Número 19, octubre - noviembre 2003
ESTRATEGIAS, CONOCIMIENTOS E INNOVACIÓN>> Tribuna de debate
 
  Marco conceptual de la relación entre innovación y tamaño organizativo

La evolución del entorno hacia procesos de crecimiento contrasta con la composición del tejido empresarial de las economías desarrolladas, claramente dominado por la PYME. Este contexto ha derivado en un debate acerca de la importancia del tamaño empresarial sobre el éxito en la adopción de innovaciones. Este papel ofrece una revisión de la investigación respecto a la relación entre la innovación y el tamaño organizativo. El resultado de este acercamiento teórico nos permite constatar que existen numerosas investigaciones sobre la citada relación, aunque la literatura sobre el tema no ha llegado todavía a un consenso en cuanto a su magnitud e intensidad, lo que limita la posibilidad de generalizar las conclusiones. Este planteamiento, más que una limitación, supone un incentivo para esclarecer las razones que justifican la heterogeneidad de resultados e incluso para aplicar un mecanismo que permita su integración.

     
César Camisón Zornoza
camison@emp.uji.es
Rafael Lapiedra Alcamí
lapiedra@emp.uji.es
Mercedes Segarra Ciprés
msegarra@emp.uji.es
Montse Boronat Navarro
mboronat@emp.uji.es
Universitat Jaume I Departamento de Administración de Empresas y Marketing  
   
 

[1]

1. Introducción.

El tamaño empresarial es un aspecto característico de las organizaciones objeto de intenso debate, favorecido por el contexto actual y la tendencia a la globalización de los mercados. La evolución del entorno hacia procesos de crecimiento contrasta con la composición del tejido empresarial de las economías desarrolladas, claramente dominado por la PYME.

La literatura manifiesta resultados contradictorios sobre la dirección y la intensidad de la relación entre tamaño e innovación. Por una parte, podemos encontrar investigaciones que señalan la existencia de una relación positiva, apuntando al tamaño organizativo como el mejor predictor de la innovación (Aragón-Correa y Cordón-Pozo, 2000; Sullivan y Kang, 1999; Damanpour, 1992; Dewar y Dutton, 1986; Ettlie, Bridges y O´Keefe, 1984; Kimberly y Evanisko, 1981; Moch y Morse, 1977; Aiken y Hage, 1971). Por otra parte, otras investigaciones defienden la existencia de una relación negativa (Wade, 1996; Aldrich y Auster, 1986; Hage, 1980). Por último, otros resultados encontrados señalan la inexistencia de dicha relación (Aiken, Bacharach y French, 1980).

El principal cometido de este trabajo es realizar una revisión de la literatura sobre los diferentes conceptos y formas de medición de las variables tamaño e innovación, como primer paso, para explicar los resultados contradictorios alcanzados por estudios empíricos que tienen como objeto de análisis la relación entre tamaño empresarial e innovación. Con ello, podremos evaluar, en futuras investigaciones, la capacidad explicativa de la variable tamaño sobre la innovación, y el potencial efecto moderador que sobre dicha asociación ejercen las formas de medida (de las variables dependiente e independiente) y otras variables metodológicas y teóricamente relevantes.

2. Concepto de innovación.

El término "innovación" ha sido analizado desde múltiples perspectivas y diferentes disciplinas, alcanzando una amplitud conceptual que merece ser tenida en cuenta, y que ha sido reconocida por autores como Nieto (2002). Incluso organismos como la OCDE, conscientes de esta confusión y de los problemas que ello implica, publicaron el Manual de Oslo (OCDE, 1997), en el que se aclaran algunos aspectos conceptuales sobre los tipos de innovación. Uno de los conceptos de innovación más amplios es el legado por Schumpeter (1934), definiéndola como: 1) la introducción de un nuevo bien o de un nuevo tipo de bienes en el mercado, 2) la introducción en una industria de una nueva forma de producción, 3) la apertura de un nuevo mercado en un país, 4) la obtención de nuevas fuentes de aprovisionamiento de materias primas o de productos semielaborados, 5) la implantación de una nueva estructura en el mercado.

