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| Por: |
Carmen Cabello Medina
Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)
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Antonio Carmona Lavado
Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)
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Ramón Valle Cabrera
Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)
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- INTRODUCCIÓN
La actividad innovadora de las organizaciones como respuesta
a los continuos cambios del entorno, y la ventaja competitiva que puede provenir
de tal comportamiento innovador, ha despertado el interés de un gran número de
investigadores que han intentado identificar los factores que propician la
innovación (Damanpour, 1988; 1991; Wolfe, 1994; Damanpour, y Gopalakrishnan,
1998). El surgimiento de nuevos diseños estructurales, la importancia creciente
de las relaciones interorganizativas y el desarrollo de las tecnologías de la
información, entre otros, plantean nuevos interrogantes que merecen ser
investigados (Ruigrock et al., 1999; Daft y Lewin, 1993; Hitt, Keats & De
Marie, 1998).
En este trabajo queremos determinar si las empresas
innovadoras, objeto de nuestro estudio, presentan las características que la
literatura considera clave para la innovación. Además, propondremos cuestiones
de investigación que serán contrastadas en un próximo estudio sobre una
elevada muestra de empresas innovadoras en España.
Si bien se dispone de una amplia literatura sobre
innovación, los diferentes tratamientos dados al término y los diversos tipos
de innovación contemplados, han dificultado la obtención de conclusiones
homogéneas y determinantes sobre las características organizativas que la
favorecen, por lo que debe matizarse qué concepto de innovación se está
utilizando (Gopalakrishnan and Damanpour, 1997;Tidd, Bessant y Pavitt 1999;
Cumming 1998; Escorsa y Valls 2000).
Por ejemplo, puede hablarse de innovación en el sentido más
amplio, o innovación organizacional, (Quinn 1979; Tidd, Bessant y Pavitt 1999;
Escorsa y Valls 2000, Manual de Frascati de la OCDE; Damanpour 1991; Sánchez y
McKinley 1998; Pavón y Goodman 1981; Kanter 1984; Fernández y Fernández 1988;
González, Jiménez y Sáez 1997; Yamin, Gunasekaran y Mavondo 1999; Wolfe
1994), que es básicamente el concepto de innovación propuesto por Schumpeter
(1996); e innovación tecnológica (Manual de Oslo de la OECD/Eurostat 1997;
Braun 1986; Sidro 1988; O`Sullivan, 2000).
Además algunos autores consideran requisitos de la
innovación que el producto se introduzca en el mercado o que se utilice el
proceso (Manual de Olso de la OECD/Eurostat 1997; Audretsch y Acs 1991); que
tenga éxito o sea vendido efectivamente (Pavón y Goodman 1981; Sidro 1988;
Cumming 1998; Sánchez 1998b, Escorsa y Valls 2000; y Pavitt 1984; Guellec,
1999; Burgelman y Sayles, 1986); que el producto o proceso sea nuevo (o
mejorado) para la empresa, para el mercado o incluso para el mundo (Manual de
Olso de la OECD/Eurostat 1997; Damanpour 1991; Sánchez y McKinley 1998; Tushman
y Nadler 1986; Nelson y Rosenberg 1993; Pavón y Goodman 1981, Cumming 1998),
mientras que para otros basta con que sea nuevo (o mejorado) para la empresa.
Las tipologías existentes distinguen entre innovación
organizacional e innovación tecnológica; innovación global e innovación
local; innovación de producto y de proceso (Tushman y Nadler 1986; Archibugi,
Evangelista y Simonetti 1994; Pavitt 1984; Camelo et al 2001; Tidd, Bessant y Pavitt, 1999; Archibugi, Evangelista y Simonetti, 1994); innovación radical e innovación incremental (Manual de Olso de la OECD/Eurostat 1997; Pavón e Hidalgo 1997; Tidd, Bessant y Pavitt 1999; Detienne Koberg y Heppard 2001; Garmain 1996; Shenhar, Dvir y Shulman 1995; Tushman y Nadler 1986; Buesa y Molero 1998; Camelo et al 2001; Green, Gavin y Aiman-Smith 1995); innovación tácita-explícita, sistémica-autonóma y simple-compleja (Gopalakrishnan and Bierly, 2001)
Dos últimos aspectos, de carácter general, pero relevantes
en el estudio de la innovación son los relativos a cómo medir el output
de la innovación y su impacto sobre los resultados de la organización. En
cuanto al output de la innovación, éste puede ser medido a través de
los títulos de propiedad industrial (patentes, modelos de utilidad…), por un
lado, y de los productos nuevos o mejorados lanzados al mercado y/o los procesos
nuevos o mejorados implementados, por otro lado. Las limitaciones que presentan
el uso de las patentes como indicador de la innovación aconseja completarlo con
otro tipo de indicadores (Sánchez, 1998, 1998b, p.98; Mansfield, 1986; Arundel,
2001; Quintero, 1997; Buesa 1998; Buesa y Molero; 1998; Watanabe, Tsuji y Griffy-Brown
2001; Gumbau, 1994; Kingston, 2001). La dificultad estriba en que para el
segundo tipo de indicadores debe recurrirse a algún procedimiento de encuesta,
dada la ausencia de bases de datos que recojan esta información (Sánchez
1998).
