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Número 23, mayo-junio 2004 GESTIÓN DE LA INNOVACIÓN Y DE LA TECNOLOGÍA>> Tribuna de debate |
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Fomento de la cooperación en innovación, efectividad y aprendizaje: los resultados de la Encuesta-IAIF/FECYT La teoría moderna del cambio tecnológico subraya la importancia de la interacción entre los agentes del sistema de innovación para la dinámica económica. Sin embargo, a pesar del amplio número de políticas y programas públicos que se han desarrollado en los últimos años para la promoción y fomento de las sinergias de cooperación entre los distintos agentes del sistema, en muy pocas ocasiones se les han evaluado de forma exhaustiva. Por esta razón, el presente trabajo -basado en la encuesta IAIF/FECYT- pretende evaluar -para el caso español- si las políticas de fomento a la política tecnológica han conseguido una mejora de la articulación del sistema de innovación, con el fortalecimiento de la interacción y colaboración de los agentes innovadores. La conclusión final, basada en siete indicadores analizados de forma conjunta, es que en realidad apenas se aumenta la cooperación debido a las ayudas. |
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1.- Introducción Al momento de iniciar un proyecto de I+D las empresas innovadoras tiene la oportunidad de decidir si lo desarrollan de forma solitaria o si buscan socios para, entre otros, disminuir los costes del proyecto, minimizar el riesgo tecnológico o comercial o tener acceso a conocimientos no disponibles en la empresa. La decisión de la empresa para realizar actividades innovadoras y cooperar en ellas se basa en sus intereses particulares y beneficios privados. Podría darse el caso que los incentivos para realizar la I+D de forma cooperativa sean menores a los incentivos o beneficios sociales. En este caso las ayudas públicas a la cooperación serían un instrumento. La teoría de los sistemas nacionales y regionales de innovación argumenta que la cooperación no sólo genera ventajas directas para el proyecto en concreto sino que crea unos beneficios sociales en forma de sinergias ("spillovers") y generan un proceso de aprendizaje colectivo para la economía en su conjunto. A partir de estos argumentos teóricos se ha desarrollado una amplia gama de instrumentos y políticas (tanto a nivel regional o nacional como a nivel europeo) que promueven la cooperación en I+D. Estas políticas ya llevan muchos años en vigor y paralelamente se ha aumentado la cooperación entre los distintos agentes innovadores. Lo que no queda claro es si el aumento de la cooperación se debe a la intervención pública. Ya que se pueden destacar algunas tendencias generales que han conducido a una mayor importancia de la cooperación en el campo de la innovación y que quizás podrían explicar mejor el aumento de la cooperación que el impacto específico de las ayudas políticas: buena parte de los nuevos retos científicos son cada vez más intensivos en capital, el ciclo de vida de los productos y de las tecnologías se ha acortado, y la complejidad e interdisciplinariedad de las tecnologías -necesarias para el desarrollo de un producto nuevo- han crecido paralelamente a la necesidad de tener capacidades en distintas áreas tecnológicas. Estas tendencias dificultan las actuaciones individuales de las empresas y han convertido la innovación en una actividad tan compleja, arriesgada y costosa -en términos financieros y de tiempo- que incluso las empresas grandes no pueden financiarla siempre en solitario, ni tampoco cubrir todas las áreas tecnológicas necesarias. De hecho, los costes crecientes en ciencia exigen inversiones cada vez más altos, y a veces difíciles de soportar por los agentes individuales y, por lo tanto, existe la necesidad de la optimización de los recursos (Kulicke et al., 1997). La colaboración o cooperación puede evitar duplicación de los gastos proporcionando ventajas de escala y la dispersión de los riesgos, especialmente –aunque no solamente- importante para las PYMES ( Pequeñas y Medianas Empresas) con medios financieros más limitados que obtendrían, así, la posibilidad de repartir los gastos de costosos proyectos.