Sin embargo, aunque las investigaciones sobre innovación han sido numerosas [2], no se ha desarrollado una teoría integradora del proceso de innovación en el que estén implicados todos los tipos de innovación; este cometido entraña una dificultad que ya apuntaban Downs y Mohr (1976), puesto que una teoría universal puede ser inapropiada dadas las diferencias fundamentales que existen entre los tipos de innovación. Algunos autores (Van de Ven y Rogers, 1988) defienden el desarrollo de una teoría de la innovación que especifique las condiciones bajo las cuales se aplican las distintas teorías, así como la relación entre éstas.

Se pueden diferenciar dos vertientes referentes a la innovación organizativa: la adopción de innovaciones como respuesta a los cambios del entorno, enfoque en el cual se encuadran los autores para quienes los cambios externos son incontrolables, sosteniéndose que para que la organización tenga éxito en la adopción de innovaciones deberá adaptarse a esos cambios, alterando características organizativas tales como su estructura o procesos (Lawrence y Lorsch, 1967); y, por otra parte, la adopción de innovaciones como estrategia de cambio del entorno, postura secundada por quienes estiman que las organizaciones no reaccionan ante los cambios externos, sino que son ellas las que desarrollan cambios internos inductores de alteraciones de su medio ambiente.

La conceptuación del proceso de innovación por parte de la organización ha evolucionado recientemente hacia la unión de estas dos vertientes. Esta tesis fue defendida por Baldridge y Burnham (1975) al argumentar que la relación entre el entorno y la organización puede influir en el proceso de innovación. A este respecto, la literatura posterior se ha pronunciado, en parte, en el mismo sentido, es decir, apoyando la relación positiva entre la incertidumbre del entorno y la innovación. Existe un cierto consenso en que los cambios rápidos en el entorno justifican el proceso de innovación en una organización (Ettlie, Bridges y O´Keefe, 1984; Pierce y Delbecq, 1977; Zaltman, Duncan y Holbek, 1973). Sin embargo, existen diferencias en cuanto a la intensidad de la relación, puesto que mientras Muñoz (1998) otorga una gran importancia al entorno como desencadenante del proceso, Kimberly y Evanisko (1981) y Meyer y Goes (1988) conceden más importancia explicativa a las características propias de la innovación y a las variables organizativas. En esta segunda línea, investigaciones como las de Kim (1980) se han preguntado por qué, dado un mismo entorno, existen organizaciones que son más innovadoras que otras, y cuáles son las características de esas organizaciones innovadoras; dentro de esta corriente se han desarrollado estudios que consideran que las características estructurales están más altamente relacionadas con la innovación que las características o actitudes individuales dentro de la organización (Hage y Aiken, 1967). Siguiendo una pauta equilibrada, Russell y Russell (1992) defienden que la relación entre organización y entorno es recíproca y que los entornos complejos y dinámicos generan mayores posibilidades de innovación. Igualmente, Damanpour y Gopalakrishnan (2001) consideran que el entorno y la organización interactúan provocando este tipo de acción, puesto que "la adopción de innovaciones es como un medio de la organización para adaptarse al entorno, o como forma de previsión ante cambios en el entorno, y con la finalidad de incrementar o mantener su eficacia y competitividad". A esta visión más amplia se suscriben trabajos como el de Anderson y King (1993), donde los elementos analizados se señalan como promotores o inhibidores de la innovación organizativa, considerando simultáneamente factores internos y externos de la organización, entre otros: los líderes, la estructura, la estrategia, la cultura organizativa y el entorno.

3. Dimensiones de la innovación.

Ya se ha señalado que trabajos como los Subramanian y Nilakanta (1996), Wolfe (1994) y Damanpour (1992) apuntan como una de las causas de las contradicciones e inconsistencias de los resultados, en las investigaciones sobre la relación entre innovación y cualesquiera variables dependientes, el carácter multidimensional de la innovación. Por tanto, para entender mejor este tópico será conveniente diferenciar entre los distintos tipos de innovación. Algunas revisiones sobre la investigación en innovación han aportado una clasificación del citado concepto (Gopalakrishnan y Damanpour, 1997; Damanpour, 1991) considerando cuatro dimensiones: etapas del proceso de innovación, nivel de análisis, tipos de innovación y alcance de la innovación.

Etapas del proceso de innovación

Se pueden distinguir dos tipos de procesos de innovación según si se considera a la organización como generadora o como adoptante de la innovación. La organización como generadora de innovación resuelve problemas y toma decisiones que impliquen el desarrollo de nuevos productos y procesos (Pinchot, 1985; Utterback, 1971). El éxito de la fase de generación reside en la habilidad que posee la organización para explotar la innovación para su propio aprovechamiento o para difundirla a través de la industria (Gopalakrishnan y Damanpour, 1997).

