Número 21, febrero 2004
EMPRENDEDORES Y CREACIÓN DE EMPRESAS>> Con otro aire
 
  El Condottieri

Dícese de un jefe que capitaneaba a un grupo armado independiente que alquilaba sus servicios mediante contrato a un gobierno por un determinado periodo de tiempo. Los Condottieri actuaron durante la última etapa de la Edad Media..

     
Patricio Morcillo
Catedrático de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
patricio.morcillo@uam.es
 

Tirando del refranero popular sabemos que no hay mal que por bien no venga. De esta forma, aludiendo a los imperativos económicos, que son cada vez más apremiantes y asfixiantes para las empresas, éstos ofrecen, en cambio, interesantes oportunidades de trabajo a investigadores y grupos de investigación ávidos de ocupación. En efecto, las compañías, sometidas a una competencia dinámica y exigente, necesitan regenerar constantemente su cartera de productos y opinan que, para eso, el camino más corto y menos costoso es el que estriba en la materialización de los resultados obtenidos a través de proyectos de investigación acometidos fuera de la organización. Proyectos, ejecutados por personas que poseen unos conocimientos específicos de los que carecen, en este momento, los empleados de la empresas.

Para hacerse con el control de estos resultados, las empresas usan su irresistible poder de persuasión que no es otro que el que permite asegurar a los investigadores una fuente de financiación capaz de garantizarles el seguir dedicándose a lo que más les gusta. Esta creciente vinculación del conjunto de los investigadores con las empresas implica que la frontera que separa la investigación básica de la investigación aplicada se vuelva cada vez más borrosa y difusa hasta tal punto que no se perciba una sustancial diferencia entre uno y otro tipo de investigación.

Ante este nuevo contexto, las empresas salen a la busca y captura de unos investigadores consagrados que, emulando a los Condottieris de antaño, son capaces de encabezar unos grupos de investigadores de contrastada valía y dispuestos a enfrentarse a cualquier reto, aunque este último les suponga adquirir nuevos conocimientos. Nada se le hace cuesta arriba al director del grupo de investigación o Condottieri y ante un nuevo proyecto saca pecho y tira para adelante con ilusión y entusiasmo porque interpreta que se le presenta una nueva oportunidad de ampliar sus posibilidades de acción o de producción para crear valor.

De entrada, dejemos muy claro que para ejercer de Condottieri es imprescindible que el investigador en cuestión tenga una reputación intachable y que reúna una serie de cualidades que destaquen su inteligencia creadora capaz de romper los límites, inventar y reinventar hasta liberarse de toda clase de rutinas tan vigentes, por otra parte, en las organizaciones empresariales. Esas cualidades se refieren a sus indiscutibles facultades intelectuales, a su capacidad de liderazgo y a esa actitud creativa que, no sólo tiene una importancia económica, sino también social y personal. Cualidades, todas ellas, que facilitarán su legitimación por parte de los miembros de su equipo y de los agentes contratantes.

Haciendo abstracción de estas indiscutibles oportunidades procedentes de las ofertas empresariales, algunos críticos piensan que la investigación corre el peligro de quedar sometida a las necesidades y control de unas compañías sin escrúpulos que van a entorpecer la libre circulación de la información y la mismísima difusión de los resultados obtenidos con el consiguiente empobrecimiento del capital intelectual en sus facetas sociales y culturales. Según esos mismos críticos, la intención de las compañías contratantes será salvaguardar sus ventajas competitivas emanadas de aquellas innovaciones resultantes de los proyectos de investigación desarrollados. Para ello, las empresas acudirán al registro de patentes o recurrirán a cualquier otro sistema de protección que actuará como barrera de entrada frente a unas posibles reacciones de los competidores.

Visto así, se podría interpretar que el Condottieri terminará por estar a sueldo de las empresas y que actuará en función de las voluntades e inquietudes de estas últimas aparcando sus propias líneas de investigación pero eso es no conocer al Condottieri y poner en tela de juicio sus recursos y capacidades. El Condottieri tiene para dar y tomar y sabe de antemano que él y su grupo seguirán interesando a las empresas siempre y cuando sus ideas susciten la curiosidad de aquellas. Cuando concluye un proyecto de investigación se cierra capítulo y es una vuelta a empezar con todo lo que ello supone en términos de creatividad y de innovación para captar, de nuevo, el interés de las empresas que no dejan de estar al acecho, por la cuenta que les tiene.

