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| Por: |
José Miguel Rodríguez Antón
josem.rodriguez@uam.es
Profesor Titular de Organización de Empresas Universidad Autónoma de Madrid
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Fernanda Oliva Vaquero
fernanda.oliva@uam.es
Coordinadora de la División de Educación Permanente del I.A.D.E
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- INTRODUCCIÓN
No cabe duda que múltiples y continuos cambios han afectado
al sector turístico durante estos últimos años. Basta con echar la vista
atrás para comprobar que hasta hace bien poco la única forma de abrir una
puerta en un hotel era a través de una llave tradicional -normalmente muy
pesada y aparatosa, para que el cliente no olvidase dejarla en la recepción-,
la única forma de reservar un billete aéreo era acercarse a una agencia de
viajes -normalmente la más próxima a su domicilio-, la única forma de
conocer, anticipadamente, un destino turístico era comprarse una guía editada
en papel, -muchas veces completamente obsoleta-, la única manera de conocer un
hotel, antes de estar físicamente en él, era ojeando un folleto editado por
una mayorista, la única fuente de energía eléctrica de la que podía
abastecerse un hotel era a través de la red ordinaria o, como mucho, de un
grupo electrógeno, y un largo etcétera. Actualmente, la mayor parte de las
puertas de los hoteles se abren con una tarjeta magnética, un porcentaje, ya
representativo, de billetes de avión son comprados electrónicamente, buena
parte de los clientes que van a visitar un destino turístico, o que desean
alojarse en un hotel, visitan sus páginas web y los grandes hoteles
cuentan con una importante planta de cogeneración y de ósmosis.
Todos estos cambios han supuesto un importante proceso de
innovación tanto tecnológica como de producto o servicio. Algunas veces, este
proceso ha surgido de las propias necesidades de las empresas del sector, debido
a que ellas eran las máximas beneficiadas de estas innovaciones -quizás el
caso más representativo haya sido el de la tarjeta magnética, aliviando
enormemente las tareas de la recepción-, y otras ha sido el cliente el que se
ha anticipado y ha demandado esta innovación -el hecho de poder acudir a una
página web de un hotel o de una compañía de transporte cada vez era
más demandado por los clientes-. Sea cual fuere el origen de estas
innovaciones, todas ellas se enmarcan en una clara línea estratégica que ha
sido adoptada por la inmensa mayoría de las empresas turísticas.
Sin embargo, en buena parte de los casos la transformación
de la oferta hotelera, que se ha visto acompañada por importantes innovaciones,
no se ha visto respaldada y apoyada por los oportunos cambios en la gestión y,
de forma más concreta, en la estructura organizativa de estas empresas. No
obstante, las empresas turísticas, para ser más competitivas, deben poseer
unas nuevas estructuras organizativas flexibles que les permitan enfrentarse al
nuevo reto estratégico que se les presenta, adaptándose a las nuevas
exigencias emanadas del sector turístico. Si estas empresas no se estructuran
convenientemente e introducen profundos e innovadores cambios en sus estructuras
organizativas, las estrategias que puedan llegar a formular no se van a
sustentar en unos cimientos estables.
Aunque existe una apreciable literatura relacionada con
estructuras organizativas de empresas turísticas, el estado del arte relativo
al tema de las últimas tendencias es bastante escaso. Por otro lado, existen
importantes aportaciones al análisis de las nuevas formas y estructuras
organizativas, en general, pero sin aplicar al sector turismo. Por ello, desde
hace unos años iniciamos, en el seno de la UDI de Organización de Empresas y
del Instituto Universitario de Administración de Empresas de la Universidad
Autónoma de Madrid, y en el marco de su Diplomatura de Turismo, una serie de
estudios que giraban alrededor del nuevo reto organizativo al que tenían que
enfrentarse estas empresas turísticas,
Desde nuestro punto de vista, el futuro de las nuevas
estructuras organizativas turísticas debe partir, por un lado, del análisis de
la cadena de valor, tanto de la propia empresa turística como del cliente, y,
por otro, del provecho que estas empresas obtengan del conocimiento que puedan
lograr de las necesidades de sus clientes. Ambos deben ser los pilares sobre los
que se sustente la innovación organizativa de las empresas turísticas (ver
gráfico 1)
Por lo que respecta al primero de ellos, del análisis de la
cadena de valor se puede colegir que existe un conjunto de actividades, que
tradicionalmente eran realizadas por la propia empresa, y que, sin embargo,
puede resultar conveniente que sean realizadas, por no generar valor o por no
formar parte del core business, por otras empresas, que incorporen mayor
eficiencia, reduciendo, a la vez, sus costes fijos y, si es posible, los
variables. También se puede deducir que las relaciones laborales tradicionales
han quedado obsoletas y que la estacionalidad de la actividad turística obliga
a otro tipo de estructura de plantilla que incorpore personal fijo en una serie
de actividades y personal a tiempo parcial o con otro tipo de contratos más
flexibles, en otras. Además, en el negocio turístico existen una serie de
servicios, que tradicionalmente eran ofrecidos por empleados de estas empresas,
y que, gracias al imprescindible apoyo de las nuevas tecnologías, pueden ser
obtenidos por el propio cliente en régimen de autoservicio.
