

|
| Por: |
Joost Heijs
Departamento de Economía Aplicada
Universidad Complutense de Madrid
|
- INTRODUCCIÓN.
El debate sobre el papel del Estado en el desarrollo
económico e industrial ha sido uno de las temas más importantes para la
teoría económica moderna. Ya desde el principio de la industrialización se
han defendido tanto los principios del "Laissez-faire, laissez-passer"
de Adam Smith (The wealth of Nations, 1776), quien argumenta que el gobierno
tiene que abstenerse de la intervención en la economía, cuyo desarrollo se
dirige por la mano invisible de la libre competencia, como la posición
defendida por Hamilton (Report of Manufacturers, 1791) y Friedrich List (Das
nationale System der politischen Ökonomie, 1846), quien propone un papel activo
por parte del Estado en el desarrollo industrial, ya que las fuerzas del mercado no aseguran un desarrollo industrial automático y rápido. En este trabajo se analizan tres enfoques teóricos que ofrecen aportaciones respecto a la justificación de la política científica y tecnológica.
- EL ENFOQUE NEOCLÁSICO: LOS FALLOS DEL MERCADO.
El punto de partida de los estudios neoclásicos es el modelo
de equilibrio, que supone un mercado de competencia perfecta donde se genera una asignación o distribución eficiente de todos los recursos. Para que el sistema de mercado pueda asegurar tal asignación se requiere el cumplimiento de los siguientes supuestos:
- supuesto de libre competencia, donde los individuos y empresas son precios aceptantes y sus acciones no influyen sobre las acciones de los demás;
- todas y cada una de las transacciones tienen lugar en el mercado y se
reflejan en los precios;
- los productores y consumidores disponen de información perfecta y ésta
es completa, sin que haya incertidumbre.
La asignación óptima se puede ver alterada por los llamados
fallos de mercado. El bien "tecnológico" no cumple los requisitos de
los bienes respecto al mercado perfecto, lo que generaría una asignación no
óptima de los recursos en términos de bienestar. La literatura neoclásica
ofrece un amplio numero de estudios1 donde se analizan la falta de incentivos que tienen las empresas para innovar, siendo, básicamente, tres formas de
disfunción del mercado: la incertidumbre, las externalidades y las ventajas de
escala.
El primero, la incertidumbre, está relacionada con la asimetría
de información respecto a: 1) los posibles futuros desarrollos
tecnológicos por parte de los competidores, 2) el hecho de que las innovaciones
están destinadas a mercados virtuales de futuro cuya estructura y
demanda es desconocida, y 3) la inseguridad de poder resolver todos los problemas técnicos respecto al proceso de innovación. Todo ello implica una inseguridad tecnológica y económica que, a su vez, implica una barrera para invertir en innovaciones. Los agentes que quieren invertir en un proyecto de innovación, tienen que hacer un gran número de supuestos (Metcalfe, 1995) sobre el desarrollo de los mercados en el futuro, sobre los costes del proyecto de innovación, sobre los costes de producción y los beneficios esperados, sobre el desarrollo tecnológico de productos competitivos y, por último, sobre la reacción de los competidores. La estimación de tales expectativas implica un alto grado de inseguridad y riesgo económico por parte de las empresas y sus agentes financieros. Además, la incertidumbre y el riesgo respecto al éxito comercial aumentan según se aleja el horizonte del tiempo en que se quieren recuperar las inversiones, como ocurre en la mayoría de los casos de la investigación básica.
Respecto al problema de la incertidumbre y los riesgos
económicos, el Estado podría emplear dos vías de actuaciones. Primero,
podría tener un papel activo, optando por la inversión pública en
tecnologías claves, costosas y con gran importancia para el desarrollo del
sistema productivo, asumiendo los riesgos financieros de un eventual fracaso.
Por otro lado, puede tener un papel menos activo, dejando las iniciativas al
mercado y funcionando como agente financiero mediante créditos blandos y
subvenciones. Pero se debe tener en cuenta que los problemas aquí mencionados
también afectan a la actuación de la administración pública y no se puede
asegurar que el Estado puede coordinar mejor las actividades de innovación que
el mercado (Hayek, 1945; Krugmann/Obstfeld, 1994).
