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Número 19, octubre - noviembre 2003 ESTRATEGIAS, CONOCIMIENTOS E INNOVACIÓN>> Investigación.>>Proyectos |
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La evaluación de las becas de formación de personal investigador y posdoctorales de la Comunidad de Madrid
En este breve artículo se presentan los resultados principales de una investigación adjudicada en proceso competitivo por la Dirección General de Investigación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Se marcó como objetivo fundamental del trabajo el análisis de la valoración del programa de becas pre y posdoctorales de sus usuarios principales, es decir, los becarios y los tutores. |
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En este breve artículo se presentan los resultados principales de una
investigación adjudicada en proceso competitivo por la Dirección General
de Investigación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.
Se marcó como objetivo fundamental del trabajo el análisis de la valoración
del programa de becas pre y posdoctorales de sus usuarios principales,
es decir, los becarios y los tutores. El trabajo de campo del estudio,
combinando grupos de discusión con la administración de una encuesta telefónica,
se efectuó entre octubre y diciembre de 2002 y, finalmente, el informe
se entregó en febrero de 2003. 1. Diferencias de percepción sobre las becas pre y posdoctorales Como era de esperar, los becarios pre y posdoctorales poseen diferentes objetivos a la hora de pedir una beca. La finalidad principal de los becarios predoctorales es iniciarse en la investigación en un centro público. En cambio, para los becarios posdoctorales, la obtención de la beca supone una salida ante la falta de contratación de investigadores como profesionales. La beca sirve al menos como mecanismo alternativo al paro durante una temporada. Esta diferencia puede influir en la percepción que tienen, tanto ellos como sus respectivos tutores, sobre las distintas cuestiones relacionadas con la beca. Las diferencias entre becas pre y posdoctorales se ponen de manifiesto en varios aspectos a lo largo de la encuesta. Se destacarán dos de especial relevancia. Por un lado, casi dos tercios de los encuestados coinciden en considerar mayoritariamente al becario más bien un trabajador y no un estudiante. No obstante, existen notables diferencias entre los becarios y tutores predoctorales y los posdoctorales (véase el gráfico). En el primer grupo, existe un notable contraste entre la opinión de los becarios predoctorales y sus tutores acerca del status de los becarios. Mientras el 68,5 por ciento de los becarios predoctorales se consideran “trabajadores”, sólo un 35,8 por ciento de sus tutores eligen esta categoría. Esta divergencia puede deberse a que los tutores consideren el período de los cursos de doctorado como período más bien formativo, mientras que los becarios, especialmente los que trabajan en las ciencias experimentales, consideran que sus largas horas en los laboratorios coinciden más bien con una jornada laboral que con el estudio. En el segundo grupo, el de los becarios y los tutores posdoctorales, existen menos divergencias. Ambos vienen a considerar mayoritariamente que los becarios son trabajadores (83,2 y 64,2 por ciento respectivamente). Los becarios posdoctorales, consideran que el período de formación se termina con la defensa de la tesis y, a partir de ese momento, desempeñan fundamentalmente una actividad laboral como investigadores. A pesar de que coincidan tutores y becarios en la opinión, se detecta, no obstante, que un tercio de los tutores piensan que la tesis no ha cerrado ya el período formativo y el período posdoctoral sirve para cubrir las carencias detectadas en este período. Esta constatación no deja de sorprender al observar que muchos becarios posdoctorales tienen unos 40 años de edad y han invertido más de 15 investigando. Gráfico 1 Status del becario según
becarios y tutores