La organización como adoptante de la innovación toma decisiones que permiten realizar actividades encaminadas a desarrollar la utilización de una innovación. Según esto, Zaltman, Duncan y Holbek (1973) diferenciaron dos etapas del proceso de innovación: iniciación e implementación. La etapa de iniciación incluye actividades relativas a la percepción del problema, recogida de información, formación de una actitud hacia la innovación y su evaluación; por lo que en esta etapa cobran importancia las habilidades individuales. En la etapa de implementación se toma la decisión sobre la adopción de la innovación y se desarrollan actividades tales como la utilización inicial de la innovación hasta que se convierte en una norma y su estabilización. La consecución de esta etapa depende en mayor medida de las habilidades de los grupos puesto que la puesta en práctica supone un cambio en sus sistemas, estructuras y comportamientos para conseguir que la innovación se convierta en una norma en la organización (Damanpour, 1992).

El éxito de la adopción de innovaciones dependerá de las características organizativas, aunque la iniciación y la implementación requieren características distintas para su consecución (Marino, 1982; Zmud, 1982; Zaltman, Duncan y Holbek, 1973). Mientras la etapa de iniciación requiere mayor complejidad organizativa, unas bajas formalización y centralización, la etapa de implementación precisa de estructuras más centralizadas y formalizadas (Duncan, 1976).

Nivel de análisis

Gopalakrishnan y Damanpour (1997) distinguieron cuatro niveles de análisis de la innovación: la industria, la organización, las subunidades organizativas y la propia innovación.

Por lo que respecta a la industria como nivel de análisis diferenciaron entre dos tipos de estudios, que denominaron: el enfoque extra-industria, en el que se identifican factores que distinguen patrones de desarrollo de la innovación y su magnitud entre las industrias, y el enfoque intra-industria, que identifica las diferencias en la adopción de innovaciones entre organizaciones dentro de una industria.

En cuanto a la organización, distingue entre estudios que: se centran en los resultados, que son los que tratan de identificar características contextuales, estructurales y de comportamiento que permitan diferenciar entre organizaciones innovadoras y no innovadoras; y los que se centran en el proceso, que tratan de describir una amplia clasificación de hechos en relación con el proceso de innovación.

Las subunidades más utilizadas en la investigación sobre innovación como nivel de análisis son los departamentos, en concreto los departamentos de I+D, y las unidades estratégicas de negocio. Tópicos usuales en los estudios centrados en el departamento de I+D son los factores que puedan afectar a su funcionamiento y desempeño, así como la interacción entre esta subunidad y otras áreas funcionales.

Por último, siguiendo a Downs y Mohr (1976), dividen las características de la innovación en dos grupos: aquellos rasgos que no varían respecto de una organización o de la percepción que tiene la industria de ellas, como son el tamaño o el coste; y los atributos secundarios que varían en función de la organización (subjetivas) o de la percepción que tenga la industria de ellos, como puede ser una ventaja relativa.

Tipos de innovación

Los tipos de innovación más reiterados en la literatura distinguen entre innovación técnica frente a innovación administrativa, innovación en producto frente a innovación proceso, e innovación radical frente a innovación gradual.

Innovación técnica frente a innovación administrativa

Esta distinción se apoya en la idea de que el proceso de adopción en cada uno de los casos se inicia en distintos puntos de la organización y sigue caminos también diferentes (Damanpour, 1996; Kimberly y Evanisko, 1981; Daft, 1978). Una de las teorías que nos ayuda a diferenciar los dos tipos de innovación es el modelo "dual-core" (Daft, 1982, 1978), en el que se propone la existencia dentro de la organización de dos áreas diferenciadas, la técnica y la administrativa, aunque cada una se caracteriza por tener objetivos, actividades y participantes bien diferenciados. No obstante, el buen funcionamiento de la organización requiere que los dos sistemas se encuentren en equilibrio, según la perspectiva del sistema sociotécnico. Una empresa no debe introducir innovaciones de un tipo, si no adopta también cambios en el otro sistema, ya que este desequilibrio redundaría en un menor desempeño. Así, esta primera clasificación atiende tanto a los distintos procesos de generación y adopción de la innovación, como a la propia naturaleza de la innovación y de la organización, en la que se puede encontrar dos áreas diferenciadas. De aquí puede deducirse que existirán variables que estén más directamente relacionadas con un tipo de innovación u otro, o por lo menos, que faciliten o dificulten un determinado proceso de adopción de la innovación.

