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| Por: |
Enrique Sánchez Novoa
enrique.sanchez@uai.cl
Profesor de Estrategia e Innovación Empresarial
Universidad Adolfo Ibáñez Universidad Finis Terrae Chile
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- INTRODUCCIÓN
Una estrategia corresponde en términos generales, a un plan
de acción individual o colectivo, basado en decisiones normalmente
irreversibles, concebido e implementado en parte racional y en parte
emocionalmente, para lograr objetivos que representan un estado futuro superior
deseado. Los objetivos se materializan mediante la creación o descubrimiento de
una posición valiosa y única en el entorno de quien lo desarrolla, y, por lo
tanto, ella ser defendida y recreada permanentemente usando de la mejor forma
posible el conjunto de capacidades y recursos disponibles. En el campo de los
negocios se focaliza el objetivo en la obtención por parte de las empresas, de
resultados económicos superiores a los de los competidores en forma sostenida.
La estrategia empresarial ha estado continuamente intentando explicar por qué
algunas empresas logran el éxito, mientras que otras fracasan estrepitosamente.
No existe otra manera más efectiva de resolver este desafío que no sea
revisando la evidencia empírica y en definitiva tenemos que seguir aprendiendo
de ella.
La definición anteriormente enunciada pretende englobar a
las principales ideas que han planteado sobre estrategia empresarial autores
como Chandler (1962), Ansoff (1965), Mintzberg (1978), Porter (1980), Hamel y
Prahalad (1989) y Bueno (1999), que, en mi opinión, resumen los principales
enfoques prescriptivos y descriptivos.
Existen dos niveles de estrategia que se asocian con
objetivos y decisiones jerárquicamente superiores y de largo plazo de las
empresas: estrategia corporativa y estrategia competitiva o de negocios (Hax y
Majluf, 1993). La estrategia corporativa se sitúa en el nivel más alto de la
organización e incluye a la visión, misión y objetivos de la empresa, a su
configuración y a la administración de los recursos disponibles. En
particular, la estrategia corporativa debe intentar resolver los grados de
integración tanto vertical como horizontal de los diferentes negocios, para
lograr permanentemente la máxima sinergia desde la organización como un todo.
Decididos los ámbitos de acción en que participará la empresa, prosiguen las
respectivas estrategias de negocios que se concentran en dar respuesta al cómo
se va a competir en cada uno de ellos. Esto se establece en términos de
productos/mercados como "unidad estratégica de negocios", según la
estructura y la dinámica del sector industrial respectivo, y el despliegue de
los recursos de la empresa. La consecución de la ventaja competitiva sostenible
es el elemento más significativo a este nivel.
Si bien como concepto mismo las competencias esenciales
aparecen mencionadas desde los orígenes de la teoría de la firma, son Hamel y
Prahalad los que las ponen en el tapete con un significado inequívoco al
definirlas como un conjunto de conocimientos y habilidades sobre una tecnología
específica, que cumple ciertas condiciones especiales: surge del aprendizaje
colectivo de la organización y se relaciona fundamentalmente con el modo de
coordinar diversas técnicas de producción e integrar múltiples corrientes de
tecnologías (Hamel y Prahalad, 1991-1994). Está claro entonces el peso de la
tecnología en las competencias esenciales como asimismo su importancia
fundamental para sostener la ventaja competitiva, puesto que ellas no son
fácilmente imitables. Es más, abre de antemano la visión corporativa de la
empresa, puesto que se sustenta en lo que la empresa sabe hacer, se entiende
bien o mejor que sus competidores, conquistando nuevos mercados con nuevos
productos que ofrecen un valor agregado evidente a los clientes. Por la razón
anterior este concepto es pieza clave de cualquier planteamiento sobre
estrategia empresarial moderna y afecta a todos sus niveles.
El núcleo de la estrategia de la empresa en la actual
economía busca primero que nada ser diferente (Porter, 1996), por lo que
debemos entonces innovar permanentemente y más rápido cada vez, ya que los
ciclos de vida de los productos se acortan, los clientes son más exigentes, la
competencia aumenta dramáticamente producto de la globalización y el mismo
cambio tecnológico se acelera. Para triunfar una empresa tiene entonces que ser
capaz de jugar simultáneamente a ser mejor, por el imperativo de lograr bajos
costes, y, más importante aún, a ser diferente, por la urgencia de cambiar a
su favor las reglas del juego (Markides, 2000).
