Número 20, diciembre 2003 - enero 2004
ESTRATEGIAS, CONOCIMIENTOS E INNOVACIÓN II>> Tribuna de debate
 
  Fuentes tecnológicas para la innovación. Algunos datos para la industria española.

Generalmente los estudios sobre innovación tecnológica se centran en el análisis de los gastos de I+D. Este trabajo presenta un análisis exploratorio de la influencia que tiene la I+D sobre la generación de innovaciones por parte de empresas industriales españolas. También aborda la relación de complementariedad entre las distintas fuentes de innovación que son ampliamente reconocidas por al literatura: proyectos de I+D, subcontratación y licencias, así como cooperación en el ámbito tecnológico. Los resultados indican que todas las fuentes tecnológicas complementan y refuerzan a las demás de manera significativa, pero la estrategia más frecuente seguida por la empresa española consiste en complementar las fuentes externas con internas y la I+D (externa e interna) con cooperación. Otra evidencia que arrojan los datos es que el empleo de las distintas fuentes de innovación aumenta la posibilidad de genrar nuevos productos y procesos, y la probabilidad es mayor cuanto mayor sea el número de fuentes empleadas por la empresa

     
Nuria López Mielgo
nlopez@correo.uniovi.es
José Manuel Montes Peón
jmmontes@correo.uniovi.es
Camilo José Vázquez Ordás
cvordas@correo.uniovi.es
Universidad de Oviedo  
   
 

1. INTRODUCCIÓN

Desde un punto de vista estratégico existen muchos factores que determinan el éxito de las empresas. La obtención de innovaciones de producto y de proceso es una herramienta competitiva fundamental por varios motivos: a) por la rapidez con la que evolucionan y se sustituyen las tecnologías; b) porque la mayor parte de los mercados se encuentran en una etapa de madurez, lo que hace necesario mejorar los procesos para reducir costes y/o renovar productos, y c) por la globalización del mercado, lo que intensifica la competencia y obliga a las empresas a mejorar su calidad y dinamismo. Todo ello hace que las empresas innovadoras sean capaces de crear ventajas competitivas sostenibles a largo plazo garantizando su rentabilidad y éxito en el mercado.

La innovación engloba un amplio conjunto de actividades dentro de las empresas, que contribuyen a generar nuevos conocimientos tecnológicos o a mejorar la utilización de los ya existentes. Estos conocimientos son aplicados a la obtención de nuevos bienes y servicios y nuevas formas de producción. Existen varios mecanismos a través de los cuales la empresa adquiere conocimientos y los convierte en activos organizativos. Con carácter general, se puede identificar tres importantes fuentes de adquisición de información tecnológica para la innovación. En primer lugar, una empresa innovadora puede desarrollar sus propias actividades de I+D+i, en su departamento de I+D o en otros departamentos. En segundo lugar, muchas empresas acuden a fuentes externas adquiriendo tecnología incorporada en bienes o activos (bienes de capital, herramientas o inputs del proceso productivo, como materiales o componentes) o bien conocimiento tecnológico no incorporado en ningún elemento material tangible, por ejemplo, subcontratando las actividades de investigación y desarrollo. La forma más común de adquirir tecnología es a través de licencias, pero las empresas también pueden utilizar un contrato de investigación, atraer personal o adquirir empresas cuya tecnología sea interesante. Una tercera fuente son los acuerdos de cooperación, en los que todos los socios contribuyen al producto final de investigación.

En este trabajo pretendemos analizar la importancia que tienen estas fuentes de información tecnológica para la empresa. Por un lado, se ha planteado que unas fuentes sustituyen a otras y las empresas efectúan un proceso de selección de la vía utilizada en la obtención de tecnología. Por otro lado, se argumenta que unas fuentes refuerzan y facilitan el acceso a las demás complementándose entre sí para la obtención de nuevas tecnologías. El trabajo se ha estructurado del siguiente modo. En primer lugar, se exponen los argumentos que justifican los diferentes comportamientos empresariales para, en segundo lugar, analizar el caso particular de la industria española. En último lugar, se recogen las principales conclusiones de este trabajo.

