|
El panorama de la transferencia de tecnología se nos muestra
en muchas ocasiones confuso dada la cantidad de factores tangibles e intangibles
que influyen en este fenómeno y sobre todo por la continua evolución de los
mecanismos apropiados y de las circunstancias que concurren en el funcionamiento
de las estructuras de transferencia. Sería muy pretencioso exponer una imagen
exhaustiva y completa de las estructuras tangibles e intangibles, formales e
informales, públicas y privadas, que permiten la transferencia de tecnología
entre empresas y, sobre todo desde los centros de investigación y desarrollo
hacia estas. Mucho más pretencioso es intentar evaluar su eficiencia sin los
recursos, estudios y dedicación adecuados. Nos limitaremos por tanto a dar
algunas indicaciones sobre algunos aspectos relevantes, o que al menos han
llamado nuestra atención, por si pudieran ser de interés o utilidad al lector
para conformar los paradigmas actuales de la transferencia de tecnología. En
particular nos preocupa la disposición de las organizaciones receptoras de la
transferencia para asimilarla y explotarla como cuestión fundamental en el
éxito del proceso, es decir, en su eficiencia.
Una vez más caeremos en la tentación de definir lo que entendemos por transferencia
de tecnología, siendo esta el proceso de transmisión del saber hacer (know-how,
savoir faire), de conocimientos científicos y/o tecnológicos y de tecnología
de una organización a otra. Se trata por tanto de un proceso de transmisión
de conocimientos científicos utilizados por personal científico y no científico
para desarrollar nuevas aplicaciones, por lo que es un factor crítico para el
proceso de innovación y la competitividad. Las fuentes de transferencia u orígenes
de la tecnología transferida son de muy diverso tipo tales como universidades,
centros de investigación, laboratorios, centros tecnológicos, empresas, etc.
Todos percibimos de alguna forma que los mercados tecnológicos se han hecho
más transparentes en los últimos años, y que los mecanismos de transferencia
de tecnología se han mejorado gracias a la diseminación sobre su importancia
para la competitividad y el desarrollo económico. Lo que ya no está tan claro
es si las metodologías y las estructuras de transferencia son tan eficientes
como debieran o si los resultados obtenidos pueden seguir el ritmo vertiginoso
de la evolución tecnológica y económica así como de los cambios radicales que
estamos observando en el ciclo de vida de las empresas.
Efectivamente las cosas pasan rápido. Si compartimos la idea de que los negocios
de la nueva economía funcionan en "años de perro" es decir siete veces
más rápido en su ciclo, en su concepción, evolución y procesos que la economía
"tradicional", resultaría que por ejemplo desde la aparición del Libro
Verde de la Innovación de la Comisión Europea en 1995 habría pasado efectivamente
la friolera de ... 50 años!
De alguna forma, la nueva economía ha contagiado también en
esta velocidad de vértigo a los sectores tradicionales y la crisis súbita de
algunos nuevos negocios puso hace ya algún tiempo las cosas en su sitio
determinando un escenario en el que los "clicks and bricks"
alcanzan un cierto equilibrio en el que tan importantes son las ventas por
internet como los locales físicos donde uno se pasea para realizar las compras.
Los medios tradicionales no son excluidos sino complementados y mejorados por
instrumentos o formas de hacer más modernas.
Siempre se ha venido defendiendo el componente regional de la transferencia de la tecnología.
Sin duda el modelo de "triple hélice", conjugando la coordinación
a nivel regional de la investigación pública, la administración y las empresas
sigue siendo un modelo vigente y aplicable a este entorno regional, o mejor
aún, geográfico. Incluso las iniciativas de carácter virtual tienen un componente
regional acusado. Los parques e incubadoras virtuales acaban teniendo en casi
todos los casos un componente "inmobiliario" que les proporciona un
carácter regional o se definen como aplicados en una cierta área del territorio,
probablemente debido a la naturaleza local, regional, nacional o supranacional
de las administraciones que forman parte de la "triple hélice".
Pero muy frecuentemente se olvida que esta transferencia
debe ir seguida de un proceso de asimilación y explotación efectiva de la misma
por parte de sus destinatarios, en la mayoría de los casos empresas de muy diversa
índole, en la que factores que podríamos llamar "culturales" de la
organización receptora son claves para el resultado satisfactorio y efectivo
de dicha transferencia. Es decir, los beneficiarios de la transferencia de tecnología
deben "asimilar" dicha tecnología y explotarla de manera eficiente.
Muchas veces pensamos en la transferencia de tecnología como empresas de "high-tech"
procedentes directamente de "spin-offs" universitarios que
intentan llegar hacia el mercado, cuando en la realidad, en la mayoría de los
casos, se trata de empresas con poco contacto con el mundo científico y universitario,
las cuales tienen problemas tecnológicos que necesitan soluciones adaptadas
y específicas.
Toffler (1985) sugiere que las organizaciones desarrolladas
cambian significativamente solo cuando se dan tres condiciones: debe haber una
enorme presión exterior, debe haber gente dentro que está fuertemente
insatisfecha con el orden existente y, además, debe haber una alternativa
coherente presentada en un plan, un modelo o una visión.