En cuanto al segundo de ellos, podemos resaltar la
importancia que actualmente tiene para las empresas del sector turismo el hecho
de conocer las necesidades y gustos de sus clientes. En unos momentos en los que
se ha incrementado enormemente la competencia, debido al importante incremento
de la oferta turística y a un cierto estancamiento de la demanda, se hace
imprescindible ajustarse, con sumo detalle, a las necesidades de los clientes.
En este contexto, la fidelización de la clientela va a ser un mecanismo de
supervivencia imprescindible. Pero, para gestionar adecuadamente el
conocimiento, es necesario que las empresas turísticas lleguen a aprender de
sus relaciones con los clientes. Por ello es necesario incorporar procedimientos
que permitan captar este conocimiento para posteriormente, gestionarlo
adecuadamente.
Con el objetivo de determinar estas necesidades específicas
de los clientes, efectuamos un estudio empírico (Rodríguez Antón, Rodríguez
Pomeda, Morcillo y Casani, 2000) que pretendió poner de relieve las necesidades
de los clientes turísticos, -tanto al acudir a un hotel, a un restaurante, a
una agencia minorista de viajes y a una compañía aérea-, las cuales les
gustaría fuesen tenidas en cuenta a la hora de volver a acudir a cualquiera de
estas empresas. Por citar únicamente las primeras, en el cuadro 1 se recogen
las preferencias básicas de los clientes que acuden a un hotel.
CUADRO 1
- Preferencias relacionadas con las habitaciones: Tipo de camas principales y supletorias, tipo de almohada, vista (mar, montaña, piscina), piso (alto, intermedio, bajo), contenidos del minibar, utilización de caja de seguridad.
- Preferencias
relacionadas con actividades de ocio y recreación: Alquiler o reserva de
pistas de tenis, padel, golf, mini-golf, etc., participación en torneos o en actividades lúdicas, reservas de espectáculos, actividades culturales,
excursiones.
- Preferencias relacionadas con la utilización de los servicios de spa: Sauna, masaje, hidroterapia, gimnasia acuática.
- Preferencias relacionadas con el alquiler de automóviles: Compañía, categoría, número de días.
- Preferencias sobre temas relacionados con la restauración: Dietas y comidas especiales (vegetarianas, kosher, sin sal).
- Necesidad de utilización de servicios especiales: Guardería, alojamiento para animales
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- PROPUESTA DE NUEVAS ESTRUCTURAS ORGANIZATIVAS TURÍSTICAS
Teniendo en cuenta todo lo anterior, la estructura
organizativa que nosotros proponemos que debe ser aplicada por parte de las
empresas turísticas es la denominada estructura hipertrébol (Rodríguez
Antón, 2001 y Rodríguez Antón, Morcillo, Casani y Rodríguez Pomeda -GIDE-,
2001) que es la combinación de dos de las últimas innovaciones efectuadas en
el ámbito de las estructuras organizativas: la estructura hipertexto (Nonaka y
Takeuchi, 1995) y la estructura en trébol (Handy, 1995). La estructura
hipertrébol combina la forma de la estructura hipertexto y la filosofía de la
estructura en trébol. Esta nueva estructura parte de la existencia, como la
hipertexto, de una triple capa formada por un Sistema de negocios, un Equipo de
proyectos y una Base de conocimientos; sin embargo, el Sistema de negocios va a
configurarse no como una estructura burocrática y rígida, sino como una
estructura mucho más flexible como es la estructura en trébol (ver figura 1).
