| Por: |
José Miguel Rodríguez Antón
josem.rodriguez@uam.es
Profesor Titular de Organización de Empresas Universidad Autónoma de Madrid
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Sostiene Porter (parafraseando al célebre escritor de
Vecchiano, Antonio Tabucchi) que si una empresa desea ser competitiva, es decir,
si pretende obtener una cierta ventaja competitiva que le permita obtener
mejores resultados que sus competidores, debe formular alguna de las tres
estrategias genéricas que posteriormente enunciaremos. Desde ese lejano 1980,
ha llovido mucho -a decir verdad, más en unos sitios que en otros y nunca a
gusto de todos.
A partir de esa época -¡y cuando no!-, las empresas han
intentado ser más competitivas a través de la formulación de una serie de estrategias que les permitiesen, de la manera más sencilla posible, alcanzar sus objetivos estratégicos. No podemos olvidar que buena parte de los directivos que deben formulan las estrategias empresariales apenas tienen tiempo para hacerlo, debido a que dedican la mayor parte del tiempo a resolver problemas del día a día -nos estamos refiriendo, claro está, a los propietarios-directores de los cientos de miles de PYMES que pueblan la economía mundial-.
Ante esta perspectiva, parece interesante buscar un tipo de
estrategia que consiga, de un solo golpe, alcanzar las fuentes de ventajas
competitivas anteriormente citadas. Y, he aquí, que existe un tipo de
estrategia que logra todo lo anterior. Estamos hablando de la estrategia de innovación (Rodríguez Antón, 1990)
Efectivamente, sostenemos que, a través de la innovación,
una empresa puede llegar a ser líder en costes en tanto que aplique una
nueva tecnología que le permita reducir sus costes con relación a los de sus
competidores. Una adecuada aplicación de las nuevas tecnologías de la
información y las comunicaciones (TIC) ha permitido a algunas empresas reducir
sustancialmente los costes de tratamiento, almacenamiento y procesamiento de la
información -ese bien tan precioso para cualquier empresa, como más adelante
veremos-.
Igualmente, una cierta innovación le puede permitir diferenciarse
de sus competidores en tanto que sea la única que ofrezca ese producto o
ese servicio. El pionero lanzamiento de un producto o servicio -un buen ejemplo
lo tenemos en el caso del lanzamiento del banco en casa, la supercuenta, la
superlibreta, la superhipoteca y tantos otros productos financieros, por parte
del antiguo Banco de Santander-, le puede suponer a una empresa un merecido
calificativo de innovadora que le va a servir para diferenciarse claramente del
resto de sus competidores -en el caso citado, del resto de los, por entonces,
denominados siete grandes-. ¡Parece mentira lo que ha cambiado el sistema
bancario español desde 1988, fecha de la primera gran fusión entre el Bilbao y
el Vizcaya!
Por último, a través de ciertas innovaciones orientadas a
un tipo concreto de clientes, o centradas en un tipo específico de producto o
de mercado geográfico, una empresa puede lograr una adecuada segmentación
que le permita, por el hecho de poder orientarse con mayor eficiencia a dicho
segmento, fabricar sus productos con costes más bajos que los de sus
competidores -ser líder en costes- o bien ser percibidos por los clientes como
exclusivos -diferenciación-. Si volvemos a referirnos al sector bancario,
ciertas entidades orientadas, exclusivamente, a clientes de renta alta logran, a
través de innovadores y sofisticados productos de gestión de patrimonios,
ofrecer sus servicios de forma completamente personalizadas y exclusiva y lo
consiguen con una estructura de costes relativamente baja al no tener que
soportar los ingentes costes de una amplia red de oficinas.
