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1. INTRODUCCIÓN
En general, las empresas que pueden estar beneficiándose del
incentivo fiscal vía deducciones lo hacen de una manera insuficiente, en gran
parte por no seguir una metodología adecuada a la hora de identificar y
documentar los gastos.
La deducción por I+D+I es un instrumento muy poderoso
por la cuantía de deducción que se puede generar (entre el 30% y el 50% de los
gastos en I+D y entre el 10% y el 15% de los de IT) y por las generosas
condiciones para su aplicación en la declaración del IS (aumentando el límite
conjunto para todas las deducciónes del 35% al 45% y ampliando el plazo para
aplicar las deducciones generadas a quince años).
Al ser tan atractivo es de difícil utilización ya
que es un incentivo fiscal que requiere un análisis técnico-científico para
su correcta utilización. La dificultad de un correcto aprovechamiento de esta
deducción reside en que confluyen en ella dos mundos, el científico
(ingeniería y otras disciplinas técnicas) y el financiero (contable y fiscal)
y que para deducir por I+D+I hace falta dominar ambos.
2. EL RIESGO QUE ASUMEN LAS EMPRESAS
Hace unos años muy pocas empresas se aplicaban una
deducción por I+D+I. Esto se debía a que no eran conscientes de poder acceder
a ella por considerar que al no patentar nada cada año no eran merecedoras de
la «deducción por investigación». El trabajo que realizábamos era el de
concienciar a las empresas de que la deducción incluía actividades que no
terminaban patentadas e incluso aquellas que no se concluían de forma exitosa.
Hoy, nuestra función es distinta. La publicidad exagerada
que se le ha dado a la generosidad fiscal del poder ejecutivo actual como arma
política ha creado una euforia desmesurada con respecto a esta controvertida
deducción. Muchas empresas se aplican hoy deducciones de forma sistemática y
sin cumplir con los requisitos tanto de fondo como de forma que en una
inspección fiscal saldrán a la luz. Como es una de las pocas ayudas jugosas
que quedan en el ámbito fiscal, las empresas se lanzan al vacío por ejemplo
considerando como base de la deducción todo el presupuesto de su departamento
de I+D, sin desglosar por proyectos y sin examinar el grado de innovación de
los mismos. Esto en ningun caso se sostiene frente a una inspección.
Esto muchas veces lleva a que las inspecciones fiscales hacen
su agosto rechazando deducciones por I+D+I (con toda razón) que se han aplicado
empresas muy innovadoras. No es que no haya innovación en el sector privado
sino queno se cumplen los requisitos, como veremos, para deducirse con una
cierta seguridad. Es verdad que la subjetividad de criterios encuentra su
habitat perfecto en esta deducción, pero la empresa puede hacer (bien
asesorada, que ese es otro problema) muchas cosas para armarse frente a una
inspección.
3. UNA DEDUCCIÓN DIFICIL
En primer lugar, las actividades deducibles tienen que
incorporar un grado de innovación en términos absolutos en el caso de
I+D y en términos relativos en el caso de IT que es muy difícil de evaluar y
que siempre estará sujeto a opiniones personales, por muy doctas que sean. Las
actividades deben estar ordenadas por proyectos y para ello, lo primero es
definir el proyecto. Una persona en una empresa puede definir un proyecto
de forma que su objetivo y alcance lo hagan cumplir con la legislación fiscal y
otra persona puede definirlo de otra forma y ponerlo en peligro ante una
inspección fiscal. Una misma actividad empresarial puede o no ser deducible de
esta manera, dependiendo de quien definia los proyectos a futuro ese día.
Un ejemplo de esto podría ser que una empresa que fabrique,
casi siempre tiene que solucionar problemas técnicos sobre la marcha e
introducir cambios o mejoras que en parte podrían ser una mera solución de
problemas de procesos interrumpidos pero por otro lado, una parte de las mismas
podrían ser actividades de desarrollo y/o innovación tecnológica.
El resultado de esto es que las empresas por lo general
identifican gran parte de la investigación (pero no toda) porque es muy
evidente, muy poco desarrollo y existe todavía una gran confusión sobre la
innovación tecnológica. El concepto de Innovación Tecnológica parece ser un
coladero en el que pueden deducirse cualquier mejora que se lleve a cabo y esto
no es así. La intención de poner en marcha una ayuda que permita a las
empresas tecnológicamente rezagadas ponerse al día ha incrementado la confusión
conceptual que ya existía con respecto al I+D.
Además, las empresas suelen disponer de poca y casi
siempre ninguna documentación que justifique sus gastos en I+D+I en caso de
inspección. Desde el punto de vista contable, la afectación de gastos a un
proyecto crea problemas. Los gastos deducibles son aquellos necesarios para la
consecución del proyecto innovador y muy pocas veces las empresas se preocupan
de llevar un seguimiento de los importes dedicados a este tipo de proyectos.
La razón fundamental es que las empresas controlan gastos
para luego poder ver el retorno sobre la inversión de esos importes y por lo
tanto se preocupan de ver lo que les cuesta lanzar cada producto (para evaluar
el posterior impacto en ventas del mismo) pero todavía no consideran el esfuerzo
innovador como otro proceso que hay que gestionar y rentabilizar. El
resultado es que la innovación en la empresa española suele ser desordenada,
discontinua, esporádica y por lo tanto el pariente pobre de cualquier
presupuesto anual.