De este modo, la estrategia de la empresa debe encontrar y
explotar una posición singular y valiosa en la industria o industrias en que
opera, pero simultáneamente debe estar buscando nuevas posiciones también
singulares y valiosas. Éste es verdaderamente el gran desafío de innovación
estratégica: tener que apostar a una nueva posición en el momento justo en que
la rentabilidad de la actual provoca autocomplacencia (Handy, 1998). Por ello es
que es necesario que la alta gerencia esté comprometida en saber la respuesta
al qué más que al cómo (Hamel y Prahalad, 1997). Creo que es
necesario destacar también la importancia del saber identificar al quién
por sobre el cómo. Para mí estas dos interrogantes son las de
dimensión más estratégica, el cómo tiene que ver más con lo
operacional aunque no escapa tampoco al ámbito de la innovación tecnológica.
Parece que sin lugar a dudas, en un mundo discontinuo y dinámico como el
actual, la innovación estratégica es la clave de la creación de riqueza (Hamel,
1998).
La innovación, para ser tal, debe importar beneficios
sustantivos en la satisfacción de necesidades de los clientes por el desempeño
de nuevos productos, servicios o procesos introducidos en el mercado, o bien la
modificación de productos, servicios o procesos existentes. Existen por lo
tanto, básicamente innovaciones en productos y servicios. Ahora bien la
innovación en productos y servicios, es normalmente innovación de índole
tecnológica por la sencilla razón de que en la actual economía ellos tienen
un elevado componente de tecnología. El mercado exige cada vez mejores y más
significativos desempeños en la satisfacción de nuestras necesidades ("market
pull"). También nos los ofrecen los fabricantes con la
comercialización de sus descubrimientos ("technological push"),
en su intento por ganarle a la competencia. Adicionalmente, en los tiempos
presentes debemos considerar la presión social del entorno, particularmente la
medioambiental, que también fuerza a las empresas a innovar en productos y
procesos ("environmental pull"). Por otro lado tenemos en la
innovación en procesos una subdivisión en tecnológicos y en organizacionales.
Los primeros tienen que ver con nuevos y mejores formas de producción y uso de
productos y servicios, otorgando incrementos significativos en la eficiencia y
eficacia. Los de índole organizacional están asociados a cambios en las
estructuras de las empresas buscando también mayor eficiencia y eficacia, como
por ejemplo las organizaciones de hipertexto; en las funciones de marketing,
como es el desarrollo del marketing relacional; y en las funciones de finanzas,
donde podemos mencionar el "project financing" a modo de ilustración.
Entonces, la innovación captura sentido económico solamente
con la transacción comercial de una invención como ya lo planteara Schumpeter
(1912), quién, como ilustración del concepto, nos legó su famosa metáfora de
la "Destrucción Creativa", como un hecho esencial del capitalismo que
revoluciona incesantemente la estructura económica de los mercados desde
dentro, para romper situaciones de equilibrio en torno a la competencia
perfecta, en las que los emprendedores no encuentran renta económica (Schumpeter,
1942). La innovación es así introducida en los mercados por emprendedores que
tienen un producto o servicio diferente, con un alto valor agregado para el
cliente, el que es desarrollado gracias a su ingenio y conocimiento, que son las
verdaderas fuentes de la riqueza. En este punto queremos distinguir el
mejoramiento continuo de la innovación propiamente tal (Drucker, 1983-1993).
Además es preciso notar que esta definición deja fuera a las actividades puras
de investigación y desarrollo, I+D, como acciones de innovación en su pleno
sentido, como era comúnmente aceptado hasta hace poco, ya que tienen un
carácter claramente funcional en las empresas.
El término tecnología, introducido en el siglo XVIII con la
aparición de la Encyclopédie, ha ido recobrando su riqueza original
enunciada por sus raíces griegas: techné, que significa saber hacer
practicado por el ejercicio de un oficio, es decir un arte; y logos, el
saber organizado, sistemático y con un fin determinado, es decir el
conocimiento científico. En forma muy sucinta se puede definir a la tecnología
como la ciencia del arte de hacer las cosas (Morcillo, 1999), o el arte de la
ciencia práctica, haciendo un juego de palabras. En el fondo, la tecnología es
un conjunto ordenado de conocimientos provenientes de la ciencia y de la
experiencia, que es utilizado en la producción y el uso de bienes y servicios,
para tratar de cambiar al mundo, de modo que éste se adapte mejor a la
satisfacción de nuestras necesidades básicas y superiores.
