| Por: |
Mario Rubiralta
Parc Científic de Barcelona
Universitat de Barcelona
|
Montserrat Vendrell
Parc Científic de Barcelona
Universitat de Barcelona
|
Las universidades españolas se hallan en un momento clave de
actualización de sus estatutos con el fin de cumplir las directrices de la
nueva Ley de Ordenación Universitaria (LOU). En los últimos meses se ha
hablado mucho a favor y en contra de la ley y de la pérdida de una ocasión
única para abrir seriamente la discusión sobre qué tipo de universidad se
desea para los próximos años en lo referente a la investigación. Parecía que
los documentos elaborados en la Comisión Europea sobre el Espacio Europeo de
Investigación indicaban de alguna forma la importancia de una revisión
profunda a nivel de estados sobre la falta de respuesta a la "Paradoja
Europea"2.
A nivel del estado español la mejor discusión se produjo en
el momento de redactar el nuevo Plan de Investigación Desarrollo e Innovación
Tecnológica 2000-2003. En otro nivel, la redacción del Informe Bricall y su
discusión en entornos universitarios fue igualmente muy positivo, aunque no se
aprovechó convenientemente para la discusión de la nueva ley. La creación de
una mesa en la que todas las partes entiendan la idea de un pacto general y a
largo plazo, y que pase por encima de intereses particulares se antoja como una
nueva oportunidad, ahora que junto a la redacción de los estatutos
universitarios se deberá iniciar próximamente la valoración del Plan de I+D+I
2000-2003 y la redacción del nuevo Plan I+D+I 2004-2007.
La preocupación que hoy abordamos no es otra que la
evolución de la transferencia de tecnología en las universidades españolas. A
finales de los años noventa se puso de manifiesto en diferentes foros de
vicerrectores de investigación y responsables de las OTRIS universitarias que
la actividad de transferencia reservada a la contratación de servicios y
trabajos de investigación por el sector productivo (I+D por contrato) había
llegado a un nivel de estancamiento o de débil crecimiento. Algunos datos
expresaron con claridad que el número de contratos con empresas se mantenían
en cantidades económicas discretas, con contratos de poca duración, y excepto
en casos especiales pocos contratos de gran tamaño, con grandes objetivos, y
multidisciplinares.
Grupos de investigación bien conectados con el sector
productivo y que podían ser receptores de una mayor demanda se vieron pronto
limitados por un espacio departamental rígido y limitado. Definido de antemano
y difícilmente ampliable, este espacio no permite la incorporación de personal
de la empresa contratante, ni posibilita la creación de fórmulas mixtas que no
se adaptan a los reglamentos departamentales. Este desajuste entre oferta y
demanda condujo a algunas universidades a plantearse la necesidad de crear otros
espacios de intermediación empresa-universidad fuera del espacio departamental.
Nacen los parques científicos, los edificios dedicados a centro de empresas y
las incubadoras. Aparece en escena el concepto de comercialización de la
investigación universitaria y la importancia de ampliar las actividades de
las OTRIS a otros mecanismos distintos a los contratos de I+D con empresas.
Desde el punto de vista de la universidad, el desarrollo de
investigaciones que requieren elevadas inversiones (genómica, proteómica,
nanotecnologías, etc.) se produce en un momento de estancamiento de la
financiación de la investigación básica (la que se financia mediante
convocatorias públicas competitivas), situación que empeoró por una
deficiente gestión. Es en este momento en que las universidades analizan las
dificultades de obtención de recursos externos adicionales manteniendo las
estructuras actuales.

La difusión de los resultados de la investigación
universitaria al mercado tecnológico se ha llevado a cabo mediante dos vías.
La primera mediante un proceso abierto de conocimiento, a través de
publicaciones en revistas internacionales y comunicaciones científicas. Esta
información general de conocimientos se produce sin retorno económico para las
instituciones, para los propios investigadores/inventores, ni para los gobiernos
que han realizado la inversión sobre salarios e infraestructuras. En un entorno
económico globalizado los países más preparados tecnológicamente pueden
utilizar de forma más eficiente los conocimientos abiertos y aplicarlos a
nuevos productos que retornan a los países generadores de la investigación
básica, previo pago de importante royalties. Es importante destacar que este
problema aparece en el momento en que la ciencia española ha llegado a un nivel
de calidad y reconocimiento internacional formidable. De ello dan fe los
indicadores de publicaciones internacionales, los índices de impacto de las
publicaciones y el crecimiento del número de publicaciones por investigador y
por 1000 trabajadores en activo3.
La difusión del conocimiento mediante procesos
restringidos se realiza a través de patentes, licencias, copyright,
y acuerdos de secreto de know-how. En este tipo de procesos se produce
una valorización del conocimiento generado mediante los procesos de I+D ligada
a la propiedad intelectual. El bajo número de patentes y la poca atención a la
valorización de los conocimientos ofertados por las universidades ha motivado
que el retorno económico a las universidades y grupos de investigación por
estos conceptos sea poco representativo en España. El hecho de centrar el
proceso de transferencia en la contratación de proyectos de I+D y servicios a
las empresas, y que en estas transacciones se utilice una metodología basada en
los bajos overheads considerados en los proyectos estatales
subvencionados (próximos al 15% del valor subvencionable) conduce a pensar que
se trabaja por debajo de los costes reales. Por otro lado, sólo en los últimos
años se ha observado en la universidad española una preocupación por mejorar
este tipo de actividades mediante procesos más profesionalizados en relación a
la confidencialidad, calidad del trato comercial, mejora del marketing interno,
y mejora del tiempo de respuesta. Sin embargo, en proyectos biotecnológicos y
relacionados con la investigación farmacéutica, las insuficientes condiciones
de los laboratorios universitarios, e investigación y de los servicios de
apoyo, les hacen difícilmente acreditables con BPL (Buenas Prácticas de
Laboratorio) y por ello el precio pagado en estos contratos es menor del real.
Ante este escenario, se pone de manifiesto la urgencia de
establecer una actualización del papel de las universidades en el proceso de
innovación tecnológica y su importancia como agente en la nueva economía
basada en el conocimiento. Para ello se debe empezar por analizar el proceso
dinámico de transferencia de conocimientos y tecnología entre el entorno
generador de conocimientos (universidades y centros de investigación) y el
sector productivo (especialmente las PYMES). Esta transferencia se ejecuta
mediante una interfase entre ambos entornos. De la estructura de esta interfase
(estructuras de intermediación) y de la efectividad del proceso
dinámico (instrumentos dinamizadores de transferencia) se
desprenderá la mayor o menor efectividad de la participación de la I+D en la
creación de riqueza mediante la mejora de la competitividad industrial y la
creación de nuevos entornos empresariales de alto valor añadido generados
sobre los nuevos conocimientos.
Notas:
[1] Otros recientes artículos de esta serie son: M. Rubiralta, Els reptes de la política científica a Catalunya. Xarxes i Aliances, Transversal, 17, T89-T94, 2002 y M. Rubiralta, La Universidad en el sistema de innovación y desarrollo, Quark, 22-23, 79-85, 2002.
[2] (a) The Regional Dimension of the European Research Area, European Commission, Bruselas, 2002. (b) Second European Report on S&T Indicators, Chapter 4: Beyond the European Paradox, p. 175, European Commission, 17639, 1997.
[3] "Towards a European Research Area, Science, Technology, Innovation, Key Figures 2000", EUR 19396, ISBN 92-828-9755-9, EUROTAT, DG Research and Key Figures 2001 Special Edition, "Indicators for benchmarking of national research policies.
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