Finalmente, el impacto de la innovación sobre los resultados
de la organización, puede estudiarse desde diferentes perspectivas: la forma en
que afecta a la reducción de costes o al aumento de las ventas (González,
Jiménez y Sáez 1997), la participación de los nuevos productos en la cifra
total de negocio (Eurostat 1999, Buesa 1998; Buesa y Molero 1996 y 1998) o la
participación de los nuevos productos en las exportaciones (Buesa 1998; Buesa y
Molero 1996; Fonfría 1999; Rodríguez 1999). Kuczmarski (2000) propone como
indicadores del rendimiento de la innovación.
En nuestra investigación, hemos optado por contemplar la
innovación en productos y en procesos, considerar como innovación aquella que
resulta en un producto nuevo o mejorado sea objeto o no de patente. Distinguimos
el ámbito de la innovación, es decir, si es nuevo para el mundo o para el
mercado en el que actúa la organización y, por último, consideramos tanto las
inversiones destinadas a innovación como los ingresos producidos por los
resultados de éstas.
- INNOVACIÓN Y CARACTERÍSTICAS ORGANIZATIVAS
De las diferentes variables consideradas en la literatura y
en el modelo integrado de innovación que nos sirve como referencia (Camelo et
al. 2001), en este trabajo nos centramos en diversas características
organizativas que son determinantes de la innovación (Damanpour, 1988, 1991;
Kim, 1980; Kimberley and Evanisko, 1981; Wolfe, 1994).
Tradicionalmente, se ha planteado si las estructuras
orgánicas favorecen en mayor medida que las burocráticas o mecanicistas, las
innovaciones tecnológicas o administrativas, las radicales o incrementales o la
etapa de iniciación de la innovación frente a la de implantación (Damanpour,
1991; Damanpour y Gopalakrishnn, 1998). Sin embargo, los resultados obtenidos no
han sido concluyentes, bien por el impacto de las condiciones ambientales sobre
la relación entre estructura organizativa y la innovación (Damanpour y
Gopalakrishnan, 1998), bien por la amplia diversidad de enfoques utilizados, en
los que se mezclan organizaciones, tipos de innovación, etapas del proceso y
medidas diferentes, lo cual debería alentar a los investigadores a reducir la
ambigüedad, como forma de hacer comparables los resultados de sus estudios (Wolfe,
1994).
Si bien se ha mantenido cierta homogeneidad respecto a la
utilización de las formas organizativas burocrática y orgánica de Burns y
Stalker (1961), la evolución natural experimentada por las organizaciones en su
intento continuado de ser más competitivas, ha modificado sustancialmente el
tipo de relaciones y comunicaciones tanto intraorganizativas como
interorganizativas, obligando a los investigadores a centrar sus trabajos en
nuevas características organizativas y en nuevas concepciones de los
parámetros tradicionales que propicien la innovación: estructuras en red,
formas "celulares" (Miles et al., 1997), unidades auto-organizadas (Daft
y Lewin, 1993), organizaciones modulares, flexibilidad, externalización,
establecimiento de vínculos tanto horizontales como verticales, reducción de
niveles organizativos…, son algunos de los rasgos esenciales de las nuevas
formas organizativas (Daft y Lewin, 1993; Volberda, 1998; Whittington et al.,
1999; Ruigrok et al., 1999).