Las innovaciones organizacionales involucran cambios en el
comportamiento de las personas y sus sistemas estructurales, por lo que son
ordinariamente más lentos y difíciles de introducir, a la vez que son más
fáciles de imitar por otras empresas del sector en que emergen. Es más, ellas
generalmente son consecuencia directa de las innovaciones tecnológicas y,
definitivamente, son menos frecuentes que éstas. Por todo lo anterior y por ser
la innovación tecnológica, de productos y procesos, también llamado el cambio
tecnológico, el principal motor del desarrollo económico y prosperidad de las
empresas y de las naciones, nos concentramos habitualmente en ella y así, sin
quererlo, hablamos de innovación y nos estamos refiriendo implícitamente a la
innovación tecnológica.
Si revisamos cómo se desarrolla la tasa de innovación
tecnológica, igual a la cantidad de mejoras introducidas en el tiempo, en la
práctica podemos apreciar que primeramente ella es mayor con los productos para
después pasar a los procesos, donde se busca el abaratamiento de los productos
en una etapa en que ya es difícil lograr mejoras sustantivas en su desempeño,
como se muestra en la figura 1.
La cadena de valor de una empresa, que representa actividades
o procesos internos, equivale entonces a un sistema de tecnologías que debe ser
diseñado para generar la ventaja competitiva. Por otra parte, todas ellas, se
concadenan con las tecnologías de los proveedores y con las de los canales de
distribución y de los clientes, estableciéndose una verdadera red de valor. La
ventaja competitiva será sostenible en cuanto sea más difícil de reproducir
por la competencia, lo cual dependerá de los "trade-offs" que
se establezcan entre las diferentes actividades-tecnologías, configurándose
así una verdadera "arquitectura estratégica".
Sin embargo, la clasificación de las innovaciones más
relevante a nuestro parecer, proviene de la curva de desempeño de una
tecnología, materializada en un producto, en función del esfuerzo desplegado
por el innovador, con su clásica forma de "S" recogida en la figura 2
(Foster, 1987). Podemos apreciar que se dan tres etapas claramente
diferenciadas: la primera es de aprendizaje y pruebas, la siguiente muestra un
rendimiento creciente y estable, y, finalmente, aparece una tercera de
rendimientos decrecientes. Distinguiremos a la segunda, en la que se produce el
salto fuerte en el desempeño de esa tecnología, como una innovación
incremental. Finalmente, existen numerosos casos en que ocurre la aparición
de una nueva tecnología, con otra curva "S" que provoca una
discontinuidad tecnológica al reemplazar a la actual tecnología cuando su
desempeño sobrepasa al de ella como lo ilustra la figura 3. Incluso, si el
innovador antiguo reacciona al percatarse de la amenaza, su respuesta es
insuficiente: el mejoramiento continuo no puede contra el potencial innovador. A
este fenómeno de discontinuidad tecnológica lo llamaremos innovación
radical, ya que provoca cambios verdaderamente revolucionarios en la
industria por el reemplazo de las tecnologías y de todas las alteraciones que
ello implica, en particular en los productos y en los mercados mismos.
- PRESENTACIÓN DE LAS ESTRATEGIAS DE INNOVACIÓN
La visión corporativa nos conduce a aplicar la innovación
para resolver los problemas estratégicos de este nivel: los grados de
integración tanto vertical como horizontal de los diferentes negocios. De esta
forma, las estrategias de innovación siguen consecuentemente un esquema de
estrategia vertical y horizontal. En la estrategia vertical de innovación, o de
alcance, la empresa acomete actividades que se encuentran aguas arriba o aguas
abajo en la cadena de valor de la industria en que su desarrolla cada uno de sus
negocios, siguiendo la lógica y conveniencia de concadenar o compartir de las
tecnologías involucradas. Aquí debemos distinguir claramente dos cosas:
primero que el innovador estará más interesado en esta integración cuando el
producto innovador no sea el producto completo o final en el mercado sino un
producto intermedio. Pero debemos notar que no será necesario que el innovador
se involucre en la fabricación del producto complementario si puede conseguir
el mismo objetivo mediante redes estratégicas de valor (Nalebuff y
Brandenburger, 1996). En la estrategia horizontal de innovación, o de
extensión, se da la otra visión de la estrategia corporativa: la empresa
diversifica los productos y mercados buscando a través de sus competencias
esenciales y las tecnologías genéricas, desarrollar nuevos negocios que le
entregue sinergia desde sus cadenas de valor internas. Este es el caso de Canon
por ejemplo y sus competencias esenciales en óptica fina, mecánica de
precisión y microelectrónica, que le permiten producir máquinas
fotográficas, fotocopiadoras e impresoras de excelente calidad.