En este trabajo se analiza la efectividad de la promoción de la cooperación por parte de la Administración Pública. Los análisis se basan en los datos de la encuesta-IAIF/FECYT que incluye las respuestas de más de 504 empresas[1]. Esta encuesta –que analiza las relaciones e interacciones entre los distintos agentes del sistema español de innovación incluye una apartado dedicado especialmente a la política pública respecto a la cooperación mediante los llamados proyectos concertados analizando básicamente el comportamiento utilitario en sus distintas facetas. Además, se ha analizado el clientelismo, la transferencia tecnológica entre los socios de la cooperación y los objetivos de la cooperación directamente relacionados con el proyecto financiado. El presente trabajo se divide en varias secciones. A continuación se expone de forma breve los principales resultados y problemas metodológicos de los estudios de evaluación existentes respecto a las Políticas de I+D. En la siguiente sección se analiza el impacto de las ayudas sobre la actitud cooperativa. En la sección 3.1 se analiza el aumento de la actitud cooperadora de forma indirecta a partir de la experiencia previa en la cooperación y clientelismo en las políticas públicas. Se supone que el efecto de las ayudas en las empresas ya cooperativas que participan de forma repetitiva en el mismo o en distintos programas de apoyo a la cooperación es menor. En la siguiente sección se estudia de forma directa la efectividad en el fomento de la cooperación, preguntando a las empresas si hubieran realizado la cooperación incluso en ausencia de las ayudas y si la cooperación era necesaria para que el proyecto fuera factible desde un punto de vista financiero o técnico. Al final de esta sección (3.3) se analiza el comportamiento utilitario de las empresas desde una perspectiva puramente financiera. Además, se analiza en este trabajo (sección 4) el efecto de aprendizaje generado por los proyectos de cooperación. Y se concluye con una recapitulación de los resultados y las conclusiones. 2.- Principales resultados y problemas metodológicos de la literatura empírica[2] Los resultados de los estudios de evaluación existentes valoran, por un lado, el impacto de las ayudas públicas que fomentan la cooperación entre los agentes del sistema de innovación como muy positivo, y por otro, los estudios señalan que el aumento de la cooperación ha sido generalizado –en casi todas las empresas subvencionadas- y intenso por un gran numero de empresas (Molero/Buesa, 1995, Reger/Kuhlman, 1995, Heijs, 2000/2001). Las ayudas estatales han sido muy importantes para las empresas, ya que muchos proyectos concertados no se podrían haber realizado sin la financiación estatal (Molero/Buesa, 1995; Heijs, 2001) y la cooperación hubiera sido -sin dichas ayudas estatales- improbable o poco probable para el 64% de las empresas (IESE, 1995). Además, el 44% de ellas indican que el proyecto no hubiera sido factible sin la participación de los socios (IESE, 1995). Pero, por otro lado, estos resultados tan optimistas no están, del todo, libres de sospecha. Primero, porque todos los estudios analizados utilizan preguntas directas basadas en encuestas y, como se han mostrado en estudios alemanes (véase Meyer-Krahmer, 1989, Heijs, 2001), las empresas son propensas a sobrevalorar el impacto de las ayudas para satisfacer a los responsables políticos. Un segundo comentario crítico respecto a los resultados positivos se deriva de los indicadores indirectos, no basados en encuestas, cuyos resultados no apuntan a un impacto tan exitoso e incontrovertible. Como ya he mencionado, los proyectos concertados están especialmente diseñados para fomentar la cooperación cuyo aumento resulta un objetivo muy importante para conceder financiación a los proyectos, pero para las empresas este requisito sólo es una formalidad y de hecho la cooperación no siempre ha sido necesaria para realizar el proyecto, por lo que las empresas pueden haber cooperado sin haber aumentado en términos reales la cooperación, por ejemplo, mediante la asignación de tareas marginales a las OPI´s donde estos centros de I+D realizan ciertas actividades sin que se pueda hablar de la cooperación sino, más bien, de contratación de servicios. De hecho, existe un gran número de proyectos concertados donde el papel de los Centros Públicos de investigación es casi inexistente (14%) o marginal (40%) (Acosta, 1996) además la mayoría de las empresas con proyectos concertados (el 77%) ha cooperado con anterioridad y casi la mitad de ellas en proyectos concertados. También el estudio de Vence et al (1998) indica un porcentaje alto de empresas que han cooperado con anterioridad y un alto nivel de clientelismo. Este estudio apunta a una fuerte concentración en los proyectos cooperativos –tanto de los europeos como los nacionales y regionales- donde participan pocos agentes pero los que participan lo hacen en varios proyectos. Es decir, existe una elevada probabilidad que nos encontremos con los mismos agentes en los