Este nuevo escenario aconseja reformular el paradigma
tradicional de que las estructuras orgánicas (poco formalizadas,
descentralizadas, con pocos niveles jerárquicos…) favorecen la innovación,
porque el análisis de las "formas organizativas" se ha ido
enriqueciendo con la incorporación de nuevas dimensiones, o nuevas concepciones
de las dimensiones tradicionales, que llevan a plantear cuestiones diferentes
sobre su conexión con la innovación.
Este es el caso de la flexibilidad, atributo esencial de los
modelos "orgánicos", cuya consideración va más allá de la idea de
una organización poco formalizada. Desde Duncan (1976), con su modelo
ambidiestro, otros muchos autores han estudiado desde diferentes perspectivas la
flexibilidad organizativa como característica favorecedora de la actividad de
innovación. Así, Tushman y O´Really (1996), revisan la concepción de las
organizaciones "ambidiestras", ahora caracterizadas por su capacidad
para implantar cambios incrementales y radicales; Miles y Snow (1986), atribuyen
estructuras altamente flexibles a sus organizaciones "prospectivas";
Langlois y Robertson (1992), Daft y Lewin (1993), Sánchez y Mahoney (1995)
Sanderson y Uzumeri (1995), Post (1997), y Schilling y Stensema (2000),
consideran la flexibilidad el atributo esencial de las organizaciones
"modulares" capacitándolas para adaptarse a los nuevos desafíos y
oportunidades; Hitt (1998) propone el outsourcing, la contratación de
trabajadores contingentes (a tiempo parcial, temporales o por contrato) y las
alianzas, como formas de alcanzar la modularidad; Ayas (1996) estudia las
"redes de equipos autogestionados" para el desarrollo de nuevos
productos y observa cómo la flexibilidad se manifiesta ampliando o reduciendo
su tamaño en respuesta a las necesidades que impone la fase en que se encuentre
el desarrollo de un nuevo producto.
De forma más concreta, Sánchez y McKinley (1998) conectan
la flexibilidad estructural con la "juventud" de la
organización, al considerar que las organizaciones más antiguas poseen una
fuerte inercia estructural que restringe la flexibilidad; y la flexibilidad
en los procesos de producción con la "customización" o
"flexibilidad en producto" (Vickery et al., 1999), porque producir de
acuerdo con las especificaciones de sus clientes requiere inversiones que
faciliten la modificaciones necesarias en los procesos productivos.
Organizativamente, este atributo tendría que apoyarse en la redefinición de
los roles y las responsabilidades que deberían ser establecidos de forma
amplia, lo cual se considera uno de los principios de diseño de las
organizaciones innovadoras (Dougherty, 1992) y crea el contexto que hace posible
la generación y explotación de conocimientos.
Con base en lo anterior, nos planteamos si las organizaciones
innovadoras trabajan esencialmente mediante especificaciones de sus clientes y
recurren en gran medida a las contrataciones contingentes y a las
subcontrataciones como medio para alcanzar la flexibilidad organizativa.
Una segunda característica, no desvinculada de la
flexibilidad, que ha merecido la atención de los estudiosos de la innovación
hace referencia a los procesos de comunicación en las organizaciones
innovadoras. En aras de la flexibilidad, la comunicación, como otros muchos
procesos organizativos, debe estar poco formalizada para no obstaculizar el
desarrollo de soluciones a los problemas de innovación que necesiten la
colaboración de diferentes áreas (Von Hippel, 1998). La información, más que
una fuente de poder, debe ser un instrumento que se difunda por toda la
organización y esté disponible a través de medios electrónicos (Daft y Lewin,
1993), y las organizaciones innovadoras deben contar con rutinas que atraviesen
los límites establecidos por la estructura organizativa (Pitt y Clark, 1999).
Los "equipos virtuales", compuestos por individuos situados en
localizaciones dispersas que pueden comunicarse instantáneamente a través de
internet, intranet, videoconferencia… (Hitt, Keats y De Marie, 1998), son una
manifestación de esta renovada concepción de la comunicación en las
organizaciones, que a la vez requiere una nueva visión del trabajo, como un
proceso social y de colaboración en el que las personas interactúan regular
pero informalmente y en el que cada individuo tiene una clara visión del
proyecto global (Dougherty, 1992). Es de esperar, además, que la fluidez de la
comunicación sea mayor en las estructuras más planas, considerada igualmente
característica de las empresas innovadoras (Quinn, Anderson y Finkelstein,
1997), en la medida en que la proliferación de niveles jerárquicos puede
dificultar la comunicación e inhibir el flujo de ideas innovadoras (Hull y Hage,
1982).
