| Por: |
Antonio Pulido
antonio.pulido@uam.es
Director del Instituto Lawrence R. Klein Instituto – Centro Stone UAM
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- LA ADAPTACIÓN PENDIENTE
La Universidad, como otras instituciones, reacciona con
cierto retraso a los retos que el entorno exterior le plantea e incluso puede
interiorizarlos en dirección equivocada, bien sea por fallo en el diagnóstico,
bien porque predominen otros estímulos o intereses frente a los retos
exteriores.
Por ello, antes de referirme a las nuevas fuerzas emergentes
del cambio creo que es necesario una referencia a la adaptación pendiente:
aquella que tenía que haberse producido con las propias fuerzas del pasado y no
ya del futuro.
No desearía que nadie pudiera interpretar mis siguientes
comentarios ni como denuncia ni como decepción. Mi autocrítica (personal,
corporativa e institucional) parte de un reconocimiento de lo mucho recorrido en
las últimas décadas. La Universidad de hoy es, sin duda, mucho mejor que
aquélla que yo conocí como alumno a finales de los años 50 o como profesor a
partir de 1961. Pero además estoy orgulloso de mi Universidad Autónoma, de los
esfuerzos por superarse de muchos compañeros de tarea en las distintas
Facultades y, sobre todo, estoy esperanzado en nuestra capacidad de superación.
Eso sí, deseo que desde dentro seamos capaces de arreglar nuestras posibles
carencias antes de que la sociedad nos lo exija incluso con exageraciones y
críticas innecesarias. Es decir, pienso que es más acertado una actitud
pro-activa de adelantarnos a los acontecimientos, que una posición reactiva de
respuesta a las demandas planteadas.
En mi opinión, la universidad española, en general, ha
respondido sólo parcialmente a las exigencias de cinco grandes fuerzas que han
venido afectándola en los últimos 25 años, desde la transición democrática,
que la sitúa en un entorno político de normalidad:
- Apertura exterior
- Conexión Universidad-Sociedad
- Integración docencia-investigación
- Exposición a la competencia
- Reorganización institucional
De antemano, reconozco: a) que es una selección subjetiva,
b) que además incide y ha sido respondida en forma distinta por las diversas
universidades españolas y c) que también afecta, aunque con distinta
intensidad, a otras universidades europeas o de otros países.
La sociedad española partía de un handicap en su apertura
al exterior como consecuencia del aislamiento político internacional del
anterior régimen y de otros condicionantes culturales. El escaso conocimiento
de idiomas y muy en particular del inglés, como lengua de comunicación
generalizada entre científicos, era un condicionante para la proyección
internacional de muchos profesores universitarios, que no ha sido corregida, con
la intensidad requerida, en las nuevas promociones de profesorado, con todas las
excepciones y peculiaridades que se quiera por facultades y comunidades
autónomas.
En un mundo cada vez más global e integrado y en una Europa
sin fronteras, resulta arcaica una Universidad con incorporaciones meramente
testimoniales de profesores no nacidos en España, como escala última de la
endogamia universitaria a nivel regional, provincial e incluso de centro
docente.
A pesar de lo mucho que se ha avanzado en los últimos 25
años, las universidades españolas, en general, no han alcanzado el grado que
les corresponde de interconexión con universidades de otros países; de
investigaciones y publicaciones a escala internacional.
El problema realmente grave es que esa apertura exterior
exige muchos años, incluso generaciones y las incorporaciones de los profesores
más jóvenes (por el propio sistema de selección y promoción) no garantiza el
cambio drástico imprescindible en esa apertura exterior.
El segundo reto al que la Universidad se ha enfrentado
durante estos últimos años creo que ha sido el de su apertura a la sociedad.
Partíamos de unos reflejos de desconfianza de la Universidad española respecto
a las empresas e incluso con relación a las Administraciones Públicas.
Explicitar la componente de demanda social a la que debe responder (con todas
las matizaciones que se quiera) la docencia y la investigación universitaria,
ha sido una tarea en la que se ha avanzado mucho pero aún queda un largo camino
por recorrer.
En particular, los planes de estudio se han flexibilizado,
sin duda, durante los 25 últimos años, pero su adaptación a las exigencias de
la sociedad ha sido lenta y parcial, condicionada por los propios intereses de
los profesores u otras presiones del entorno socio-político, interno y externo,
de la Universidad.
Una tercera exigencia del último cuarto de siglo ha sido la integración
docencia-investigación. Un gran paso ha sido el profesionalizar la
enseñanza, pasando del profesor compartido a tiempo parcial, con colaboraciones
predominantes (de gestión o investigación) en el exterior, que era la
situación predominante hace 25 años, al profesor con dedicación exclusiva,
que se conecta con empresas o AAPP desde la Universidad como un centro básico
de trabajo.
