de que los estudiantes se van por necesidad. «Yo regresé porque primé mi situación personal a pesar de que en Boston tenía multitud de posibilidades. Pero si la situación fuera otra, el talento se quedaría dentro de nuestras fronteras». Le gustaría dirigir su laboratorio y realizar sus investigaciones, pero «vives en una situación precaria, dependiendo de conseguir becas muy competitivas, por lo que no descarto acabar en una empresa biotecnológica. Elegiré entre razón y corazón».

María Petronela llegó del Este a España a los siete años. «Desde pequeña siempre me gustó la judicatura, lo que hacían esos abogados que veía en las películas», rememora esta estudiante de Derecho en la Universidad Camilo José Cela, donde llegó en su segundo año de carrera y recibió una beca de alto rendimiento por sus excelentes notas: «Tienes que demostrar cada año que la mereces, es un camino duro. Hay alumnos que no logran nota, no pueden optar al sueño de su vida, y no tienen dinero para costearse los estudios. Un número no debería decidir tu futuro». No obstante, reconoce que a ella le ha servido para poder cursar un máster (recibió el premio Talento Joven al mejor expediente académico), para pasar por despachos internacionales, trabajar en la Administración Pública o en una multinacional donde se habría quedado, sino fuera porque le han dado una nueva beca para hacer su tesis de doctorado. «Ser excelente no implica simplemente tener la mejor nota, sino adquirir principios y valores e intentar transmitirlos a tu alrededor, defender tu profesión con honradez y valentía, y hacer lo que te gusta con pasión».

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