Por tanto, otra de las cuestiones en el estudio de los casos
es constatar si las organizaciones innovadoras están caracterizadas por poseer
procesos informales de comunicación, apoyados en las nuevas tecnologías de
información, a las que tengan acceso la mayoría sus miembros, y por la que la
existencia de un reducido número de niveles jerárquicos.
Sin embargo, la comunicación no sólo se extiende y se hace
más informal dentro de los límites de la empresa. Uno de los aspectos
relacionados con el diseño organizativo que ha cobrado mayor protagonismo en
los últimos años está relacionado con la progresiva indefinición de los
límites empresariales y la creación de redes de empresas mediante alianzas
estratégicas. Así, los flujos de información, no sólo entre las funciones,
sino entre diseñadores, proveedores, clientes y otras empresas, pueden tener
ventajas para la innovación porque permite poner a prueba simultáneamente
nuevas alternativas, produciendo un rápido aprendizaje. Además si estas redes
son descentralizadas, con más puntos de entrada para nuevas empresas, la
posibilidad de generar nuevas ideas es mayor (Langlois y Robertson, 1992). Los
"laboratorios de aprendizaje" también están basados en la
transmisión de información a través de los límites organizativos. Leonard-Barton
(1992) los define como organizaciones virtuales de investigación constituidas
mediante redes y alianzas, en las que una actividad destacable es la
"inversión" en viajes para que los equipos puedan investigar nuevas
tecnologías en otras empresas, visitar empresas clientes, imitar a los
competidores… Bien es cierto que se plantea el dilema de qué cantidad de
conocimientos se pueden compartir con otras empresas de la red sin asumir un
alto riesgo de pérdida de competencias clave (Lei, Hitt y Goldhar, 1996),
porque la intangibilidad de este flujo puede hacer que una organización de la
red obtenga de otra, información muy relevante sobre productos o procesos, sin
que la segunda sea ni siquiera consciente de ello. Por ello, la filosofía que
debe inspirar las relaciones entre estas organizaciones, basadas en la
colaboración y no en la competencia, no siempre es una garantía contra
determinados comportamientos oportunistas.
Con base en los razonamientos anteriores, nos planteamos como
ultima cuestión si las empresas innovadoras se caracterizan por pertenecer a
redes de empresas y, en general por desarrollar acuerdos de colaboración con
otras organizaciones, que impliquen la transmisión de información entre todas
ellas.
- ESTUDIO DE CASOS
Nuestro estudio de caso ha sido realizado sobre cuatro
empresas innovadoras, que fueron seleccionadas por formar parte de la Red
Andalucía Innovación y por pertenecer a sectores diferentes entre sí. En cada
una de ellas mantuvimos una entrevista personal con algún directivo relacionado
con la actividad innovadora (en uno de los casos, la entrevista fue realizada
con el director general) y se dirigieron cuestionarios a un mínimo de tres
personas en cada empresa (Director General, Director de Producción y Director
de I+D).
Las cuatro empresas son: CANLA (fabricante de derivados de
cítricos y de otras productos agrícolas), MP (fabricante de ascensores), ACISA
(dedicada a la fabricación, instalación y conservación del sistema de
alumbrado, señalización y control de tráfico urbano e interurbano, sistemas
de alumbrado, balizamiento y guiado para aeropuertos y helipuertos, control de
presencia y accesos...) e ISOFOTÓN (fabricante de paneles de energía
fotovoltáica y térmica). Tres de ellas pueden considerarse como pequeñas o
medianas empresas. Independientemente de su tamaño, las cuatro empresas actúan
en mercados internacionales.
La Innovación en las empresas
CANLA realiza tanto innovación de producto (atendiendo a
la demanda del mercado) como innovación de proceso (para seguir las
especificaciones de los clientes). Los productos introducidos son, en general,
nuevos para la empresa pero no para el mercado, e implican la utilización de
nuevas materias primas o de nuevos componentes, pero no suelen incorporar una
nueva tecnología. La innovación de proceso se realiza teniendo en cuenta
algunas sugerencias de mejora que proceden del personal, o del responsable de
producción con el objetivo de aumentar la eficiencia. Se puede afirmar que
algunas innovaciones de proceso están vinculadas a la introducción de nuevos
productos, los cuales requieren hacer modificaciones o adaptaciones en la
fábrica.