 

2. OPCIONES DE ABASTECIMIENTO TECNOLÓGICO PARA LA EMPRESA

Cerca de los años 70, la mayor parte de las innovaciones tecnológicas introducidas por las grandes empresas eran fruto de inversiones sistemáticas en I+D. Sin embargo, a lo largo de las décadas siguientes aparecen algunos sectores incapaces de internalizar los recursos necesarios para producir y comercializar nuevas tecnologías debido a la creciente complejidad y a la necesidad de dominar múltiples disciplinas para la innovación. Esto hace que las empresas opten por externalizar funciones de I+D, o por cooperar con otras empresas que presentan recursos complementarios.

Desde un punto de vista organizativo, estas alianzas poseen una naturaleza híbrida, intermedia entre la producción interna y la compra en el mercado. Pueden extenderse al ámbito de la fabricación o comercialización, facilitando incluso la colusión entre los socios (Katz y Ordover, 1990).

Figura 1. Fuentes de información tecnológica


Fuente: elaboración propia.

Las fuentes de aprovisionamiento tecnológico (figura 1) tienen como misión para la empresa generar innovaciones que se materializarán en productos y procesos novedosos y, a nivel macroeconómico, suponen la generalización de nuevas tecnologías en las distintas industrias. Sin embargo a nivel microeconómico, es decir, en el interior de las organizaciones, la innovación es sinónimo de aprendizaje tecnológico y se manifiesta a través de la creación y aplicación de nuevos conocimientos tecnológicos en las rutinas y actividades cotidianas de la empresa (Cuervo, 1999). Así, ambos términos (innovación y aprendizaje) se emplean para describir el mismo concepto –el avance y la variación experimentada por el volumen de tecnologías disponibles en un determinado periodo de tiempo– aunque referidos a distinto nivel de análisis (macro y micro respectivamente). En este sentido, a nivel microeconómico, la innovación surge en el interior de la empresa a partir de un stock de conocimientos o de tecnología inicial que le permite emprender un proceso de aprendizaje y generar como resultado nuevos conocimientos tecnológicos (Nonaka y Takeuchi, 1995).

La capacidad que una empresa tiene para innovar depende de su potencial para crear nuevo conocimiento, diseminarlo a través de la organización e incorporarlo en nuevos productos, servicios y procesos (Nonaka y Takeuchi, 1995). Bajo esta perspectiva, las empresas pueden considerarse como entidades de aprendizaje que continuamente están acumulando conocimientos en forma de rutinas operativas, las cuales contienen y transmiten la forma en que deben realizarse las tareas en la organización (Nelson y Winter, 1982).

Innovar sin una fuente tecnológica concreta

Una empresa puede generar innovaciones como consecuencia de múltiples causas, sin haber invertido en I+D previamente ni desarrollar acuerdos de cooperación. Por ejemplo, puede imitar una innovación de la competencia, puede beneficiarse del conocimiento generado en otros países o sectores, o simplemente, fruto de la casualidad.

Hasta fechas recientes, se ha identificado el proceso de innovación con el denominado aprendizaje por el estudio, mediante las inversiones en I+D realizadas, generalmente, en el departamento de I+D de la empresa. Sin embargo, la innovación abarca un amplio conjunto de actividades que se emprenden de manera sistemática y comprenden varias modalidades adicionales de aprendizaje –por la práctica, el uso, el error– que pueden surgir en cualquier departamento de la empresa y no necesariamente en el de I+D. El aprendizaje por la práctica (learning by doing) surge en el departamento de producción de manera espontánea (Arrow, 1962). Durante la repetición de las operaciones de producción, los operarios adquieren práctica y destrezas que les permite introducir pequeñas variaciones en el diseño inicial del proceso de cara a evitar errores, mejorar las prestaciones de los productos y facilitar su fabricación. El aprendizaje por el uso (learning by using) es especialmente intenso en los sectores de alta tecnología. Consiste en nutrir el conocimiento de la empresa a partir de la información que proporcionan los usuarios de la tecnología y los clientes de la empresa (Rosenberg, 1982). Las empresas que generan software informático son un ejemplo claro en este sentido. El propio personal de la empresa utiliza los programas informáticos antes de ser lanzados al mercado con el objetivo que aporte ideas para introducir mejoras y depurar posibles errores. Asimismo, aprovechan los contratos de mantenimiento y el contacto con los clientes como una fuente de información de gran valor de cara a una mejora continua. Por último, el aprendizaje por el error (learning by failing) surge del análisis de las causas que han originado un fallo o error en el pasado (Maidique y Zirger, 1985).