La forma clásica de integrar estos elementos es por medio
del modelo del "árbol tecnológico" (Morcillo, 1997). Como se puede
apreciar en la figura 4, las raíces representan las tecnologías comunes o
"genéricas", de las que se nutre la savia que a su vez circula por el
tronco, donde están las competencias esenciales junto con los recursos y
capacidades de la empresa, y usa el potencial tecnológico y comercial para
pasar hacia las ramas y sus hojas. Éstas se extenderían horizontalmente para
conformar diferentes líneas de productos/mercados con tecnologías resultantes
relacionadas, y verticalmente para abordar una especialización de las
tecnologías resultantes centrales. De este modo, un árbol con una copa ancha y
frondosa denotaría a una empresa que sigue una estrategia horizontal de
innovación, mientras que un árbol de copa esbelta y alta a otra que desarrolla
una estrategia vertical de innovación. Por supuesto existen situaciones
intermedias con árboles de ramas voluminosas, tronco fuerte y raíces extensas,
señalando que la empresa sigue ambas estrategias simultáneamente, como sería
el caso de grandes corporaciones como General Electric o Asea Brown Boveri, por
ejemplo. Queda claro entonces que ambas estrategias no son antagónicas ni
excluyentes.
Finalmente, los frutos de este árbol serían el equivalente
a los productos finales, tanto en el plano vertical: esenciales, como en el
horizontal: relacionados. Cabe hacer notar que este modelo es muy completo ya
que podríamos agregar que el árbol se nutre de las sales del suelo y de la luz
solar, que podrían representar el conocimiento del entorno, y que los frutos
tienen semillas que pueden dar origen a otros árboles o empresas. Así la forma
del árbol nos muestra las estrategias de innovación horizontal y vertical que
sigue una empresa.
En el ámbito competitivo o de negocios, la empresa debe
resolver cómo manejará sus nuevos productos y mercados en una primera etapa.
Desde esta perspectiva, se manejan normalmente las siguientes estrategias
básicas: ofensiva o pionero, defensiva o seguidor e imitador (Freeman y Soete,
1999). Con la estrategia ofensiva la empresa intenta alcanzar el liderazgo en el
mercado adelantándose a sus competidores en introducir el nuevo producto en el
mercado, porque de este modo puede alcanzar grandes beneficios monopolísticos y
asumiendo grandes riesgos también. En este caso el innovador introduce mejoras
sustantivas en sus productos a través del despliegue de sus competencias
esenciales, es decir innovaciones tecnológicas incrementales, como son los
casos de los Windows de Microsoft o los Pentium de Intel, de los que siempre
tendremos una nueva versión muy superior a la antigua, por ejemplo, antes de
que lo hagan los competidores. Mediante la estrategia defensiva la empresa sigue
al líder, pero muy de cerca para intentar adelantarlo en el momento oportuno y
ser el ganador final, es decir ser un seguidor exitoso en sobrepasar o igualar
los beneficios del líder, con un riesgo alto pero más moderado.
Finalmente, con la estrategia imitadora la empresa introduce
su versión del nuevo producto con tecnologías probadas, que implican riesgos
más bajos, pero por contra obtiene menores beneficios que el líder. Como en la
mayoría de los casos con esta estrategia se introducen sólo mejoras menores a
un producto innovador, copiando "en torno a", dejaremos de lado esta
estrategia puesto que no calza con nuestra definición de innovación.
