Los agentes que quieren invertir en un proyecto de innovación, tienen que hacer un gran número de supuestos sobre el desarrollo de los mercados en el futuro, sobre los costes del proyecto de innovación, sobre los costes de producción y los beneficios esperados, sobre el desarrollo tecnológico de productos competitivos y, por último, sobre la reacción de los competidores.
 
Habría que revisar la hipótesis de que cuanto mayor sea el gasto en I+D, mayor será el progreso tecnológico. No existe una función lineal entre el input y los resultados científicos y tecnológicos ni tampoco con el éxito de su comercialización en el mercado.
 
La nueva teoría del crecimiento aboga por un apoyo -tanto para las empresas como mediante I+D pública- seleccionando a aquellos campos tecnológicos que generarán externalidades para la economía en su conjunto con el objetivo de mejorar el bienestar social.