Incluso algunas empresas innovadoras, carecen de una mínima organización corporativa de I+D. Las causas son diversas (COTEC, 2001). En unos casos, la I+D se realiza con personal ad hoc, sobre todo del área de ingeniería. En otros casos, se pretende primar la existencia de una organización flexible al máximo, de forma, por ejemplo, que uno de los criterios para dedicar más o menos esfuerzos a la investigación y desarrollo sea la carga de trabajo del conjunto de la organización, ya que toda ella, idealmente, podría contribuir a dichos esfuerzos. También se quiere primar el desarrollo de la creatividad no estableciendo estructuras excesivamente rígidas que puedan burocratizar el proceso innovador sin que añada valor. Un tercer y último caso sería el de aquellas empresas que entienden que toda la empresa, formada mayoritariamente por personal cualificado, es potencialmente un departamento de I+D.

El hecho de no disponer de un área de I+D no implica que no exista en su caso un responsable de tecnología o I+D. Sin embargo, en los casos en los que existe este responsable tiene poco peso en la organización o realiza meras actividades de coordinación. Todas estas situaciones tienen sus ventajas y desventajas, necesitando, en cualquier caso, el desarrollo de una cierta cultura empresarial que suplante la carencia del departamento de I+D.

 

Innovación basada las actividades sistemáticas de I+D+i

A pesar de que las empresas puedan innovar sin departamento ni gastos específicos de I+D, en estos casos surgen dificultades en el plano estratégico, a la hora de articular una estrategia tecnológica y de innovación adecuada que movilice el conjunto de la organización. La velocidad a la que cambia el entorno crea la necesidad de una reflexión estratégica y una estrategia de gestión de la innovación tecnológica. La reflexión estratégica se materializa en la toma de unas determinadas decisiones más o menos críticas, y su impacto se plasma en la puesta en marcha y continuación de los proyectos en los que se concreta la actividad de I+D. Cuanto más importantes y continuados sean estos proyectos mayor será la capacidad de innovación o capacidad tecnológica, ya que se adquiere y se acumula a lo largo del tiempo mediante el esfuerzo realizado por la empresa. Esta acumulación de destreza o habilidad depende de que el esfuerzo sea explícito y tenga un objetivo determinado, es decir, de que sea impulsado mediante una estrategia tecnológica concreta y con unos recursos determinados. Los esfuerzos más explícitos y con un objetivo claro son los que acumulan las capacidades más profundas y complejas y generan los mayores cambios tecnológicos (Lall, 2000). Además tanto en las encuestas realizadas por McAdam y McClelland (2002) como por COTEC (2001) se observa que los esfuerzos internos de I+D son el factor que más valoran las empresas para obtener innovaciones. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las actividades de investigación y desarrollo infravaloran la participación de las PYMES, ya que son en sí mismas una función de la especialización y del tamaño empresarial.

Las inversiones en innovación se componen, según el Manual de Oslo, de los desembolsos realizados en actividades internas y externas de I+D, adquisición de tecnología inmaterial, diseño, ingeniería industrial, lanzamiento de la fabricación, adquisición de maquinaria y equipo relacionados con nuevos productos y procesos, comercialización de nuevos productos y formación relacionada con nuevos productos y procesos. Sin embargo, generalmente las empresas españolas contabilizan como I+D los conceptos más evidentes y cálculo más sencillo.

Un hecho positivo que está teniendo lugar en los últimos años, es que las empresas españolas han sofisticado la organización de la innovación y desarrollo tecnológico. La sofisticación se refiere al mayor control de las actividades de I+D, a su mejor estructuración por áreas específicas y diferenciadas y a su creciente volumen. También han incrementado notablemente los programas de formación técnica y de gestión en esta área, potenciando de este modo el principal motor de la innovación.

