Pareja de ancianos. / Pavlofox (PIXABAY)

Pareja de ancianos. / Pavlofox (PIXABAY)


¿Qué sabemos sobre el ritmo de la senectud?

Algunos científicos predicen que el primer humano que llegará a cumplir 1.000 años ya ha nacido. Otros, sin llegar a afirmaciones tan provocadoras, afirman que la mayoría de los niños y niñas nacidos actualmente llegarán a soplar más de 100 velas. Lo cierto es que ninguna otra dinámica social ha mostrado tal constancia en su evolución a largo plazo, como lo ha hecho la longevidad. Durante el último siglo y medio, hemos ganado 6 horas de vida por cada día que sobrevivimos. En la España de 1900, la esperanza de vida de un recién nacido era de casi 35 años. En la actualidad hay que esperar a cumplir 50 años, para tener por delante la misma expectativa de vida de un recién nacido de entonces. Cabría preguntarse si, en términos de expectativas de vida, estamos envejeciendo o rejuveneciendo.

La extraordinaria prolongación de las trayectorias de vida individuales nos está transformando en sociedades más añejas. Sociedades no solo con población de más edad, sino también de más edades, transitando por períodos de vida apenas explorados por generaciones previas. Son los centenarios y supercentenarios los grupos de edad que más están aumentando. Este escenario ofrece algunos de los más sugestivos retos a los que se enfrenta la investigación científica en la actualidad. Una de las grandes cuestiones es la relativa a los límites de la vida humana. ¿Hasta dónde podemos seguir ganando vida?  Sabemos que la longevidad humana se encuentra entre la de Zeus -eterno- y la del salmón -que muere tan pronto como se reproduce-. Pero tenemos pocas más evidencias al respecto, aunque sí muchas hipótesis y algunos debates apasionantes.

Dolores Puga. Científico titular del CSIC. Instituto de Economía, Geografía y Demografía

Este escenario también nos lleva a preguntarnos por el inicio de la senectud. No por el umbral de 65 años, establecido en 1919, sino por el inicio de un proceso, paulatino pero irreversible, de declive de la salud que finaliza con la defunción. Sabemos que hasta ahora hemos estado ganando vida -en términos generales- retrasando la senectud, no ampliándola. Pero, ¿hasta dónde se puede seguir retrasando el inicio de la senectud? ¿Y el ritmo de la misma? ¿Podemos retrasar (más) el reloj del envejecimiento (individual) o, al menos, ralentizarlo? A este respecto nos interesan los superlongevos, aquellos que efectivamente han logrado retrasar el reloj y que pueden ayudarnos a vislumbrar fenómenos que todavía no son patentes en el conjunto de la población.

Por otra parte, las generaciones que actualmente transitan la vejez han sido los protagonistas de un fenómeno conocido como la 'compresión de la discapacidad'. Los actuales octogenarios están experimentando procesos de aumento de la fragilidad que generaciones anteriores conocían diez años antes. Como consecuencia, ha emergido un enorme potencial de vida en salud entre la población septuagenaria. ¿Cuál es el potencial mimético del fenómeno por parte de los octogenarios de las próximas generaciones?

También nos preguntamos cuáles son los principales moduladores de la senectud y la longevidad. Investigaciones respecto a estilos de vida, factores conductuales y otras 'buenas prácticas' individuales nos dan algunas pistas. Pero, además, hemos de incluir en la mirada la existencia de condicionantes o 'facilitadores' provenientes del entorno físico, tecnológico y social. Todo ello nos ayudará a envejecer mejor y, quizás, más tarde.

Finalmente, no podemos dejar de intentar dar respuesta a las cuestiones abiertas por las distintas trayectorias de senectud de hombres y mujeres, en su relación con la longevidad y la salud. Los problemas de salud que los afectan a partir de la madurez son distintos -y sus consecuencias en términos de supervivencia y limitaciones, también-. Ellas tienen trayectorias de senectud más largas y con más dolor. Pero los recorridos de vida previa (laborales, de cuidado) también son muy distintas entre las actuales generaciones de mayores, determinando en gran medida los recursos (de salud, económicos o sociales) con los que se alcanza la vejez. Por ello, desde distintas disciplinas, nos preguntamos en qué medida determina el género dos formas de envejecer.

A todas estas preguntas intentaremos dar respuesta en el encuentro "Investigación interdisciplinar sobre envejecimiento: El ritmo de la senectud" organizado por la Fundación General CSIC, en el marco de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). En este encuentro se dará cita un grupo destacado de investigadores con el propósito de reflexionar, entre sí y con los asistentes, sobre cuáles son las evidencias existentes y cuáles son las preguntas relevantes a las que la ciencia intenta dar respuesta, desde distintas aproximaciones disciplinares, en relación con la senectud y la longevidad, así como los cambios producidos a través del tiempo biográfico, generacional e histórico. El encuentro tendrá lugar en Santander los días 13 y 14 de julio.

Dolores Puga dirige el encuentro Investigación interdisciplinar sobre envejecimiento: El ritmo de la senectud. Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Santander, 13 y 14 de julio.

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