![]() Por otro lado, las diferencias entre becas predoctorales y posdoctorales se aprecian también en la consideración de la finalidad de la beca. Como era de esperar, los becarios y los tutores predoctorales consideran básicamente que la beca sirve para que el becario termine su tesis, y no para que los tutores publiquen, como acusaba algún becario en los grupos de discusión. Los posdoctorales creen más bien que la beca tiene como finalidad la participación del becario en las publicaciones y la formación de su currículum. 2. La percepción del futuro de los becarios y la situación real Teniendo en cuenta que el 85,6 por ciento de los becarios quieren quedarse en un centro público de investigación o universidad, su percepción del futuro no parece muy halagüeña como consecuencia de dos factores. Por un lado, los becarios mantienen que no pueden conseguir un contrato en las universidades o en los centros públicos de investigación, y casi un 70 por ciento considera que el sistema de reclutamiento es poco meritocrático, al contrario de lo que ocurre en la adjudicación de las becas. Las personas becadas son normalmente aquellas que tienen los mejores expedientes. Otros miembros del equipo investigador, al no poseer un expediente académico competitivo, no pueden optar por una beca. Sin embargo, pueden conseguir (y consiguen) un contrato de profesor ayudante o de profesor asociado en la universidad o el equivalente en el centro de investigación. Una vez dentro del sistema, un 80,9 por ciento de los encuestados cree que estos profesores ayudantes y becarios tienen más posibilidades que los becarios de hacer la carrera en la universidad y en los centros de investigación. Estas manifestaciones muestran el pesimismo que reina entre los becarios acerca de sus posibilidades para incorporarse con un contrato en un centro público de investigación. Una posible solución que apuntaron en los distintos grupos de discusión a este problema consistía en vincular el número de becas al número de contratos posteriores. Cerca de las tres cuartas partes de los becarios pre y posdoctorales apoyaban esta propuesta. Esta cuestión, sin embargo, divide a los tutores quienes se reparten por mitades entre quienes piensan que debería existir dicha vinculación y quienes se manifiestan en desacuerdo. La visión divergente entre tutores y becarios se debe fundamentalmente a que los becarios parecen identificar la existencia de contratos en los centros públicos de investigación con sus perspectivas laborales; mientras que los tutores parecen mantener que una vinculación entre número de becas y número de contratos reduciría la competitividad del sistema. Por otro lado, un segundo obstáculo identificado sobre el futuro de los becarios consiste en la dificultad de abrirse camino en la realización de actividades de I+D en la empresa privada, una vez conseguido el doctorado. Dos tercios de los becarios creen que no tienen posibilidades de integrarse en actividades investigadoras en organismos y empresas privadas. Además un 70,9 por ciento piensa que el título de doctor no es valorado en las empresas privadas. Estas percepciones hacen que todos los esfuerzos de los becarios se concentren en quedarse en el sector público. En consecuencia, existe un choque entre los deseos y las expectativas de los becarios de quedarse investigando en la universidad o en los centros de investigación donde disfrutan de la beca y las posibilidades reales de encontrar un puesto de trabajo en estos centros. Por su parte, la Administración parece buscar la formación de un tejido de I+D, para que nutra las redes no sólo de los centros públicos de investigación sino también de las empresas privadas. La disociación de los objetivos de los becarios y de la Administración puede deberse a la concepción que transmite la beca. La beca transmite una idea de formación y de constituir un peldaño clásico en la carrera investigadora. Por lo tanto, si la Administración propicia la formación de los becarios, pero no garantiza su continuidad en el futuro en el mismo centro o en un centro público equivalente, se considera que se está malgastando el dinero. Es posible que esta percepción no se transmitiera con la sustitución de las becas (al menos las posdoctorales) por contratos laborales. Tabla 1 Situación actual de los becarios
que han terminado la beca
La percepción sobre el futuro se contrastó con la situación actual de los becarios que ya habían finalizado la beca, es decir, un 51,6 por ciento de los becarios encuestados (véase la tabla). La situación no parece la óptima. Si bien tres cuartas partes de los becarios han conseguido un puesto de trabajo, el desempleo es alto (13,7 por ciento), superior al desempleo medio de la población española (9,1 por ciento) y madrileña (7,8 por ciento) en el momento de hacerse el trabajo de campo de la encuesta, es decir, diciembre de 2002. El hecho de que el 8,9 por ciento de los ex becarios de la Comunidad de Madrid hayan pedido otra beca tampoco es muy positivo, pues la mayoría de ellos optan por la beca para no estar en el paro. La situación de desempleo no se distribuye de forma homogénea según las áreas. A menor nivel de experimentalidad