Número 16, abril - mayo 2003
LA INVESTIGACIÓN EN GESTIÓN DE LA INNOVACIÓN>> Tribuna de debate
 
 
La dirección de la I+D compartida. Características de la cooperación entre empresas y organismos de investigación

En la actualidad, la colaboración entre diferentes tipos de organizaciones constituye un elemento fundamental en el desarrollo de las estrategias tecnológicas. En las últimas décadas, se ha venido observando un importante crecimiento en el número de acuerdos de cooperación en tecnología, debido fundamentalmente a la imposibilidad que tienen las empresas para generar internamente todas las tecnologías que necesitan. En este marco, la necesidad de una efectiva colaboración entre las empresas y los organismos de investigación ha provocado un cambio de cultura asumiendo que la cooperación entre ambas partes constituye una obligación social.

     
  Luis Ángel Guerras Martín
  Mª Ángeles Montoro Sánchez
 
Eva María Mora Valentín
Departamento de Organización de Empresas
Universidad Rey Juan Carlos
     
 

 

1. INTRODUCCIÓN

En la actualidad, la colaboración entre diferentes tipos de organizaciones constituye un elemento fundamental en el desarrollo de las estrategias tecnológicas. En las últimas décadas, se ha venido observando un importante crecimiento en el número de acuerdos de cooperación en tecnología, debido fundamentalmente a la imposibilidad que tienen las empresas para generar internamente todas las tecnologías que necesitan.

En general, se emplean diversos términos para describir la colaboración tecnológica como son: alianzas estratégicas en tecnología, desarrollo de alianzas tecnológicas, alianzas en I+D, colaboraciones estratégicas en I+D, I+D cooperativa, etc. Ahora bien, independientemente de cuál sea el término utilizado, las alianzas estratégicas en tecnología se refieren a acuerdos cooperativos cuyo objetivo supone llevar a cabo un esfuerzo innovador conjunto o una transferencia de tecnología que tenga efectos a largo plazo en los productos y mercados de los socios que participan. Esto implica que, entre otras cosas, los socios van a compartir los costes y aportar diferentes recursos, especialmente conocimiento (Dodgson, 1993; Hagedoorn y Schakenraad, 1994; Chen, 1997; Sakakibara; 1997; Doz et al, 2000; Hagedoorn et al, 2000).

En este sentido, algunos trabajos han destacado la importancia que tiene para el desarrollo del proceso de innovación, la existencia de redes de relaciones entre empresas y otras organizaciones como las universidades (Teece, 1989). En concreto, se ha llegado a sugerir que para impulsar dicho proceso de innovación, las empresas deberían mejorar sus relaciones con proveedores, clientes y otras organizaciones proveedoras de recursos como las universidades o las administraciones públicas (Kaufman et al, 2000). Así, en los acuerdos de cooperación tecnológica es posible distinguir los siguientes tipos: la cooperación universidad-empresa, la cooperación universidad-gobierno, la cooperación empresa-gobierno y la cooperación universidad-empresa-gobierno (Geisler, 1997). Por su parte, Prabhu (1999) considera tres tipos de colaboraciones tecnológicas: empresa-empresa, universidad-empresa e instituciones tecnológicas[1]-empresa, reconoce que la literatura se ha centrado mayoritariamente en los estudios del primer tipo.

Efectivamente, una revisión de la literatura especializada pone de manifiesto que en la mayoría de los trabajos se analiza la cooperación entre empresas (Dodgson, 1992; Hakanson, 1993; Hagedoorn, 1996; De Laat, 1997; Mowery et al, 1998; Duysters et al, 1999; Kaufman et al, 2000), mientras que sólo en un número reducido de estudios se aborda la colaboración entre las empresas y otro tipo de organizaciones, tanto públicas como privadas, más vinculadas a actividades de I+D (Kleinknecht y Reijnen, 1992; Geisler y Furino, 1993; Liyanage y Mitchell, 1994; Faulkner y Senker, 1995; Randazzese, 1996; Mansfield, 1998; Meyer-Krahmer y Schmoch, 1998) incluidas las universidades (Katz, 1994; Tassone, 1997; Rodríguez Castellanos et al, 2002; Rubiralta y Vendrell, 2002).

Dada esta descompensación de estudios, nuestro interés se centrará en la cooperación entre empresas y determinados organismos de apoyo a la innovación, como son los centros públicos de investigación, las universidades, los centros tecnológicos y las asociaciones de investigación.

Ahora bien, aunque la colaboración entre empresas y organismos de investigación (E-OI) existe hace mucho tiempo[2], este tipo de relaciones ha experimentado un importante crecimiento, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, especialmente en los últimos años, lo que de algún modo permite avanzar la magnitud de su importancia y el papel determinante que van a desempeñar, especialmente en lo que se refiere a actividades de desarrollo tecnológico. Así, desde que en 1995 la Comisión Europea reconociera que uno de los mayores problemas de la industria europea era su limitada capacidad para convertir los hallazgos científicos y las mejoras tecnológicas en desarrollos comerciales, las políticas regionales, nacionales y europeas comenzaron a manifestar la necesidad de desarrollar formas eficaces de transferencia tecnológica para reducir el desfase existente entre la investigación académica, las actividades de desarrollo tecnológico y el mercado (Jones-Evans et al, 1999).

Por este motivo, los Programas Europeos de I+D han contribuido al desarrollo de la cooperación entre los organismos públicos de investigación y las empresas, no sólo entre los distintos países miembros, sino en el interior de los mismos. En concreto, son tres las razones que justifican la importancia de dichos programas:

  1. agrupar los existentes pero dispersos recursos (habilidades, conocimiento y herramientas) en los laboratorios públicos y empresas con la finalidad de incrementar el potencial tecnológico de los países europeos;
  2. compensar las debilidades en los esfuerzos de I+D realizados por las empresas europeas y su lentitud en la transformación de los resultados de la investigación en productos industriales;
  3. crear nuevos mecanismos institucionales transnacionales que ayuden a superar las barreras nacionales (Vavakova, 1995).

Aunque existe una creencia generalizada de que la investigación básica es una de las principales tareas de los organismos de investigación, muchos trabajos han puesto de manifiesto la importancia que ésta puede tener si se reconduce de forma adecuada hacia las empresas. Esto es lo que poco a poco ha ido imponiendo la idea de que la innovación tecnológica se produce a través de las interdependencias que se establecen entre las empresas, los organismos de investigación y las administraciones públicas. De este modo, las políticas en materia de investigación, tanto en el ámbito público como en el privado, se han centrado en la creación y mantenimiento de vínculos entre la investigación académica y las empresas, con la finalidad de potenciar el nivel económico de los países (Turpin et al, 1996).

En este sentido, autores como Mansfield (1998) afirman que se está produciendo una mejora sustancial en las relaciones E-OI materializada en una utilización más rápida de los resultados obtenidos a partir de la investigación básica, es decir, se está reduciendo el período de tiempo transcurrido entre la investigación académica y la comercialización del producto o proceso obtenido a partir de dicha investigación. Asimismo, son muchas las innovaciones tecnológicas que se derivan de recientes investigaciones académicas, esto es, existen muchos productos y procesos que no se habrían desarrollado (sin un retraso considerable) sin la ayuda de la investigación científica (Mansfield, 1991, 1995, 1998; Beise y Stahl, 1999). Su importancia ha llegado a ser tal que una efectiva colaboración entre los organismos de investigación y el sector productivo constituye un requisito previo para el desarrollo industrial de un país (Ahn, 1995).

En definitiva, tanto las empresas como los organismos de investigación se han visto sometidos a un cambio de cultura, asumiendo que la cooperación entre ambos constituye una obligación social. Por ello, hoy no tiene sentido hablar de la importancia de las relaciones E-OI, sino que debemos centrarnos en cómo mejorarlas, potenciarlas y salvar los obstáculos que puedan existir entre ambas (Mora Valentín, 1999). En este escenario, parece necesario que los gobiernos desarrollen políticas, incentivos y medidas legales que fomenten este tipo de colaboración[3].

En general, existen diferentes razones que justifican el análisis de las alianzas E-OI:

  1. cada vez es mayor la importancia de los organismos de investigación que conectan a la universidad con la empresa (en número, fondos y resultados);
  2. se están produciendo fuertes cambios en el entorno, como el aumento de competitividad a escala mundial, la creciente demanda en lo que se refiere a innovación de productos y procesos y los recortes en la financiación a la investigación por parte de los gobiernos;
  3. los organismos de investigación existentes podrían ser los precursores de unas formas más complejas de colaboración;
  4. a nivel mundial, las relaciones E-OI representan la política de I+D de un país (Cyert y Goodman, 1997).

Para Ahn (1995), la necesidad de crear vínculos entre las empresas, los organismos de investigación y el gobierno es consecuencia de factores tales como:

  1. mejora de las relaciones entre ciencia y tecnología;
  2. integración de ciencia e industria así como el surgimiento de industrias basadas en la ciencia;
  3. utilización de la ciencia como un medio para obtener y mantener ventajas competitivas por parte de las empresas;
  4. globalización de la economía e internacionalización de la tecnología.

Por todo ello, es posible afirmar que la colaboración E-OI incrementa la innovación tecnológica y el nivel competitivo de un país. Esto es, "para que una innovación tenga éxito es necesario que se produzca una continua comunicación y una transferencia de conocimiento entre las empresas innovadoras, los clientes, los proveedores y los investigadores" (Blackman y Segal, 1991).

En este sentido, en este trabajo se considera la colaboración E-OI como el vínculo que une la investigación básica (materializada en universidades, laboratorios y centros de investigación) y la investigación aplicada (materializada en la industria), de forma que, como consecuencia de la actuación conjunta de ambas partes, puedan crearse sinergias que permitan aumentar el potencial económico y tecnológico de un país y, por lo tanto, mejorar su nivel de competitividad.