- COMENTARIOS SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE INNOVACIÓN TECNOLÓGICA
Lo primero que queremos mencionar es que no existe una única
estrategia de innovación tecnológica ganadora, sea desde el enfoque
corporativo o desde el competitivo. Debe tenerse siempre presente que en
innovación el éxito del producto no asegura el éxito de la empresa que lo
introdujo. Aquí se puede perder o ganar, por lo que debe analizarse
cuidadosamente la situación ex–ante, considerando los factores críticos que
determinan quién se quedará con "la porción del león". La
adopción de una determinada estrategia será entonces el resultado de una
combinación de situaciones y decisiones en las que el aspecto racional, el
aspecto emocional y la visión de largo plazo normalmente están entremezcladas,
aunque el criterio a estas alturas es meridianamente preciso: las empresas deben
optar por desarrollar aquellas tecnologías que les aseguran sinergia y ventaja
competitiva sostenible. Ahora si lo hacen como especialista o diversificador,
como líder o seguidor, que son las dos opciones básicas en cada enfoque
estratégico, ello dependerá de otras variables que se analizarán enseguida.
Lo primero será siempre determinar cuáles son las tecnologías claves para
enfocar la estrategia de innovación
Sobre la base del criterio que hemos establecido para
seleccionar las tecnologías, éstas no pueden ser otras que las asociadas a las
competencias esenciales de la empresa. Luego debemos primero relacionar la
estrategia con las tecnologías que la apoyan en el ámbito corporativo y
competitivo. La trayectoria de la empresa y su conocimiento colectivo
desarrollado servirán de guía en este proceso. Dado que la "unidad
estratégica de negocios" es la parte básica de una empresa, lo primero es
abordar cómo se logra allí la ventaja competitiva. Aquí es donde resulta
práctico emplear matrices de identificación de tecnologías claves y de la
forma en que ellas se combinan como se muestra en el ejemplo siguiente. Las
tecnologías claves que aparecen en diferentes industrias o negocios
corresponden a las asociadas a las tecnologías genéricas por su papel en la
generación de nuevos negocios. El juicio experto de la organización y sus
asesores externos calificará la importancia de las tecnologías involucradas en
el desarrollo de los productos de la empresa, aquellas que es necesario dominar.
MATRIZ TECNOLOGÍAS/PRODUCTOS (Importancia)
|
Productos Tecnología\ |
P1 |
P2 |
|
Pn |
RESUMEN Juicio Experto |
|
T1 |
Alta |
Media |
|
Alta |
Clave |
|
T2 |
Media |
Baja |
|
Baja |
No Relevante |
|
|
|
|
|
|
|
|
Tj |
Media |
Alta |
|
Alta |
Clave |
|
Tm |
Media |
Media |
|
Baja |
Relativa |
Habiendo identificado cuáles son las tecnologías genéricas
debemos evaluar la posición competitiva de la empresa con respecto a cada una
de ellas, con una visión dual: actualmente y a futuro, dependiendo de los
negocios que se desea abordar. Esto se puede desarrollar mediante la matriz
posición de la estrategia tecnológica versus la importancia para la posición
competitiva deseada en cada negocio, como se muestra a continuación.
MATRIZ POSICIÓN/NEGOCIO (Importancia)
|
Importancia
Posición\ |
Alta |
Media |
Baja |
|
Líder |
T1, Tj |
|
|
|
Seguidor |
|
Tm |
T2 |
Mediante estas matrices aplicadas a cada negocio podemos
identificar las tecnologías genéricas para reforzar nuestra posición
competitiva, para luego preguntarnos si las tenemos en la organización o ellas
den ser desarrolladas internamente o adquiridas mediante alguna forma de
asociación estratégica. Por lo tanto, hemos logrado definir cuáles deben ser
nuestras competencias esenciales. Como el entorno es dinámico, debemos
revisarlas constantemente considerando diferentes escenarios competitivos
plausibles en el futuro. Para lograr respuestas innovadoras oportunamente, es
necesario contar entonces con capacidades dinámicas (Teece, 1997), que
renueven nuestras competencias esenciales para lograr congruencia con el
cambiante ambiente de negocios. Cabe hacer notar que la esencia de estas
capacidades en una empresa reside principalmente en sus procesos
organizacionales, en los que se maneja conocimiento tácito, que es el
verdaderamente difícil de imitar.
Ser líder o seguidor, esa es la cuestión. Para decidir
debemos revisar cuidadosamente nuestra posición actual y futura respecto a los
competidores y al mercado, en los siguientes factores críticos:
-
El régimen de apropiabilidad imperante en la
industria, si podremos patentar nuestra innovación por ejemplo (Levin,
1987), caso clásico: Polaroid frente a Kodak.