4. LA DEDUCCIÓN POTENCIA LA INNOVACIÓN
Esto no quiere decir que la empresa española no innove sino
que lo hace de una forma informal. Muchas empresas españolas compiten con
éxito en mercados internacionales y no podría ser así con productos y
procesos obsoletos. La innovación existe porque somos competitivos pero en
muchos casos se considera el proceso innovador como un estorbo. Lo fácil y
rentable es fusilar lo que hacen otros porque así se acorta el tiempo de
lanzamiento de un nuevo producto. La idea de casi todos los directores generales
de las empresas es que es mas barato copiar y fabricar lo que se vende que
romperse la cabeza para ir por delante del mercado arriesgándose a no encontrar
un mercado receptivo. Los objetivos que deben cumplir muchos directores
generales son a demasiado corto plazo como para pensar en obtener unas ventajas
competitivas en el ámbito técnico a mas de un par de años o tres.
La innovación requiere objetivos mas a largo plazo para
tener un sitio importante en la lista de inversiones. La belleza de los
incentivos fiscales para innovar que se han ido introduciendo en los últimos 7
años es que ofrecen unas ganancias económicas a corto plazo en el
Impuesto sobre sociedades. Muchas empresas han empezado a mimar el I+D+I para
poder ahorrar en el pago del IS. Es decir, el retorno sobre la inversión en
I+D+I de repente se acerca en el tiempo y entra dentro del plazo del año, por
lo que muchos directores generales se han empezado a interesar en la deducción
por I+D+I.
5. COMO DEDUCIR MEJOR
En Asesoría I+D+I entendemos que lo que hace falta sobre
todo es generar unos informes técnicos de I+D+I para optimizar el
aprovechamiento de la deducción por la realización de actividades de
Investigación, Desarrollo e Innovación Tecnológica en el Impuesto sobre
Sociedades.
Algunas recomendaciones para generar una deducción mas
ajustada a derecho podrían ser las siguientes:
Identificar primero
los proyectos y luego el gasto por proyectos.
Intentar que los
proyectos se definan claramente con un objetivo técnico (no comercial).
No agrupar varios proyectos en un macro proyecto.
Clasificar las actividades de Investigación, desarrollo e innovación tecnológica por separado.
Evaluar de forma retrospectiva la elegibilidad de un proyecto y del gasto originado.
Documentar el gasto por proyectos generando unos informes técnicos que justifiquen la deducibilidad del mismo AHORA y no cuando la empresa sea inspeccionada.
Creemos que es fundamental que la empresa disponga de todos
los gastos en I+D+I en los que haya incurrido en unos informes exhaustivos
y detallados (y organizados por proyectos como exige la ley). Este trabajo
consiste en definir correctamente los proyectos, afectar razonablemente los
gastos incurridos y redactar unas memorias técnicas que recojan las
actividades realizadas y los conocimientos adquiridos por la empresa.
Estos informes no sirven solo para defender el grado
innovador de unas deducciones fiscales. sirven para gestionar mejor el proceso
innovador y el conocimiento adquirido. Un consejo de administración se puede
llegar a animar a dar el visto bueno de montar un departamento de I+D+I si
dispone de información detallada sobre lo que se consigue con los fondos
dotados.
El problema de la implantación de un sistema es que
requiere un tipo de profesional como el que tenemos en nuestra empresa:
Personal técnico con formación contable y fiscal. Es un bicho un poco
especial y que encarna el puente que falta entre el ámbito técnico de la
empresa (ingeniería, producción...) y el financiero (contabilidad,
fiscalidad....). La deducción necesita este tipo de profesional para que los
dos campos conecten y compartan información. La elaboración de informes de
I+D+I debe ser realista, intentando integrar conceptos científicos,
industriales y financieros.
Los asesores fiscales de las empresas no llegan nunca a un
análisis técnico de las deducciones que les plantean y muy a menudo no
disponen de las herramientas necesarias para evaluar la innovaciones que les
plantean. por otro lado, los ingenieros, jefes de línea etc... no tienen los
conocimientos fiscales necesarios como para discernir de entre todo lo que
hacen que merece la pena presentar a los fiscalistas. La razón de ser de
Asesoría I+D+I es precisamente nuestro carácter de especialistas. Nuestra experiencia
frente a una deducción técnica y complicada nos convierte en complementarios
a la labor de los asesores fiscales tradicionales.
Nuestros clientes en su mayoría son
"estratégicos" ya que son líderes o prescriptores en sus sectores.
Los resultados de los últimos seis años han sido muy satisfactorios, y el
trabajo realizado con nuestros clientes se ha visto gratamente acogido por
responder a una necesidad real en sectores tan diferentes como la cosmética y
perfumería, la auxiliar de automoción o la alimentación. Las empresas
necesitan ayuda para deducir con seguridad, pero no para innovar porque eso lo
tendrán que hacer de todas formas a menos de que quieran quedarse obsoletas.
6. CONCLUSION
La empresa española es innovadora porque es competitiva y
líder en muchos mercados. Si los indicadores arrojan cifras que muestran lo
contrario es porque la empresa española no tiene todavía una cultura muy
desarrollada con respecto a la innovación. El día que las empresas gestionen
el proceso innovador como hacen con su fabricación , su logística o su
distribución, de repente aflorará toda la innovación que hoy se lleva a
cabo un poco a salto de mata y los inspectores fiscales no podrán dedicarse a
tumbar deducciones que son merecidas aunque tengan defectos de forma.
La deducción por I+D+I es confusa para todos a la vez que
jugosa, por lo que requiere hacer las cosas bien y no lanzarse al vacío
generando unas deducciones imposibles de defender. Es fundamental contar con
un apoyo especializado y no improvisar porque al fin y al cabo, la cuenta de
resultados real incluye a la fiscalidad. Lo que importan son los flujos
generados ya libres de impuestos porque con ellos el empresario podrá
invertir en el futuro de su empresa (por ejemplo en I+D).
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