MP realiza fundamentalmente innovación en producto, que
tiene su origen en distintas fuentes: propuestas del área comercial, con base
en la observación de las necesidades del mercado, del área de producción en
relación con el rediseño del producto, del área de I+D, sobre creación y
mejora de chips, y desde la dirección general, que aporta ideas de diversa
índole. La empresa tiene intención de patentar sus innovaciones porque ésta
es la conducta que observa en sus competidores.
ACISA ha venido realizando innovaciones de producto,
tanto radicales como incrementales, que presentan cierta novedad para el mercado
de la empresa, y que se caracterizan por incorporar nuevas tecnologías o
combinación de tecnologías existentes, nuevas funciones o nuevos componentes.
También realiza innovación en proceso en la medida en que se ve obligada a
desarrollar su propia tecnología por no poder comprarla en el mercado. Las
ideas sobre los nuevos productos proceden de fuentes diversas (proyectos en los
que ya estaban trabajando personas antes de su incorporación a la empresa, la
identificación de problemas o mejoras posibles que podría incorporar un
sistema de alumbrado o de regulación de tráfico…), a partir de las cuales se
desarrollan proyectos de "tecnología propia":
ISOFOTON realiza importantes innovaciones en proceso ya
que fabrica su propio equipo productivo a un coste muy inferior al mercado. Esta
actividad se ha debido a la inexistencia, hasta hace algunos años, de
proveedores de equipos productivos para el sector, lo que obligaba a su
fabricación. También se ha avanzado en la simplificación del proceso
productivo con el fin de aumentar su eficiencia. Estas innovaciones no se
patentan, pues se considera que un análisis del producto terminado no permite
conocer los secretos de su fabricación.
Las ideas surgen, por ejemplo, de observar lo que ofrecen los
suministradores (que sugiere mejoras en los equipos productivos), o de la
asistencia a conferencias, congresos, etc. La universidad desempeña un
importante papel en este sentido, al participar con Isofotón en una serie de
proyectos estratégicos, a la vez que proporciona personal especializado y
financiación para sus proyectos.
Características organizativas: flexibilidad, niveles
jerárquicos, comunicación y colaboración con otras organizaciones
CANLA cuenta con un equipo directivo formado únicamente
por 3 personas: un gerente, un director de fábrica y una responsable de
calidad. La plantilla fija es de unos 35-40 trabajadores de baja cualificación,
cuyas tareas no están definidas de forma estricta, y el número de trabajadores
eventuales, fundamentalmente mujeres, oscila entre 350 y 400.
La gran flexibilidad se manifiesta tanto en el proceso
productivo, donde las máquinas son rápidamente adaptadas a los nuevos
productos, como en la versatilidad de la mano de obra y del equipo directivo. La
comunicación informal y la rapidez con la que la dirección toma y pone en
práctica las decisiones relativas a los nuevos productos o las mejoras en el
proceso, son también rasgos destacables de esta empresa. Sin embargo, no
dispone de intranet ni mantiene especiales colaboraciones o relaciones con otras
empresas.
MP Ascensores, posee una plantilla 550 empleados (de los
que 40 pertenecen al departamento de I+D). En general, se pueden distinguir 3
niveles en la estructura organizativa: dirección general, directivos y los
demás. Las relaciones son informales, manteniendo la dirección general
contacto directo con todo el personal. La empresa recurre escasamente a la
subcontratación de las actividades de fabricación (y tampoco suele recurrir al
uso de contratos temporales), pues cuenta con plantas de fabricación propias
para todos sus componentes, pero sí tiene externalizadas otras actividades de
la cadena de valor: las pequeñas empresas instaladoras. Con ellos, MP mantiene
estrechas relaciones, en la medida en que su actividad será instalar y luego
mantener el producto fabricado por MP. Existen también colaboraciones con la
Universidad y con Institutos Tecnológicos. Dispone de intranet, si bien el
acceso a la información esta restringido a una parte de los empleados.
En ACISA, el número total de trabajadores durante el
año 2000 fue de 253 (de los que aproximadamente el 65% eran empleados fijos y
el 35% temporales, estructurados en cuatro niveles jerárquicos. El departamento
de I+D (que en 2001 contaba con 25 personas) está muy poco jerarquizado y la
comunicación es muy informal. Y, en general, las áreas no funcionan como
departamentos estancos y las personas realizan actividades muy diversas.
