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Número 19, octubre - noviembre 2003 ESTRATEGIAS, CONOCIMIENTOS E INNOVACIÓN>> Editorial |
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Estrategia, conocimientos e innovación: una mirada al futuro | |||||||||||||||||
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El presente número de madri+d gira en torno a tres conceptos a los que venimos dedicando una amplia atención desde los orígenes de nuestra publicación: estrategia, conocimiento e innovación. Sin duda, estos tres conceptos están delimitando las coordenadas principales del mundo contemporáneo. En efecto, de un modo u otro, aparecen cuando observamos, por ejemplo, la evolución socio-demográfica, los cambios económicos o las transformaciones políticas y culturales de nuestras sociedades. En nuestro contexto geográfico, la Unión Europea proclamó con claridad en el Consejo de Lisboa de 2000 la intención de convertir a Europa en la "economía basada en el conocimiento más dinámica y competitiva del mundo, capaz de alcanzar un crecimiento económico sostenible con más y mejores empleos y una mayor cohesión social." Los Consejos celebrados posteriormente en Estocolmo y Barcelona ratificaron y precisaron este gran objetivo establecido para la primera década del siglo. El conocimiento, que sustenta las estrategias de todo tipo de organizaciones y, especialmente de las empresas, es la base del cambio que pone en marcha todo proceso innovador. Fueron precisamente las profundas transformaciones registradas en el mundo durante el último cuarto del siglo XX las que provocaron una modificación en el modo de comprender las finalidades de la Unión. El desarrollo sostenible, la cohesión social, la competitividad internacional, el crecimiento de la prosperidad y de la estabilidad se ven ahora como consecuencia del conocimiento puesto en acción. Así, la Unión ha encarado el paso de una economía industrial (que no olvidaba al sector agrario) a una economía de los servicios sometida, además, a un importante cambio institucional. El gran objetivo de Lisboa requiere un esfuerzo integrado en varios ámbitos: Investigación y Desarrollo, Innovación, Educación y Participación social. Por tanto, representa una nueva perspectiva en la orientación estratégica que las organizaciones europeas de toda índole desarrollan con relación a un entorno cada vez más dinámico. Con referencia al primero de tales ámbitos, el Consejo Europeo de Barcelona de 2002 fijó como objetivo para el año 2010 invertir un 3% del Producto Interior Bruto en Investigación y Desarrollo. Si consideramos que naciones tales como Grecia, Portugal, España, Italia e Irlanda se encontraban en 2000 entre el 0,68 % (Grecia) y el 1,21% (Irlanda), nos daremos cuenta de la amplitud e intensidad del empeño requerido. En nuestro contexto regional madrileño, la elaboración del Plan Regional de Investigación Científica e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid para el periodo 2004-2007 (IV PRICIT) (planteado en virtud de la Ley de Fomento de la Investigación Científica y la Innovación Tecnológica) muestra el mismo interés por enfocar la política regional de I+D+i a partir de la premisa del conocimiento. Sus veinte grupos de trabajo (que han desarrollado su labor sobre temas tales como los Materiales y la Nanotecnología, el Espacio Europeo de Investigación y las relaciones con Iberoamérica, o Entorno Empresarial e Innovación) han redactado una copiosa documentación que servirá de importante elemento de juicio a la hora de decidir cómo se debe articular la participación de Madrid en la ingente empresa delimitada a partir de Lisboa. En este número de madri+d, como en los anteriores, pretendemos poner a disposición de todos los interesados una serie de materiales que creemos de utilidad para formar una opinión sólida y fundamentada con respecto a las interacciones entre estrategia, conocimiento e innovación. De su correcto desarrollo depende el futuro de todos los europeos. |
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