

|
| Por: |
Mikel Navarro Arancegui
Catedrático de economía de la ESTE-
Universidad de Deusto
|
El término Sistema Nacional de Innovación (SNI) aparece,
por primera vez, en una publicación de Freeman (1987) sobre la innovación en
Japón. Por SNI se entiende aquel sistema constituido por las organizaciones e
instituciones de un país que influyen en el desarrollo, difusión y uso de las
innovaciones. A diferencia de las aproximaciones sectoriales, que habían
enfatizado que los rasgos del proceso de innovación eran específicos de cada
industria y tecnología, el enfoque de los SNI sugiere que las características
de un país influyen fuertemente en los resultados innovadores de sus empresas.
En poco tiempo, el concepto de SNI y el interés por analizar
los determinantes nacionales de los procesos de innovación y de su difusión se
extendió entre los economistas y dio lugar a varias notables publicaciones, en
las que colaboraron un significativo y cualificado número de analistas,
editados respectivamente por Lundvall (1992b), Nelson (1993), Edquist (1997b) y, más recientemente, y a modo de recopilación, por Edquist y Mckelvey (2001).
Pero este concepto y tipo de análisis no sólo captó el interés de los
estudiosos del cambio técnico, sino que también una serie de renombrados
organismos oficiales lo hicieron suyo y lo impulsaron en sus grupos de trabajo y publicaciones. Así, hoy día, la OCDE, la Comisión Europea y la UNCTAD
utilizan dicho concepto como parte integral de su perspectiva analítica. E
incluso en organismos tales como el Banco Mundial y el FMI, organizaciones más
jerarquizadas y en las que la preponderancia del enfoque neoclásico es más
evidente, comienzan apreciarse cambios en favor de su aceptación.
El nuevo marco conceptual no se restringió, además, al
estudio de los sistemas de innovación nacionales, sino que al poco tiempo de su
aparición una serie de analistas comenzaron a aplicarlo al ámbito regional
(Braczyk, Cooke y Heidenreich 1998, Cooke, Gómez Uranga y Etxebarría 1997,
Cooke 1998...). Otros autores, por su parte, lo extendieron al ámbito de los
sectores y sistemas tecnológicos (Bresci y Malerba 1997, Carlson 1995 y 1997,
Nelson y Mowery 1999...). En los sistemas de innovación sectoriales o
tecnológicos sería la pertenencia a un sector o área tecnológica la que
fijaría el límite o frontera del sistema de innovación, y no un límite
geográfico determinado.
Aunque hay diferentes versiones o variedades entre los
analistas de los sistemas de innovación que hacen que no se pueda hablar de un
estándar de referencia, hay una serie de puntos comunes que permiten hablar de
un marco conceptual de sistemas de innovación:
- La innovación se sitúa en el centro del análisis y, ligada a la misma,
los procesos de aprendizaje.
- Un enfoque holístico, que trata de englobar todos los determinantes de la
innovación que son importantes, e interdisciplinar, ya que se toman en
cuenta factores no sólo económicos, sino también institucionales,
organizacionales, sociales y políticos).
- Una perspectiva histórica, que se justifica por el hecho de que las
innovaciones se desarrollan a lo largo del tiempo y porque las innovaciones,
organizaciones e instituciones, tecnologías, regiones e incluso países son
dependientes del sendero seguido ( path dependent).
- Un reconocimiento de las diferencias existentes de unos sistemas de
innovación a otros y de la inexistencia de un sistema óptimo.
- El énfasis en la interdependencia (inherente en la idea de sistema) y una
visión no lineal del proceso de innovación.
- El papel central otorgado a las instituciones (y organizaciones).
Convendría añadir que toda esta serie de trabajos que
hacían suya la terminología de sistemas de innovación, coincidieron con otra
serie de analistas o corrientes que, aunque usando una terminología y desde
unos orígenes distintos de los de la economía de la innovación, habían
llegado a tomar como objeto de análisis una realidad que en gran medida se
solapaba con la anterior. Entre tales corrientes cabrían destacar los estudios
de Porter, los analistas de los sistemas nacionales de empresas (Whitley 2000) y la corriente francesa de los sistemas sociales de innovación y producción
(Amable, Petit, Boyer…).