Un segundo aspecto básico que implica un fallo del mercado y
deficiencias respecto a la competencia perfecta son las denominadas externalidades, un concepto formalizado por Arrow (1962). Este término está asociado de manera directa con los conceptos "bien público" y
"apropiabilidad". Respecto al proceso de innovación, estos tres
conceptos parten de la misma idea global (Heijs, 2001); el conocimiento, en
muchos casos, es un bien fácil de copiar (bien público) y su uso y
comercialización no está limitado a aquellos agentes económicos que lo
producen (problema de apropiabilidad). Entonces el Estado podría desplazar,
mediante I+D pública, la frontera tecnológica de su sistema productivo,
generando externalidades utilizables para todas las empresas. Desde el
punto de vista de las empresas, se puede definir el problema de la
apropiabilidad y las externalidades como aquellos bienes que podrían ser
utilizados por otros agentes económicos sin tener que pagar su valor en el
mercado. Lo que implica que otras empresas se benefician mediante la imitación
de las inversiones de otras empresas. Esta estrategia bajaría los rendimientos
de las inversiones de una empresa y, por lo tanto, los incentivos de innovar.
Para el estudio de la política tecnológica, las diferencias entre los
conceptos de externalidades, bienes públicos y apropiabilidad son meramente
graduales, ya que las implicaciones políticas son muy parecidas. A partir de la
discusión sobre estos conceptos se puede justificar una política tecnológica
que tendría dos vertientes. La primera implicaría mejorar el proceso de
apropiación de la innovación mediante la protección de la propiedad
intelectual (como las patentes, dibujos industriales, etc.). La segunda sería
relacionar la intervención estatal con las externalidades positivas de la I+D
pública, es decir, ofrecer conocimientos como un bien público, desplazando la
frontera tecnológica del sistema nacional y regional de innovación (Nelson,
1959, Arrow, 1962). Aunque habría que subrayar que la intervención estatal
solamente estaría justificada en el caso de que las externalidades esperadas
generaran un incremento del bienestar social neto, y tendrían que ser
eliminadas en el momento en que los costes marginales de la producción pública
del "saber" fueran mayores que la suma de las utilidades marginales
del uso potencial de los conocimientos (Samuelson, 1954).

El último de los fallos del mercado básico serían las ventajas de escala generadas por la indivisibilidad de las actividades tecnológicas. Independientemente del estado tecnológico, habría que revisar la hipótesis de que cuanto mayor sea el gasto en I+D, mayor será el progreso tecnológico. No existe una función lineal entre el input
(el esfuerzo tecnológico reflejado por los recursos financieros y humanos) y
los resultados científicos y tecnológicos ni tampoco con el éxito de su
comercialización en el mercado. Por un lado, se necesita una masa crítica
mínima de recursos (gastos en I+D, recursos humanos y acumulación de
experiencia) para poder obtener unos resultados mínimos, mientras que, por otro
lado, las empresas que intentan adelantar ciertos progresos tecnológicos en el
tiempo se encuentran con la situación de que, a partir de un cierto esfuerzo
innovador, el avance tecnológico se estanca. La indivisibilidad y los altos
costes de iniciar el proceso de I+D implica, por un lado, que las empresas
intentan monopolizar su mercado y, por otro, una barrera, sobre todo para las
PYMES, para entrar en los sectores más avanzados (Geroski, 1995). La política
tecnológica dirigida hacia las PYMES se justifica en muchas ocasiones con el
argumento de disminuir tales barreras de entrada; pero el Estado tendría que
estar atento de no interferir en los poderes del mercado, ya que se podría
argumentar que las ventajas de escala también se podrían obtener en el mercado
mediante la cooperación de las empresas en este campo.
Aparte de los riesgos económicos y la incertidumbre, existen
muchos agentes económicos dispuestos a arriesgarse debido a los beneficios
extraordinarios esperados en los sectores de alta tecnología. Esta apuesta
fuerte para obtener ventajas comparativas y estratégicas respecto a sus
competidores podría implicar una superabundancia de inversiones que supondría
una mala asignación de recursos en términos del Óptimo de Pareto2. Una
"carrera de las patentes" implica inversiones en innovaciones que
generan un alto valor añadido y que se puede monopolizar mediante patentes. En
el caso de desarrollar una nueva patente, solamente la primera empresa que lo
hace alcanza una ganancia extraordinaria, mientras que para las demás los
beneficios netos resultan negativos. La consecuencia es que el gasto de las
empresas en I+D es superior al gasto hipotético de un planificador social, lo
que implica una pérdida del bienestar social.