Se hace, por tanto, necesario diferenciar los dos tipos de innovación. La innovación de tipo técnico estaría relacionada tanto con productos y servicios, como con el proceso productivo tecnológico y las operaciones de servicios. Por ello se encuentra estrechamente vinculada a la actividad principal de la empresa (Damanpour, 1992; Damanpour y Evan, 1984; Kimberly y Evanisko, 1981; Daft, 1978; Knight, 1967). Siguiendo a los citados autores, en la innovación administrativa la idea está relacionada con la estructura y dirección de la organización, con los procesos administrativos y con los recursos humanos. Se incluyen aquí tareas, reglas, procedimientos y estructuras, y pueden afectar a las relaciones entre el personal y la dirección, y entre éstos y el entorno.

Innovación en producto frente a innovación en proceso

También en este caso se pretende atender tanto a los atributos que poseen de manera diferenciada, como a determinadas variables organizativas que pueden condicionar la adopción de un tipo u otro de innovación.

En cuanto a las innovaciones en proceso son menos tangibles y son percibidas como más difíciles de implementar (Ettlie y Reza, 1992; Frost y Egri, 1991). Al igual que sucede con las innovaciones de tipo técnico, todos estos atributos hacen que las de producto sean más posibles de imitar (Daft, 1992). En cambio, las innovaciones en proceso y las administrativas son más específicas de la organización, ya que no pueden ser copiadas sin realizar cambios en la estructura organizativa y en los sistemas administrativos (Ettlie y Reza, 1992), para hacerlas compatibles con su cultura y su estructura (Damanpour, 1996).

Además, las habilidades de la empresa para desarrollar innovaciones de un tipo u otro son distintas. La organización que esté más orientada hacia las necesidades del consumidor y hacia el diseño y producción de productos y desarrollo de mercados, innovará en producto. En cambio, la empresa más centrada en la tecnología introducirá innovaciones de proceso, para incrementar la eficiencia del desarrollo de productos y la comercialización (Damanpour y Gopalakrishnan, 2001; Damanpour, 1996; Ettlie, Bridges y O´Keefe, 1984). Por tanto, el primer tipo está más enfocado al mercado, mientras que el segundo, se encuentra más internamente centrado (Utterback y Abernathy, 1975).

Damanpour y Gopalakrishnan (2001) concluyeron que la adopción de ambos tipos de innovaciones sucede de manera más sincronizada, ya que es difícil separar la introducción de nuevos productos, de los procesos en los que se apoyan. Esta simultaneidad tiene un efecto positivo en el desempeño de la organización (Damanpour y Gopalakrishnan, 2001; Capon et al., 1992).

Así, la innovación en producto queda definida como nueva tecnología o combinación de tecnologías que lleva a desarrollar nuevos productos o servicios introducidos para responder a un uso externo o a una necesidad de mercado, y por tanto, pueden incrementar o expandir el dominio de la empresa. A su vez, la innovación en proceso es definida como nuevos elementos, equipo o métodos introducidos en el sistema productivo de la empresa o en las operaciones de servicios, para producir un producto o prestar un servicio (Damanpour y Gopalakrishnan, 2001; Damanpour, 1991; Zmud, 1982; Utterback y Abernathy, 1975). Ejemplos de este segundo tipo de innovación son nuevos inputs, nuevo equipo o nuevos mecanismos de flujos de información.

Innovación radical frente a innovación gradual

Diversas investigaciones han estudiado las diferencias entre innovación radical y gradual, así como los factores que favorecen su desarrollo (Chandy y Tellis, 1998; Damanpour, 1996; Dewar y Dutton, 1986; Ettlie, Bridges y O´Keefe, 1984). La innovación radical produce cambios fundamentales en las actividades de una organización o de una industria con respecto a las prácticas existentes; en cambio, la innovación gradual representa cambios marginales respecto a las prácticas habituales (Gopalakrishnan y Damanpour, 1997).