Digamos, por último, antes de entrar en el análisis
particular de las aportaciones teóricas realizadas por este enfoque y de las
diferencias existentes entre sus distintas versiones, que, como bien señala
Edquist, los análisis existentes sobre los SNI constituyen un marco conceptual
( conceptual framework o approach), más que una teoría como tal.
Para alcanzar el rango de teoría restan por superar una serie de ambigüedades
e inconsistencias conceptuales, por precisar los límites constituyentes del
sistema, por describir de manera rigurosa las relaciones existentes entre
variables..., limitaciones todas ellas que trataremos de ir poniendo de
manifiesto en los posteriores apartados de este trabajo. El análisis sistémico
de la innovación presentaría una base conceptual ecléctica, derivada de
varias teorías o corrientes del pensamiento económico. Según la OECD (1999)
tales corrientes son la economía evolucionista e industrial, la nueva teoría
del crecimiento y la economía institucional.
Una primera diferencia entre los analistas de los SNI,
concerniente a los componentes que aparecen en la definición del SNI, está en
el significado que asignan al término institución. Este vocablo es utilizado
tanto en el sentido de normas, reglas y leyes que modelan los comportamientos
(por ejemplo, Lundvall 1992a); como en el sentido de estructuras formales tales
como empresas, universidades, laboratorios gubernamentales, etc. que persiguen
un objetivo explícito (por ejemplo, Nelson y Rosenberg 1993 o Patel y Pavitt
1994b). Ante ello, Edquist y Johnson (1997) propugnan diferenciar ambos
sentidos, reservando para el primero el término institución y utilizando para
el segundo el de organización. Las organizaciones serían, por lo tanto,
estructuras formales con un objetivo explícito, que han sido creadas
conscientemente. Serían, pues, agentes o actores. Ejemplos de organizaciones
relevantes en los sistemas de innovación serían las empresas, las
universidades, los organismos públicos de investigación, las sociedades de
capital riesgo... Una distinción particularmente relevante entre dichas
organizaciones es la de su naturaleza pública o privada.
Las instituciones, por su parte, serían conjuntos de
hábitos comunes, rutinas, prácticas establecidas, reglas o leyes que regulan
las relaciones e interacciones entre individuos, grupos y organizaciones.
Serían, pues, las reglas del juego. Ejemplos importantes de tales instituciones
serían, en los sistemas de innovación, las leyes de patentes y las normas que
rigen las relaciones entre las universidades y las empresas. Algunas de estas
instituciones son "formales" y han sido diseñadas o creadas por
agencias públicas (leyes, normativa de patentes, etc.), pero otras son
"informales" y se desarrollan espontáneamente (derecho
consuetudinario, costumbres, tradiciones, convenciones, prácticas, etc.).
Otro punto importante de inconsistencia conceptual, entre las
distintas versiones de los SNI, es la que hace referencia al concepto de
innovación que emplean. Así, Nelson y Rosenberg (1993) utilizan, por un lado,
un concepto de innovación muy restringido, dado que limitan su análisis a las
instituciones y mecanismos que soportan la innovación tecnológica (ignorando
las organizativas, institucionales y de otro tipo); pero, por otro lado, su
concepto de innovación es muy laxo, pues basta que el producto o proceso sea
nuevo para la empresa, aunque no lo sea para su mercado o el mundo, para que sea
considerado como innovación. Freeman (1987), en cambio, toma en consideración
también las innovaciones no tecnológicas: institucionales, sociales....
Lundvall (1998a), por su parte, pone como centro de su análisis la innovación
y el aprendizaje interactivo, y dado que, como más adelante veremos, el proceso
de aprendizaje va más allá del concepto de innovación, su concepción de SNI
es también más amplia que la de los autores mencionados previamente.
Estas diferencias, de nuevo, son relevantes, dado que al ser
el principal objetivo de los SNI el descubrimiento de los determinantes del
proceso de innovación, y al variar los determinantes del proceso innovador de
un tipo de innovación a otro, el análisis de los SNI de unas versiones y otras
está, de hecho, buscando o enfatizando factores diferentes. En tal sentido,
para identificar los determinantes del proceso de innovación y, de ese modo,
ser capaces de especificar las fronteras del sistema objeto de análisis, se
debe aclarar qué se entiende por innovación y establecer taxonomias de
innovaciones.