- TEORÍA DEL CRECIMIENTO ENDÓGENO O LA TEORÍA NUEVA DEL CRECIMIENT0.
Inicialmente, las teorías neoclásicas no consideraban el
progreso tecnológico como un factor central para el crecimiento y hasta la
aparición de los estudios de Solow, ha sido más bien ignorado. Solow ha
mostrado que la productividad de los trabajadores había crecido mucho más de
lo que se puede explicar teniendo en cuenta solamente mediante la acumulación
del factor capital, e indica que este "residuo" se debe al progreso
tecnológico. La crítica de las teorías nuevas del crecimiento se basa en el
carácter exógeno aplicado al desarrollo tecnológico por parte de los modelos
tradicionales. Según esta corriente (véanse entre otros; Romer, 1986, 1990;
Lucas, 1988) el progreso tecnológico es el elemento central para explicar el
desarrollo económico y hay que integrarlo como una variable endógena en los
modelos de crecimiento. Romer (1986, 1990),
uno de los primeros en desarrollar el modelo de crecimiento endógeno, indica
que hay distintos ritmos de crecimiento en los países debido al concepto de
ventajas de escala crecientes en la producción industrial, la existencia de
externalidades dentro de una economía o sector, y la existencia de
"beneficios dinámicos de escala" en forma de aprendizaje.
Aunque esta teoría critica el planteamiento neoclásico no
niega la existencia de los fallos del mercado. De hecho, su apuesta por una
intervención pública en este campo se basa en estos fallos. La nueva teoría
del crecimiento argumenta -mediante modelos formales- que se puede acelerar el
crecimiento económico con medidas políticas basadas en la generación de
externalidades a través del desarrollo tecnológico. Romer reconoce los
problemas relacionados con apropiabilidad y el concepto del "bien
público" y, por lo tanto, en línea con los conceptos de Kaldor, las
empresas individuales no deberían ser las únicas responsables de la
producción de nuevos conocimientos siendo una tarea que debería ser
responsabilidad de la sociedad en su conjunto. La falta de apropiabilidad
implica unas inversiones no-óptimos en la generación de nuevos conocimientos
por parte de las empresas. El esfuerzo privado tendría que ser complementado
por parte del Estado mediante la I+D pública cuyo objetivo principal debería
que ser la generación de externalidades para la economía en su conjunto.
- LA POLÍTICA TECNOLÓGICA DESDE UN ENFOQUE EVOLUCIONISTA3.
Para entender mejor la teoría evolucionista, habría que
referirse a los modelos de la teoría del cambio tecnológico -el modelo lineal
y el modelo interactivo-. Según el modelo lineal existen ciertos tipos de
conocimientos que se pueden denominar bienes públicos, ya que son fáciles de
copiar, sin costes adicionales, lo que implica que pueden apropiarse de ellos de manera libre cada uno de los agentes económicos. Este modelo, junto con los dos enfoques teóricos anteriores, ha dado lugar a una política tecnológica
dirigida hacia la generación de nuevos conocimientos de tipo "bien
público", o sea, la creación de externalidades. Además, ha generado una
política de regulación y protección como intento de corregir los problemas de
apropiabilidad. El modelo interactivo subraya que existen conocimientos que
serían más bien "bienes privados", ya que son muy complejos y
difíciles de entender y están basados en un proceso de acumulación de
experiencias y de aprendizaje, y su imitación sería un proceso costoso en
recursos financieros y en tiempo. Según este modelo, el nivel innovador de las
empresas depende, entre otros, de la interacción y retroalimentación entre los
distintos departamentos de una empresa o entre los agentes del sistema de
innovación. El reconocimiento de este modelo implica que la política
tecnológica basada únicamente en la generación de tecnologías no es
suficiente, ya que no generan de forma directa y automática externalidades.
Para que las empresas -o el sistema productivo en su conjunto- puedan absorber
las nuevas tecnologías generadas por otros agentes o países tendrían que
haber desarrollado anteriormente la capacidad tecnológica necesaria basada en
un proceso de acumulación de experiencias y aprendizaje. Siendo la innovación
una actividad compleja de índole acumulativa y la transferencia tecnológica
una actividad difícil y costosa, un aspecto importante de la política
tecnológica sería el apoyo a la gestión empresarial de la innovación
(especialmente para las PYMES), la mejora de la infraestructura tecnológica y
el fomento de los flujos de transferencia tecnológica. Es decir, el Estado
tendría que estimular tanto el entorno de la empresa como las capacidades
tecnológicas de las empresas en sí mismo.