programas de los distintos niveles administrativos, lo que de nuevo mostraría el alto nivel de clientelismo (Vence et al, 1998), y que a su vez dificulta la medición del aumento neto de la cooperación. En realidad, un número de participantes, aunque sea pequeño, que ha iniciado por primera vez un proyecto cooperativo debido a las ayudas publicas podría ser un índice de éxito. El estudio de Heijs (2001, 2002ª) ofrece el perfil de las empresas que han tenido un impacto –en forma de un aumento de la cooperación- mayor o menor. Este perfil resulta muy escueto[3] y la variable explicativa más destacada resulta ser el nivel innovador de las empresas. Este hecho no resulta tan sorprendente porque si la innovación en si ya es una actividad compleja, la cooperación innovadora implica una dificultad todavía mayor. Por lo tanto, las empresas especializadas en I+D y con más experiencia en actividades innovadoras pueden aprovecharse más de la cooperación, asimilando con mayor facilidad los conocimientos y experiencia de los socios. Además, las empresas más innovadoras no sólo tienen un impacto mayor, sino que también participan con más frecuencia en los programas públicos para fomentar la innovación siendo no sólo un hecho general sino todavía más acentuado en el caso de los proyectos concertados (Heijs, 1999/2000). Sería un error concluir que, por lo tanto, no se debería incentivar la cooperación en empresas pocas innovadoras. Primero, porque también un amplio conjunto de estas empresas necesita un aumento de la cooperación muy positivo y, segundo, justamente estas empresas se benefician de conocimientos complementarios de los OPI´s. De todos modos, en mi opinión, resulta más adecuado para estas empresas la existencia de una red de centros tecnológicos orientada hacia la I+D aplicada o especializada en la conversión de los resultados de I+D básica en aplicaciones productivas que la cooperación con OPI´s. Otro aspecto importante que parece influir sobre el impacto de las ayudas es la complejidad de los proyectos. Según los resultados presentados en la tercera sección los proyectos con mayor presupuesto –que se podría considerar como un indicador de la complejidad- reflejan un impacto mayor. El estudio de IESE (1995) refleja una pauta parecida, indicando que las diferencias en la percepción de la factibilidad, más que con las características empresariales parece estar relacionada con las de los proyectos siendo el impacto mayor para proyectos de larga duración y las que desarrollan nuevos métodos o prototipos. Este resultado justificaría el hecho que se limite la presentación de proyectos concertados esencialmente a la I+D básica. Las variables que se han utilizado para analizar el éxito del fomento de la cooperación se pueden clasificar en cinco indicadores básicos. Los tres primeros analizan mediante preguntas directas –basadas en encuestas a las empresas- el posible aumento de la cooperación. El primer indicador básico se basa en si ha habido un aumento de la cooperación o una mejora de la actitud cooperativa mediante una pregunta. El segundo analiza la importancia de las ayudas para que la empresa coopere y el siguiente indicador se basa en preguntas que analizan la importancia de las ayudas para ejecutar el proyecto. Una forma indirecta para analizar el impacto de las ayudas sobre la actitud cooperativa, que se podría considerar como el cuarto indicador, sería estudiar en que medida existía una actitud cooperativa previa al proyecto subvencionado y, hasta que punto las empresas han colaborado con anterioridad con los mismos participantes del proyecto subvencionado. Aquí se podría incluir también el estudio sobre el "clientelismo" o la asiduidad de participar en programas de ayudas públicas para la cooperación en innovación. El quinto indicador básico -utilizado por Katsoulacos, 1994- analizaría, por un lado, los efectos a medio y largo plazo de la consolidación de la cooperación después de finalizar el proyecto, y por otro, analiza si las propuestas rechazadas por la agencia pública han servido para iniciar la cooperación sin necesidad de financiación pública. Un problema importante de los estudios existentes es la ausencia de un análisis exhaustivo y simultáneo para saber si las empresas hubieran iniciado el proyecto y la cooperación también sin las ayudas estatales. Tampoco se ha analizado de forma amplia en qué medida la cooperación fue más una imposición por las ayudas estatales recibidas que una necesidad por las carencias de las capacidades innovadoras de la empresa. Además la mayoría de los estudios analiza dos o tres de los indicadores básicos de forma separada, pero ninguno de forma combinada. Si cada indicador expresa un conjunto de empresas donde el impacto es menor, habría que estudiar el solapamiento entre estos conjuntos y analizarlos los de forma simultánea. En realidad, lo que falta en los estudios revisados es una evaluación rigurosa del efecto "neto" del impacto sobre la actitud cooperativa utilizando de forma simultánea los distintos indicadores.