Algunas versiones de los SNI han centrado más su atención
en los determinantes que afectan a unos tipos de innovación que en los de
otros. Así, por ejemplo, la versión Aalborg, liderada por Lundvall, ha dado
gran importancia a los procesos de aprendizaje por la práctica (by doing, by using y by interacting) y, por ende, su reflexión resulta más dirigida a los determinantes de las innovaciones incrementales; mientras que la versión americana (Nelson, Rosenberg, Mowery...) ha estado más centrada en las instituciones y organizaciones implicadas en los procesos de investigación y exploración (searching y exploring) y, por lo tanto, su reflexión trata más de los determinantes de las innovaciones radicales y de los cambios de los sistemas tecnológicos; y las reflexiones de autores tales como Freeman y Pérez, interesados por los ciclos largos, se centran más en los cambios en los paradigmas tecno-económicos.
Los SNI difieren significativamente de unos países a otros,
por ejemplo, en el peso que tienen los procesos de aprendizaje por la práctica
con relación a las actividades de investigación más formalizadas. En ese
sentido, dependiendo de sus características, unas versiones del SNI serán más
apropiadas que otras para estudiar el sistema de innovación de un país dado.
En particular, la versión Aalborg surgió como un intento de desarrollar un
marco relevante para la comprensión del crecimiento y de los procesos de
innovación en pequeños países. E igualmente, dada la mayor importancia que en
los países en vías de desarrollo poseen los conocimientos locales y
tradicionales, muchos de carácter tácito, resulta preferible para ellos un
enfoque de SNI más amplio, y no tan restrictivo y centrado en las instituciones
ligadas directamente al sistema de ciencia y tecnología y a las actividades de
investigación como el de la versión norteamericana.
Llegados a este punto, conviene también abordar con más
detalle la relación existente entre la innovación y el proceso de aprendizaje,
dado que la misma afecta a la propia concepción del SNI. Empecemos señalando
que la innovación, en la medida en que supone la introducción de nuevo
conocimiento (recombinado o descubierto) en la economía, es fruto de un proceso
de aprendizaje. Normalmente los estudios de los SNI se han ocupado de los
aprendizajes por investigación y exploración, y de los aprendizajes por la
práctica (by doing, by using y by interacting ). Hay otra
serie de aprendizajes organizacionales (el desarrollo de rutinas empresariales,
la creación de manuales, la constitución de bases de datos...) a los que,
superando el olvido habido hasta el presente, también habría que extender el
análisis. Y puesto que el aprendizaje individual y el capital humano son
prerrequisitos necesarios para el proceso de innovación, el análisis de los
sistemas de innovación debería abarcar también el aprendizaje individual y,
para ello, basarse también en estudios de la educación y en la economía de la
educación, investigando los tipos de educación que resultan más importantes
para las innovaciones de proceso y de producto, respectivamente. En suma,
algunos proponen que los análisis se ocupen no sólo del proceso de aprendizaje
que lleva a las innovaciones de producto y de proceso de modo directo e
inmediato, sino que se ocupen de la infraestructura de conocimiento de modo
genérico, de modo que transcendiendo el enfoque de los sistemas de innovación,
se avance en el estudio de los sistemas de aprendizaje.
Otra cuestión en la que el enfoque de los SNI presenta un
nivel de desarrollo todavía insatisfactorio es el relativo a la naturaleza de
sistema de los SNI y a sus límites. En efecto, el término sistema implica la
existencia de un conjunto de componentes y de unas relaciones entre ellos, que
se condicionan y se constriñen mutuamente, de modo que conforman un todo, con
una función general claramente definida. La declaración de que existe un
sistema presupone, por otra parte, que sea posible delimitar los límites o
fronteras del mismo; lo que pertenece al sistema y lo que no.