La importancia del progreso tecnológico para el crecimiento
a largo plazo no sólo depende del intercambio entre los sectores de I+D y el
sector de producción, sino también de la selección de ciertas tecnologías
que, a corto plazo, sean importantes para el desarrollo económico, aunque
puedan quedarse obsoletas en el caso de una innovación radical. El esfuerzo
estatal tendría que dirigirse tanto a la generación de nuevas tecnologías
como a la difusión de las existentes. Además, la política tendría que tener
en cuenta el efecto de "path dependency". Este efecto, ligado
al modelo interactivo del cambio tecnológico, implica que puedan existir altos
costes para la corrección de una especialización equivocada o un cambio de los
parámetros tecnológicos que, debido a la tecnología tradicionalmente
utilizada, quedan obsoletos. O sea, una empresa especializada en un cierto tipo
de tecnología para producir un producto no puede cambiar de manera fácil de
tecnología. El enfoque evolucionista, cuya política está centrada en la
creatividad de empresas y el apoyo a instituciones, afirma que la novedad no se
puede vaticinar, y, por tanto, el sistema nacional y regional de innovación se
tendría que preparar para poder reaccionar a cambios tecnológicos de índole
radical, evitando, de esta forma, los posibles efectos "lock-inn".
Aunque las consecuencias de la teoría evolucionista sobre el
diseño y planificación de las políticas tecnológicas todavía no están
claramente desarrolladas, sí se pueden mencionar algunas líneas generales.
Primero, esta teoría se desvía de los conceptos de equilibrio y búsqueda del
óptimo económico teniendo en cuenta que los cambios tecnológicos -que
implican futuros inciertos e información imperfecta- son procesos que, en gran
parte, determinan el cambio estructural y el desarrollo económico; Segundo, la
importancia de la eficiencia y la maximización de la producción de
información científica han sido superada por la atención a la creatividad, la
adaptación a los cambios en el mercado y el aprovechamiento de las
oportunidades tecnológicas (Smith, 1991). La política estaría más interesada
en asegurar el proceso de aprendizaje y la capacidad de adaptación del sistema
nacional y regional de innovación que en los resultados tecnológicos
concretos. La política tecnológica tendría que concentrarse más en la
evolución conjunta del entorno tecnológico y el del mercado que en las
innovaciones individuales. El Estado no tiene mejor información sobre las
tecnologías y su desarrollo futuro, pero sí cierta superioridad en la
coordinación e integración de distintos componentes del sistema de
innovación. Esta forma de actuar desvía la atención de los "fallos de
mercado", subrayando la importancia de la mejora del comportamiento
competitivo y la atención necesaria a los cambios estructurales
(Mowery/Rosenberg, 1989).

- COMENTARIOS FINALES.
Respecto a las teorías aquí analizadas, se puede indicar,
por un lado, que en algún caso sus supuestos principales son totalmente
opuestos. La teoría neoclásica se basa en el supuesto del mercado perfecto y
justifica la política de innovación en caso de que el "bien"
tecnológico no cumpla los requisitos del mercado. El Estado tendría que
posibilitar el desarrollo del mercado asegurando el buen funcionamiento de la
"mano invisible". La teoría de corte evolucionista señala, de forma
opuesta, que la integración del proceso tecnológico dentro del modelo
neoclásico resulta muy difícil, ya que, siguiendo las ideas de Schumpeter, las
innovaciones no son adaptaciones al desequilibrio en el mercado, pero las
empresas innovadoras persiguen el desequilibrio temporal para obtener beneficios extraordinarios (Schumpeter, 1942; Nelson/Winter, 1982). O sea, esta teoría niega la existencia de un mercado perfecto que busca el equilibrio y parte de la idea global donde no existe una mano invisible que asegure un óptimo, sino que se puede influir sobre el proceso de innovación y el crecimiento económico.
Por otro lado, cada una de las teorías ha aportado ideas y evidencias que
podrían justificar la política tecnológica. Aunque sus aportaciones son en
algunos casos excluyentes, resulta que en la mayoría de los casos son, más
bien, complementarias
El modelo del crecimiento endógeno no entra directamente en
conflicto con la teoría neoclásica y la existencia de los fallos del mercado;
incertidumbre, apropiabilidad, externalidades, ventajas de escala, etc. La
teoría de crecimiento endógeno utiliza tales conceptos para mostrar su
teoría, y la creación de externalidades mediante el progreso tecnológico es
un aspecto central en los nuevos modelos de crecimiento (véanse los estudios de
Romer, 1990; Grossman/Helpman, 1991). Es aquí donde se asigna un papel a la
intervención estatal. Tampoco entra en conflicto con el modelo evolucionista.