Resumiendo, aunque parece que el impacto de las ayudas públicas es positivo, resulta que las conclusiones de los estudios no son de todo inequívocas. Los estudios analizados no han incluido el efecto neto que compara la actitud cooperativa previa al proyecto versus la actitud posterior a ella, ni tampoco tiene en cuenta el clientelismo. Para todo ello hemos incluido en la encuesta IAIF/FECYT un amplio número de preguntas al respecto que se analizarán, de forma simultánea en la sección tres. Como se observará la encuesta permite analizar la experiencia previa en cooperación (dos indicadores); el clientelismo (3 indicadores) el comportamiento utilitario desde un punto de vista de cooperación (incluyendo cuatro indicadores y que mide de alguna forma el aumento de la cooperación); el comportamiento utilitario desde un punto de vista financiero (cuatro indicadores y un indicador combinado). Además, en la sección cuatro se analiza el impacto de los proyectos sobre la posible transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos entre centros de I+D y empresas y la dirección de estos flujos (dos indicadores). A pesar de los problemas metodológicos mencionados respecto a los estudios de evaluación no ha sido mi intención desacreditarlos plenamente. De hecho, la mayoría de ellos se pueden calificar como estudios bastante completos y con una metodología y lógica interna bien desarrollada. No hay que olvidarse que los estudios de evaluación como actividad científica son, especialmente en España- una actividad relativamente nueva. La falta de una teoría global e integral que pueda explicar todas las relaciones entre el cambio tecnológico y la dinámica económica y que incluya el papel del Estado es un problema inevitable que, en un principio, habría que solucionar antes de estudiar el papel y la idoneidad de los distintos instrumentos de la política tecnológica. Pero las agencias gestoras, responsables de la política tecnológica, exigen soluciones para mejorar la eficiencia de sus actuaciones y no pueden esperar a que se hayan determinado todas las relaciones entre el cambio tecnológico y el desarrollo económico. Por lo tanto, la evaluación de los instrumentos no resulta menos importante y habría que basarse en las teorías existentes, ya que estudios con una metodología probada, llevados a cabo de manera profesional, podrían generar información importante –aunque no siempre inequívoca- para los planificadores de las políticas y para los encargados de la toma de decisiones. No resulta fácil analizar las ventajas o los beneficios a largo plazo o desde el punto de vista del bienestar social. Se podría imaginar, por un lado, que la cooperación aumenta –debido a las ventajas financieras, comerciales o tecnológicas- los rendimientos de las empresas, en cuyo caso cooperarían también sin ayuda estatal. Por otro, si las empresas cooperan únicamente para cumplir con los requisitos de las ayudas, la cooperación no tiene ninguna ventaja directa para las empresas implicadas y serviría más bien para apoyar –o subvencionar de forma indirecta mediante contratos- a los organismos públicos de investigación. En ambos casos el aumento del bienestar social debería generarse de forma indirecta. Se podría justificar el fomento de la cooperación basándose en la teoría de los sistemas de innovación. Según esta teoría –basada en un concepto holístico- el sistema crea sinergias debido a la interacción entre sus agentes que, a su vez genera un proceso de aprendizaje colectivo. Los estudios de evaluación no analizan si se genera un proceso de aprendizaje colectivo o sinergias, sino el aumento de la cooperación y razonan que la existencia de tal aumento generaría, como una mano invisible, un mejor funcionamiento del sistema en su conjunto. Esta forma de evaluar las políticas se debe a la dificultad o imposibilidad de analizar el aumento del bienestar social, ya que resulta casi imposible de analizar el aumento neto de la cooperación y los efectos indirectos sobre el sistema de innovación. 3.- Efectividad de la promoción de la cooperación en el campo de la innovación 3.1. Experiencia previa en la cooperación y clientelismo en las políticas públicas. Con respecto a la actitud cooperativa de las empresas que han participado en programas de promoción de la cooperación por parte de la administración pública, se analiza si han cooperado con Centros Públicos o privados de investigación con anterioridad al inicio del proyecto financiado con fondos públicos. Según los datos de la encuesta-IAIF/FECYT, (véase el gráfico 3.1) el 68% de las empresas que ha participado en los programas públicos para la promoción de la cooperación en I+D ya tenían experiencia previa en cooperación. El 55 por ciento de las empresas han cooperado con anterioridad con el mismo centro de investigación involucrado en el proyecto financiado mediante ayudas estatales y el 45 por ciento ha cooperado con anterioridad con otros centros. Analizando las dos variables de forma simultánea, lo cual suprime la redundancia, se observa que el 68 por ciento de las empresas tenían experiencia previa en cooperación. Gráfico 3.1
Experiencia en la cooperación con Centros Públicos/privados de I+D+i previa a iniciar el proyecto financiado con recursos públicos. (% de empresas con experiencia previa) ![]() Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta IAIF/FECYT. Estos datos nos indican, por un lado, que para la mayoría de las empresas la cooperación no es un elemento nuevo de su estrategia innovadora y que la mayoría de las empresas financiadas ya fueron cooperadoras. Otra conclusión es que para algo más de la mitad de los proyectos, la financiación pública no genera cooperación entre desconocidos, lo que resulta plausible teniendo en cuenta que la cooperación está basada en una relación de confianza mutua. Por otro lado, indica que para el 45 por ciento de las empresas el copartícipe de la cooperación es un centro con el que no estaban relacionados con anterioridad. Cuadro 3.1
Experiencia en la cooperación con Centros Públicos privados de I+D+i previa a iniciar el proyecto financiado con recursos públicos.