Autores como Cooke et al. (1997) critican que buena parte de
los análisis de SNI han tendido al estudio de sistemas operacionales, es decir,
a determinar hasta qué punto elementos y relaciones realmente existentes
constituían un sistema, sin que tuviera lugar una conceptualización de los
sistemas de innovación y se especificara en abstracto qué elementos
organizaciones e institucionales y qué ligazones entre ellos debían incluirse
en tales sistemas. Se carece de una enumeración explícita de las variables que
se incorporan al sistema y de una definición y especificación de cómo se
relacionan entre sí, por no hablar de una especificación de las variables en
términos operacionales que haga posible verificar el modelo, no habiendo apenas
trabajos que hayan intentado llevar a cabo clasificaciones de los SNI
existentes.
Uno de los criterios que permitiría discernir si un elemento
determinado pertenece o no al sistema de innovación es el analizar si el
elemento en cuestión coadyuva o no, efectivamente, a que el sistema lleve a
cabo su función. Dicho de otra manera, la cuestión de la determinación de las
funciones que desempeña un sistema de innovación está estrechamente ligada al
de sus límites o fronteras. Anteriormente, hemos hecho referencia a cuál es la
función general de un sistema de innovación nacional: la producción,
difusión y uso de las innovaciones en dicho espacio. Así pues, un criterio
para determinar si un elemento determinado debe considerarse constituyente del
SNI y, por lo tanto, ser objeto de análisis, es considerar si es un
determinante o no de la producción, difusión y uso de las innovaciones. El
problema se plantea porque en la economía de la innovación la cuestión de los
determinantes de la innovación no está totalmente esclarecida. Como
consecuencia de ello, las diferentes versiones de los SNI no ofrecen una guía
precisa de qué forma parte del sistema y qué no.
Para avanzar en este campo habría que descender en el nivel
de análisis, desde la función general que hemos dicho que el SNI desempeña
hacia una serie de funciones específicas, establecidas en consonancia con lo
que se considera que son los determinantes o factores que influyen en los
procesos de innovación. Esta es una tarea que ha sido un tanto descuidada en
las contribuciones iniciales de los analistas de los SNI, que en sus trabajos
dieron prioridad al estudio de los diferentes tipos de actores e instituciones,
más que al de las funciones que ellos desempeñaban. Las principales funciones
de los SNI son similares en todos los sistemas, pero pueden ser desempeñadas
por diferentes organizaciones y en contextos de instituciones específicas
diferentes. No hay una relación de correspondencia exacta entre funciones y
organizaciones e instituciones. Ha habido algunos intentos de identificar esas
funciones específicas (por Rickne 2001, Johnson 2001...), pero todavía
persisten significativas diferencias en las listas de funciones de los sistemas
de innovación proporcionadas por estos trabajos recopilatorios, lo que es
señal de que este campo de investigación está en una fase preliminar. Resulta
preciso continuar con el trabajo de identificación de funciones y determinantes
de la innovación; y no sólo de identificación, sino también probablemente de
establecimiento de jerarquías, de acuerdo con la importancia relativa que posee
cada determinante en el proceso de innovación y las relaciones de apoyo y
refuerzo mutuo que puedan tener tales determinantes.

La identificación de funciones que faltan o resultan
inapropiadas en un sistema resulta fundamental para la política de innovación,
pues tales deficiencias -que cabría denominar "fallos del sistema"-
constituyen las causas de los "problemas" que en materia de empleo,
productividad, etc. han podido aflorar en un país determinado. En
contraposición a la noción de "fallo del mercado", que implican una
comparación entre las condiciones del mundo real (hechos empíricos) y un ideal
o sistema óptimo, los "problemas" y "fallos de sistema"
sólo pueden ser identificados por comparación entre sistemas existentes, es
decir, mediante análisis empíricos comparados, porque de acuerdo con el
enfoque de los SNI no existe un sistema ideal u óptimo.
Hagamos referencia, por último, a los problemas derivados
por el límite espacial de estos sistemas. Los autores impulsores de los
análisis de los SNI, aun sin negar la existencia e importancia creciente de
fenómenos como la globalización y la regionalización y, por ende, el sentido
y relevancia de los análisis que se efectúan en otros ámbitos espaciales,
consideran que el marco de análisis nacional sigue siendo fundamental. Una
prueba de ello -opinan ellos- la proporcionan las enormes diferencias que los
análisis de casos muestran que existen entre los SNI de unos países y otros,
o, como ponen de acuerdo los estudios empíricos, el escaso nivel de
internacionalización alcanzado por la producción de tecnología. Más aún,
como señala Porter, los menores impedimentos existentes hoy día para el
comercio hacen que el papel de la nación-base cobre mayor significación,
puesto que la nación-base es la fuente de las habilidades y la tecnología en
que descansa la ventaja competitiva.