Así, el objetivo del presente trabajo es ofrecer una visión homogénea e integradora de las principales características de las relaciones E-OI así como analizar las tipologías que éstas pueden presentar. Para ello, en primer lugar se exponen las dimensiones que pueden afectar a la colaboración entre empresas y organismos de investigación y que han sido identificadas en nuestra revisión de la literatura. A continuación se analizan los diferentes tipos de acuerdos que se producen entre ambas partes, para, finalmente, relacionar las dimensiones y las tipologías de estas relaciones cooperativas. El trabajo concluye con las principales conclusiones que del mismo se derivan.

 

2. CARACTERÍSTICAS DE LA COOPERACIÓN E-OI

La falta de homogeneidad e integración es una de los rasgos más típicos de los trabajos que han analizado la cooperación E-OI. Este hecho suele deberse a la existencia de un gran número de factores y dimensiones que conforman este fenómeno (Geisler y Furino, 1993). A continuación, y tras una revisión y síntesis integradora de la literatura al respecto, hemos recogido los que hemos considerado principales rasgos y aspectos que caracterizan la colaboración E-OI y que los diferencian de otro tipo de acuerdos de cooperación más típicos entre empresas. Este análisis es importante en la medida que sirve no sólo para caracterizar esta clase de acuerdos sino también porque constituyen elementos que influyen en la mayor o menor posibilidad de colaboración así como en el éxito de los acuerdos una vez establecidos.

 

a) Duración temporal de la relación

La primera característica analizada es la que se refiere a la duración temporal de la relación. De forma general, se puede establecer una frontera temporal entre unos acuerdos y otros que varía del corto (aunque prorrogable o renovable) al largo plazo. Así, mientras que el corto plazohace referencia a aquellas relaciones cuya duración es inferior a un año (meses o incluso semanas), el medio plazo abarca un período temporal de uno a tres años aproximadamente, y, finalmente, el largo plazo donde la relación se puede prolongar varios años. No obstante, en la práctica se encuentran infinidad de acuerdos, que comienzan siendo a corto plazo, y posteriormente, se extienden a lo largo del tiempo. Cabe destacar que si la relación E-OI es organizada por una tercera parte[4], la duración del acuerdo suele ser mucho más corta a no ser que este tipo de contacto origine una relación más estable (Bonaccorsi y Piccaluga, 1994). Igualmente, como veremos en un apartado posterior, esta dimensión condiciona el tipo de actividades de I+D involucradas en los acuerdos de cooperación.

Es importante distinguir entre la duración temporal de la relación y la duración temporal de un proyecto de investigación, ya que no tienen por qué referirse al mismo período de tiempo. Mientras que la primera indica el tiempo total que dura la colaboración E-OI, la segunda solamente refleja la d empresas y determinados organismos de apoyo a la innovación, como son los centros públicos de investigación, las universidades, los centros tecnológicos y las asociaciones de investigación.

La duración del proyecto de investigación llevado a cabo entre ambas partes. De esta forma, y con respecto a la segunda, en algunas ocasiones existe divergencia de intereses entre los directivos de las empresas y el personal de los organismos de investigación ya que si bien los primeros prefieren llevar a cabo proyectos de investigación de corta duración para la resolución práctica de problemas, los segundos se inclinan hacia proyectos que se extienden a lo largo de un período de tiempo superior (Betz, 1994; Bonaccorsi y Piccaluga, 1994). Obviamente, la duración temporal de la relación E-OI será superior (o al menos igual) a la duración del proyecto de investigación, debido a que suele ser bastante frecuente la prolongación de la colaboración entre ambas partes aún habiendo finalizado el proyecto conjunto.

Finalmente, la duración de la colaboración y su evolución han sido utilizadas como un indicador del éxito de los acuerdos de cooperación de manera que una ruptura precipitada puede ser indicativa de fracaso mientras que una colaboración indefinida o la renovación de la colaboración en nuevos acuerdos representa claramente un signo de su buena marcha (Geisler, 1995; Glaister y Buckley, 1998; Davenport et al, 1999; Montoro Sánchez, 1999).

 

b) Proximidad geográfica y distribución geográfica

En segundo lugar, en este tipo de acuerdos podemos hablar de una dimensión espacial. Básicamente, dos son las cuestiones que pueden influir en dicha dimensión: la proximidad geográfica y la distribución geográfica.

En primer lugar, es lógico pensar que la proximidad geográfica juega un papel importante en las relaciones E-OI al facilitar los contactos entre ambas partes (Dill, 1990; Gibson et al, 1994; Mansfield y Lee (1996). Sin embargo, en la práctica, los resultados de diferentes trabajos que han analizado empíricamente esta cuestión en este tipo de relaciones presentan resultados diferentes, y en algunos casos contradictorios. En este sentido, hay quien defiende la necesidad de proximidad geográfica entre empresas y organismos de investigación, mientras que otros no la consideran un factor determinante para el trabajo conjunto de los diferentes tipos de socios (Mora Valentín, 2002). Sin embargo, lo que sí se ha detectado es que, al menos, la cercanía entre organismos de investigación puede contribuir al buen desarrollo de la relación (Katz, 1994).

En la misma línea, el estudio de Landry et al (1996) sobre relaciones cooperativas entre los académicos y otros académicos de diferentes universidades, empresas o diversas instituciones (gobiernos locales, agencia gubernamentales…), muestra que en el caso de las empresas, la proximidad geográfica entre los socios, entendida como pertenencia de la empresa a la misma ciudad o provincia donde trabajaban los investigadores, tiene un efecto positivo en la productividad de la colaboración. Para ellos, esto se debe, fundamentalmente, a la reducción de los costes de comunicación e información.

De igual modo, Fritsch y Schwirten (1999) demuestran que los organismos públicos de investigación prefieren cooperar con empresas localizadas en la misma región, siendo mucho menor el porcentaje de cooperaciones con empresas de otras partes de Alemania o extranjeras. En concreto, en este caso, de nuevo se defiende que la proximidad geográfica, además de otras ventajas, aminora los costes de comunicación entre las personas. Sin embargo, la existencia de diversas relaciones cooperativas con socios situados fuera de la región indica que deben considerarse otros factores a la hora de seleccionar un socio como el ajuste entre las necesidades de las empresas y la línea de investigación seguida por los organismos de investigación, así como la calidad de la investigación realizada.

Asimismo, hay quien indica que con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación y los avances en el sector de las telecomunicaciones, la importancia de la cercanía geográfica es menor (Castells, 1991; Malecki, 1991; Mansfield y Lee, 1996). Sin embargo, la concentración de compañías de alta tecnología situadas cerca de los organismos de investigación, parece confirmar que el conocimiento no se transfiere tan fácilmente y que algunas relaciones se van a ver claramente beneficiadas si las partes se encuentran cercanas. Además, cuanto menor sea la distancia entre la empresa y el organismo de investigación, más barato y más fácil será para el personal de ambas partes trabajar de forma conjunta. En concreto, se pueden indicar diferentes razones por las que se espera que la proximidad geográfica mejore la colaboración E-OI: a) los costes relativos a los desplazamientos aumentan con la distancia, b) las oportunidades para que se produzcan comunicaciones informales son mayores ambas partes se encuentran situadas en la misma región y, c) la preferencia de las políticas locales por las investigaciones que benefician a las empresas locales (Mansfield y Lee, 1996).

Con posterioridad, Beise y Stahl (1999) realizaron un estudio similar al de Mansfield y Lee pero con empresas y organismos de investigación de Alemania. En este caso, los resultados demostraron que la dimensión proximidad geográfica presenta diferencias significativas entre unos países y otros, especialmente entre Alemania y EEUU[5]. De esta forma, a pesar de que los autores reconocen que el incentivo a colaborar con el organismo de investigación debería ser mayor para aquellas empresas que se encuentran más cercanas a aquéllos, la evidencia empírica demostró que en Alemania, la proximidad geográfica no constituía una dimensión que mejorase y potenciase las relaciones entre E-OI.

Por tanto, desde otro punto de vista, otros estudios ponen de manifiesto que aunque la proximidad geográfica puede mejorar la productividad de los proyectos de I+D que se realizan entre empresas y organismos de investigación, especialmente cuando están implicadas varias personas, resulta evidente que dicha proximidad no es esencial ya que son diversos los proyectos que han conseguido tener éxito sin que esta circunstancia se diese (McDonald y Gieser, 1987; Gibson y Rogers; 1994; Audretsch y Stephan, 1996) y, que en todo caso, dependerá del papel que tengan los investigadores-académicos en la empresa (Audretsch y Stephan, 1996).

En esta línea, Vedovello (1997) realizó un estudio con la finalidad de evaluar si la proximidad geográfica entre las compañías y los organismos de investigación situados en un mismo parque científico facilitaba y potenciaba el establecimiento de vínculos entre ambas partes. Tras un análisis donde se comparaban, por un lado, las relaciones E-OI del parque científico analizado, y, por otro, los acuerdos entre las empresas del parque científico y otros organismos de investigación ubicados fuera del mismo, llegó a la conclusión de que si bien la proximidad geográfica jugaba un papel importante en el establecimiento de relaciones informales y humanas, para el caso de las relaciones formales, dicha proximidad geográfica no parecía ser un factor relevante en el fortalecimiento de estas relaciones.

