Entrevista al Dr. Enric Banda
Secretario General de la European Science Foundation.
   

La European Science Foundation (ESF) agrupa a setenta entidades vinculadas con la ciencia y la tecnología de veintisiete países europeos. Creada en 1974, su propósito es la promoción de la ciencia al máximo nivel de calidad en el ámbito europeo. Pretende facilitar la cooperación y la colaboración de los diferentes agentes científicos europeos en un enfoque transnacional. La ESF proclama como sus valores básicos la multidisciplinariedad, el planteamiento paneuropeo, la flexibilidad organizativa, la independencia, el rigor y la calidad, así como el carácter abierto de sus actividades. Su cuartel general se encuentra en Estrasburgo, y está dirigido por el Secretario General, Dr. Enric Banda, profesor de Investigación del CSIC. El Dr. Banda tuvo la amabilidad de responder a las siguientes preguntas de madri+d.


1.¿Cuál es su valoración de las realizaciones del V Programa Marco de la Unión Europea y de las perspectivas del VI?

Aún cuando todavía no disponemos de datos completos sobre los resultados del V Programa Marco, lo que aconseja esperar un tiempo antes de ofrecer una valoración integral, puede decirse que las realizaciones no están siendo espectaculares. Bien es cierto que se aprecia cierta evolución en sentido positivo, pero ha adolecido de rigidez para desarrollar proyectos que contribuyan a la mejora de la ciencia europea en consonancia con el presupuesto disponible.

Con respecto al VI Programa Marco, se observa una enorme inercia de la Comisión Europea en sus planteamientos. Sin embargo, el Comisario Philippe Busquin ha sabido plantear cambios interesantes. Su persistencia me hace pensar que aunque el VI Programa Marco no vaya a representar una revolución en la política científica y tecnológica europeas, contiene elementos que supondrán un avance notable. Por ejemplo, el VI Programa Marco recoge la necesidad de simplificar y robustecer los mecanismos de fomento y, también, la urgente necesidad de "europeizar" la I+D. Esto choca con el análisis de algunos estados miembro de la UE que perciben que pueden perder recursos con los grandes proyectos (redes de excelencia y proyectos integrados) que plantea el Programa.

Otro aspecto que considero positivo e importante es que, por primera vez, el Programa dedica una línea presupuestaria, aunque pequeña, a la coordinación de políticas nacionales. Esto está en línea con la idea de instalar un Espacio Europeo de Investigación y permitirá estimular el establecimiento de sus cimientos.


2.¿Cuáles son los aspectos más destacables de la Política europea de Ciencia y Tecnología en la actualidad?

La realidad de la que partimos es que no ha habido una política europea de ciencia y tecnología, sino que existían quince políticas nacionales más la de la Comisión Europea.

Este es un problema mayúsculo, puesto que es evidente que la integración europea requiere políticas comunes en todos los terrenos, incluyendo el de la investigación.

Cuando se analizan las políticas científicas y tecnológicas, todos nos obsesionamos en compararnos con Estados Unidos. Como socios europeos deberíamos esforzarnos por competir por la excelencia, colaborando en el proyecto europeo. Hay que saludar ciertos avances en esta dirección, pero no se observa la voluntad política que sería deseable en buena parte de los miembros de la UE.

Otro problema esencial es la escasez de inversión del sector privado. ¿Cuáles son sus causas? Sin duda entre ellas se encuentra la responsabilidad del sector público en cuanto al establecimiento de los incentivos necesarios y a la desregulación, controlada pero precisa. Un claro ejemplo es la regulación de los derechos de propiedad intelectual: en este terreno estamos en desventaja con respecto a los Estados Unidos. Además, hay que agilizar los procedimientos, establecer ventajas para los investigadores, tanto del sector público como del privado, e intentar reducir el conservadurismo existente en el sector privado europeo. Otra clara muestra de retraso con respecto a los Estados Unidos es la situación que presenta el capital-riesgo en Europa.

También debe reseñarse que el tamaño empresarial medio europeo es otro de los grandes obstáculos para la inversión en I+D. En general, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) difícilmente pueden permitirse inversiones en el medio plazo. En España, la inversión en I+D está bastante bien incentivada desde el punto de vista legislativo, pero eso no es suficiente. En suma, el predominio de las PYMES, en el tejido empresarial, español y europeo, contribuye al problema considerado.