-
Sobre nuestra posición respecto al diseño
dominante o estándar de la industria, si podremos conseguirlo o no es
seguro o de qué depende (Utterback, 1994), caso clásico Philips y el
compact disc.
-
Los activos complementarios, estos son aquellos
recursos o proveedores necesarios para completar y llevar el producto al
mercado, como ser el complemento de éste si no está completo, o los
canales de distribución adecuados cuando se aborda un mercado desconocido
(Teece, 1987), caso clásico: EMI y el Scanner.
-
Los movimientos estratégicos de los competidores
en relación con la innovación, en particular cómo están enfrentando
ellos los mismos dilemas (Cusumano, 1997), caso clásico: Sony con Betamax
frente a JVC con VHS.
Como instrumento predictor podemos además usar las curvas
"S" para considerar el aspecto dinámico de este fenómeno: en qué
punto nos encontramos en relación con nuestros competidores. Es necesario
observar también aquellas industrias emergentes con productos que están
satisfaciendo necesidades similares, con un desempeño actualmente inferior pero
con un tremendo potencial futuro, capaz de producir una discontinuidad
tecnológica. El dilema de líder o seguidor en innovación no tiene siempre la
misma solución y, por lo tanto, debemos revisar siempre cuidadosamente la
situación que enfrenta nuestra empresa en su entorno dinámico y la
convergencia de las industrias.
Respecto a las estrategias de innovación corporativas, las
dos estrategias básicas: horizontal y vertical presentan sus propias ventajas
así como desventajas, y el principal criterio para desarrollarlas debe ser la
obtención de la sinergia. Recordemos, por otra parte, que ya habíamos indicado
que en muchas ocasiones ellas pueden actuar conjuntamente, de manera que no se
trata tanto de optar entre alternativas, sino más bien de lograr una simbiosis
adecuada.
La estrategia horizontal corresponde a la diversificación de
negocios y la sinergia se logra mediante interrelaciones de las tecnologías
genéricas desde las cadenas de valor de los negocios. Mientras más de ellas
existan, más sinergia se dará, y la empresa podrá reforzar y extender sus
competencias esenciales al abordar nuevos mercados, ampliando lo que sabe hacer
bien. Pero, por otra parte, con esta estrategia se tiende a pensar más en los
procesos, que es lo asociado a las cadenas de valor, y se descuida la
innovación permanente en productos, que es la base para diferenciarse de la
competencia. Entonces existe un riesgo de alejarse de lo que se sabe hacer bien,
por lo que debe evaluarse cuidadosamente el proceso de diversificación sin
perder de vista el despliegue efectivo de las competencias esenciales que se
poseen.
En el caso de la estrategia vertical existirá la desventaja
de concentrar las competencias esenciales. Al desplazarse aguas abajo o arriba
en la cadena de valor de la industria, la empresa se introduce en otros sectores
industriales que desconoce, teniendo que efectuar además inversiones
especializadas. La apuesta será jugarse por desarrollar innovaciones de
producto que lleguen en forma más rápida al cliente final, pero el desarrollo
e implantación de esta estrategia es más lento lo que aumenta el riesgo de
fracasar. Un caso especial de estrategia vertical ocurre cuando los productos
innovadores no están completos para ser consumidos por el cliente, es decir se
necesitan productos complementarios. En esta situación la empresa deberá
buscar rápidamente el complemento de su producto, ya sea por desarrollo propio
o por alianza, para su oferta se complete, de otro modo su posición competitiva
será muy débil.
Desde el punto de vista de la innovación misma, la
estrategia vertical resultaría peligrosa para las empresas que apuestan a una o
algunas pocas tecnologías genéricas que pueden quedar obsoletas por una
discontinuidad tecnológica, fenómeno que fue comentado previamente. Entonces,
para las empresas más verticales, concentradas en unos pocos productos, será
imprescindible ser líderes tecnológicos e invertir fuertemente en el
desarrollo de nuevas tecnologías y en el seguimiento de tecnologías
emergentes.
Existen por cierto otras razones estratégicas para analizar
la integración vertical, los que se relacionan con la existencia de mercados
competitivos por parte de empresas proveedoras o canales de distribución, que
aseguran menores costos, disponibilidad y un mejor dominio del sector
industrial.