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta IAIF/FECYT. * Nivel de Significatividad estadística : 0 = No significativo; 1 = 90%; 2 = 95%; 3 = 99%. Existe una relación clara -y esperada- entre el tamaño y el hecho de haber cooperado con anterioridad con los centros de I+D. Cabe destacar que sobre todo las empresas grandes realizan proyectos de cooperación basados en relaciones anteriormente establecidas. Esto se debe con toda seguridad a su actitud cooperadora muy dinámica. Para el caso de España en el año 2002, los datos del INE indican que tan sólo el 37% de las empresas innovadoras y de tamaño pequeño cooperan con otros agentes, sin embargo, para las medianas y grandes empresas el porcentaje es del 46% y del 71% respectivamente (Navarro, 2002). Además, para las empresas incluidas en la encuesta IAIF/FECYT resulta que para el 87% de las empresas subvencionadas la cooperación no es una actividad nueva y el 74% de ellas ha cooperado también con otros centros, aunque no debe olvidarse que para las empresas pequeñas estos porcentajes son del 60 y 46 por ciento, respectivamente. Estos porcentajes son relativamente altos pero, para su correcta interpretación se debe tener en cuenta que en este caso se trata de una submuestra de empresas de la encuesta-IAIF/FECYT, siendo aquellas que han participado en distintos programas públicos que promocionan la cooperación. Se ha detectado una relación entre el esfuerzo innovador relativo (gasto en I+D sobre ventas - GIDv) y la cooperación con anterioridad con el mismo centro de I+D involucrado en el proyecto financiado. Resulta que el 63 por ciento de las empresas con un esfuerzo innovador medio (entre 1 y 5% de GIDv) había cooperado con anterioridad con su socio. Para las empresas muy poco innovadoras y muy innovadoras estos porcentajes han sido del 44 y 51 por ciento, respectivamente. Con respecto a las empresas poco innovadoras este resultado podría estar relacionado con una actitud, como ya se ha mencionado, en términos generales, muy poco cooperadora. Con respecto a las empresas muy innovadoras este hecho es más difícil de interpretar con los datos de la encuesta-IAIF/FECYT. Posiblemente se debe a que este tipo de empresas esté más abierto respecto a la búsqueda de nuevos socios cambiando de centro de I+D según sus necesidades, pero no podemos corroborar esta conclusión. Con respecto al clientelismo[4] se ha analizado la participación de las empresas en otros programas públicos en apoyo a la cooperación. El gráfico 3.2 refleja que el 76% de las empresas participa en algún otro programa. La mayoría, un 62 por ciento, tenían -en los últimos cinco años- otros proyectos financiados por la administración estatal, el 58 por ciento había obtenido fondos de los gobiernos de sus respectivas Comunidades Autónomas y el 35 por ciento ha participado en proyectos europeos. Igual que en el caso de la experiencia previa, existe una relación entre el clientelismo y el tamaño empresarial. Como indica el cuadro 3.2, sobre todo las empresas con 250 a 500 empleados han sido beneficiadas por otras fuentes públicas de financiación para la cooperación en innovación. Casi la totalidad de estas empresas (el 98 por ciento) declara la obtención de ayudas adicionales para sus proyectos de cooperación y para las empresas más grandes este porcentaje es del 90 por ciento. Con respecto a las PYMES se puede concluir que las más pequeñas participan relativamente menos en otros programas (el 68%) y el 81 por ciento de las empresas con 100 a 250 empleados obtiene ayudas adicionales. Con respecto al esfuerzo en I+D no se ha encontrado una relación estadísticamente significativa con el clientelismo. Gráfico 3.2.
Clientelismo en las políticas públicas. Porcentaje de empresas que indica haber participado en algun otro programa de ayuda pública para proyectos de I+D basados en la cooperación ![]() Fuente: Elaboración propia a partir
de la Encuesta IAIF/FECYT.
Cuadro 3.2 Clientelismo en las políticas
públicas. Porcentaje de empresas que indica haber participado en algún
otro programa de ayuda pública para proyectos de I+D basados en la cooperación
Fuente: Elaboración propia a partir
de la Encuesta IAIF/FECYT.