Por otro lado, el segundo aspecto relacionado con la dimensión espacial que hay que considerar es la distribución geográfica de los distintos tipos de organismos de investigación con respecto a la empresa (Mansfield y Lee, 1996). De esta forma, es posible distinguir dos situaciones. La primera se refiere al caso de una empresa que se encuentra próxima a diversos organismos de investigación. En este sentido, la probabilidad de que dicha empresa colabore con alguno de ellos es muy alta. Sin embargo, si solamente hay un número relativamente bajo de organismos de investigación próximos a la empresa, las posibilidades de que ésta colabore con ellos son mínimas ya que al ser tan pocos, es muy probable que la línea de investigación no se adapte a sus necesidades, por lo que buscará otros para colaborar (aunque estén más lejos). Es decir, en el primer caso (empresa rodeada de varios organismos de investigación) la probabilidad de colaboración de la empresa es alta y además la proximidad geográfica juega un papel importante, mientras que en el segundo caso (pocos organismos de investigación cerca de la empresa), dicha probabilidad es menor y la proximidad geográfica pasa a un segundo plano.

La figura 1 refleja las posibilidades que pueden aparecer si combinamos los dos rasgos analizados dentro de la dimensión espacial (proximidad y distribución geográfica). Como puede observarse, se han definido dos situaciones para la distribución geográfica: concentrada, en cuyo caso suponemos que la empresa tiene alrededor diversas universidades/organismos de investigación, y dispersa para el caso contrario. Por otro lado, la proximidad geográfica puede ser alta (empresa y organismos de investigación cercanos) o baja (empresa y organismos de investigación lejanas). En este sentido, es posible distinguir cuatro situaciones distintas:

  • El cuadrante superior izquierdo representa la situación más favorable para la colaboración ya que existen varios organismos de investigación alrededor y próximos a la empresa. Por ello, existe una probabilidad muy alta de que alguna de ellos se adapte a la línea de investigación preferida por la empresa. La creación de parques tecnológicos responde a esta situación ya que, al ubicar en una misma área tanto empresas como organismos de investigación, se consiguen simultáneamente la concentración y la proximidad.
  • El cuadrante inferior derecho refleja una situación bastante desfavorable para que se produzca la colaboración ya que existen pocos y lejanos organismos de investigación alrededor de la empresa.
  • El cuadrante inferior izquierdo se refiere a lo que podríamos denominar situación intermedia I. En este caso, al existir diversos organismos de investigación lejanos pero concentrados en un punto, la empresa elegirá el organismo de investigación que mejor se adapte a su línea de investigación.
  • El cuadrante superior derecho representa una situación intermedia II. Como existen pocos organismos de investigación cercanos a la empresa, si ninguno de ellos se adapta a su línea de investigación, la empresa se desplazará lejos.

Figura 1. Situaciones relativas a la dimensión espacial


 
Distribución geográfica
 
Concentrada
Dispersa
Alta
Condiciones favorables
para la colaboración
Situación intermedia II
Situación intermedia I
Condiciones desfavorables para la colaboración
Baja
Fuente: elaboración propia

c) Grado de formalización del acuerdo

El grado de formalización del acuerdo hace referencia al carácter más o menos informal de la relación que se da entre el personal de ambas partes. Algunos autores lo denominan "organización administrativa de la cooperación", la cual puede ser informal, formal o institucional (Dierdonck y Debackere, 1988). La diferencia entre formal e informal es que mientras que la primera está claramente definida en términos de tiempo, lugar y objetivos conjuntos, la segunda no lo está. Por otro lado, la cooperación institucional implica la existencia de una nueva organización que ha sido específicamente creada para este propósito.

Ahora bien, en la práctica, las diferencias entre una colaboración informal, semi-formal o formal pueden no estar del todo definidas. Además, podrían existir muchas combinaciones de acuerdos informales, semi-formales y formales. Por ejemplo, una colaboración definida a priori como informal (congreso o conferencias), puede originar una serie de contactos formales entre sus miembros (proyecto de investigación entre una empresa y un organismo de investigación en un tema de interés común) (Souder, 1993). Además, algunos autores consideran que la colaboración tendrá más posibilidades de sobrevivir a lo largo del tiempo cuanto más institucionalizada esté (Geisler, 1995).

En este sentido, vamos a entender que el grado de formalización del acuerdo es bajo o prácticamente inexistente en el caso de relaciones informales del personal, es decir, acuerdos que requieren de pocos preparativos y trámites administrativos; es intermedio (semi-formal) cuando implica un mayor número de preparativos y trámites legales; y por último, es alto, cuando son necesarias extensas negociaciones, infinidad de aprobaciones y trámites legales (Souder, 1993; Bonaccorsi y Piccaluga, 1994).

Landry y Amara (1998) distinguen tres tipos de estructuras de colaboración E-OI atendiendo al grado de formalización. De esta forma, si la investigación se realiza a través de institutos y centros de investigación, el grado de formalización del acuerdo es alto; en el caso de que la investigación se lleve a cabo a través de equipos y grupos de investigación, el grado de formalización es intermedio. Por último, si la investigación cooperativa entre ambas partes tiene lugar fuera de las estructuras institucionales de colaboración a las que antes se ha hecho referencia, el grado de formalización será bajo. En la misma línea, según Martínez Sánchez y Pastor Tejedor (1995) el grado de formalización de los acuerdos de colaboración E-OI es alto cuando intervienen terceras partes que inician y organizan la relación; en caso contrario, es decir, si la cooperación se realiza directamente entre los investigadores de la universidad y los empresarios, las relaciones presentan un carácter más informal.

 

d) Nivel de intensidad de la cooperación

La cuarta característica propuesta es el nivel de intensidad de la cooperación. Según Dierdonck y Debackere (1988) dicho nivel varía a lo largo de un continuo en función de cuál sea la implicación de ambas partes. Por lo tanto, estaremos ante un nivel alto, en el caso de que una o más personas dediquen gran parte de su tiempo a la colaboración; si la dedicación se reduce considerablemente, el nivel será intermedio; y, por último, si la dedicación es mínima, la cooperación tendrá un nivel de intensidad bajo.

Según Liyanage y Mitchell (1994), el nivel de intensidad del acuerdo de cooperación dependerá de la percepción que las partes tengan sobre sus derechos así como de la aceptación mutua de sus diferentes valores culturales. De esta forma, cuanto mayor sea la comprensión por parte de la empresa de los valores culturales del organismo de investigación, y viceversa, mayor será el grado de cooperación entre ambas partes. Además, los autores argumentan que desde el punto de vista de la industria, la probabilidad de cooperar con organismos de investigación es mayor en aquellas áreas donde el riesgo soportado por la empresa sea mínimo. En concreto, identificaron las áreas donde el nivel de intensidad de los acuerdos era más alto (figura 2). En esta misma línea, Meyer-Krahmer y Schmoch (1998) demostraron que el nivel de intensidad de este tipo de relaciones era mucho más alto en las áreas de investigación aplicada que en las de investigación básica.

Figura 2. Intensidad de la cooperación en las distintas áreas

Áreas donde la intensidad es alta Áreas donde la intensidad es baja
Investigación pre-competitiva
Transferencia de conocimiento
Solución de problemas
Descubrimiento de innovaciones
Verificar proyectos piloto
Innovaciones científicas
Difusión de información
Formación y entrenamiento
Tecnologías básicas
Comercialización de productos
Planificación estratégica
Innovaciones incrementales
Ingeniería de productos
Comercialización de la tecnología
Secreto comercial y saber hacer
Gestión de la propiedad intelectual

Fuente: Liyanage y Mitchell (1994)

 

Algunos autores como Cyert y Goodman (1997) proponen la creación de equipos para potenciar la colaboración E-OI basándose en dos variables: nivel de implicación de las partes y nivel de intensidad de los vínculos personales y económicos (figura 3). En concreto, los autores distinguen dos tipos de alianzas. En primer lugar, están aquellas donde el grado de implicación de las partes es bajo y estrictamente económico; en este caso, la empresa proporciona fondos y los investigadores llevan a cabo su trabajo, hasta que se obtiene el producto final. En segundo lugar, podemos hablar de un modelo alternativo basado en la creación de equipos integrados por miembros de ambas partes, con altos niveles de implicación en el proceso y vínculos tanto económicos como personales entre los socios. Por supuesto y debido a la mayor implicación de las partes así como al desarrollo de fuertes vínculos económicos y personales entre ambas, el nivel de compromiso es mucho mayor en el primero de los supuestos. Así, es posible relacionar estas dos variables con el nivel de intensidad global de la relación de colaboración, de forma que cuanto mayor sea el nivel de implicación de las partes, así como más fuerte la intensidad relativa a los vínculos personales y económicos (se forman equipos), mayor será el nivel de intensidad de la cooperación. Por el contrario, si el nivel de implicación es bajo y solamente se dan vínculos económicos (no se forman equipos), el nivel de intensidad de la cooperación será bajo.

 

Figura 3. Relaciones entre nivel de intensidad e implicación de los socios

 
 
Nivel de intensidad de los vínculos personales
 
Alto
Bajo
Nivel de implicación de las partes
Nivel de intensidad alto
Nivel de intensidad intermedio
Nivel de intensidad intermedio
Nivel de intensidad bajo

Fuente: elaboración propia a partir de Cyert y Goodman (1997)

 

Algunos autores han señalado que las actitudes de los científicos en sus relaciones con las empresas pueden estar relacionadas con el nivel de implicación de las partes. En concreto, Butler y Birley (1998) proponen cinco tipos distintos:

  • Entusiastas: se dedican a elaborar ciencia "aplicable" que pueda ser directa o fácilmente utilizada por la industria.
  • Interesados: aunque están muy interesados en el proceso de transferencia tecnológica, anteponen la ciencia al uso industrial. Por lo tanto, realizan proyectos académicos que posteriormente sean viables en la práctica.
  • Preparados: en este caso, el trabajo del científico es mucho más importante que su aplicación directa en la industria; por ello, aunque no se oponen a las relaciones con la empresa, no muestran un especial interés por las mismas.
  • Desinteresados: los científicos incluidos en este grupo rechazan de forma expresa la idea de que la aplicabilidad de sus investigaciones sea fundamental. De esta forma, aunque no se oponen al hecho de que otros utilicen sus investigaciones, no aceptan que esta circunstancia les venga impuesta.
  • Catedráticos: su papel consiste en hacer buena ciencia, independientemente de que ésta sea o no aplicable, es decir, lo importante es realizar una buena investigación. En definitiva, aunque son conscientes de que su relación con la empresa puede mejorar la calidad de sus investigaciones, consideran absurdo restringir sus trabajos a aquellos estrictamente aplicables a la industria, así como una pérdida de tiempo sus vínculos con la misma.