El trabajo de Lipsey (1999) ofrece un análisis muy interesante de un modelo
Estructuralista-Evolucionista que intenta combinar el modelo de crecimiento
endógeno con la teoría evolucionista. Para no extenderme demasiado se ha
optado, por no entrar en esta discusión. Las implicaciones políticas de ambas
teorías son más bien parecidas. El estado debería que corregir la falta de
inversiones en I+D. Aunque la teoría neoclásica ofrece la posibilidad de la
I+D pública esta más bien propensa a dejar las iniciativas al sector privado
y, por lo tanto, aboga por un programa de ayudas a las empresas. De forma
implícita la teoría neoclásica apoya a un crecimiento indiscriminado de los
gastos en I+D que, siendo ejecutado por las empresas, automáticamente (mano
invisible) se destinarán a aquellos sectores económicamente más necesitado.
La nueva teoría del crecimiento aboga por un apoyo -tanto para las empresas
como mediante I+D pública- seleccionando a aquellos campos tecnológicos que
generarán externalidades para la economía en su conjunto con el objetivo de
mejorar el bienestar social.
Respecto a los estudios de evaluación que analizan los
distintos programas públicos en apoyo a la I+D, se puede indicar que su gran
problema es convertir los argumentos teóricos en indicadores que sean
manejables en el mundo real. Teóricamente se podría argumentar que la
evaluación de cualquier política tendría que concentrarse en el cumplimiento
del objetivo principal, la mejora del bienestar social de la intervención
pública. Entonces el punto de partida para poder justificar las ayudas
estatales sería un análisis coste-beneficio. En el caso de que los costes en
términos de bienestar social -incluyendo los costes de oportunidad y los
efectos negativos sobre empresas no apoyadas por la Administración Pública-
fueran menores que los beneficios, la intervención estatal estaría
justificada. Pero en la realidad resulta difícil, más bien imposible, estudiar
en qué medida la política pública cumple su objetivo principal. Para esta
pregunta solamente hay una respuesta fragmentada o parcial, ya que el sistema
donde interviene es muy complejo. En las últimas décadas se ha avanzado mucho
en el desarrollo de una teoría sobre el cambio tecnológico y el crecimiento
económico -la relación entre estos dos procesos ha sido ampliamente estudiada
y confirma la contribución del proceso innovador al aumento de la producción
(véanse, entre otros, los estudios de Griliches, 1986; Lichtenberg/Siegel,
1991; Fagerberg, 1994)-, pero todavía no existe una teoría global e integral
que pueda explicar todas las relaciones entre el cambio tecnológico y la
dinámica económica. Existe un buen entendimiento de algunos factores básicos,
pero su manejo en la práctica resulta poco fructífero. No existe un modelo
macroeconómico que incluya el impacto de la intervención estatal en el
desarrollo económico global verificable con los datos económicos reales. El
carácter exógeno del cambio tecnológico en los modelos macroeconómicos y la
escasez de datos adecuados son dos de los problemas fundamentales, aunque se
puede señalar un número creciente de estudios empíricos y teóricos que
tratan de detectar o demostrar las relaciones causa-efecto y la generación de
datos estadísticos respecto a la I+D y la innovación.
BIBLIOGRAFÍA.
Arrow, K. (1962) The Economic Implications of
Learning by Doing. Review of Economic Studies, 29 (2)
Barzel, Y. (1968) Optimal Timing of Innovations.