Innovación mediante la cooperación

A pesar de que la innovación y los descubrimientos científicos se atribuyen a individuos, las innovaciones exitosas aparecen muy relacionadas con mecanismos de prueba y error, incertidumbre e interacción entre varios actores. El crecimiento de las alianzas estratégicas en nuevas tecnologías clave durante la década de los 80 ilustran esta situación (Hagedoorn, 1995). Se han creado nuevas interfaces entre disciplinas, por ejemplo, la biotecnología juega un papel importante en el sector químico, farmacéutico y en la industria alimenticia. El entorno tecnológico en que compiten las empresas se ha transformado, la tecnología es tan compleja que no puede ser controlada por las empresas de manera individual. El conocimiento tecnológico y la ciencia se crea de la interacción de un gran número de personas a través de las conocidas redes (networks). La cooperación para la innovación tecnológica consiste en el establecimiento de alianzas estratégicas con socios de naturaleza diversa: universidades, institutos y centros de investigación, empresas de ingeniería, proveedores, clientes o incluso competidores. En ocasiones la cooperación adquiere una gran complejidad con el establecimiento de redes y acuerdos cruzados entre las empresas. A través de estos acuerdos las empresas aprenden y acceden a conocimientos complejos (Badaracco, 1992), comparten riesgos y recursos evitando duplicidad en costes y esfuerzos, obtienen sinergias al explotar sus complementariedades y acceden a nuevas tecnologías y a los recursos complementarios necesarios para explotarlas (Mowery, et al., 1996).

La literatura distingue dos formas básicas de organizar la cooperación en I+D (Morasch, 1995): empresas conjuntas (joint ventures) y acuerdos de licencia cruzados (cross-licensing). En una empresa conjunta se adopta una estrategia de investigación común, creándose una entidad separada o independiente para llevar a cabo el trabajo de investigación. En la segunda forma de cooperación, el término licencia se utiliza en un sentido amplio que incluye todas las formas posibles de transferencia de know how e intercambio de tecnología, y no sólo el derecho a utilizar una tecnología patentada. El contrato especifica como se compartirán los resultados obtenidos. En algunos casos, las empresas trabajan en paralelo dentro del mismo campo de investigación. Se sigue entonces una estrategia de redundancia que trata de reducir el riesgo de fracaso y acelerar el logro del éxito. En otros casos, las empresas poseen conocimientos especializados y competencias tecnológicas distintivas relacionadas con campos complementarios de un proyecto de I+D. Se sigue entonces una estrategia de especialización, de modo que cada empresa realiza una parte del trabajo de investigación, para conjuntar luego los resultados de cada cual.

En la mayor parte de los países de la OCDE, las autoridades públicas favorecen en mayor medida las políticas de fomento a la cooperación tecnológica de las empresas más que las subvenciones directas, debido a que los resultados de la cooperación son más fructuosos que las iniciativas individuales (por ejemplo los programas Espirit y Alvey en la Unión Europea).

3. HACER, COMPRAR O COOPERAR PARA ADQUIRIR TECNOLOGÍA

La literatura basada en la economía de los costes de transacción y derechos de propiedad considera que, debido alas peculiares características de la tecnología, las empresas deciden acudir a una u otra fuente para la innovación (generación interna, compra o cooperación) en función de los costes que presenta cada una de ellas, costes no sólo monetarios sino también en términos de riesgo de fracaso del proyecto de investigación, de las conductas oportunistas que se pueden generar y de los costes de transacción que generan algunas de las alternativas disponibles (figura 2). Se plantea un problema de elección entre una u otra fuente como alternativas sustitutivas: la empresa decide entre hacer, comprar o cooperar para adquirir tecnología.

Sin embargo, lo cierto es que las empresas abastecen sus depósitos de conocimiento combinando fuentes de información tecnológica de origen interno (investigación en la empresa) y externo (compra de tecnología incorporada, cooperación, publicaciones científicas o asimilación de avances en el conocimiento generados por otras empresas, institutos de investigación o universidades) para contar con un acervo tecnológico capaz de desarrollar aptitudes tecnológicas endógenas y permitir la adquisición de conocimiento externo en condiciones óptimas, tanto para asimilarlo como para identificarlo fuera de la empresa (Allen, 1986; Cohen y Levinthal, 1990).

Figura 2. Fallos de las fuentes de abastecimiento tecnológico


Fuente: elaboración propia.

Autores como Veugelers (1997), Lowe y Tylor (1998) o Veugelers y Cassiman (1999) han constatado empíricamente la existencia de importantes sinergias o complementariedades entre la producción interna y la adquisición externa de tecnología. Los motivos que se apuntan son los que siguen.

Figura 3. Proceso de innovación y aprendizaje tecnológico


Fuente: Adaptado de Cuervo (1999).