De este modo, podemos relacionar el nivel de intensidad de la cooperación con las actitudes de los científicos. Así, para el caso de los científicos incluidos en la categoría de "entusiastas" e "interesados", el nivel de intensidad de las relaciones con la empresa será bastante alto, es decir, se establecerán vínculos importantes con la misma. Sin embargo, para el caso de los científicos "preparados" y "desinteresados", dicho nivel de intensidad será mucho menor debido a que los vínculos con la empresa serán prácticamente inexistentes. En cuanto a la última categoría, "catedráticos", es posible afirmar que, a pesar de su claro punto de vista académico así como de su papel científico, mantienen buenas relaciones con la empresa debido a su opinión de que la buena investigación básica es útil para todos; sin embargo, en este caso el nivel de intensidad de la cooperación será intermedio, ya que no mantienen tantos vínculos como en el caso de los científicos "entusiastas" e "interesados".

Por otro lado, Etzkowitz (1998) ha identificado tres estilos de participación en las relaciones E-OI en función del nivel de implicación de las partes. Así, propone un primer tipo donde el proceso de transferencia tecnológica se deja totalmente en manos de una oficina de transferencia. En el segundo tipo, debido a que los científicos conocen el valor comercial de la investigación, el organismo de investigación se involucra en mayor medida en el proceso de transferencia adoptando un papel empresarial. Por último, en el tercer caso, la colaboración es mucho mayor, ya que se trata de empresas que han sido creadas a partir de una determinada investigación académica o por personas del organismo de investigación, es decir, las conocidas spin-off académicas. De nuevo, es posible establecer una relación entre el nivel de intensidad de la cooperación y los tres tipos anteriormente analizados. Para el primer tipo, el nivel de intensidad será menor, para el segundo intermedio y por último, para el tercero alto.

e) Agente que promueve el acuerdo de cooperación

Otra aspecto a considerar es el del agente que promueve el acuerdo de cooperación, es decir, qué parte inicia la colaboración. Según Turpin et al (1996), es posible observar diferencias entre aquellas relaciones iniciadas por la empresa y aquellas que han surgido de nuevas ideas en los diferentes tipos de organismos de investigación.

Otros autores como Mustar (1997) consideran que en casos como la creación de spin-off por parte del personal de los organismos de investigación, la fuerza conductora viene dada por una red formada por laboratorios de la universidad, otras empresas, agencias públicas, programas tecnológicos, clientes y entidades financieras. De esta forma, para que los investigadores-empresarios tengan éxito, necesitan integrarse en redes que les permitan interactuar con otras partes.

Martínez Sánchez y Pastor Tejedor (1995) y Martínez Sánchez et al (1999) distinguen cuatro formas de iniciar una relación E-OI: las empresas acuden directamente a los organismos de investigación que pueden solucionar sus problemas, las empresas reciben propuestas de colaboración de los organismos de investigación, las empresas demandan los servicios de agentes intermediarios los cuáles buscan el organismo de investigación que mejor se adapte a las mismas, y las empresas reciben propuestas de los agentes intermediarios para llevar a cabo una colaboración con el organismo de investigación. En el primer y tercer caso, la colaboración se inicia por la empresa; en el segundo caso, es el organismo de investigación el que toma la iniciativa y, por último, en el cuarto caso, una tercera parte se encarga de fomentar las relaciones E-OI[6]. Además, los autores comprobaron que para el caso de Aragón (España), existe una relación entre las variables tamaño y grado de intensidad tecnológica de la empresa y la forma en que se inicia la colaboración. Así, mientras que las empresas de tamaño reducido y baja intensidad tecnológica inician su relación con el organismo de investigación a través de agentes intermediarios, las empresas de gran tamaño y alta intensidad tecnológica acuden a los organismos de investigación sin ayuda de terceras partes.

En general, es posible definir dos situaciones para el caso de las relaciones E-OI en cuanto a la fuerza conductora, lo que permite distinguir dos modelos de innovación (Blackman y Segal, 1991):

  • Science-push: en una primera fase, el organismo de investigación está llevando a cabo una determinada investigación básica (de forma independiente) y, en una segunda etapa, la industria se interesa por esa investigación, por lo que se inicia la colaboración. En este caso, entendemos que la fuerza conductora del acuerdo está representada por el organismo de investigación, quien juega un papel fundamental, ya que es el que en un primer momento define las líneas de la investigación (figura 4).
  • Industry-pull: la industria, a partir de una determinada demanda del mercado, está interesada en realizar una investigación (aplicada), para la cuál requiere la colaboración del organismo de investigación. En este caso, la fuerza conductora del acuerdo va a estar representada por la industria debido a que es ésta la que define las líneas de la investigación, conduciendo así el avance tecnológico (figura 4). De esta forma, las empresas cooperan con la universidad porque ésta realiza una revisión teórica de la línea de investigación que es de interés para aquéllas, y no porque esperen obtener productos patentados.

 

Figura 4. Modelos science-push y demand-pull


Fuente: adaptado de Blackman y Segal (1991)

 

A partir de los anteriores modelos, y con relación a la dimensión fuerza conductora del acuerdo de cooperación, el método más efectivo para la transferencia de tecnología en las relaciones E-OI, es una colaboración en la que, simultáneamente, el organismo de investigación "empuje" (university-push) y la industria "tire" (industry-pull), (Gee, 1993; Betz, 1996). No obstante, la mayoría de los autores parecen estar de acuerdo en que los modelos lineales han quedado obsoletos y, por lo tanto, relegados a un segundo plano para dejar paso a los denominados modelos circulares o espirales (figura 5) que, a diferencia de los lineales, favorecen la cooperación E-OI (Steen et al, 1998).

Figura 5. Modelo circular

 


Fuente: elaboración propia

 

En la misma línea, Autio et al (1996) afirman que el proceso de innovación tecnológica basado en el progreso secuencial que va de la investigación básica a la aplicada, y de ésta a la I+D industrial y al mercado, ha quedado obsoleto, dejando paso a un nuevo modelo centrado en el supuesto de que las demandas del mercado y de la industria influyen en el proceso de generación de la investigación básica. Para Häusler et al (1994), los nuevos modelos de innovación circulares o interactivos potencian las relaciones entre investigación científica, desarrollo técnico y producción a través de complejas redes que ponen en contacto a empresas, organismos de investigación y gobiernos. Asimismo, Mustar (1997) destaca que el modelo clásico lineal que une investigación y producción (investigación–desarrollo–producción–mercado), ha sido sustituido por un modelo de innovación interactivo en el que se producen continuas y numerosas interacciones entre diversas partes muy heterogéneas entre sí. Hicks (1995) propone un modelo de múltiples relaciones entre ciencia y tecnología, donde tanto empresa como organismo de investigación lleven a cabo una cierta actividad investigadora.

Para Etzkowitz (1996), las relaciones E-OI-gobierno están experimentando un cambio sustancial que se materializa en el paso de los modelos lineales a los modelos espirales. En su estudio, el autor analiza dos modelos de colaboración:

  1. el de flujos de conocimiento (como ejemplo típico de modelo lineal)
  2. el de la triple hélice[7] (como ejemplo típico de modelo espiral). La diferencia entre ambos es que mientras que el primero supone que el papel del organismo de investigación es el de educar e investigar, el de la empresa el de producir y el del gobierno el de regular la relación, el segundo modelo plantea una ampliación de las actividades llevadas a cabo por cada una de las partes. Así, el organismo de investigación comienza a desempeñar un papel empresarial, las empresas a llevar a cabo sus propias actividades de I+D y el gobierno cobra un papel mucho más activo en la relación. El cambio de uno a otro se produce cuando cada una de las partes que intervienen en la relación, comienza a realizar un nuevo papel (que previamente era ejecutado por otra parte), siempre que conserve los que tradicionalmente venía ejecutando. A continuación se representan gráficamente ambos modelos (figura 6).

Por último, es preciso destacar que según Liyanage y Mitchell (1994), dado que las empresas pueden acceder al conocimiento tecnológico de diversas formas, sólo iniciarán una relación con cualquier tipo de organismo de investigación en el caso de que el flujo de tecnología esperado por la empresa no pueda generarse internamente de forma rápida y sencilla, o bien, si con anterioridad, la empresa ha tenido alguna experiencia positiva de colaboración con algún tipo de organismo de investigación. Así, la industria va a preferir realizar investigaciones cooperativas con socios comerciales para así mejorar su capacidad competitiva con grupos de investigación a escala mundial. De cualquier forma e independientemente de quién inicie la colaboración, cuanto mayor sea la necesidad de cooperar de una de las partes, menor será su poder de negociación en la formación del acuerdo de cooperación.