En relación con las estrategias de innovación competitivas,
la trayectoria de una empresa pesa fuertemente al momento de decidir la opción.
Son numerosos los casos en que las empresas líderes se sienten obligadas por el
mercado a ser los pioneros tecnológicos y el fracaso viene por no contar con
todos los factores críticos de éxito que mencionamos anteriormente para
quedarse con los beneficios de la innovación.
El pionero debe ser capaz de sostener su ventaja inicial
sobre los competidores actuales y potenciales en la industria y para ello debe
seguir innovando más rápido que ellos y ocupar los mecanismos levanten
barreras a la imitación. Debe desarrollar una brecha tecnológica respecto a
sus competidores, tal como el tiempo de llegada al mercado, o la asociación con
los principales proveedores y canales de distribución, o con otras compañías
líderes en productos complementarios. También el pionero puede generar altos
costos de cambio o dependencia para los usuarios. De allí que los movimientos
estratégicos al inicio de la innovación sean tan cruciales. Las ventajas de
ser el pionero o "first mover" en términos generales provienen
de poder definir las nuevas reglas de la competencia, actuando entonces
proactivamente. En este sentido funciona el diseño dominante que debe
asegurarse el pionero para quedarse con los mayores beneficios.
El pionero también gana reputación de líder y se posiciona
como tal en el mercado, lo que es relevante a la hora de diferenciarse. Pero
también puede obtener menores costos de producción ya que se mueve primero por
la curva de aprendizaje y al desarrollar nuevos mercados logra alcanzar
economías de escala antes que los seguidores.
Las desventajas del pionero provienen de dos fuentes amplias:
mayores costos y riesgos más altos. Los mayores costos que enfrenta respecto al
seguidor se derivan del desarrollo mismo de la innovación, que va desde la I+D
y la producción del nuevo producto hasta su promoción y la educación del
usuario en el mercado. Los principales riesgos del pionero residen en la
incertidumbre en la demanda: cambio de las necesidades y del volumen de
usuarios, la aparición de otras tecnologías sustitutas antes del
establecimiento del diseño dominante, y la imitación de menor costo por parte
de los seguidores cercanos con competencias tecnológicas similares.
Las ventajas que puede obtener el pionero tecnológico
superan a las desventajas si tiene las precauciones que se han identificado
anteriormente. Los beneficios económicos serán mayores para el innovador si
puede disfrutar del "control (premio) monopólico temporal" del que
nos hablaba Schumpeter: podrá manejar los precios más altos en un comienzo
("descreme"). O podrá levantar barreras de entrada presionando los
costos de los seguidores con precios más bajos ("penetración"). En
definitiva, parece que conviene ser pionero, pero hacerlo monitoreando
cuidadosamente la dinámica de la situación que se enfrenta y los recursos con
que se cuenta, es decir innovando estratégicamente.
- CONCLUSIONES.
En este trabajo se han presentado y comentado las estrategias
de innovación, tratando primeramente de intentar la aclaración de
ambigüedades conceptuales y semánticas que han aparecido en la literatura
revisada a medida que se ha ido desarrollando el tema de la innovación
tecnológica.
La generación de la innovación necesita de un compromiso de
la empresa por construir una cartera de competencias esenciales, basada en un
dominio de varias tecnologías genéricas, que se vaya adecuando con mucha
imaginación y rapidez a la realidad dinámica imperante en los mercados
actuales. Por esta razón, será en definitiva el dominio de las capacidades
dinámicas, el que orientará la estrategia de innovación más conveniente
para la empresa en un instante dado, tanto desde un enfoque estratégico
corporativo para resolver sobre la problemática de integración vertical y
diversificación, como del enfoque estratégico competitivo: ser líder o
seguidor en la industria.
Como corolario del marco teórico propuesto, basado en los
enfoques mencionados, hemos llegado a la conclusión de que más que hablar de
estrategias de innovación, deberíamos hacerlo sobre estrategias para
desarrollar capacidades dinámicas en nuestras organizaciones. En un
entorno en que el cambio se acelera y es cada vez más impredecible, en donde
reina la hipercompetencia y se busca afanosamente la diferenciación para ganar,
sólo podrán sobrevivir aquellas empresas que sean capaces de reinventar
constantemente las reglas del juego y anticiparse a las necesidades de los
clientes, es decir las que desarrollen la innovación con una visión
verdaderamente estratégica.
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