Ettlie, Bridges y O´Keefe (1984) señalan que la adopción de innovaciones radicales ocurre más frecuentemente en empresas con una política tecnológica más agresiva; mientras que las graduales son adoptadas con mayor frecuencia por empresas más descentralizadas y formalizadas. Esta mayor descentralización como factor predictor de las innovaciones graduales se justifica por la existencia de un mayor poder individual para imponer pequeñas mejoras y porque no existe una autoridad que esté cuestionándolas constantemente. Por otra parte, las innovaciones radicales se caracterizan por su originalidad, la mayor dificultad para su adopción por parte de los miembros de la organización y por la incertidumbre que generan sobre los requisitos estructurales adecuados para desarrollarlas e implementarlas (Gopalakrishnan y Damanpour, 1994; Pelz, 1983).

En definitiva, estamos hablando de capacidades distintas según el tipo de innovación, es decir, las innovaciones radicales y graduales tienen consecuencias competitivas diferentes debido a que requieren capacidades organizativas distintas para su desarrollo. Mientras que las innovaciones radicales obligan a plantear nuevas cuestiones, desarrollar nuevas habilidades técnicas y comerciales y nuevas formas de solucionar problemas, las innovaciones graduales refuerzan las capacidades existentes en la organización (Henderson y Clark, 1990).

Aunque diversos estudios han tratado de distinguir entre innovación radical y gradual, no obstante, queremos hacer constar otros datos facilitados por Adler (1989) que sostiene que la dificultad de separar un tipo de innovación de otro puede tener cierto sentido puesto que la combinación de innovaciones graduales puede derivar en una importante ruptura tecnológica, más propia de las innovaciones radicales.

Alcance de la innovación

Otra de las consideraciones a tener en cuenta, ya que puede ejercer también un efecto moderador en el estudio de la innovación y su relación con otras variables, es el alcance de la innovación (Damanpour, 1991). Por alcance entendemos el número de innovaciones que se incluyen en los estudios empíricos que analizan la relación e influencia de la variable tamaño, entre otras, sobre la innovación.

Debido a que algunos trabajos empíricos se basan únicamente en unas pocas innovaciones adoptadas por las empresas que conforman su muestra, mientras que otros consideran todas las innovaciones que se han llevado a cabo, creemos interesante diferenciarlos en función de esta característica, ya que puede ser una de las causas de la incongruencia de los resultados alcanzados hasta el momento en el estudio de la relación tamaño e innovación.

Los estudios que incluyen la adopción de múltiples innovaciones en el tiempo representan mejor el grado de innovación de una organización que aquellos que sólo incluyen una innovación. En cambio, los estudios de una única innovación contribuyen a una mejor comprensión del proceso de adopción.

4. Concepto de tamaño.

Kimberly (1976) ya apuntó que la relación entre tamaño y otras características de la organización está influida tanto por la forma de conceptuar como de medir el tamaño. Estudios posteriores han constatado este hecho, como es el caso de los trabajos meta-analíticos sobre la relación entre tamaño y resultados de la empresa, que advierten que las diferentes medidas de la variable tamaño se comportan como un efecto moderador de la relación en cuestión (Camisón, 2001; Szymanski, Bharadwaj y Varadarajan, 1993; Gooding y Wagner, 1985). En el caso de estudios sobre la relación entre tamaño e innovación, también la variable tamaño se comporta como moderadora de la citada relación (Damanpour, 1992). Por tanto, la manera de definir y medir el tamaño organizativo es una cuestión básica, porque los resultados de las investigaciones pueden variar en función de la conceptuación y medición de la variable.

Una forma de avanzar hacia el esclarecimiento de esta cuestión es estudiar las perspectivas que han adoptado las definiciones previas. Una clasificación amplia es la sugerida por Brooksbank (1991), que distingue entre conceptos de corte cuantitativo y de corte cualitativo.

Las definiciones cuantitativas de tamaño son las más frecuentes (ENSR, 1993, 1997; Wynarczyk et al., 1993; Damanpour, 1992; Gooding y Wagner, 1985; Mayes, 1983). Se caracterizan todas ellas por el escaso rigor teórico en su justificación, y subsiguientemente por el reducido consenso sobre qué se entiende por pequeña, mediana y gran empresa. Encontramos aquí desde definiciones simples basadas en un único indicador, hasta definiciones que pretenden ser más robustas combinando varios índices.