Por lo que respecta a las estructuras hipertextos (Rodríguez
Antón y Rodríguez Pomeda, 1999; Morcillo, Rodríguez Antón, Casani y
Rodríguez Pomeda (GIDE), 2000), éstas se diseñan, por un lado, a través de
la creación de Equipos de proyecto, para flexibilizar la adaptación de las
empresas a las necesidades de los clientes y, por otro, para mantener en su Base
de conocimientos todo lo que han podido captar de sus clientes, gracias a un intenso proceso de aprendizaje.
En cuanto a la segunda parte, la filosofía de la estructura
en trébol -a la que ya hemos hecho referencia indirecta al citar la cadena de
valor- se introduce en la capa Sistema de negocios intentando flexibilizar y
agilizar la estructura organizativa básica de la empresa a través del empleo
de las cuatro hojas y el tallo que definen esta estructura.
- APLICACIÓN A UNA EMPRESA HOTELERA
El planteamiento operativo aplicado a una empresa de
alojamiento turístico sería el siguiente. Esta empresa, por ejemplo un hotel,
debe incorporar en su Sistema de negocios una configuración en trébol. De esta
forma, en su Núcleo profesional va a mantener, de manera fija, un conjunto de
personas esenciales e imprescindibles para el desarrollo de las actividades que
generan valor y que definen, en esencia, su negocio (jefe de recepción,
gobernanta, maître, jefe de cocina, jefe de reservas, jefe de economato, y el
resto de trabajadores fijos del hotel). Por otro lado, va a contar con otra
hoja, la de la Subcontratación, constituida por todas aquellas actividades
(seguridad, limpieza, mantenimiento, informática, estudios de mercado, ciertos
servicios de catering, animación,...) que, por los motivos anteriormente
citados, resulte conveniente encargarlos a otras empresas. La tercera, Trabajo
flexible, va a estar integrada por todas aquellas personas que únicamente van a
ser contratadas de forma temporal, debido a la alta estacionalidad del turismo,
pero que van a ser necesarias en momentos o en proyectos puntuales (ayudantes de
cocineros, ayudantes de camareros, mozos de equipaje, camareras de pisos, valets,
planchadoras,...). La cuarta hoja, la del Autoservicio, a la que cada vez se le
está dando un mayor protagonismo, va a estar constituida por todas aquellas
tareas y servicios que los propios clientes deseen realizar (uso de llaves
electrónicas, servicios de despertador automático, minibar, servicios de
información a través del televisor del hotel, restauración tipo buffet,
reservas a través de internet,...). Por último, todas estas hojas, es decir,
personas, actividades y sistemas van a estar dirigidos por un tallo corto pero
fuerte, denominado Alta dirección (el director, jefe de alojamiento, director
de A+B, director comercial, director de recursos humanos, director
administrativo-financiero, director de relaciones públicas, etc.) que, además
de las funciones básicas de todo proceso de dirección, va a tener que dedicar
un esfuerzo especial a intentar retener a las personas, empresas y clientes que
han constituido las hojas del trébol.
De esta estructura en trébol va a surgir una serie de
Equipos de proyecto que van a realizar su actividad de la forma más
adhocrática posible, ajustándose a las necesidades y especificidades de sus
clientes. Si una empresa va a realizan una convención en ese hotel, se deberá
crear un Equipo, integrado por representantes de los departamentos implicados o
afectados por la organización del evento, que planifiquen y organicen
adecuadamente la prestación de los servicios que van a tener que ofrecer, de
manera coordinada, a los asistentes al mismo. La colaboración entre los
integrantes de estos equipos va a ser básica para lograr los objetivos
propuestos y para transmitir los conocimientos que vayan adquiriendo por el
desarrollo de su trabajo. Estos conocimientos que están captando a través de
un claro proceso de aprendizaje, no pueden perderse, por lo que debe crearse una
adecuada Base de conocimientos que almacene toda aquella información que pueda
ser relevante ante una posible futura organización de otra convención para esa
misma empresa. Estos conocimientos se van a mezclar con la visión corporativa,
la cultura organizativa y otros elementos, constituyendo la memoria viva de la
organización que debe sobrevivir a las personas que actualmente están
desempeñando sus actividades en la empresa.