De estos breves ejemplos puede colegirse la importancia que
la estrategia de innovación tiene para la obtención de las ventajas
competitivas que cualquier empresa debe alcanzar para la consecución de sus
objetivos estratégicos (ver cuadro 1)
Cuadro 1
MATRIZ DE ESTRATEGIAS EMPRESARIALES
| |
Mantenimiento de la posición competitiva |
Crecimiento |
Reestruc- turación |
Entorno |
Innovación |
|
Diferenciación |
+ |
+ |
= |
++ |
++ |
|
Liderazgo de Costes |
+ |
-/+ |
++ |
-- |
++ |
|
Segmentación |
+ |
+ |
+ |
+ |
++ |
Fuente: Adaptado de Rodríguez Antón (1997)
Sin embargo, esta estrategia, como cualquier otra, debe
apoyarse en una estructura organizativa que facilite y, a la vez,
potencie la elección, formulación e implantación de estrategias de
innovación en la empresa. Así pues, y llegados a este punto, la pregunta que
debemos hacernos es: ¿qué tipo de estructura organizativa favorece este
proceso innovador?
De nuevo, sostenemos que una empresa, independientemente de
la estructura organizativa que articule las relaciones formales entre las
distintas partes que la configuran, va a poder orientarse hacia la innovación
siempre que posea una cultura que impregne de espíritu innovador las
actuaciones de todos sus miembros. Es más, incluso sin una cultura basada en la
innovación, algunos de sus empleados, de motu propio, pueden emprender
acciones que, al final, desemboquen en ideas innovadoras que cristalicen en
nuevos productos, servicios o procesos. Pensemos que, incluso en las estructuras
burocráticas, siempre hay alguien que intenta implantar procedimientos nuevos.
Sin embargo, ese nadar "contra corriente" va a terminar agotando a las
personas creativas e innovadoras que deben luchar contra unos valores
compartidos por parte de los miembros de una empresa -entre la que ellos no se
encuentran- y contra una estructura que en nada favorece este proceso .
Para evitar estos esfuerzos baldíos, además de una adecuada
cultura sensible a la innovación, va a ser conveniente estructurar la empresa
con alguno de los diseños que, en mayor medida, potencien este tipo de
estrategias de innovación. Pues bien, y reiterando lo anteriormente dicho,
aunque con cualquier estructura organizativa se puede llegar a innovar, con
estructuras ágiles y flexibles se va a facilitar este proceso. Frente a este
perfil, la rigidez no va a ser una característica que lo favorezca, al menos en
su etapa inicial (posteriormente explicaremos este "al menos" para que
no parezca un contrasentido)
De los distintos modelos existentes de estructuras
organizativas, los que, a nuestro juicio, más pueden favorecer las innovaciones
son el modelo adhocrático, el modelo hipertexto y el modelo hipertrébol.
Como es bien sabido, Mintzberg (1984) sostiene que la adhocracia
es una estructura enormemente flexible que exige a sus miembros una completa
adaptación a las condiciones del entrono en el que actúan. Estas personas van
a tener que ajustarse a las necesidades de sus clientes -adhocracia operativa-,
o las suyas propias -adhocracia administrativa-, sin conceder el más mínimo
espacio a las rigideces. Su carácter eminentemente orgánico, la escasa
formalización del comportamiento de sus miembros, la elevada especialización
horizontal de los puestos de trabajo y la constitución de pequeños equipos de
proyecto, creados sobre la base del mercado, que poseen una descentralización
selectiva le hacen ser una estructura especialmente orientada a la innovación.
En concreto, la adhocracia operativa "innova y soluciona
problemas directamente en nombre de sus clientes" a través del pensamiento
divergente de los componentes de estos equipos de proyecto. Estos especialistas
se agrupan en equipos multidisciplinarios alrededor de proyectos de innovación
concretos. Del mismo modo, la adhocracia administrativa, que se estructura de
esta forma para servirse a sí misma, suele diferenciar la parte administrativa
del núcleo profesional para permitir que éste pueda actuar según unas reglas,
pero dejando fuera a la parte administrativa para que actúe de manera orgánica
y tenga capacidad de ser creativa e innovadora.
El problema con el que se encuentra una adhocracia estriba en
que la amplia libertad de actuación de sus miembros, si bien puede potenciar,
como hemos apuntado anteriormente, la generación de ideas innovadoras, sin
embargo, al no querer formalizar su comportamiento, no va a potenciar la
sistematización de las mismas y la posible utilización por parte de otros
miembros de la empresa de las ideas generadas por ellos.
Ante este planteamiento, Nonaka y Takeuchi (1995) sostienen
que las estructuras hipertexto (ver figura 1) resuelven los
inconvenientes de la adhocracia y potencian sus elementos positivos.