Las columnas S* indican el Nivel de Significatividad estadística ( Ns = No significativo; 1 significativo a 99%) de las diferencias según empleo y según nivel de esfuerzo innovador por cada nivel administrativo. 3.2. Efectividad en el fomento de la cooperación. Para el diseño de la Encuesta-IAIF/FECYT se han incluido un conjunto de variables respecto al comportamiento utilitario[5] basado en las consideraciones mencionadas en la parte metodológica de esta sección. Se han distinguido tres formas de comportamiento utilitario. La primera sería con respecto a aquellas empresas que aparentemente no han mejorado su comportamiento cooperativo. En este caso se podría hablar de un comportamiento utilitario desde una perspectiva de cooperación. Se han definido las empresas con tal comportamiento como aquellas que (1) han cooperado con anterioridad con el mismo centro –el 55%-[6]; (2) indican que la cooperación también se hubiera producido sin el apoyo público -20%-; (3) señalan que hubieran iniciado el proyecto también sin las ayudas públicas –56%- y (4) el proyecto hubiera sido factible sin la colaboración –45%-. En estos cuatro casos (véase grafico y cuadro 3.3) se supone que el apoyo de la administración pública no ha conseguido o generado un aumento de la actitud colaboradora, ya que, aunque podría existir un aumento de la actitud cooperativa, dicho aumento no se debe de forma indiscutible a la intervención del Estado y probablemente se hubiera producido en ausencia de las ayudas. Analizando estas variables de forma simultánea (véase cuadro 3.3 y gráfico 3.3) resulta que el 81 por ciento de las empresas ha admitido por lo menos en uno de los cuatro indicadores un comportamiento utilitario desde una perspectiva de cooperación. El cuadro 3.3 señala una relación estadísticamente "significativa" entre el tamaño y el indicador combinado que refleja el comportamiento utilitario desde la perspectiva de la cooperación. Cuanto más pequeña la empresa, mayor la posibilidad de que se haya mejorado su actitud cooperativa. Para las empresas con menos de 100 empleados se han clasificado el 71% como empresas con un comportamiento utilitario, mientras que para las empresas de más de 250 trabajadores este porcentaje está por encima del 90 por ciento. En términos generales se ha encontrado una relación parecida para cada uno de los indicadores. Gráfico 3.3.
Efectividad en el fomento de la cooperación (en porcentajes)
Cuadro 3.3.
Efectividad en el fomento de la cooperación "número de empresas con un comportamiento utilitario desde una perspectiva de cooperación" (en porcentaje)
Fuente: Elaboración propia a partir
de la Encuesta IAIF/FECYT.
† Para analizar aumento efectivo de la cooperación se clasifican como empresas con "un comportamiento utilitario desde una perspectiva de cooperación" incluyendo aquellas que han cooperado previamente con los mismos centros (1) y las que hubieran iniciado la cooperación (2) el proyecto (3) también sin el apoyo público y (4) que el proyecto hubiera sido factible también sin la colaboración * Nivel de Significatividad estadística: 0 = No significativo; 1 = 90%; 2 = 95%; 3 = 99%. Con respecto a las diferencias según el esfuerzo innovador (gastos en I+D sobre ventas) no se han detectado muchas diferencias sólo para una de las cuatro variables y para el indicador combinado se han detectado diferencias. Sólo se puede indicar que las empresas muy poco innovadoras y las muy innovadoras tienen un comportamiento utilitario desde la perspectiva de aumentar la cooperación algo menor que las empresas con un nivel de gastos en I+D intermedio. Respecto a las empresas poco innovadoras, esta actitud poco utilitaria se debe posiblemente al hecho de que cooperan relativamente poco y por lo tanto es más fácil que la ayuda pública pueda influir sobre su actitud cooperativa. Con respecto a las empresas con un alto esfuerzo relativo en I+D ésta conclusión es más sorprendente, ya que se esperaría para éstas empresas un comportamiento de cooperación mucho más establecido. Una segunda forma de comportamiento utilitario se podría conceptualizar desde una perspectiva financiera. Se han clasificado aquellas empresas que, por un lado, han indicado de tener pocas dificultades para financiar el proyecto sin ayuda publica –11%-[7], aquellas que hubieran iniciado el proyecto también sin las ayudas públicas -28%-, y por otro lado, aquellas empresas que las ayudas públicas han permitido a las empresas mantener o disminuir los gastos totales en I+D financiados por la propia empresa sobre el nivel inicialmente previsto –45%- (Véanse el cuadro y gráfico, 3.4). Esquema 3.1.
Comportamiento utilitario desde una perspectiva financiera. ![]() Es decir, si han utilizado las ayudas financieras para aumentar su esfuerzo total en I+D o si las han utilizado para sustituir los propios fondos, bajando así los costes de innovación sin que las ayudas públicas generen un aumento de los gastos propios en I+D. En estas tres situaciones (véase el esquema 3.1) se podría hablar de un comportamiento utilitario desde una perspectiva financiera. Resulta que el 61 por ciento de las empresas indicaban por lo menos respecto a uno de los tres indicadores manejados un comportamiento utilitario en términos financieros. Cuadro 3.4.
Efectividad en el fomento de la cooperación: "número de empresas con un comportamiento utilitario desde una perspectiva financiera" (en porcentaje)
Fuente: Elaboración propia
a partir de la Encuesta IAIF/FECYT.
* Nivel de Significatividad estadística: 0 = No significativo; 1 = 90%; 2 = 95%; 3 = 99%. 3* Las ayudas públicas han permitido a las empresas mantener o disminuir los gastos totales en I+D financiado por la propia empresa sobre el nivel inicialmente previsto. Gráfico 3.4.