Sin embargo, aún hoy día se resiente tanto la carrera
profesional de muchos profesores como el adecuado equilibrio y aprovechamiento
del binomio docencia-investigación. Hay confusión sobre "la carrera"
de un profesor universitario (plazos, escalones, retribuciones, destino,...); no
existe aún la figura del investigador universitario; se está aún lejos de
consolidar los institutos y otros centros de investigación; queda mucho por
hacer en un apoyo mutuo y simultáneo entre una investigación y una docencia de
calidad.
Por otra parte, los economistas sabemos bien que los
monopolios llevan a las empresas (y otras instituciones públicas o privadas) a
relajarse en la búsqueda de una mayor eficiencia y calidad de servicio. La
competencia interior e internacional, se afianzó en los más diversos sectores
productivos y ello ha llevado a reestructuraciones, fusiones o cierres de
empresas. Pero los aires benéficos de la exposición a la competencia
han llegado aún sin fuerza a las universidades, como unidades independientes de
docencia e investigación. Alumnos y recursos económicos y humanos llegan a
cada centro sin que se primen (significativamente) a las unidades más
eficientes. La evaluación de calidad relativa está en sus inicios. La idea de
distrito único es, por el momento, una utopía. Los procesos de selección y
promoción de profesores, administradores, directivos, sólo muy parcialmente
están basados en criterios de eficacia. La calidad del servicio que las
universidades prestan a la sociedad, ni se mide ni se incentiva
convenientemente.
Por último, entre estos aspectos de la adaptación
pendiente, me referiré a la reorganización institucional. Cualquier
observador imparcial puede comprobar que la gestión universitaria ha
experimentado algunos cambios, durante los últimos 25 años, en búsqueda de
una mayor eficacia, en particular potenciando la paupérrima componente de
personal de administración y servicios de la que se partía. Sin embargo, queda
un largo camino que recorrer para conseguir una adecuada integración de las
instituciones sociales de la Universidad (Consejos Sociales) y una mayor
capacidad de gestión de los órganos individuales y colectivos.
- LAS NUEVAS FUERZAS DEL CAMBIO
Al mismo tiempo que la Universidad debe corregir ese desfase
que supone la adaptación aún pendiente a las fuerzas que se generaron ya hace
un cuarto de siglo, al menos, y que se han ido consolidando como elementos
significativos a tener en cuenta, se incorporan algunas nuevas fuerzas entre las
que quisiera destacar las tres siguientes:
- Nuevas oportunidades de las tecnologías de la Sociedad de la Información (TSI)
- Nuevas profesiones
- Nueva composición trabajo/formación
Nadie duda hoy día que el medio condiciona el mensaje y el
instrumental tradicional universitario (libros de texto, lecciones magistrales,
tiza y pizarra) ha ido complementándose con novedades técnicas (clases
prácticas, libros con disquetes y CD’s, transparencias y, todavía en forma
muy incipiente, "cañones", Internet o vídeo-conferencias).
Pero lo verdaderamente revolucionario no es la utilización
de esas nuevas herramientas, sino la adaptación del mensaje a los nuevos medios
disponibles que ofrecen las variadas, potentes y dinámicas Tecnologías de
la Sociedad de la Información (TSI).
El reto es combinar adecuadamente formación presencial y no
presencial; aprovechar las posibilidades de colaboración internacional entre
universidades de las redes virtuales; buscar nuevas formas de relación
alumno/profesor.
Pero todo ello, tiene además una estrecha relación con el
tema de las nuevas profesiones. Por mucho que consideremos que la
Universidad debe pasar las demandas sociales de profesionales por el doble
filtro del largo plazo y de las exigencias de una formación integral, sería
absurdo no responder a las necesidades de un mundo en cambio. Es preciso atender
las carencias de personal especializado en los múltiples campos de las
Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (TIC), la
Biotecnología u otras innovaciones profundas y ya en curso.

Nuevas tecnologías y nuevas profesiones han de integrarse en
una Universidad renovada que atienda simultáneamente al cambio que supone la nueva
composición trabajo/formación. La Universidad tradicional ha tenido como
objetivo la educación de jóvenes en su etapa formativa superior. La
Universidad de hoy y aún más de mañana, debe atender a la formación de
por vida. Se debilitan las fronteras trabajo/formación y los alumnos
universitarios serán, cada vez más, jóvenes adultos de todas las edades que
estudian y trabajan (aunque no siempre simultáneamente). La rápida
obsolescencia de conocimientos y la potencialidad de las nuevas técnicas para
combinar formación presencial y no-presencial, van conduciendo a la Universidad
hacia una nueva concepción de su misión en el sistema educativo del siglo XXI.