3.1 Generación interna de tecnología como estímulo a la obtención externa

La I+D interna favorece tanto la compra de tecnología como la cooperación. Cuando una empresa apenas dispone de conocimientos tecnológicos, puede adquirirlos en el mercado a través de licencias o compra de tecnología incorporada. En principio este conocimiento puede ser "usado" dentro de la empresa, es decir, se pueden utilizar las tecnologías con objeto de obtener los outputs para los que están diseñadas. Sin embargo, el "dominio" de esas tecnologías solo se produce cuando se adquiere la capacidad real de modificación y reproducción mejorándolas funcionalmente (Perrin, 1983). En cambio, cuando la empresa ha desarrollado proyectos de I+D+i, ha ido acumulando experiencia con el paso del tiempo y posee capacidades específicas de carácter tácito, intuición y creatividad (dispone de un stock de conocimiento tecnológico creado por ella misma) por lo que está mejor preparada para evaluar, asimilar y explotar la tecnología externa (Harabi, 1995). En este sentido Cohen y Levinthal (1990) introdujeron el término de "capacidad de absorción tecnológica", que hace referencia a la capacidad para valorar el rendimiento potencial de las tecnologías externas y seleccionar la que resulte más eficaz, así como la capacidad para operar con ella y utilizarla como ventaja competitiva. Así, aquellas empresas con una mayor capacidad tecnológica dispondrán de mayor facilidad para realizar adquisiciones externas, ya que incurrirán en menores costes ex-ante en la evaluación y selección de alternativas y explotarán con mayor aprovechamiento la tecnología adquirida. En la industria farmacéutica estadounidense las empresas con mejores programas científicos de investigación obtienen un mayor rendimiento de la información científica procedente del exterior de la empresa (Gambardella, 1992). En esta línea, Lowe y Taylor (1998) han hallado una relación complementaria entre las estrategias de I+D interna y la adquisición tecnológica mediante licencias en las empresas industriales del Reino Unido. También Freeman (1991) encontró que los contratos de licencias son utilizados de manera intensiva por aquellas empresas que tienen su propio departamento de I+D.

Algunos autores incluso defienden la necesidad de que la empresa disponga de personal específico encargado de las labores de asimilación e integración del conocimiento procedente de fuentes externas (Sen y Rubenstein, 1989; Badaracco, 1992; Rothwell, 1992). Estas personas ("gatekeepers" tecnológicos) deben tener la preparación, experiencia y disponer de equipos adecuados que permitan "desempaquetar" una forma determinada de conocimiento, así como tener una buena disposición a tomar parte en los conceptos externos.

Mantener actividades de I+D dentro de la empresa también es importante para ser apreciado como un buen socio y proporcionar a la empresa una posición que le permita negociar en buenas condiciones. De hecho, las empresas que adquieren tecnologías mediante contratos de licencias pagan menores cánones cuando tienen un grupo desarrollado de I+D (Contractor, 1983). En algunos casos la adquisición tecnológica es totalmente informal, las empresas mantienen acuerdos tácitos donde se intercambian información y tecnología y cuanto mayor sea el nivel de conocimientos tecnológicos más apreciada será la empresa para intercambiar nuevos conocimientos, formándose un bucle que se retroalimenta (Baumol, 1993; Von Hippel, 1987). Además, las actividades internas de I+D mejoran la capacidad de asimilar los resultados de la innovación conjunta (Contractor, 1983; Gans y Stern, 1997). Los programas de cooperación son insuficientes por sí mismos para abastecer tecnológicamente a una empresa. Se necesita que la información externa sea tratada con la destreza necesaria para explotar los resultados de otras investigaciones. Resulta muy difícil integrar en la cultura empresarial los avances tecnológicos externos, no sólo por los problemas de filtrado o de depurar una buena información, sino también por los problemas de implementar el know how (Mowery y Rosenberg, 1989).

3.2 Fuentes externas de tecnología como estímulo a la generación interna

No sólo la I+D interna estimula la externa, también se produce el efecto contrario. Cuando la empresa recibe una tecnología del exterior tiene el objetivo inmediato de aplicar adecuadamente la tecnología adquirida a las necesidades de la empresa, pero el objetivo final debería consistir en su asimilación, es decir, armonizar dicha tecnología con la dotación de factores, costumbres y valores sociales y los objetivos de desarrollo de la empresa, destinando recursos a ello. Se trata, no solo de usar la tecnología adquirida, sino de dominarla tal y como se ha apuntado anteriormente. Así, la empresa conseguirá mejorarla y utilizarla como fuente de innovaciones incrementales. Por tanto, para una correcta asimilación de la I+D externa debe potenciarse la I+D interna.