 

Figura 6. Modelos de colaboración de Etzkowitz




Fuente: adaptado de Etzkowitz (1996)

 

f) Flujo de conocimiento/tecnología esperado por los socios

La mayor parte de la literatura sobre este tema se centra en analizar la importancia de los beneficios a los que pueden acceder tanto empresas como organismos de investigación al realizar este tipo de acuerdos de cooperación (Bonaccorsi y Piccaluga, 1994; Autio et al, 1996; Wallmark, 1997; Martín Megía y Bravo Juega, 1999; Hall et al, 2000; ). De este modo, este tipo de estudios muestran que las relaciones entre empresas y organismos de investigación no son meros acuerdos formales donde la empresa aprende de la investigación del organismo de investigación, sino una parte de un proceso dinámico en el que se origina una gama de diferentes pero interrelacionados beneficios para ambas partes (Brimble y Sripaipan, 1995; Charles y Howells, 1992; Turpin et al, 1996). Por tanto, una estrecha relación entre el mundo empresarial y el académico genera una serie de sinergias, de forma que ambas partes van a resultar beneficiadas (Klofsten y Jones-Evans, 1996).

En este sentido, y desde el lado de la empresa, sus relaciones cooperativas con organismos de investigación le pueden proporcionar importantes ventajas competitivas. Así, según Bonaccorsi y Piccaluga (1994), las razones de las empresas para participar en este tipo de colaboraciones dependen, en gran medida, de sus expectativas en lo que se refiere a la generación, transmisión y difusión del conocimiento.

Por ello, Bloedon y Stokes (1994) argumentan que normalmente suele transferirse un determinado conocimiento que permita a la empresa desarrollar un producto. Hay que considerar que la calidad, y no la cantidad, es fundamental para medir la transferencia de conocimiento. De esta forma, mientras que algunas transferencias hacen posible que la empresa genere un beneficio, otras ayudan a reconocer y reducir la posibilidad de obtener pérdidas. En definitiva, la decisión de desarrollar o no un nuevo producto puede constituir la fase final del proceso de transferencia del conocimiento.

Ahora bien, aunque la mayoría de los trabajos analizados sólo hacen referencia a los beneficios obtenidos por la empresa, Cyert y Goodman (1997) destacan la importancia de considerar también los beneficios a los que podría acceder cualquier organismo de investigación. Por ello, critican la excesiva importancia que se le atribuye a la empresa y proponen que estas relaciones sólo deben producirse en el supuesto de que se cumplan las expectativas del organismo de investigación: generación de nuevo conocimiento y su difusión. Este objetivo puede conseguirse si se crea aprendizaje organizativo por ambas partes. Además, la relación no sólo debe centrarse en la transferencia de la tecnología, sino que el objetivo fundamental debe ser una oportunidad de aprendizaje. De esta forma, dicho aprendizaje puede influir en la estrategia, cultura, habilidad para resolver problemas y base de conocimientos de la organización.

Andersen y Lundvall (1989) destacan que el aprendizaje interactivo a través de redes tecnológicas ha llegado a ser una fuente de innovación tan importante como el tradicional "learning by doing and using". En este sentido, la colaboración E-OI intensifica las oportunidades de aprendizaje, de forma que no sólo se aprenda sobre nuevas tecnologías, sino también acerca de cómo crear nuevas tecnologías y sobre el modo en que dichas tecnologías afectan a las actividades existentes (Liyanage y Mitchell, 1994). En definitiva, las relaciones E-OI enseñan nuevas formas de hacer las cosas. Sin embargo, no debe olvidarse que si bien el aprendizaje organizativo resulta complicado dentro de una organización, éste resultará aún más complejo en el contexto de un acuerdo de cooperación.

Por todo ello, y desde el lado de los organismos de investigación también es posible identificar la característica relativa al flujo de conocimiento esperado, y que se refiere al nivel de conocimiento que dicho organismo genera gracias a su relación con la empresa, así como a su difusión. De esta forma, aunque tradicionalmente los resultados de los organismos de investigación se limitaban a la educación, formación e investigación básica, su colaboración con la empresa hace posible que ésta genere invenciones, patentes y spin-off académicas (Wallmark, 1997).

En la actualidad está perdiendo importancia la idea de transferencia tecnológica tangible (invención de un científico que se transfiere a la empresa para su comercialización), y se está potenciando la intangible, que supone un flujo de ideas, conocimiento y ayuda de expertos (Faulkner y Senker, 1995). Por ello, las relaciones E-OI no pueden conceptuarse como una simple relación de intercambio que suponga la transferencia de un producto o servicio, sino que debe existir una clara intención de incrementar la base de conocimiento de ambas partes. En particular, las empresas intentan apropiarse de los beneficios del conocimiento no aplicado (investigación básica) que ha sido generado en los organismos de investigación (Bonaccorsi y Piccaluga, 1994). Algunos estudios empíricos confirman este hecho y se demuestra que la transferencia de conocimiento es bidireccional, es decir, desde el organismo de investigación a la empresa y viceversa (Cabo, 1999).

 

3. MODALIDADES DE COLABORACIÓN E-OI

Las relaciones E-OI tienden a materializarse en una red compleja, formada por varios tipos de relaciones, y no en una cadena secuencial de contactos (Turpin et al, 1996). Según Bloedon y Stokes (1994), los acuerdos formados por una combinación de las distintas modalidades de cooperación tendrán mayores posibilidades de éxito que aquellos que sean más específicos (única modalidad). La literatura especializada en este tipo de relaciones presenta innumerables tipologías y clasificaciones acerca de cuáles pueden ser las modalidades de cooperación. No obstante, Blackman y Segal (1991) indican que elaborar una clasificación que refleje todos los vínculos posibles que pueden darse entre la empresa y los organismos de investigación puede resultar bastante problemático, aunque en general dichas relaciones suelen implicar la transferencia de recursos, personas y/o información.

Según Jaque Rechea et al (1987), las formas o modalidades concretas de colaboración E-OI dependen de, al menos, los siguientes factores: a) los propios fines u objetivos que se pretendan alcanzar con la cooperación; b) la naturaleza o "personalidad" de cada organismo de investigación o sus relaciones con el entorno; c) el tipo o modalidad de industria (sector al que pertenece, tamaño, etc.) y, d) las características del país donde se lleve a cabo la colaboración (aspectos legales, política científico-tecnológica, etc.).

Para Ahn (1995) cada relación se materializa en una modalidad determinada en función de cuál sea la naturaleza del proyecto, los costes en que se incurra, la flexibilidad de los mecanismos institucionales, etc. Liyanage y Mitchell (1994) argumentan que el tipo de colaboración apropiado a una organización dependerá de su estilo de dirección. Al-Ali (1992) identificó más de seis formas de colaboración entre las universidades politécnicas y las empresas, las cuales, según dicho estudio, son más propensas a la cooperación por centrarse básicamente en la investigación aplicada. Para Quintas et al (1992) estos vínculos referidos a parque científicos presentan muchas formas, las cuales pueden ir desde contratos formales para la investigación a unos contactos más informales, pasando por la transferencia del personal entre la empresa y el organismo de investigación.

Vedovello (1997) propone una clasificación basándose en el compromiso y pago de honorarios por parte de las partes implicadas. Así, distingue entre acuerdos informales (relativos a la información, conocimiento, experiencia y equipos disponibles en las empresas y organismos de investigación así como sus capacidades y necesidades técnicas y científicas), humanos (relativos a la mejora, formación y reclutamiento y/o asignación de mano de obra cualificada) y formales (relativos a la explotación de la información científica y tecnológica, conocimiento, experiencia y equipos disponibles en las empresas y organismos de investigación). Mientras que los dos primeros no suelen implicar la existencia de un contrato formal entre las partes, éste último da lugar a un contrato formal para el que previamente se habrán establecido un compromiso y pago de honorarios.

Cassier (1999) establece una tipología de contratos entre la empresa y los organismos de investigación en función de su menor o mayor orientación al mercado. Partiendo de dicho criterio, se proponen tres tipos de acuerdos de investigación: cuasi-donación (la empresa se limita a financiar las investigaciones realizadas por el organismo de investigación), acuerdo semi-mercado (la empresa solicita un servicio más específico del organismo de investigación, obteniendo a cambio ciertas ventajas como mejoras en la formación de sus estudiantes) y servicio de investigación o servicio de mercado (ambas partes realizan un contrato que se materializa en un resultado concreto).

En este trabajo, se ha optado por clasificar los acuerdos de colaboración E-OI en función de cuál sea la naturaleza del servicio que es objeto de intercambio entre las partes. Así, podemos distinguir tres tipos de servicios: servicios de consultoría, servicios de formación y servicios de investigación. A continuación se procede a desarrollar cada uno de ellos.

 

a) Servicios de consultoría

Consiste en un asesoramiento por parte del organismo de investigación a la empresa en materia de tecnologías y temas específicos. Se trata de un servicio que utilizan las empresas cuando necesitan conocer determinada información sobre una tecnología concreta. A cambio, el organismo de investigación recibe una contraprestación monetaria por los servicios prestados. La duración del acuerdo puede ser temporal, si se trata de problemas específicos o semi-permanente, si los problemas son más generales. La dedicación del organismo de investigación suele ser a tiempo parcial, pudiendo asesorar a una o varias empresas, aunque parece más recomendable que un mismo equipo de investigación no trabaje para más de una compañía al mismo tiempo.

Esta modalidad de colaboración vincula de forma directa a las empresas e investigadores académicos que están interesados en disciplinas semejantes. Por ello, facilita la aplicación del conocimiento académico y proporciona un soporte a las destrezas y capacidades internas de la empresa. Un ejemplo serían las consultas individuales a profesores y catedráticos por parte de algún miembro de la empresa.

 

b) Servicios de formación

Dentro de esta modalidad distinguimos cinco tipos de acuerdos: profesor industrial o visitante, intercambio de especialistas, formación de los universitarios en la industria, reclutamiento y conferencias y cursos.