Efectivamente, la filosofía que subyace a la estructura hipertexto parte de la
creación de unos equipos de proyecto multidisciplinarios -¡exactamente la
misma denominación que diese Mintzberg a la forma de actuar de las adhocracias!-
que van a trabajar con un cliente, lo que les permite innovar para ellos, o para
la propia empresa, pero resuelve el problema del aprovechamiento de esta
información al crear una base de conocimientos que va a almacenar toda aquella
información que posteriormente le pueda ser de utilidad. Y lo va a hacer
siguiendo las indicaciones formales del sistema de negocios.
Figura 1
Esta combinación de creatividad en la actuación de los
equipos de proyecto y de mecanicismo a la hora de definir los campos y el
método de almacenamiento de la información y los sistemas de recogida de la
información va a potenciar que se pueda innovar y que las ideas puedan ser
útiles a otros miembros de la organización por socializar el conocimiento
captado o generado. La existencia de un sistema de negocios estable, e incluso
burocrático, va a permitir normalizar una serie de procedimientos que faciliten
el aprovechamiento de las ideas generadas por los equipos de proyecto (esta es
la explicación del "al menos" anteriormente citado) Muchas veces
pequeñas empresas enormemente flexibles y ágiles generan múltiples ideas pero
la propia ausencia de métodos, normas o reglas, hace que se pierdan o no se
aprovechen lo suficiente por el resto de los miembros de la organización.
Para finalizar, si damos un paso más, podemos llegar a las
estructuras hipertrébol (Rodríguez Antón, 2001 y Rodríguez Antón,
Morcillo, Casani y Rodríguez Pomeda, GIDE, 2001). Nosotros sostenemos que estas
estructuras, que surgen de la combinación de la estructura en trébol (Handy,
1995) y de la anteriormente citada estructura hipertexto van a potenciar, aún
más, si cabe, los procesos innovadores en la empresa en cuanto que los equipos
de proyecto van a poder estar constituidos por tan sólo una persona lo que, en
algunas ocasiones, va a elevar la capacidad creativa de ciertos individuos por
no verse coartados por la opinión y las influencias de otros. Además, al
existir en el sistema de negocios una estructura en trébol, la empresa va a
tener que innovar obligatoriamente, especialmente en procesos que permitan el
autoservicio del cliente o la mera subcontratación de actividades a otras
empresas (ver figura 2)
Figura 2
Estas estructuras hipertrébol van a ser lo suficientemente
flexibles como para adaptarse a la realidad del entrono en el que actúan,
detectando las necesidades de los clientes anticipándose, en muchos casos, a
las mismas, y, a la vez, va a sistematizar el aprovechamiento de toda la
información que está captando para convertirla en conocimiento y explotarla
ofreciendo procesos, productos y servicios innovadores que le permitan conseguir
las deseadas ventajas competitivas sostenibles que satisfagan sus objetivos
estratégicos formulados. ¡Sostenemos!
Bibliografía:
Handy, Ch. (1995): La edad de la sinrazón. Parramón.
Barcelona.
Mintzberg, H. (1984): La estructuración de las
organizaciones. Ariel. Barcelona.
Nonaka, I. y Takeuchi, I. (1995): The Knowledge Creating
Company: How japanese companies create the dynamics of innovation. Oxford
University Press, Inc.
Porter, M. (1980): Competitive strategy. The Free
Press. New York.
Rodríguez Antón, J.M. (1990): La banca en España.
Pirámide. Madrid.
Rodríguez Antón, J.M. (1997): La innovación como
estrategia bancaria, en Bueno y
Rodríguez Antón, Eds.: La banca del futuro, un desafío
para el 2000. Pirámide. Madrid.
Rodríguez Antón, J.M. (2001): Lecciones de Dirección y
Organización de Empresas. Moransal Asociados. Madrid.
Rodríguez Antón, J.M.; Morcillo, P.; Casani, F. y
Rodríguez Pomeda, J. (GIDE)(2001): "Propuesta de un nuevo modelo de
estructura organizativa ante el reto de la nueva economía: las estructuras
hipertrébol". Comunicación presentada al XI Congreso AECA. 26-28
septiembre. Madrid.
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