Efectividad en el fomento de la cooperación ![]() Existe una relación estadísticamente "significativa" entre el comportamiento utilitario desde la perspectiva financiera y el tamaño[8] de las empresas (véase el cuadro 3.4). Igual que en el caso de "la perspectiva de cooperación" cuanto más grande sean las empresas, más propensas serán éstas a tener un comportamiento utilitario. Esta relación se ha detectado para cada una de las variables y para el indicador combinado. Aunque las diferencias han sido especialmente pronunciadas para dos de las variables. Por un lado, sobre todo las empresas con menos de 100 empleados (el 20 por ciento) indican que las empresas hubieran iniciado el proyecto también sin ayudas públicas y para los tres intervalos de empresas medianas y grandes este porcentaje está alrededor de 40 por ciento, o sea, casi el doble. Pero analizando la dificultad de financiar el proyecto sin ayudas públicas –una variable a la que se le podría dar una interpretación parecida a la anterior, resulta que no solo las empresas pequeñas, sino también las medianas son las que más necesitan las ayudas. El 90 por ciento de ellas hubiera tenido dificultades para financiar sus proyectos, mientras que para las empresas de más de 500 empleados este porcentaje está alrededor del 75 por ciento. El comportamiento utilitario apenas está relacionado con el esfuerzo innovador de las empresas (gastos en I+D sobre ventas). Sólo para un indicador –iniciar el proyecto sin ayuda pública- resulta que las empresas poco innovadoras son más asiduas a admitir un cierto comportamiento utilitario. La Encuesta-IAIF/FECYT ofrece una variable más que, de forma indirecta, analiza la necesidad de la cooperación y que se podría interpretar como un comportamiento utilitario desde una perspectiva tecnológica, ya que se pide si el proyecto hubiera sido factible sin colaboración desde el punto de vista tecnológico, aunque la interpretación de esta variable no queda muy clara, ya que, por un lado, se podría argumentar que si no existe la necesidad de cooperar, desde el punto de vista tecnológico, posiblemente se coopera debido a las ayudas. Por otro lado, si se necesita la cooperación para asegurar la factibilidad, entonces existirá un alto grado de transferencia tecnológica, siendo éste uno de los objetivos de la política pública. Independientemente del tamaño y el esfuerzo innovador, un 42 por ciento indica que la cooperación no ha sido importante desde una perspectiva tecnológica. Cuadro 3.5.
Efectividad en el fomento de la cooperación: empresas en porcentaje
Fuente: Elaboración propia
a partir de la Encuesta IAIF/FECYT.
* Nivel de Significancia: 0 = No significativo; 1 = 90%; 2 = 95%; 3 = 99%. 4.- Cooperación y aprendizaje: quién aprende de quién. La encuesta IAIF/FECYT ha analizado el impacto de los proyectos financiados con recursos públicos sobre el nivel de aprendizaje de los participantes en base de la existencia –o ausencia- de la transferencia tecnológica entre empresas y Centros Públicos y privados de investigación. Aunque, cabe subrayar que los datos que se presentan a continuación indican sobre todo los flujos de información y conocimiento respecto a los Centros Públicos, ya que la mayoría de los proyectos concertados y de cooperación financiados con dinero público se realizan con este tipo de centros. Hasta muy recientemente los proyectos concertados estaban destinados de forma exclusiva a la cooperación entre empresas y el sistema público de I+D. Se han incluido dos preguntas respecto al aprendizaje. Por un lado, se ha pedido contestar sobre la importancia de la transferencia de conocimientos desde la empresa hacia los centros de I+D. El cuadro 4.6 indica que el 33 por ciento de las empresas contestan haber adquirido conocimientos muy importantes, el 37 por ciento considera estos conocimientos como importantes y el 30 por ciento ha aprendido poco de los centros. Por otro lado, se ha analizado -a partir de la opinión de las empresas- la importancia de los flujos de conocimientos desde las empresas hacia los centros. Según los datos de la encuesta, para el 29 por ciento de los centros apenas ha existido un efecto de aprendizaje, el 32 por ciento ha adquirido conocimientos importantes y el 39 por ciento muy importantes. A partir de estos datos se puede deducir que un treinta por ciento de las empresas y de los centros apenas han mejorado sus conocimientos debido a una ausencia de transferencia tecnológica. Cuadro 4.1.
La transferencia de conocimientos entre las empresas y los Centros Públicos de I+D según la opinión de las empresas (en porcentajes).