Aún teniendo en cuenta la elevada aparición en la literatura del número de trabajadores como medida del tamaño, Kimberly (1976) consideró la variable tamaño como un constructo multidimensional puesto que muchas medidas aparecen en la investigación reflejando diferentes dimensiones, en concreto, cuatro: la capacidad física de la organización, el número de empleados, el volumen de input y output y los recursos financieros. La medida de capacidad física (Goes y Park, 1997; Kimberly y Evanisko, 1981; Kaluzny, Veney y Gentry, 1974) está representada por el número de camas en estudios de hospitales, aunque este tipo de medida puede estar influido por variables tales como la tecnología, conceptualmente independientes. El número de empleados (Ettlie, 1998; Sengupta, 1998; Kim, 1980; Glisson y Martin, 1980; Blau y McKinley, 1979) es la medida más empleada en la literatura aunque se debe tener en cuenta que puede tener distintas implicaciones según el tipo de empresa que se considere. Las medidas relativas al input (Daft y Becker, 1978; Baldridge y Burnham, 1975) hacen referencia al volumen de trabajo al que se enfrenta una organización en un periodo determinado de tiempo y se asocia con medidas como el número de estudiantes matriculados o el número de presos en una cárcel; en cambio, las medidas de output (Balkin, Markman y Gómez-Mejía, 2000; Sharma y Kesner, 1996) tienen que ver con el grado de éxito de una organización en un periodo de tiempo dado, un ejemplo del cual es el volumen de ventas o el número de clientes atendidos. Por último, los recursos financieros (Nohria y Gulati, 1996; Damanpour, 1987) han sido medidos en términos de riqueza de la organización y activos netos.

La única ventaja reseñable del criterio cuantitativo es su simplicidad de aplicación, dada la relativa accesibilidad y objetividad de los datos. Sin embargo, presenta varios problemas importantes. La cuestión de la fijación de umbrales como criterio clasificatorio es harto difícil, dada la arbitrariedad implícita a cualquier elección por carecer de base teórica. Además, está el problema de la medición del tamaño, una vez se ha adoptado el criterio cuantitativo, y las complicaciones que las diferentes medidas crean para la comparación en cuatro niveles: entre empresas, intra-industria, entre industrias y entre países.

Otro problema de medición es si recurrir a una medida directa o a una transformación logarítmica de los datos brutos. Kimberly y Evanisko (1981) aconsejan la utilización de la variable tamaño transformada, porque permite la reducción de la varianza de la distribución de valores a lo largo de la muestra. En cualquier caso, los mismos autores señalan que la elección de la variable dimensión transformada logarítmicamente debería estar presidida por la forma teórica que adopta la selección entre tamaño y variable dependiente (lineal versus no lineal); ya que, al aplicar la transformación se está asumiendo una relación curvilínea entre la variable tamaño y la variable dependiente, debe comprobarse si dicha curvilinealidad se cumple, antes de aplicar la transformación logarítmica.

Las definiciones cualitativas intentan minimizar los problemas implícitos a las definiciones cuantitativas, buscando un cierto sustrato teórico para la cuantificación. Los conceptos más usuales intentan teorizar las diferencias de tamaño entre las empresas reflexionando sobre los efectos del tamaño sobre las organizaciones.

La definición cualitativa de una configuración conceptual más plena del tamaño, asentada en una fuerte base teórica, permite seleccionar un amplio rango de criterios de dimensión intuitivamente relevantes tales como la independencia jurídica, aspectos relativos a su modelo de organización de la producción, forma de gestión, sistemas de planificación y control, sistemas de medición del desempeño, sistemas de gestión de recursos humanos, relaciones con otras empresas, y estructura de propiedad y control.

Aún así, la definición cualitativa no deja de tener problemas, aunque ahora no son tanto de insuficiente conceptuación teórica sino de su operativización. Los criterios cualitativos no siempre tienen la ventaja de accesibilidad y objetividad de puntos de corte que tienen los cuantitativos. Otra dificultad deriva del potencialmente elevado número de criterios involucrados.

Estas reflexiones conducen a pensar que el tamaño, como constructo multidimensional, está representado en dimensiones igualmente importantes por criterios cuantitativos y cualitativos. Por un lado, la dimensión de una organización viene determinada por su escala absoluta de operaciones, toda vez que la estrategia de la empresa está inevitablemente condicionada por su base de recursos y operaciones. Por otro lado, dado que empresas de distinto tamaño se diferencian acusadamente por un amplio rango de características cualitativas estratégicamente relevantes, la dimensión organizativa debe también recoger este perfil propio.

5. Conclusiones.

La literatura existente sobre la relación entre tamaño de empresa e innovación no ha supuesto un claro avance, puesto que no se ha encontrado un consenso en cuanto a la intensidad y la dirección de la citada relación.