mayor es el desempleo y a mayor nivel de experimentalidad mayor es el número de personas que consiguen por una beca, una vez que se ha acabado la de la Comunidad de Madrid. ![]() 3. La ausencia de derechos sociales Es muy posible que las expectativas de futuro y la situación de los becarios que terminan influyan en la demanda más importante de los becarios: la incorporación de derechos sociales a la beca. El razonamiento que se hacen los becarios se resume a continuación. Si las expectativas de futuro no son halagüeñas, al menos, las prestaciones por desempleo y la cotización a la seguridad social podrían amortiguar una entrada tardía en el mercado laboral. Si la Administración no puede garantizar la continuidad de los becarios en el sistema público de investigación y la empresa tampoco puede absorber a los becarios, muchos de los cuales tienen el grado de doctor, se podría computar el período de investigación como período laboral. Para ello, la beca debería convertirse en contrato en ese caso. De esta forma, el becario solicitante de un trabajo en una empresa privada puede argumentar que tiene experiencia laboral, pues los empresarios consideran al becario como un mero estudiante, y no valoran adecuadamente las horas de trabajo de campo de muchos de los investigadores. La consolidación de las becas (al menos las posdoctorales) como contratos laborales, también tendría otras ventajas, pues al permitir la obtención de la prestación de desempleo a los becarios en busca de trabajo. Además, el contrato laboral implica la cotización a la seguridad social, aspecto que no es baladí sobre todo para muchos becarios que tienen más de 35 años. La cuestión de los derechos sociales fue objeto de numerosos debates y quejas en los grupos de discusión, al constituir la preocupación más importante de los becarios. Este discurso de queja también caló en los grupos de tutores, y se enmarca en el ámbito de las reivindicaciones que las distintas asociaciones de becarios están realizando en toda España ante diversas instituciones como el parlamento nacional, algunos parlamentos autonómicos y el defensor del pueblo, entre otros. Existen dos argumentos en contra de la conversión de las becas en contratos de trabajo. Por un lado, la beca parece tener esencialmente un componente formativo, por lo que no se puede aplicar una relación laboral según la legislación. Este componente formativo queda muy claro en las becas predoctorales, ya que éstas incluyen el período de los cursos de doctorado. Por otro lado, la conversión de la beca en contrato supondría mayores costes por persona contratada, con lo que disminuiría el número de contratos destinados a la investigación en comparación con el número de becas. Dado que no existe ninguna restricción legal para que se cambien los términos en los que se formulan las becas, y éstas pueden ser transformadas en un contrato, el problema que se plantea es el de decidir si se aumenta la calidad de las becas (transformándolas en contratos) a costa de su cantidad o viceversa. También pueden explorarse vías intermedias por las que se consideren como período formativo, es decir, como beca, la realización de los cursos de doctorado y la defensa del trabajo de investigación para obtener el DEA (Diploma de Estudios Avanzados) y como período laboral, es decir, como contrato, la realización de la tesis doctoral. 4. La gestión de la beca A diferencia de las noticias en los medios de comunicación que la deficiente gestión de las becas del Ministerio de Ciencia y Tecnología ha originado, los becarios y tutores de la Comunidad de Madrid se encuentran muy satisfechos con la gestión de la Consejería madrileña de Educación. Esta apreciación positiva no sólo apareció en los debates de los seis grupos de discusión moderados sino también en las respuestas a la encuesta telefónica. Las notas medias de los nueve ítems relacionados con la gestión de la beca por los que se preguntó superaron con creces el aprobado. Salvo en la categoría “satisfacción con la remuneración de la beca” que tiene una media de 6,7, el resto de las categorías obtienen una nota de notable (grado de información sobre la beca, satisfacción con el lugar de trabajo de la beca, con los medios materiales para desarrollarla, con la duración temporal, con la gestión por la Comunidad de Madrid y satisfacción con el tutor) e incluso de casi sobresaliente en la “satisfacción con el becario por parte de los tutores” y la “valoración de las estancias en el extranjero en el conjunto de la actividad investigadora”. |
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