Por último, no puede olvidarse el factor cultural: el pueblo estadounidense ha vivido felizmente con el riesgo, al contrario que el europeo. Es preciso desarrollar una cultura innovadora en Europa, pero es una cuestión cuya respuesta sólo puede medirse en términos de generaciones. Los resultados en este contexto no aparecen de la noche a la mañana.


3.¿Cómo puede mejorarse la colaboración entre los sectores público y privado en el terreno de la innovación, y, especialmente, con respecto a la transferencia de los resultados de la investigación?

Principalmente mediante la flexibilización de un sector público, que, por cierto es todavía muy débil en la mayoría de los países europeos. En Europa y en España hay obstáculos enormes para seguir el ritmo de un proyecto en el que está involucrado el sector privado, que no puede esperar porque el mercado empuja y el cambio tecnológico es muy rápido. En general, puede decirse que estamos mejorando la situación, pero queda muchísimo por hacer. Por ejemplo, las Universidades y Organismos Públicos de Investigación (OPIs) están incrementando el desarrollo de sus redes y relaciones exteriores. Pero, en el caso de los OPIs, la gestión es lenta y lastrada por la rigidez administrativa. Me duele decir que parecen anclados en el siglo pasado.

Desde el sector privado sería bien vista una ampliación de los incentivos públicos, sin que estos debieran limitarse al terreno fiscal. El sector privado desearía un incremento de los procesos de desregulación y simplificación administrativa.


4.¿Cuál es el papel que pueden jugar los Gobiernos regionales en el impulso de la investigación europea?

Uno sumamente importante se refiere a la innovación, entendida como una etapa diferente de la I+D, la que debe poner productos y procesos en el mercado. La auténtica investigación acarrea elevados niveles de riesgo, dada la dificultad para predecir sus resultados. Por contra, en el desarrollo es más fácil anticipar lo que va a suceder. En los últimos estadios del proceso de desarrollo (esto es, en la innovación), los Gobiernos regionales tienen todo el campo a su disposición, dada su proximidad a las empresas. Considero que la subsidiariedad en Europa está mal entendida: se pretende realizar las actuaciones en este contexto desde Bruselas, cuando los Gobiernos regionales son los interlocutores más cercanos a los agentes económicos y sociales. Por el contra, una molécula es igual en Madrid y en Copenhague y, por lo tanto, puede abordarse a nivel europeo, mientras que el proceso de innovación debe tener en cuenta las peculiaridades locales. Por tanto, habría que darle la vuelta a cómo se está entendiendo la subsidiariedad, llevando los aspectos que atañen a la investigación básica a escala europea, y dejando los propios de la innovación en manos de los Gobiernos regionales.


5.¿Por último, cuál es la posición que mantiene en la actualidad la ESF con respecto a la política europea de investigación?

En la ESF creemos, desde hace veintisiete años, que la investigación puede ser un factor de integración europea, puesto que afecta y potencia a las relaciones entre los pueblos, por encima de las fronteras. Consideramos que hoy en día falta una auténtica política europea de investigación. En la ESF estamos debatiendo si la creación de un "Consejo Europeo de Investigación" (European Research Council) entendido como una agencia de financiación de investigación, independiente de los Gobiernos nacionales y de la Comisión, supondría un avance para la integración europea. Europa tiene unas prioridades que marcan sus políticos, pero opinamos que la gestión no es la más eficiente. Posiblemente necesitamos nuevas estructuras.

La ESF ya ha manifestado su apoyo al concepto del Espacio Europeo de Investigación como proyecto de mejora del impacto que tienen los diferentes esfuerzos de investigación que se están acometiendo. Dicho Espacio debe provocar la confluencia de las políticas y actividades científicas desarrolladas en la actualidad en los distintos países de la Unión.

En esta línea la ESF tiene una larga trayectoria de coordinación internacional, e impulsa -como un paso adelante en este ámbito- el "Consejo Europeo de Investigación", proyecto en el que estaría dispuesta a participar, siempre que se produjera la oportuna decisión política.


 

 

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