Tratando de indagar más en dicha diversidad de conclusiones nos detenemos en algunos de los estudios cuyo tópico sea la relación tamaño e innovación. Una gran parte de la literatura mantiene que existe una relación entre tamaño e innovación, y parte de ésta defiende la existencia de una relación positiva. En principio, las grandes organizaciones poseen recursos y capacidades más complejos y diversos, principalmente en cuanto a número de profesionales (Damanpour y Evan, 1984) así como un mayor conocimiento técnico, que les permiten la adopción de un mayor número de innovaciones (Nord y Tucker, 1987). Además, las grandes organizaciones son capaces de hacer frente a las pérdidas ocasionadas por fracasos de las innovaciones, y por tanto, son capaces de asumir mayores riesgos (Damanpour, 1992; Hitt, Hoskisson e Ireland, 1990).

Aunque el tamaño tenga un efecto considerable sobre la adopción de innovaciones no hay que descuidar el efecto de otras variables, como son los atributos organizativos que potenciarán el desarrollo de ciertas innovaciones pero también la inhibición de otras (Moch y Morse, 1977). También cabe destacar las investigaciones que consideran la influencia de determinados factores como promotores e inhibidores de la adopción de innovaciones, como pueden ser el entorno (Aragón-Correa y Cordón-Pozo, 2000) y la estrategia, o más internamente, el diagnóstico estratégico de las competencias tecnológicas (Bueno y Morcillo, 1997).

Por otra parte, Kimberly y Evanisko (1981) argumentan que el incremento del tamaño facilita la adopción de innovaciones, puesto que tales organizaciones disponen de un mayor volumen de actividad y, por tanto, son capaces de asumir las implicaciones derivadas de las innovaciones; en concreto, en su estudio demuestran que el tamaño es el mejor predictor tanto de las innovaciones técnicas como de las administrativas. Aunque no tratan de generalizar sus conclusiones, dejando abierto un interrogante cuando afirman que los efectos del tamaño pueden variar en función de la naturaleza de la innovación de que se trate, por lo que no debería asumirse una relación positiva entre tamaño e innovación.

Este interrogante queda justificado por otros resultados que demuestran la existencia de una relación negativa entre tamaño e innovación. Estos resultados se apoyan en las ventajas inherentes a la PYME, entre otras, la flexibilidad de dichas empresas que les permite adaptarse y mejorar con mayor facilidad; además, tienen menos dificultad para aceptar e implementar los cambios (Damanpour, 1996). También las desventajas inherentes a un gran tamaño se comportan como inhibidores del comportamiento innovador, puesto que las grandes organizaciones se caracterizan por una estructura más formalizada, el ambiente organizativo es más burocrático, lo cual afecta negativamente a la cultura de apoyo a la innovación, por lo que se reduce el compromiso directivo con la innovación (Hitt, Hoskisson e Ireland, 1990). Así, cuanto mayor es el crecimiento de las organizaciones, la eficiencia en la I+D es menor debido a la pérdida de control directivo o por un excesivo control burocrático (Scherer y Ross, 1990). También encontramos estudios en los que el tamaño y la innovación no están relacionados (Aiken, Bacharach y French, 1980).

Algunos autores asumen que la divergencia de resultados entre tamaño e innovación se debe más a razones metodológicas que teóricas, en concreto cuando tratan de justificar la escasa coherencia que tiene la existencia de una relación negativa entre las variables mencionadas (Subramanian y Nilakanta, 1996; Damanpour, 1992). Damanpour (1992), en su meta-análisis, apunta varios efectos moderadores de la relación tamaño e innovación: (1) el tipo de innovación, (2) el tipo de organización, (3) la etapa de adopción de la innovación, (4) la medida del tamaño y (5) el alcance de la innovación.

Si tenemos en cuenta esta clasificación de efectos moderadores e indagamos en su influencia sobre la relación objeto de estudio podremos realizar comparaciones más fiables. No se trata de llegar a una forma de medición universal. Así, la recomendación sería que la elección en las formas de medición de ambas variables no se haga de manera arbitraria, si no que debe considerarse cómo se han tratado estas variables en estudios anteriores que perseguían el mismo objetivo. Tal y como también señalan Gopalakrishnan y Damanpour (1997) la defensa de una mejor definición queda bajo el juicio del investigador y en consonancia con el estudio que se pretenda desarrollar. Según esto, dichos autores han establecido una serie de criterios delimitadores de la mejor opción en relación con la innovación, supeditada al objetivo del trabajo a realizar, que incluye los siguientes pasos: (1) especificación de la fase del proceso de innovación en que se centra el estudio; (2) concreción de la unidad de análisis de la investigación; (3) delimitación del tipo de innovación que se pretende estudiar.