A partir de este planteamiento, la novedad que proponemos
(Rodríguez Antón, Morcillo, Casani y Rodríguez Pomeda (GIDE), 2001) radica en
que el equipo de proyectos no tiene por qué estar constituido, exclusivamente,
por un conjunto de personas dedicadas a trabajar en equipo para un proyecto. No
sólo es posible, sino recomendable, que en aquellos casos en los que sea
difícil la constitución de estos equipos -no tendría sentido constituir, ad
hoc, un Equipo para atender a un cliente aislado-, los profesionales
turísticos de forma individual (la gobernanta, la camarera de pisos, el
recepcionista, la relaciones públicas, el maître,...) a la vez que le
atienden, intenten conocer mejor sus necesidades y, de esta manera, potenciar el
proceso de aprendizaje, engrosando la base de conocimientos de la empresa.
- CONCLUSIÓN
Para que este modelo hipertrébol funcione van a ser
imprescindibles: la motivación de los empleados, las buenas relaciones
patrimoniales y contractuales con los proveedores y la adecuada calidad ofrecida
a los clientes. Es más, la alta dirección va a tener que propiciar una cultura
de colaboración y participación en el proyecto común, basada en un clima de
potencie la transmisión de información entre los integrantes de la misma. Es
imposible llegar a constituir una adecuada Base de conocimientos si no existe en
el hotel, restaurante, agencia de viajes o empresa de transporte un sentimiento
de confianza y de reconocimiento hacia el valor de lo compartido que afiance la
posición de los empleados que apuestan por ceder a la organización sus
conocimientos, experiencias y opiniones sobre posibles actuaciones con los
clientes o con los productos y servicios.
Pero si esto es complicado cuando se trabaja en una
organización tradicional, aún más lo es en una estructura que, en su seno,
adopta la forma de trébol, en cuanto que buena parte de los empleados no forman
parte de la plantilla de la empresa, sino de otras, y algunos que sí lo están,
lo hacen de forma temporal y por reducidos periodos de tiempo. En consecuencia,
es necesario diseñar procedimientos que potencien, de manera automática, esta
transmisión de conocimientos procedentes de las hojas de la subcontratación y
del trabajo flexible de tal forma que, junto a los generados por el núcleo
profesional, constituyan una buena Base de conocimientos que favorezcan las
actuaciones futuras de la empresa potenciando la calidad del servicio ofrecido
y, por ende, el grado de fidelización de sus clientes.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
Handy, C. (1995): La era de la sinrazón. Parramón.
Barcelona.
Morcillo, P., Rodríguez Antón, J.M., Casani, F. y
Rodríguez Pomeda, J. (GIDE) (2000): "El valor de los conocimientos y del
aprendizaje como fuente de competencias básicas distintivas". Dirección
y Organización. CEPADE. Nº 24. Madrid.
Nonaka, I. y Takeuchi, I. (1995): The Knowledge Creating
Company: How japanese companies create the dynamics of innovation. Oxford
University Press, Inc.
Rodríguez Antón, J.M. (2001): Lecciones de Dirección y
Organización de Empresas. Moransal Asociados. Madrid.
Rodríguez Antón, J.M. y Rodríguez Pomeda, J. (1999): Las
empresas turísticas ante el reto de la flexibilidad organizativa: las nuevas
estructuras organizativas turísticas, en Blanquer, D. y otros: Turismo:
Comercialización de productos, gestión de organizaciones, aeropuertos y
protección de la naturaleza. Tirant lo Blanch. Valencia
Rodríguez Antón, J.M., Rodríguez Pomeda, J., Morcillo,
P. y Casani, F. (GIDE)(2000): Aprendizaje organizativo, formación y
virtualidad en el sector turístico, en Blanquer, D. y otros: Turismo:
Municipios turísticos, tributación y contratación empresarial y formación y
gestión del capital humano. Tirant lo Blanch. Valencia.
Rodríguez Antón, J.M., Morcillo, P., Casani, F. y
Rodríguez Pomeda, J. (GIDE)(2001): Propuesta de un nuevo modelo de estructura
organizativa ante el reto de la nueva economía: las estructuras "hipertrébol".
Comunicación presentada al XI Congreso AECA. Madrid.
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