 

b.1) Profesor industrial o visitante

Se produce cuando un científico industrial dedica parte de su tiempo a trabajar con el organismo de investigación. La prestación de este tipo de servicios puede prolongarse de forma indefinida a lo largo del tiempo de forma que el industrial, además de trabajar en la empresa, lo haga en el organismo de investigación a tiempo parcial.

Permite una formación menos teórica de los estudiantes ya que estos científicos incorporan una visión más práctica a la educación que los académicos imparten en la universidad. El trabajo que realizan puede ser muy variado: impartir clases fundamentalmente prácticas, colaborar en la elaboración de los planes de estudio, etc. En cuanto a su contraprestación, aunque varía dependiendo del caso, lo normal es que el científico industrial reciba un salario por la prestación de sus servicios. En nuestro país, los profesores asociados son un claro ejemplo de este tipo de relación empresas y universidades.

 

b.2) Intercambio de especialistas

Se trata de un intercambio de expertos entre la empresa y el organismo de investigación que permite disponer de personas con experiencia en el mundo universitario y en el empresarial. Las compañías suelen enviar sus propios científicos a los laboratorios del organismo de investigación para que adquieran nuevos conocimientos; los académicos pueden abandonar por un determinado período de tiempo el organismo de investigación para trabajar en la empresa y adquirir una visión mucho más práctica. De esta forma, los industriales adquieren una serie de conocimientos teóricos que posteriormente aplicarán en la práctica y los académicos aprenderán de experiencias reales.

La duración de estos intercambios dependerá de cada caso, aunque como mínimo suelen ser de un año. En este caso, al tratarse de un intercambio de personas, podemos hablar de una contraprestación en especie. Un ejemplo de este tipo de intercambio lo encontramos en los "períodos sabáticos" solicitados tanto por profesores para trabajar en la empresa, como por industriales, para trabajar en el organismo de investigación.

 

b.3) Formación de los universitarios en la industria

Se refiere a los estudiantes que trabajan durante un número determinado de horas en una empresa o que reciben un curso de formación durante las vacaciones. Algunos autores afirman que el uso de estudiantes en la investigación cooperativa es un complemento muy importante en su formación. Estos períodos formativos en las empresas suelen tener una duración de uno o varios cursos académicos, un verano, etc., y deben ser diseñados en cooperación con la empresa a fin de que tengan como resultado los niveles deseados de formación en el puesto de trabajo. Finalizadas las acciones formativas, es muy probable que el estudiante entre a formar parte de la plantilla de la empresa que le formó.

En este caso, tanto la empresa como el organismo de investigación obtienen un beneficio: la primera forma a los estudiantes para que trabajen en determinados puestos y, la segunda mejora su prestigio al ofrecer a los estudiantes la posibilidad de adquirir experiencia práctica. Algunos ejemplos de este tipo de colaboración son los programas que intercalan períodos de estudio con prácticas profesionales y las becas de empresas privadas destinadas a estudiantes graduados.

 

b.4) Reclutamiento

El organismo de investigación prepara a los estudiantes con el objetivo de que pasen a formar parte de la plantilla de una determinada empresa. Para ello, es fundamental que exista un estrecho contacto entre ambas partes, de manera que la empresa llegue incluso a colaborar en el diseño de los planes de estudio.

De nuevo, tanto empresa como organismo de investigación obtienen un claro beneficio: por un lado, la empresa tiene una mayor facilidad para contratar al personal que más se adecue a sus necesidades y, por otro, el organismo de investigación imparte la formación que realmente está siendo demandada por las empresas. Sin embargo, no hay que olvidar que es prácticamente imposible que las universidades elaboren un programa específico que se adapte por completo a las necesidades de las distintas empresas. Además, las universidades suelen impartir enseñanzas bastante generalizadas.

 

b.5) Conferencias y cursos

Estas conferencias y cursos abarcan una amplia gama de disciplinas y se destinan a organizaciones públicas y a empresas, tanto de forma individual como en grupo. Lo normal es que sus participantes obtengan una calificación formal (certificados, diplomas, etc.). Su duración suele ser corta y, normalmente, la asistencia se realiza fuera del horario habitual de trabajo. Este tipo de actividades permite dar a conocer e informar acerca de las investigaciones en materia de nuevas tecnologías que podrían aplicarse en la industria. Además sirven para actualizar los conocimientos técnicos y reorientar al personal de las empresas.

Lo normal es que el organismo de investigación se encargue de su organización y realización, aunque en algunos casos son organizados por las empresas. A cambio, el organismo de investigación recibe los honorarios que se hayan acordado entre ambas partes. Resulta fundamental que el organismo de investigación informe a las empresas sobre sus actividades en los diferentes ámbitos y en las diferentes especialidades así como quiénes son los responsables de la formación. Ello permitirá que las empresas demanden acciones formativas concretas a medida que, de otro modo, no hubieran surgido.

Asimismo, es muy importante diferenciar claramente los objetivos (formación en general, de especialización o de profundización) y los destinatarios (técnicos especialistas, profesionales con experiencia y con intención de especializarse, personal simplemente interesado en el tema…) de los cursos. Lo lógico es que los organismos de investigación impartan cursos en aquellas disciplinas que mejor dominen y en las que cuenten con cierta reputación y prestigio a causa de sus aportaciones científicas.

 

c) Servicios de investigación

Los servicios de investigación constituyen la principal fuente de transferencia de tecnología entre la empresa y los organismos de investigación. Esta modalidad de colaboración E-OI comprende cuatro tipos distintos: la investigación cooperativa, el contrato de I+D, la transferencia de tecnología y las spin-off académicas. Cabe destacar que según la literatura específica sobre innovación[8], las tres primeras modalidades estarían encuadradas en la I+D por encargo, en la cooperación tecnológica y en la transferencia de tecnología, respectivamente.

 

c.1) Investigación cooperativa

En muchas ocasiones, los intereses de la empresa y del organismo de investigación son los mismos, es decir, ambas partes están interesadas en una misma línea de investigación. En estos casos, empresa y organismo de investigación llegan a un acuerdo para realizar conjuntamente una determinada investigación. Lo normal es que dicha investigación se realice en las instalaciones del organismo de investigación y que la empresa se encargue de financiarla. Es fundamental que desde el principio ambas partes se pongan de acuerdo en lo que respecta a sus derechos, obligaciones, etc. Por ejemplo, si una vez finalizada la investigación conjunta el resultado puede ser publicado por los académicos o si éstos deben esperar hasta que la empresa obtenga la patente; en definitiva, debe acordarse a quién va a pertenecer y cómo va a explotarse el resultado generado en la investigación[9].

La duración de la cooperación tecnológica (normalmente a largo plazo) variará en función de si el acuerdo se limita a la ejecución del proyecto de I+D, o se extiende a la fase de explotación de sus resultados. De cualquier forma, lo habitual será que la relación jurídica se mantenga en vigor hasta que los participantes hayan cumplido sus obligaciones recíprocas y los intereses de todos ellos hayan quedado plenamente satisfechos. La contraprestación en este caso es el beneficio mutuo que ambas obtienen.

Es necesario destacar que, aunque lo normal es que se dé un acuerdo bilateral entre un departamento del organismo de investigación y una determinada empresa, en algunas ocasiones se producen acuerdos multilaterales entre diversos departamentos de un mismo organismo de investigación o incluso entre varios organismos de investigación y un grupo de empresas, siempre que todas las partes compartan los mismos intereses en lo que se refiere a la investigación. En este caso estaríamos ante un consorcio de empresas y organismos de investigación que con base contractual o societaria, deciden abordar conjuntamente un proyecto de I+D y, eventualmente, acuerdan a quién va a pertenecer y cómo va a explotarse la tecnología generada.

No obstante e independientemente de las ventajas tanto técnicas como económicas de esta modalidad de innovación, son muchas las empresas y organismos de investigación que ven con reparos la cooperación tecnológica. Ello se debe a la inseguridad jurídica que conlleva la cooperación en sí misma así como al hecho de llevarla a cabo con socios de características diferentes y en la mayoría de las ocasiones pertenecientes a países de distintas nacionalidades. De ahí la necesidad de realizar una negociación jurídica previa, seria y documentada, la cual deberá adaptarse a las circunstancias particulares de cada caso concreto.

En general, podemos afirmar que el éxito de la investigación cooperativa depende de tanto de factores de contexto que son especialmente relevantes al principio de la colaboración –experiencia previa, reputación de los socios, definición clara de objetivos, institucionalización de la relación o proximidad entre los socios- como de factores organizativos que se ponen de manifiesto cuando la colaboración está en marcha –compromiso, comunicación, confianza, conflicto o dependencia entre los socios (Mora Valentín, 2002).

Conviene señalar, sin embargo, que en España no existe una cultura de cooperación tecnológica muy desarrollada. De hecho, actuaciones conjuntas para identificar necesidades tecnológicas compartidas y sus posibles soluciones sólo se han emprendido cuando las administraciones públicas han tomado la iniciativa y asumido parte de su coste (COTEC, 2000). Los Programas Marco de I+D de la Unión Europea, o los Programas EUREKA e IBEROEKA (este último dentro del programa CYTED), constituyen un claro ejemplo de este tipo de colaboración. Son proyectos de I+D en los que participan conjuntamente, en su fase de diseño y de ejecución, empresas, centros de investigación y universidades de dos o más países, para la obtención de productos y la mejora de procesos innovadores.

 

c.2) Contrato de I+D

Los intereses de la empresa y de los organismos de investigación no siempre tienen por qué coincidir. Por ello, hay veces que los organismos de investigación realizan investigaciones en las que sólo están interesadas las empresas. En este caso, la empresa encarga al organismo de investigación la realización de un trabajo concreto, definiendo desde un principio los términos en que éste debe llevarse a cabo; para ello, se recomienda la elaboración de un documento que refleje los derechos, obligaciones y responsabilidades de quienes van a participar así como ciertos aspectos que posteriormente aparecerán en la negociación[10].