- RESPUESTA A LAS FUERZAS DEL CAMBIO
Hace 20 años tuve la oportunidad de dirigir un proyecto
sobre como incentivar la investigación en la Universidad1. En mi recomendación
sobre Propuesta de actuaciones planteaba 44 acciones concretas agrupadas
en 11 líneas de trabajo.
En 1985, revisé aquellas propuestas iniciales intentando
evaluar su progreso y complementarlas con otras acciones para mejorar la
enseñanza y la investigación2.
Mi intención ahora no es proponer nuevas acciones de
conjunto. Me limitaré aquí a poner un ejemplo de actuación en la línea de ir
respondiendo a las ocho fuerzas del cambio anteriormente identificadas.
- Apertura exterior: Para estimular la estancia
de profesores jóvenes en otras Universidades y especialmente en las
extranjeras de mayor prestigio, podría incluirse como un mérito a
considerar expresamente por las comisiones evaluadoras para cubrir
plazas de promoción. Simultáneamente y como medida de urgencia podría
dotarse un cupo de plazas para ser ocupadas por concurso entre doctores
(nacionales o no) que hayan tenido un período de formación o
investigación en universidades extranjeras de un cierto nivel.
- Conexión Universidad-Sociedad: Es preciso
conciliar una respetable autonomía universitaria con una mayor
participación de las instituciones sociales en la gestión
universitaria al más alto nivel. En este sentido, es imprescindible adaptar
el papel de los Consejos Sociales e implicar a la sociedad en su
conjunto en temas de interés general como nuevas profesiones,
planes de estudio, prácticas en empresas, estancias en centros
internacionales, enseñanza optativa en inglés, etc.
- Integración docencia-investigación:
Parece conveniente reconocer explícitamente que la labor investigadora
no debe ser sólo evaluada con criterios de repercusión en el
mundo científico internacional. Debe promoverse la incorporación de
alumnos en prácticas y becarios en estudios doctorales. Debe valorarse
la repercusión en la mejora de la docencia de las investigaciones
realizadas (p. ej. bases de datos, casos prácticos, material
didáctico, etc.).
- Exposición a la competitividad: Hace ya
más de 10 años3 que trato de que se ponga en marcha una iniciativa que
no termina de prosperar: una valoración continuada y pública de las
Universidades por tipos de estudios según indicadores diversos de
calidad. El tema es complejo pero existen antecedentes internacionales
de fácil implantación que introducirían un mínimo aire de
estimulante competencia. Naturalmente, no me estoy refiriendo a las
actuales evaluaciones oficiales en marcha.
- Reorganización institucional: Profesionalizar
los órganos de decisión individuales y colectivos. Aplicar los
criterios más elementales de la gestión eficaz en cualquier tipo de
instituciones, que no tienen por qué estar reñidos con el control, la
representatividad y la asunción de responsabilidades.
- Nuevas oportunidades de las TSI: En este
campo hay un número muy extenso de operaciones a realizar. Sólo un
ejemplo: cursos de formación, combinando educación presencial y a
distancia, de profesores para un conjunto de países y como acción
conjunta de varias universidades, al estilo del programa LASPAU (Latin
American Scholarship Program of American Universities) liderado por
la Universidad de Harward.
- Nuevas profesiones: Por ejemplo, podría
considerarse la incorporación de instituciones sociales demandantes
de profesionales (empresas, AAPP, fundaciones, asociaciones, etc.) en
comisiones para la reforma de planes de estudios y nuevas variantes
profesionales, al menos a nivel consultivo.
- Nueva composición trabajo/formación:
Aquí posiblemente la transformación debe ser radical y podría
pensarse en la puesta en marcha de centros experimentales organizados
para proporcionar educación universitaria continuada, empezando
p.ej. por los antiguos alumnos ya profesionales en activo.
Posiblemente algunas de las anteriores propuestas serán
discutibles, irrelevantes e incluso contraproducentes. Pero confío en que otros
muchos profesores aporten otras muchas sugerencias sobre cómo responder a los
retos de la Universidad que exigen los nuevos tiempos. Lo que seguro no podemos,
ni debemos, hacer es quedarnos quietos y no responder en tiempo y forma a las
fuerzas del cambio.
[1] Investigación innovadora. Acciones conjuntas Universidad-Empresa dentro de un Plan Nacional de Investigación. Fundación Universidad-Empresa, 1981.
[2] Las relaciones Universidad-Sociedad: Problemas de formación e investigación. Documento interno para el Rectorado de la UAM, octubre 1985.
[3]Hacia una clasificación de las Universidades según criterios de calidad, Fundación Universidad-Empresa, 1989.
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