Si una transferencia de tecnología debe ser aceptada,
demandada y explotada eficientemente por una organización podemos decir que
deben cumplirse las condiciones sugeridas por Toffler. Esto sería así
aceptando varias premisas que a continuación se describen.
En primer lugar, podemos considerar que los destinatarios de
la transferencia de tecnología, es decir las organizaciones citadas
anteriormente, son organizaciones desarrolladas. Podemos entender organizaciones
desarrolladas como aquellas que tienen unos procedimientos establecidos para la
toma de decisiones, una jerarquía, unos fines y la posibilidad de poner los
medios para conseguir esos fines. En efecto las empresas, de alta tecnología o
tradicionales, o cualesquiera organizaciones destinatarias de la transferencia
tecnológica son organizaciones desarrolladas en una otra medida.
En segundo lugar, parece evidente que en la mayoría de las
transferencias de tecnología se persigue un cambio significativo. Este sería
el caso de un cambio estratégico de una empresa, de sus actividades, productos
y servicios o mercados. Sin embargo, pequeñas transferencias de tecnología
"no significativas" si podrían formar parte de una actividad
innovadora o una estrategia más amplia que sí sería significativa, es decir
sería o formaría parte esencial de un cambio significativo.
Podemos considerar que las tres condiciones establecidas por
Toffler deben darse conjuntamente. Sin embargo, en un caso extremo alguna de
ellas aisladamente si podría ser suficiente para provocar el cambio
significativo. En cualquier caso, merece la pena desglosar un poco cada una de
estas condiciones y sus implicaciones en la transferencia de la tecnología.
Una organización como una empresa asumiría un cambio
significativo a través de la adopción de una nueva tecnología si estuviera
presionada desde fuera fuertemente por una o varias circunstancias. Podemos
imaginar fácilmente algunas de estas presiones que podrían sufrir las
empresas, por ejemplo de parte de los competidores, cambios en los gustos de los
consumidores, obsolescencia, legislación, incluso la legislación
medioambiental. También deberíamos citar a los accionistas que exigen mayor
rentabilidad, o simplemente en cualquier organización, incluso estatal o sin
ánimo de lucro, a la que se le exigen mejores prestaciones y resultados, o
actividades nuevas que hasta ahora no realizaba. Pero no parece evidente que
esta primera condición por sí sola induzca a un cambio significativo si los
responsables de la organización no son conscientes, es decir, no están
profundamente insatisfechos, o no saben cómo hacerlo, es decir no tienen una
alternativa coherente claramente expresada.
El cambio significativo también se asumiría si hay gente
dentro de la organización que está fuertemente insatisfecha con el orden
existente. Esto incluiría no solo organizaciones pro-activas que deciden tomar
iniciativas de cambio, que son organizaciones innovadoras por naturaleza, sino
también aquellas cuya insatisfacción viene determinada por las fuertes
presiones externas mencionadas anteriormente. No entraremos a discutir si una
organización pro-activa no esta siempre motivada por la presión exterior, es
decir, una organización pro-activa es siempre en cierta medida reactiva. En
otro orden de cosas también sería discutible la determinación de quiénes
deben estar insatisfechos, si se trata de la alta gerencia, de los responsables
intermedios de determinadas áreas, o de toda la organización en general. Por
ejemplo, algunos empleados podrían estar frustrados al comprobar que las cosas
podrían hacerse mejor.
A nuestro modo de ver, la tercera condición de Toffler, una
alternativa coherente presentada en un plan, un modelo o una visión, es la más
importante para garantizar que la transferencia de tecnología sea un proceso
eficiente. El hecho de tratarse de una alternativa coherente a los planes o
funcionamiento actual de la organización permite su mejor aceptación por parte
de los afectados por el proceso y en particular por los responsables que deben
justificar su adopción. Además, el plan, modelo o visión es un diseño que
permite ejecutar la asimilación, controlar el proceso y analizar las
desviaciones garantizando en cierta medida el éxito.
Las políticas de transferencia de tecnología se han
centrado en fomentar la participación en proyectos de investigación y
desarrollo, identificar sus resultados, conocer las necesidades de los sectores
regionales y gestionar contratos de investigación, asesoría, propiedad
intelectual y proyectos transnacionales, en la mayoría de los casos, europeos.
Más recientemente, se ha acentuado el enfoque en dinamizar los centros de
cultura emprendedora y de apoyo a la creación de empresas de base tecnológica,
involucrando además a la financiación del capital semilla y el capital riesgo.
Nos preguntamos si las futuras líneas de fomento de la transferencia de
tecnología harán un mayor hincapié en los componentes culturales,
organizativos y otros diversos que permiten a las organizaciones receptoras de
dicha transferencia asimilar y explotar sus resultados teniendo en cuenta,
además, el interés en potenciar las empresas medianas y pequeñas y los
sectores tradicionales, que son los más necesitados de innovación por su
impacto relevante en el desarrollo económico local y en el empleo.
Bibliografía:
Toffler, A. (1985) The Adaptive Corporation. New York, McGraw
Hill, pág. 47.
Volver arriba
|