Además, es necesario formar un equipo con profesores, ayudantes y empleados de las partes solicitantes. A estos efectos, es conveniente que la empresa cuente con personas capaces de entender el lenguaje de los científicos de los centros externos y a su vez, que conozcan las necesidades reales de la empresa y del problema tecnológico que se pretende resolver. Lo normal es que la investigación se realice en las instalaciones del organismo de investigación.

Una vez finalizada la investigación, el organismo de investigación informa sobre el resultado obtenido y recibe una prestación económica. Aunque lo habitual es que el contrato permanezca en vigor hasta que empresa y organismo de investigación hayan cumplido todas sus obligaciones contractuales, también son frecuentes las duraciones superiores si las partes acuerdan la explotación industrial y comercial de sus resultados.

En cuanto a la prestación económica, si bien lo más normal es retribuir al organismos de investigación mediante el pago de una suma a tanto alzado (calculada en función de las horas de dedicación del personal científico y de la categoría de éste), este modo de retribución puede complementarse con el pago de cánones periódicos, determinables en función del rendimiento económico que la empresa obtenga de la explotación de la tecnología resultante.

En definitiva, en este tipo de acuerdo la empresa subcontrata los servicios de un organismo de investigación, para que desarrolle a medida una tecnología que necesita o para que aplique sus conocimientos científicos a la resolución de un problema tecnológico real, recibiendo esta última una contraprestación económica por ello.

Las empresas suelen acudir a este tipo de contratos cuando carecen de recursos suficientes de I+D para llevar a cabo una mejora en sus productos y/o procesos, y la tecnología en cuestión o bien no está disponible en el mercado o su adquisición es demasiado costosa. Lo normal es que el empresario contrate los servicios de un organismo de investigación en quien confía, por haber trabajado con él anteriormente o por las buenas referencias recibidas. Sin embargo, el uso excesivo de la I+D por encargo puede generar una cierta dependencia tecnológica de la empresa de fuentes externas, descuidando su potencial interno de I+D. Por otro lado, debido a que la mayoría de los resultados obtenidos en los organismos de investigación no están listos para ser utilizados inmediatamente por las empresas, éstas se ven obligadas a realizar trabajos adicionales de adaptación y puesta a punto para poderlos aplicar a escala industrial.

Si bien la I+D por encargo puede ser una importante fuente adicional de recursos para los organismos de investigación, una excesiva utilización de la misma puede provocar que sus laboratorios se conviertan en una extensión de los de la empresa, descuidándose la investigación básica lo que repercutirá negativamente en el desarrollo científico y tecnológico del futuro.

En España, esta forma de cooperación con organismos de investigación está poco extendida. De hecho, tan solo un 2% de las empresas españolas colabora regularmente con organismos de investigación, quizás por el tradicional alejamiento existente entre el mundo académico y el empresarial. En muchos casos, las empresas desconocen la capacidad de los organismos de investigación para ayudarles a solucionar sus problemas tecnológicos, pese al importante esfuerzo de acercamiento llevado a cabo en los últimos años por estas entidades generadoras de conocimiento. Además, cabe destacar el esfuerzo realizado por las administraciones públicas, tanto en el ámbito europeo como estatal y autonómico, en promover la I+D por encargo a través de diversas medidas como la Acción CRAFT de los Programas Marco de I+D de la Unión Europea, los Proyectos Concertados o Cooperativos del CDTI, los Programas de I+D de la Comunidad de Madrid o el Programa de Fomento de la Colaboración entre Centros de Investigación y Empresas de la Generalitat Valenciana. (COTEC, 2000).

 

c.3) Transferencia de tecnología[11]

Es posible que en un momento dado, los organismos de investigación desarrollen por voluntad propia una tecnología determinada. Cuando un empresario se enfrenta a una necesidad tecnológica que ya ha sido anteriormente resuelta por un tercero (en nuestro caso, un organismo de investigación), dicho empresario puede pedir al titular de la tecnología que se la transfiera a través de una cesión o una licencia (de patente o de know-how). Ello le permitirá fabricar y/o comercializar el producto y/o procedimiento nuevo o mejorado sin incurrir en repeticiones innecesarias de esfuerzos tecnológicos. El titular de la tecnología (organismo de investigación) recibe a cambio una contraprestación económica, que en muchos casos utilizará para continuar con sus actividades investigadoras. En definitiva, la transferencia de tecnología beneficia tanto a las empresas que pretenden innovar, como a los organismos de investigación quienes normalmente no pueden explotar por sí mismos la tecnología que desarrollan.

En lo que se refiere a la negociación de la retribución adecuada así como a la forma de pago, si bien dependerá de múltiples factores, lo más habitual es que consista o bien en el pago de una suma a tanto alzado (cantidad fija, estipulada independientemente de los resultados de la explotación que obtenga el licenciatario), o bien en el pago de cánones periódicos (cantidades variables, determinadas en función del rendimiento real de dicha explotación), siendo también frecuente una combinación de las dos anteriores.

La transferencia de tecnología constituye una operación altamente compleja y de diversos matices jurídicos. Ello obliga al establecimiento de un contrato entre el transmitente (organismo de investigación) y receptor (empresa) el cual variará en función del tipo de transferencia de que se trate[12]. La vigencia de dicho contrato y por lo tanto la duración de este tipo de acuerdo, deberá pactarse entre transmitente y receptor y variará en función de su objeto: mientras que el contrato de licencia presenta un carácter duradero, la cesión se considera de tracto único. Así, un contrato de licencia de patente puede durar tanto como la patente esté en vigor (en España un máximo de veinte años), mientras que si lo que se licencia es el know-how la duración no suele ser superior a diez años.

En España hay que mencionar a las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRIs), que fueron creadas para facilitar la transferencia a las empresas de los conocimientos generados por organismos de investigación. La labor desarrollada por dichos organismos está permitiendo que innumerables desarrollos científicos sean transferidos a las empresas y adaptados por éstas para optimizar sus productos y procesos (COTEC, 2000).

 

c.4) Spin-off académicas

Si bien los organismos de investigación pueden realizar investigaciones en las que no están interesados por encargo de una empresa (contrato de I+D), también puede iniciar investigaciones por voluntad propia, sin que se haya producido un encargo previo por parte de una empresa. En este caso, el resultado obtenido por el organismo de investigación suele ser patentado, para posteriormente explotarlo en el mercado.

Obviamente, en este caso el organismo de investigación no colabora con la empresa, pero sí lo hace cuando se decide a crear una o varias empresas para la explotación de dichos resultados. Son muchos los organismos de investigación que han fomentado la creación de empresas entre sus estudiantes e investigadores. Una vez creadas, la colaboración entre el organismo de investigación y sus antiguos miembros es inevitable. Además, en estos casos la cooperación suele ser más efectiva que en el resto, debido a la mutua comprensión que existe entre ambas partes. Este tipo de relación cooperativa facilita la incorporación de titulados y doctores generándose un mercado de conocimiento mediante los recursos humanos y permite una mejor valoración de los resultados de la investigación (Rubiralta y Vendrell, 2002).

Por último, cabe destacar el trabajo de Schmoch (1997) en el que se analiza la importancia que para los académicos tienen las relaciones E-OI en Alemania. En concreto, el autor, clasifica los tipos de interacciones entre las empresas y los organismos de investigación por orden de importancia según el punto de vista de los investigadores académicos en cinco categorías: investigación cooperativa, formación de universitarios en la empresa, contrato de I+D y conferencias, servicios de consulta y cursos destinados a las empresas e intercambio de especialistas. Los académicos justifican la mayor valoración de la investigación cooperativa con respecto al contrato de I+D debido a que en el primer caso, se produce un intercambio bidireccional de conocimiento, mientras que en el segundo caso, el intercambio de conocimiento es unidireccional (del organismo de investigación a la empresa). No obstante, debe considerarse que estos resultados se obtuvieron para empresas de distintos ámbitos (biotecnología, producción tecnológica, microelectrónica y software), por lo que no son extrapolables al resto de casos. Además, el autor destaca que se producían algunas diferencias en la clasificación en función del tipo de empresa que se considerase.

Finalmente, es posible relacionar las características de la colaboración E-OI con las tipologías que han sido presentadas en este epígrafe. De este modo, la figura 7 recoge, a modo de resumen las principales aportaciones que se derivan de nuestro trabajo, relacionando los dos aspectos que en él han sido tratados.

 

 

4. CONCLUSIONES

El presente trabajo ha partido de la consideración de la creciente importancia que la cooperación entre diversos ha tenido para el desarrollo de tecnología e innovación en el ámbito empresarial. Efectivamente, ante la imposibilidad por parte de cualquier empresa de conseguir por sus propios medios toda la tecnología que necesita, se han desarrollado mecanismos para acceder a la tecnología de otros o para desarrollar tecnología nueva en colaboración con otros agentes. Es esta última opción la que conduce a los acuerdos de cooperación tecnológica, acuerdos que permiten, con carácter general, compartir los elevados costes y riesgo que toda actividad tecnológica conlleva.

La colaboración en tecnología puede llevarse a cabo entre empresas competidoras o entre empresas que mantienen una relación de proveedor-cliente. Pero también es posible colaborar entre las empresas y los organismos de investigación tales como universidades y centros públicos y privados de investigación. Este tipo de cooperación se fundamenta en la capacidad especializada que dichos organismos tienen para generar conocimiento científico y tecnológico dada su dedicación prioritaria o exclusiva a las tareas de investigación. En definitiva, constituyen las instituciones de investigación por excelencia en las sociedades modernas.