Review of Economics and Statistics 50
Dasgupta, P.; Stiglitz, J. (1980) Uncertainty,
Industrial Structure and the Speed of R&D. Bell Journal of Economics,
Dosi, G. (1988) Sources, Procedures and Micro Economic
Effects of Innovation. Journal of Economic Literature XXVI
Dosi, G.; Freeman, C.; Nelson, R.; Silverberg, G. (1988) Technical
Change and Economic Theory. Pinters Publishers
Fagerberg, J. (1994) Technology and International
Differences in Growth Rates. Journal of Economic Literature, Vol. XXXII,
(September)
Freeman, Ch. (1994) The Economics of
Technological Change. Cambridge Journal of Economics, Vol. 18
Geroski, P. (1995) Markets for Technology: Knowledge,
Innovation and Appropiability. En: Stoneman
Griliches, Z.; Lichtenberg, F. (1984) R&D and
Productivity Growth at the Industry Level, is there Still a Relationship. En:
Griliches, Z. (Ed. ), 1984
Grossman, G.; Helpman, E. (1991) Endogenous Growth
Theory. Mit Press
Hall, P. (1994) Innovation, Economics & Evolution:
Theoretical Perspectives on Changing Technology in Economic Systems. Harvester
Wheatsheaf
Hayek, F. (1945) The Meaning of Competition. En:
Individualism and Economic Order Chicago University
Heijs,J. (2000) Financiación Pública de la I+D
Empresarial: Evaluación de los Credsitos Blandos para Proyectos de I+D. Tesis
Doctoral, Universidad Complutense de Madrid
Heijs, J. (2001a) Justificación de la política de
innovación desde un enfoque teórico y metodológico; Documento de Trabajo Nº
25, Instituto de Análisis Industrial y Financiero (www.ucm.es/bucm/cee/iaif)
Heijs, J. (2001b) Política tecnológica e
innovación, Evaluación de la financiación pública de I+D en España.
Kline, S.; Rosenberg, N. (1986) An Overview of
Innovation. En: Landau/ Rosenberg (1986), National Academy Press
Krugman, P.; Obstfeld, M. (1994) International Trade;
Teoria y Política.
Lipsey, R. G. (1999) New Growth Theory and Economic
Policy for the Knowledge Society Conference Keynote: Transition to the Knowledge society: Policies and Strategies For
Lucas, R. (1988) On the Mechanics of
Development Planning. Journal of Monetary Economics, 22 (1)
Machlup, F. (1962) The Supply of Inventors and
Inventions. En: Nelson R. R.; The Rate and Direction of Inventive Activity:
Economic and Social Factors. NBER
Metcalfe, J. S. (1995) The Economic Foundation
of Technology Policy: Equilibrium and Evolutionary Perspectives. En: Stoneman,
1995
Metcalfe, S. (1997) Technology Systems and Technology
Policy in an Evolutionary Framework. En: Archibugi/Michie, 1997
Mowery, D.; Rosenberg, N. (1989) New Developments in
us Technology Policy: Implications for Competitiveness and International Trade
Policy. Californian Management Review, 32
Nelson, R. (1959) The Simple Economics of Basic
Scientific Research. Journal of Political Economy, 67
Nelson, R.; Winter, S. (1982) An Evolutionary Theory
of Economic Change.
Romer, P. (1986) Increasing Returns and Long-Run
Growth. Journal of Political Economy, 94 (5)
Romer, P. (1990) Endogenous Technological Change.
Journal of Political Economy, 98 (5-Part II); )
Samuelson, P. A. (1954) The Pure Theory of Public
Expenditure. Review of Economics and Statistics, 36
Schumpeter, J. (1942) Capitalism, Socialism and Democracy.
George Allen and Unwin
Smith, K. (1991) Innovation Policy in a Evolutionary
Context. En: Saviotty/Metcalfe, 1991
Soete, L.; Turner, R.; Patel, P. (1984) Technology
Diffusion and the Rate of Technical Change. Economic Journal, Vol. 84
Stiglitz, J. (1991) The Invisible Hand and Modern
Welfare Economies. En: D Vines and a Stevenson (Eds. ) ; Information Strategy
and Public Policy, Blackwell Publishers
Stoneman, P. (1987) The Economic Analysis of
Technological Policy. Oxford University Press
Stoneman, P. (Ed. ) (1995) Handbook of the Economics
of Innovation and Technological Change. Blackwell
[1] Entre otros: Nelson, 1959; Arrow, 1962; Machlup, 1962; Dasgupta/Stiglitz, 1980; Stoneman, 1987; Stiglitz, 1991.
[2] Véanse respecto a este problema la literatura de Barzel, 1968; Dasgupta/Stiglitz, 1980; Stoneman, 1995.
[3] Para un análisis más amplio de esta teoría, se puede consultar, entre otros, Nelson/Winter, 1982; Hall, 1984; Kline/Rosenberg, 1986; Dosi, 1988; Dosi et al, 1988; Freeman, 1994; Metcalfe, 1995.
Volver arriba
|