Para finalizar, señalamos de nuevo que la heterogeneidad de resultados no permite avanzar en el conocimiento de la relación entre tamaño e innovación, por lo que antes de seguir aumentado las distancias y sumando nuestras investigaciones a uno de los tres posibles tipos de resultados, deberemos preguntarnos a qué se debe tal divergencia.

Todo ello con el fin de que la forma de operativizar las variables tamaño e innovación no suponga un efecto moderador de su relación y permita comparar nuestros resultados con estudios de las mismas características. Y, finalmente, podamos esclarecer la razón por la que existen resultados contradictorios, que en futuras investigaciones trataremos de justificar defendiendo razones conceptuales y metodológicas.

6. Limitaciones y futuras líneas de investigación.

La principal limitación del presente trabajo se deriva de la propia naturaleza de las revisiones narrativas, principalmente supone una falta de integración de las distintas visiones sobre el estado de la cuestión y de contraste empírico de los resultados.

Por otra parte, la revisión cualitativa nos ha permitido comprobar la variedad conceptual de los tópicos tamaño e innovación así como la falta de consenso en la literatura sobre la asociación entre las citadas variables. Así, aunque este tipo de revisiones no nos permita generalizar las conclusiones, debe ser un primer paso en toda investigación que nos ayude a detectar lagunas de conocimiento o contradicciones manifiestas sobre un mismo tema, entre otras razones; estos planteamientos más que una limitación suponen un incentivo para esclarecer las razones que justifican la heterogeneidad de resultados, aplicando un mecanismo cuantitativo que permita su integración.

Así, la revisión teórica de los conceptos de tamaño e innovación y la revisión de la literatura con respecto al tipo de relación entre ambos, es un primer paso que nos ha permitido dar luz sobre la divergencia y heterogeneidad de los resultados hallados en dicha tarea, por lo que como siguiente paso a la investigación iniciada, planteamos como principal objetivo intentar esclarecer la dirección de la relación entre tamaño e innovación, apuntando como posibles variables moderadoras de la citada relación, entre otras, su forma de medición, así como la influencia de otras variables teóricas, puesto que la omisión de éstas puede también acarrear diferencias en las conclusiones obtenidas. En función de su naturaleza, se han clasificado en cinco grandes grupos, que van parejos con distintas líneas de investigación. Así, podemos encontrar variables relativas a la estructura de mercado, como la concentración industrial o las barreras de entrada más próximas a la Economía Industrial. También se hace referencia a las variables referentes al atractivo del entorno genérico, aludiendo así a las hipótesis clásicas contingentes de la Teoría de la Organización. El tercero de los grupos incluye variables relativas a la dotación de recursos compartidos, externalidades o economías de aglomeración que pueden complementar la dotación individual de competencias. Las variables que hacen referencia a la estrategia competitiva se encuentran recogidas en el cuarto bloque. En el último grupo se recogen las variables relativas a recursos y capacidades, especialmente las basadas en activos intangibles, derivadas de la Teoría de Recursos y Capacidades y también de la Gestión Estratégica por Competencias. Una herramienta apropiada para desarrollar dicha investigación consiste en una revisión meta-analítica de los estudios empíricos que analizan la relación entre tamaño e innovación. La formulación del problema puede entenderse a partir del marco conceptual propuesto en el gráfico 1.

Bibliografía

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Gráfico 1



Notas :

[1] El presente trabajo forma parte de una investigación más amplia, acreedora ésta de una ayuda a la investigación concedida por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) perteneciente a su programa de ayudas 2001, tras ser valorado el proyecto favorablemente.

[2]  Algunos de los trabajos seminales en este campo son los de Dosi (ed., 2000), Ziman (ed., 2000), Boyer et al.(eds., 1998), Sutton (1998), Burns y Stalker (1994), Freeman (1982). Entre los trabajos españoles que han tratado este tópico cabe destacar los trabajos de Morcillo (1997, 1991, 1989), Pavón e Hidalgo (1997, 1994), Nieto (1995).