Ese rasgo no tenderá, además, a desvanecerse en el futuro.
Junto con las tendencias comunes que impulsan hacia la convergencia, existen
otras que recrean la heterogeneidad y las asimetrías entre países. Tal como
indica Lundvall (1999: 68): "Pequeños acontecimientos históricos que
desencadenan procesos acumulativos, o la base de recursos naturales del país,
pueden dar lugar a una especialización en la producción y el comercio que
fomenta en torno suyo instituciones y una cultura empresarial específicas en
las que se apoya el establecimiento de actividades específicas. Este marco
institucional atraerá más actividades del mismo tipo; y es por lo que los
sistemas nacionales convergen sólo muy lentamente o nada en absoluto".
Lo anterior no es óbice para que, influidos en gran medida
de los estudios de ciencia regional y geografía económica, así como por el
desarrollo que experimenta tras Porter el análisis de cluster industriales, una
serie de analistas empiecen a reivindicar la idoneidad, e incluso la prioridad,
de los análisis de los sistemas de innovación en el plano regional, sobre los
planteados en el plano nacional. En una era caracterizada por una competencia
basada en el conocimiento, por la creciente importancia de la cooperación entre
empresas, por el incremento de la externalización de bienes y servicios, por el
aumento de la especialización o fijación ("stickiness") en
estructuras industriales espaciales, por las ventajas de la aglomeración para
el intercambio de conocimiento tácito y por el acrecentado papel del gobierno
regional en el suministro de infraestructuras de apoyo a la innovación, los SNI
deben ser concebidos en términos de sistemas regionales de innovación (SRI)
más que lo que lo han sido hasta entonces.
Según Cooke et al. (1997), en un SRI deberían poder
identificarse los tres subsistemas fundamentales existentes en todo sistema de
innovación: el financiero, el de aprendizaje y la cultura productiva. Cuando en
una región existen empresas, centros tecnológicos, estructuras de gobierno...
y, punto crucial, tales organizaciones mantienen intercambios o interrelaciones
sistémicas (es decir, regulares, bidireccionales...) en asuntos claves para la
innovación y la competitividad, cabe considerar que existe un sistema de
aprendizaje regional. Cuando al mismo se añade una infraestructura financiera
que posibilita a las empresas llevar a cabo las innovaciones y una cultura
productiva (esto es, un sistema de valores compartidos por los miembros del
área local y regional relativos a la esfera productiva), hablaríamos de un
SRI. En términos más teóricos, un sistema regional de innovación se
definiría como "un orden colectivo basado en regulaciones
microconstitucionales condicionadas por la confianza, responsabilidad,
intercambio e interacción cooperativa" (Cooke 1998: 24-25).
Pocas regiones cumplen todos los requisitos de un SRI y, por
otra parte, puede haber diferentes modalidades por las que operen los procesos
de innovación regional. Los analistas de los SRI han, tratado, en tal sentido
de desarrollar clasificaciones o tipologías de los SRI. Cooke (1998), por
ejemplo, clasifica los SRI en función de la dimensión de gobierno (o modo de
provisión de la infraestructura de apoyo a la innovación empresarial en la
región) y de la dimensión de las empresas (posición de las empresas en la
economía regional con respecto a otras empresas y al resto del mundo, y con
relación a los productores y consumidores en el mercado). Otro intento de
clasificación de SRI es el que propone Heijs (2001), que utiliza como criterios
para ello la especialización productiva, las actividades innovadoras y el nivel
de descentralización política existente en la región.
[*] Las referencias bibliográficas precisas de las obras mencionadas y de otros trabajos utilizados para la realización de este trabajo se encuentran recogidas en la bibliografía que acompaña al artículo original, publicado en la Monografía nº 4 de la Revista Madri+d, que constituye la base de esta breve versión electrónica.
Volver arriba
|