El Condottieri sopesará todas las alternativas y como buen líder encontrará aquél equilibrio que satisfaga a todos. Sabe escuchar y tiene carisma que, como señala Bourdieu (Science de la science et réflexivité, 2001), es esa cualidad que permite comprender el despegue de un determinado grupo y su permanente adaptación a las necesidades del entorno empresarial porque expresa unas características sociales, unos conocimientos y unas capacidades portadoras de futuro.

El Condottieri nunca renunciará a su condición de líder. Es el rey de mambo y como tal ya se las arreglará para que los logros alcanzados por su grupo de investigación se asocien a su persona evitando toda mención especial a algún destacado miembro de su equipo, por muy decisivas que hayan sido sus ideas y aportaciones. A pesar de ello, no se puede llegar a la conclusión de que el Condottieri sea codicioso y despreciable, obsesionado por la riqueza y el poder pues pretende, más bien, que nadie se salga del redil ya que la unión hace la fuerza.

Nuestro Condottieri puede con todo y en ningún momento deja aflorar el más mínimo signo de debilidad. Jamás pierde la compostura frente a sus interlocutores y su presencia, por sí sola, ya imprime respeto. Asume, con todas las de la ley, su liderazgo y, por llevarlo, lo lleva con empaque hasta las últimas consecuencias. No se identifica con su papel de líder, es líder por naturaleza, por vocación, de los pies a la cabeza y desde que se levanta hasta que se acuesta, ¡como debe ser!

Recuerdo, a este respecto, esa anécdota que cuenta Joaquín Vidal acerca del Papa Negro, maestro en tauromaquia por antonomasia y fundador de la dinastía de los Bienvenida. El patriarca les decía a sus hijos que debían sentirse toreros a toda hora, no sólo serlo sino también parecerlo, lo mismo en el ruedo que en la calle; lo mismo en la calle que en casa.

    -¡Hasta para hacer de vientre! Les ilustraba a sus hijos, ya matadores de alternativa todos ellos.

    -Cuando vayáis al retrete -indicó un día de exaltación pedagógica-, no os sentéis en la taza apoyando los antebrazos en los muslos. Hay que ponerse erguido, la frente alta, afuera el pecho y las manos apoyadas en las caderas.

Es evidente, que la condición de líder requiere unas facultades, tanto cognitivas como físicas, fuera de lo común. Pero esa dedicación en cuerpo y alma termina, muchas veces, por pasar factura y tocará, llegado el momento, apartarse para dejar paso a los discípulos. El Condottieri debería saber retirarse a tiempo y pasar el testigo a sus herederos con el fin de tomar ese merecido descanso pero, quizás, sea mucho pedirle y no contemple ese reposo del guerrero.

Cuentan que encontrándose en la cresta de la ola, un importante matador de toros que mandaba dentro y fuera de los despachos enfermó gravemente y a Sevilla llegaron noticias muy alarmante sobre su estado físico. Un verdadero y entrañable amigo se encaminó a su casa para visitarle y nada más verle la alegría le iluminó la cara. El maestro estaba sentado, tomando el sol, muy arropadito en un sillón de paja

    -Manué, ¿qué es eso? ¿Habemos echao pa juera la ruina?
    Ca, home! Estoy en las úrtimas.
    -Pero si te veo hecho un moso juncá, tieso, erecho, superió. ¿Cómo que me habían dicho que ya no te alevantabas!
    -Te diré. ¡Es que m´alevantao er puntillero!

El Condottieri nace y se hace puesto que posee unas capacidades y predisposiciones innatas y que sigue un constante proceso de aprendizaje pero también es líder hasta la sepultura nunca dándose por vencido. Desgraciadamente, puede que en algún momento lo vea todo negro, muy negro, como nuestro anterior protagonista, pero con poco que le animen y le ayuden creemos que tirará otra vez para arriba porque su afán por crear le da vida y le produce un sentimiento de alegría inconmensurable.