Hablamos, por tanto, de una empresa muy poco formalizada. Se crean grupos de
trabajo para desarrollar proyectos, en los que participan otras empresas e
instituciones, como la Universidad. Además, para el desarrollo de los proyectos
es normal recurrir a la colaboración con otras empresas mediante la creación
de consorcios. ACISA se sirve de la subcontratación para algunas fases del
proceso de producción, y de los contratos "por obras", que igualmente
proporcionan un alto grado de flexibilidad. La empresa tiene un sistema de
intranet, al que pueden acceder la mayoría de los empleados.
ISOFOTON, con una plantilla de más de 300 personas,
está bastante descentralizada en el nivel de dirección de departamento, lo que
se traduce en una rápida toma de decisiones, que se considera una de las
ventajas competitivas de Isofotón. Además, la colaboración entre determinadas
unidades organizativas (I+D y Oficina Técnica, por ejemplo) es un rasgo
característico de esta empresa. Cuenta con Intranet, aunque el acceso no esta
generalizado a todo el personal.
Su política de subcontratación es similar a la descrita en
MP, esto es, es la actividad de instalación, que realizan empresas instaladoras
locales, con las que se mantienen estrechos acuerdos de colaboración. Además,
desarrollan proyectos conjuntos con varias universidades.
- COMENTARIOS DE LOS RESULTADOS Y CONCLUSIONES
La información recogida nos sugiere los siguientes
comentarios:
Con excepción de MP, las empresas no sienten la necesidad de
proteger sus innovaciones mediante patentes, lo que resulta consistente con
diversos argumentos a favor de otras formas de protección alternativas (Arundel
2001; Buesa 1998; Buesa y Molero 1998).
Las empresas que actúan en sectores muy concentrados (Canla,
Acisa e Isofoton) realizan considerablemente más innovaciones de proceso que la
perteneciente a un sector menos concentrado (MP). Parece ser que si los activos
productivos son muy específicos, y en el sector el número de empresas es muy
reducido, éste no representaría un mercado suficientemente atractivo para
potenciales empresas suministradoras de equipos o maquinaria, obligando a las
empresas del sector a desarrollar su propia tecnología. Si además tenemos en
consideración la descripción del entorno competitivo de las empresas, donde el
factor clave puede ser más la estructura de costes de la producción que el
producto, es lógico que la innovación se centre más en el proceso que en el
producto, buscando una mayor eficiencia. En tal sentido, Galende (2001)
encuentra soporte a la hipótesis de que "La mayor concentración del
mercado se corresponde con un mayor desarrollo de innovaciones de proceso".
En relación a las cuestiones de investigación planteadas,
con excepción de ISOFOTON, todas producen bajo especificaciones de los
clientes, todas hacen uso de las subcontrataciones de determinadas actividades
de la cadena de valor y, en algunos casos a las contrataciones eventuales o
temporales. Todos estos atributos fueron considerados dimensiones relevantes
para el estudio de la flexibilidad.
Las cuatro empresas poseen estructuras sencillas y no muy
jerarquizadas, con procesos de comunicación muy informales, facilitándose la
rapidez en la toma de decisiones relativas a los cambios o incorporaciones que
conducen a nuevos outputs. Sin embargo, la utilización de tecnologías de la
información para difundir la información a todos sus miembros, no es común a
todas y en algún caso en el que se dispone de ella el acceso esta restringido a
ciertos niveles organizativos.
Las tres empresas pertenecientes a sectores de alta
tecnología (Isofotón, ACISA y MP) tienen acuerdos de colaboración con otras
organizaciones, destacándose el papel de la Universidad, aspecto éste que ha
sido observado en otras investigaciones y contextos (McMillan, Narin y Deeds
2000; Etzkowitz et al 2000).
Como conclusión de todo lo señalado podríamos destacar, en
relación con estos cuatro casos: que las patentes no reflejan adecuadamente el
output innovador de las empresas; que la producción bajo especificaciones de
los clientes esta relacionada de forma positiva con la innovación en productos
y procesos; que la subcontratación de actividades no claves parece ser un
comportamiento de las empresas innovadoras para ganar flexibilidad; que suelen
poseer estructuras planas y sistemas de comunicación informales, potenciando la
rapidez en las decisiones; que el uso generalizado de tecnologías de la
información no parece un factor en las pequeñas y medianas empresas
innovadoras; y que la pertenencia a redes y la colaboración con la Universidad
representan un medio para obtener conocimiento que facilite la innovación.
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