En este sentido, Veugelers (1997) identificó para una muestra de empresas flamencas que la compra de tecnología fomenta la I+D intramuros a la empresa. También encontró la misma relación positiva entre la cooperación y la inversión en I+D interna, pero solamente cuando la empresa dispone de su propia infraestructura tecnológica (departamento de I+D con personal dedicado a tiempo completo).

3.3 Complementariedad de fuentes tecnológicas bajo el prisma tradicional

También desde el punto de vista de los costes de transacción se encuentran razones que respaldan la complementariedad de las fuentes tecnológicas internas y externas. En primer lugar, el rendimiento que una empresa obtiene de la tecnología adquirida externamente depende de su capacidad para evaluar el potencial tecnológico y comercial de la misma, asimilarla y explotarla. Para ser un buen "comprador" de tecnología es importante también ser un buen "productor" de tecnología (Radnor, 1991), ello contribuye a reducir las asimetrías de información entre comprador y proveedor ex-ante, así como los problemas de selección adversa y riesgo moral derivados de las mismas. Como demandante, la empresa puede conocer mejor sus necesidades, definir y concretar una aplicación concreta desde bases científicas y técnicas, ofreciendo una información completa a partir de la cual se puede subcontratar el desarrollo de proyectos determinados, evaluar las tecnologías disponibles o la capacidad tecnológica de los posibles socios o proveedores, controlar la completa transferencia y el rendimiento de la tecnología adquirida, reduciendo la necesidad de servicios de apoyo y know-how demandados al proveedor.

En segundo lugar, una mayor capacidad tecnológica supone que la empresa está más preparada para participar activamente en el mercado de tecnología como oferente, contribuyendo a relajar la situación de monopolio u oligopolio. Además, si goza de buena reputación en términos de su potencial innovador puede servir como garantía de cumplimiento en el contrato de compra-venta o de cooperación, reduciendo los costes contractuales.

4. ALGUNOS DATOS PARA LA INDUSTRIA ESPAÑOLA

El análisis efectuado en este epígrafe se basa en la información suministrada por la Encuesta Sobre Estrategias Empresariales para el año 1999. Se dispone de un total de 1749 empresas distribuidas en 18 sectores y cuyos tamaños oscilan de los 2 a los 14.317 empleados. Se dispone también de información relativa a la innovación, los gastos en I+D (internos y externos) y a los acuerdos de cooperación tecnológica que tiene la empresa. Cuenta con información tanto de empresas innovadoras como no innovadoras, lo que evita el sesgo de las encuestas que se centran únicamente en las primeras. Sin embargo, hemos de señalar que probablemente el número de empresas innovadoras esté sesgado al alza, ya que la información suministrada por la encuesta no permite distinguir entre innovaciones e imitaciones. En sentido estricto la innovación solo ocurre una vez, consiste en un proceso de producción de nuevo conocimiento o resultado de ese proceso que genera un nuevo producto o proceso productivo en la empresa. Por tanto, la innovación, no puede ser repetida, sino únicamente imitada, mejorado o adaptada (DeBresson, 1996). Vemos que las empresas de la muestra se decantan más por las innovaciones de proceso que de producto, siendo un 46,43% las que afirman haber introducido algún tipo de innovación (tabla 1).

Tabla 1. Empresas innovadoras en la muestra

  Nº de empresas
  Si (%) No (%) Total (%)
Empresas innovadoras de proceso o producto 812 (46,43%) 937 (53,57%) 1749 (100%)
Innovadoras de proceso 621 (35,51%) 1128 (64,49%) 1749 (100%)
Innovadoras de producto 486 (27,79%) 1263 (72,21%) 1749 (100%)
Fuente: ESEE y elaboración propia.

Como ya se había apuntado anteriormente las empresas pueden obtener las innovaciones mediante tres vías: generación de proyectos de I+D dentro de la empresa (fuentes internas), adquisición de licencias o subcontratación de actividades de I+D a otras empresas (fuentes externas) o en colaboración con otras empresas o instituciones (cooperación). Así, hemos creado las variables que se recogen en la tabla 2. Vemos que la fuente más utilizada por las empresas son los acuerdos de cooperación, seguidos de la I+D interna.