Así, asumiendo que en la actualidad la colaboración entre diferentes tipos de organizaciones constituye un elemento fundamental en el desarrollo de estrategias tecnológicas, se hace necesaria una efectiva colaboración entre las empresas y los organismos de investigación, aspecto que ha sido asumido en los países desarrollados casi como una obligación social. Por ello, hoy en día no es tan necesario hablar de la importancia de este tipo de colaboración sino que más bien debemos centrarnos en el análisis de estas relaciones con el propósito de conocer sus claves de funcionamiento, mejorarlas, potenciarlas y salvar los obstáculos que puedan existir.

Dada la relativamente escasa literatura especializada sobre cooperación entre empresas y organismos de investigación respecto de la existente entre empresas, así como la gran dispersión y heterogeneidad de los estudios existentes, en este trabajo hemos tratado de ofrecer una visión integradora y homogénea tanto de las principales características de las relaciones entre empresas y organismos de investigación como de las distintas formas en que esta colaboración se concreta.

De esta forma, se han tenido en cuenta las características más relevantes propias de este tipio de colaboración como son la duración temporal de la relación, la proximidad y distribución geográficas, el grado de formalización del acuerdo, el nivel de intensidad de la cooperación, el agente que promueve el acuerdo de cooperación y el flujo de conocimiento esperado por los socios. Este análisis ha permitido ofrecer perspectivas útiles para un mejor conocimiento de este tipo de colaboración mostrando similitudes y diferencias con la más estudiada cooperación entre empresas. Como consecuencia de este análisis se han propuesto algunos esquemas propios que tratan de ayudar a comprender y organizar el conocimiento existente sobre la colaboración entre empresas y organismos de investigación.

En segundo lugar, se ha tratado de describir de forma ordenada las distintas formas de colaboración más frecuentes entre empresas y organismos de investigación. Este análisis de las distintas modalidades ha permitido ofrecer una visión integradora de las modalidades de colaboración y, sobretodo, poner en relación dichas modalidades con las características básicas previamente definidas a través de la tabla recogida en la figura 7. Dicha tabla constituye un mapa integrador que permite caracterizar, por una parte, y relacionar, por otra, las distintas formas de colaboración entre empresas y organismos de investigación.

En todo caso, son muchos los aspectos de esta colaboración que quedan por analizar de una forma más profunda tales como los factores de éxito o fracaso de los acuerdos de cooperación, las distintas motivaciones y expectativas que presentan los socios del acuerdo según su naturaleza -empresas u organismos de investigación-, cómo influyen dichas expectativas en la evolución de la relación, etc. Esto permitiría disponer de un mejor conocimiento de estas relaciones y, como consecuencia, poder mejorar las decisiones empresariales, la actividad de los organismos de investigación en lo que constituye su actividad principal y facilitar el éxito de las políticas públicas de apoyo a la innovación. Todo ello, nadie lo discute ya, constituye una pieza clave en el desarrollo económico e industrial de un país.

Figura 7. Tipos de acuerdos de colaboración E-OI y sus dimensiones

 
DIMENSIONES ACUERDOS DE COLABORACIÓN E-OI
TIPOS ACUERDOS DE COLABORACIÓN U-E Duración temporal Grado de formalización Nivel de intensidad Agente promotor Flujo esperado por empresa Flujo esperado por OI
  Servicios de consultoría
Corto plazo
Bajo
Bajo
Empresa
Tecnológica
Monetario
Servicios de formación

 

 

 

 

 

 

Profesor industrial
Corto plazo
Bajo
Bajo
OI
Monetario
Visión más práctica
Intercambio de especialistas
Medio plazo
Alto
Alto
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Fuente: elaboración propia

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Notas :


[1] Este autor define las instituciones tecnológicas como organismos autónomos, independientes y sin ánimo de lucro que participan en proyectos de I+D tales como laboratorios gubernamentales, universidades tecnológicas, institutos de educación tecnológica, laboratorios industriales y fundaciones para la investigación.

[2] Varios estudios de historiadores de la ciencia y de la tecnología demuestran que los vínculos E-OI se han venido produciendo desde mediados del siglo XIX.

[3] Algunos estudios han analizado cómo influye la intervención pública en el inicio de las relaciones entre empresas e institutos públicos de investigación a través de proyectos concertados (Acosta Ballesteros y Modrego Rico, 2000) o han identificado los factores que influyen en la asignación de fondos públicos a los proyectos precompetitivos llevados a cabo por empresas que cooperan con universidades y organismos públicos de investigación (Acosta Ballesteros y Modrego Rico, 2001).

[4] Aunque este tipo de relaciones pueden producirse mediante un contacto directo, existe la posibilidad de que se desarrollen a través de asociaciones intermediarias. Éstas pueden representar al organismo de investigación, ser completamente externas al mismo o encontrarse en una posición intermedia. Algunos ejemplos son las oficinas de licencias, asociaciones industriales, institutos de investigación, etc.

[5] Existen algunos factores institucionales que provocan esta divergencia entre Alemania y EEUU. En primer lugar, EEUU es un país de mayor tamaño que Alemania, cuya longitud es sólo de 966 kilómetros. Por ello, la variable espacial no puede ser tratada en los mismos términos. En segundo lugar, la buena infraestructura de Alemania en lo que a transportes se refiere, hace más conveniente viajar entre dos áreas metropolitanas que a través de la colapsada ciudad. Estos y otros motivos, provocan que muchas empresas alemanas prefieran colaborar con organismos de investigación ubicados fuera de la región.

[6] En el trabajo empírico de Martínez Sánchez y Pastor Tejedor (1995) y Martínez Sánchez et al (1999) se pone de manifiesto una mayor propensión por parte de la empresa a iniciar directamente las relaciones con el organismo de investigación. Sigue a continuación la recepción de propuestas de colaboración realizadas directamente por profesores o grupos de investigación con la finalidad de financiar sus actividades de I+D o de aplicarlas a problemas de la empresa. El resto de empresas inician su relación con el organismo de investigación a través de un agente intermediario (Fundaciones Universidad-Empresa, OTRI's). Según los autores, este hecho pone de manifiesto la falta de institucionalización de la cooperación E-OI, especialmente en las regiones tecnológicas periféricas e intermedias que en las centrales.

[7] En otros estudios, Leydesdorff y Etzkowitz (1996) afirman que el sistema regional de innovación debería dirigirse a través de interacciones sinérgicas entre gobierno, empresa y organismo de investigación. De esta forma, si consideramos esta triple interacción como un modelo ideal, las debilidades de alguno de los componentes de la hélice pueden ser parcialmente compensadas por un comportamiento más dinámico del resto de las partes.

[8] En líneas generales, las empresas pueden innovar de cinco formas distintas: 1) desarrollo de tecnología únicamente con medios propios; 2) compra de equipamiento o materias primas que incorporen tecnología innovadora; 3) contratación de un tercero (frecuentemente un centro de investigación o una universidad) para que desarrolle tecnología a medida; 4) desarrollo de tecnología junto con otras entidades en el marco de la cooperación tecnológica; y 5) adquisición de tecnología a un tercero, quien la ha desarrollado previamente por su cuenta. En el presente trabajo nos centraremos en las tres últimas modalidades aplicadas al contexto de las relaciones E-OI.

[9] Estos son algunos de los aspectos que deberán considerarse en la negociación entre las partes que cooperen: clara delimitación de tareas y contribuciones durante el proyecto, posibilidad o no de llevar a cabo I+D de forma independiente o con terceros, confidencialidad sobre datos con los otros participantes, adecuada coordinación del consorcio, mecanismos de adopción de decisiones, propiedad y protección de los resultados, explotación industrial y comercial de la tecnología generada, admisión de nuevos participantes o retirada de alguno de los existentes, reglas de solución de conflictos, consecuencias del incumplimiento de un miembro de la alianzas… (COTEC, 2000).

[10] Aunque el contrato debe confeccionarse a la medida de cada supuesto concreto, se pueden avanzar aspectos como: delimitación clara del objetivo tecnológico que se persigue, tareas a realizar por la universidad o centro de investigación junto con su calendario de realización, posibilidad o no de que éste lleve a cabo actividades paralelas de I+D durante el contrato, recíproca confidencialidad sobre información de la otra parte contratante, presentación de informes periódicos y del informe final a la empresa, retribución al organismo generador de la tecnología y forma de pago, líneas de comunicación entre las partes, propiedad de los resultados, explotación industrial y comercial de la tecnología generada por el contrato, incumplimiento de una de las partes contratantes y sus consecuencias, extinción anticipada de la relación contractual, reglas de solución de conflictos… (COTEC, 2000).

[11] Es preciso señalar que si bien la transferencia de tecnología es un concepto muy amplio que puede aparecer en diversos contextos como franquicia, distribución, asistencia técnica… en el presente trabajo nos centramos exclusivamente en la transferencia tecnológica que se produce entre las empresas y los organismos de investigación. Las formas más habituales de transferir tecnología entre dichos participantes suelen ser las cesiones o licencias de patentes y las comunicaciones de know-how.

[12] Aunque no existe un contrato tipo de transferencia tecnológica, estos son algunos de los aspectos que deberán tenerse en cuenta: delimitación clara de la tecnología que se ha de transmitir, posibilidad o no de que el transmitente siga explotándola, conformidad material y jurídica de dicha tecnología;exclusividades territoriales del receptor, obligación o no de comunicar mejoras, precio de la tecnología y forma de pago, limitación del período de explotación, posibilidad o no de sublicenciar, obligación de explotación diligente, comportamiento de las partes frente a terceros infractores, supuestos de extinción anticipada de la relación, reglas de solución de conflictos… (COTEC, 2000).