En la tabla 3 se presenta una tabla de frecuencias cruzadas donde se observa la influencia de estas variables sobre la innovación: el 73,94% de las empresas que realizan gastos internos en I+D obtienen innovaciones; el 74% de las empresas que realizan gastos externos en I+D también generan nuevos productos y/o procesos y el 72% de las empresas que han desarrollado algún acuerdo de cooperación tecnológica también son innovadoras. Además, las pruebas chi2 para cada una de las variables permiten afirmar que éstas y la innovación no son independientes.

Tabla 2. Fuentes de innovación

  Nº de empresas (%)
Variables dummy Si (%) No (%) Total (%)
Fuentes internas
(=1 si la empresa realiza gastos internos en I+D)
579 (33,1%) 1170 (66,9%) 1749 (100%)
Fuentes externas
(=1 si la empresa realiza gastos externos en I+D.
421 (24,1%) 1328 (75,9%) 1749 (100%)
Cooperación
(=1 si la empresa realizó alguna de las siguientes actividades:
- Se colaboró con Universidades y/o Centros tecnológicos
- Hubo colaboración tecnológica con clientes
- Hubo colaboración tecnológica con proveedores
- Hubo colaboración tecnológica con competidores
- Mantuvo acuerdos de cooperación tecnológica (joint-ventures)
- Participó en empresas que desarrollan innovación tecnológica
- Participó en algún programa de investigación de la UE)
 
601 (34,4%) 1148 (65,6%) 1749 (100%)
Fuente: ESEE y elaboración propia.


Tabla 3. Relación entre la innovación y sus fuentes

  Fuentes internas Fuentes externas Cooperación
No (%) Si (%) No (%) Si (%) No (%) Si (%)
Innova Si 384 428 500 312 379 433
(%) (32,82%) (73,92%) (37,65%) (74,11%) (33,01%) (72,05%)
No 786 151 828 109 769 168
(%) (67,18%) (26,08%) (62,35%) (25,89%) (66,99%) (27,95%)
TOTAL Nº empresas 1170 559 1328 421 1148 601
(%) (100%) (100%) (100%) (100%) (100%) (100%)
  Pearson Chi2 263,0529 170,8346 241,6388
Pr 0,000 0,000 0,000
Fuente: ESEE y elaboración propia.

Utilizando tablas de frecuencias cruzadas podemos analizar la complementariedad entre las fuentes de innovación. En primer lugar, las fuentes internas y externas están positivamente correlacionadas. Leyendo la tabla 4 por columnas, observamos que de todas las empresas que hacen I+D interna el 58,38% emplea también las fuentes externas. Leyendo por filas, tenemos que de todas las empresas que hacen I+D externa el 80% emplea también las fuentes internas. Parece que la gran mayoría de las empresas que contratan I+D en el exterior de la empresa, realizan esfuerzos en I+D internos para reforzar el conocimiento externo, asimilarlo y explotarlo en condiciones óptimas. El estadístico Chi2 de Pearson nos confirma la relación entre ambas variables.

Por otro lado, en la tabla 5 observamos la relación entre las fuentes internas y la cooperación tecnológica. Leyendo por columnas, de todas las empresas que realizan I+D interna el 81% desarrolla también algún acuerdo de cooperación. Y leyendo por filas, de todas las empresas que cooperan en I+D el 78,54% refuerzan los conocimientos con I+D interna. La relación entre ambas variables queda formalmente confirmada mediante el estadístico Chi2 de Pearson.

Tabla 4. Complementariedad entre fuentes internas y externas

Empleo de fuentes internas
  No TOTAL
Empleo de fuentes externas No 81,85% 18,15% 100%
92,91% 41,62% -
19,71% 80,29% 100%
7,09% 58,38% -
TOTAL - - 100%
100% 100% 100%
Pearson chi2(1) 557,3299 Pr 0,000
Fuente: ESEE y elaboración propia.


Tabla 5. Complementariedad entre fuentes internas y cooperación

Empleo de fuentes internas
  No TOTAL
Cooperación No 90,68% 9,32% 100%
88,97% 18,48% 65,64%
21,46% 78,54% 100%
11,03% 81,52% 34,36%
TOTAL 66,90% 33,10% 100%
100% 100% 100%
Pearson chi2(1) 853,3848 Pr 0,000
Fuente: ESEE y elaboración propia.

En último lugar, la relación entre fuentes externas y cooperación tecnológica se recoge en la tabla 6. De todas las empresas que realizan I+D externa el 83,14% desarrolla también algún acuerdo de cooperación, y de todas las empresas que cooperan en I+D el 58,24% refuerzan los conocimientos con I+D interna.

Tabla 6. Complementariedad entre gastos externos en I+D externos y cooperación

Empleo de fuentes externas
  No TOTAL
Cooperación No 93,82% 6,18% 100%
81,10% 16,86% 65,64%
41,76% 58,24% 100%
18,90% 83,14% 34,36%
TOTAL 75,93% 24,07% 100%
100% 100% 100%
Pearson chi2(1) 584,7823 Pr 0,000
Fuente: ESEE y elaboración propia.

De esta forma queda patente que las fuentes tecnológicas se complementan y retroalimentan entre sí, de modo que cuando una empresa utiliza cualquiera de ellas es muy probable que acuda a las otras dos. De manera especial, cuando una empresa compra tecnología es muy probable que realice esfuerzos internos en I+D y cuando se realiza I+D interna y externa es muy probable desarrollar acuerdos de cooperación.

También resulta interesante analizar si el empleo de más de una fuente tecnológica aumenta la probabilidad de obtener innovaciones. En la tabla 7 se puede apreciar que la proporción de empresas innovadoras es mayor cuanto mayor es el número de fuentes empleadas por la empresa, y la relación entre ambas variables queda confirmada por el estadístico Chi2.

Tabla 7. Número de fuentes tecnológicas empleadas por las empresas

Innova Número de fuentes tecnológicas TOTAL
0 1 2 3
29.60% 51.43% 69.92% 79.53% 46.43%
No 70.40% 48.57% 30.08% 20.47% 53.57%
TOTAL 100.00% 100.00% 100.00% 100.00% 100.00%
Pearson chi2(1) 307,0277 Pr 0,000
Fuente: ESEE y elaboración propia.

5. CONCLUSIONES

Las empresas se consideran entidades de aprendizaje, organizaciones que gestionan la información y generan conocimientos que se plasman en productos y procesos productivos nuevos o mejorados, es decir, en innovaciones. Las innovaciones pueden surgir sin una fuente de abastecimiento tecnológico concreto, aunque lo más habitual es que las empresas que realmente se preocupan por el cambio desarrollen una estrategia de innovación y utilicen activamente alguna o todas las fuentes de información tecnológica a su alcance: destinando recursos a la investigación y desarrollo en el interior de la empresa para generar conocimiento, comprando o subcontratando conocimiento mediante la I+D externa y cooperando en materia tecnológica con socios diversos.

Una primera conclusión que se obtiene de los análisis efectuados para las empresas industriales españolas es que la probabilidad de obtener innovaciones es mayor entre las empresas que emprenden acciones específicas con tal propósito. Concretamente, más del 70% de las empresas que utilizan alguna de las fuentes tecnológicas apuntadas obtienen innovaciones. Mientras que menos del 30% de las empresas que no estimulan el conocimiento tecnológico se pueden considerar innovadoras.

La literatura tradicional argumenta que las fuentes tecnológicas se sustituyen entre sí, de modo que la empresa decide acudir a la que presente un menor coste. Sin embargo, enfoques más actuales, como la teoría de recursos y capacidades y la literatura sobre aprendizaje organizativo argumentan la existencia de complementariedad entre las fuentes tecnológicas. En este sentido, un segundo punto a destacar de nuestro estudio es que las empresas españolas no se conforman con una sola fuente de abastecimiento tecnológico, sino que en su gran mayoría recurren a varias. Lo más común es complementar las fuentes externas con internas (80,29%) y la I+D (interna y externa) con cooperación (81,52% y 83,14% respectivamente).

Un último aspecto importante es el refuerzo que supone combinar las distintas fuentes. La proporción de empresas innovadoras aumenta notoriamente a medida que aumenta el número de fuentes de información tecnológica empleada por las empresas, y este porcentaje crece aunque con rendimientos decrecientes, es decir, parece que los mayores efectos surgen cuando la empresa pasa a utilizar una o dos fuentes de información tecnológica.

En conclusión, la creación de conocimiento e innovaciones empresariales puede surgir espontáneamente o verse beneficiado por los avances científicos en otros campos. La evidencia obtenida sugiere no obstante que la adopción de una estrategia tecnológica que destine recursos a las actividades específicas de innovación y defina la combinación más adecuada para la empresa de fuentes tecnológicas, tiene efectos claros sobre su misión, crear nuevos productos y procesos que dinamicen y hagan más competitiva a la empresa.

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