Fuente: Elaboración propia
a partir de la Encuesta IAIF/FECYT. * Cabe
destacar que aquí se refleja la opinión de las empresas al respecto. Es decir no refleja la opinión de los Centros Públicos de I+D Para calcular el impacto global del aprendizaje se han analizado en cuales de los casos ni la empresas ni el centro público de I+D ha aprendido mucho. O, dicho de otro modo, que para ninguna de los dos el nivel de aprendizaje ha sido considerado importante o muy importante. Estos datos se reflejan en la tabla 4.1 en la tercera columna. Resulta que el 16 por ciento de las empresas ha indicado que tanto la empresa como el centro apenas han transferido conocimientos. Es decir, ninguno de los dos ha realmente mejorado su nivel de conocimientos. Para el 48% de los casos existía una transferencia de conocimientos mutua muy intensa entre las empresas y los centros, considerado como importante o muy importante. La interpretación correcta de estos resultados sería que para el 48 por ciento de las empresas y/o los centros con que cooperan, la política de I+D ha cumplido uno de sus objetivos, generando sinergias y un proceso de aprendizaje colectivo entre los distintos agentes del sistema de innovación, aunque para el 16 por ciento de las empresas y centros de I+D no se han cumplido este objetivo. Se ha calculado también quién de los dos –la empresa o el centro- ha obtenido más conocimientos[10]. Como se puede observar en el cuadro 4.2, en el 25% de los proyectos las empresas han obtenido una transferencia neta de conocimientos. El 12 por ciento de las empresas indican que los conocimientos obtenidos por la empresa fueron claramente más importantes que los que recibieron –desde la empresa- los centros de I+D, y para el 13 por ciento la transferencia neta de conocimientos hacia la empresa existe pero menos equilibrada. En el 19 por ciento de los casos las empresas indican que la transferencia de conocimientos desde la empresa hacia los centros ha sido más importante que al revés, es decir existía un aprendizaje neto por parte de los centros. En 10 por ciento de los casos los centros aprendieron mucho más -y en el 9 por ciento el aprendizaje neto existía aunque con un intercambio de tecnologías algo más equilibrado Cuadro 4.2.
Dirección u orientación de la transferencia de conocimientos entre las empresas y los Centros Públicos de I+D según tipo de empresa (Esfuerzo en I+D y tamaño: en porcentajes).
Fuente: Elaboración propia a partir
de la Encuesta IAIF/FECYT.
El tipo de empresas que ha recibido más conocimientos científicos y tecnológicos que ellos mismos han transferido a los centros, son sobre todo las empresas pequeñas con bajo nivel de I+D (el 26%). Mientras que sólo para el 7 por ciento de las pequeñas empresas altamente innovadoras la transferencia desde el centro de I+D hacia la empresa ha sido mayor que al revés. La orientación opuesta -es decir, una mayor transferencia desde las empresas hacia los centros- se ha detectado en el 37 por ciento de las empresas pequeñas altamente innovadoras y sólo en un 20 por ciento de las empresas grandes con un bajo nivel innovador. En las demás empresas –según tamaño y gasto en I+D- no se han detectado diferencias importantes. 5.- Recapitulación y conclusiones La conclusión más importante del estudio aquí presentado –basado en datos de la encuesta IAIF/FECYT- es un aumento relativamente bajo de la cooperación, generado por los proyectos financiados con recursos públicos. Este hecho no puede sorprendernos del todo, ya que en España se ha conseguido aumentar su cooperación desde un nivel casi inexistente en 1985 hasta un nivel muy cercano al europeo, siendo un nivel que -según un estudio de la OECD- está muy cercano al óptimo (Buesa, 2003)[11]. No cabe duda que este aumento está influido por la política estatal, aunque también es verdad que es sobre todo un hito de las propias empresas. El papel del estado se puede dividir básicamente en dos tipos de actuaciones, por un lado, el estado ha promovido, ya desde hace muchos años, la cooperación entre empresas y Centros Públicos de I+D, mediante proyectos concertados. Por otro lado, ha habido una mejora de la calidad de los Centros Públicos de I+D incluyendo una mejor adaptación a las necesidades de las empresas españolas, aunque el sistema público español, comparado con sistemas muy avanzados como podría ser el alemán[12], todavía es débil. De todos modos, los resultados reflejados en Heijs et al (2004ª), muestran que aquellas empresas que contratan proyectos de I+D o cooperan con los Centros Públicos nacionales, valoran los resultados obtenidos por encima de los resultados de centros fuera de España. Esta conclusión, por un lado, podría ser sorprendente aunque, por otro lado, no se pueden interpretar de forma directa como un indicador de éxito del sistema público de innovación en su conjunto, sino, más bien que aquellas empresas que contratan los servicios de estos centros están contentas con los resultados y los consideran importantes. O, dicho de otro modo, aquellos centros del sistema público de I+D que debido a su excelencia son capaces de ser contratados por empresas -que son relativamente pocos en el caso de España- son mejor valorados que los centros extranjeros que operan en España. A pesar del impacto relativamente bajo de la política, cabe destacar que el análisis del impacto sobre la cooperación no es el único aspecto a evaluar para justificar las ayudas públicas. Para la correcta interpretación de los resultados habría que recordar que para muchos programas, la promoción de la cooperación es sólo uno de los objetivos, y, en muchas ocasiones, la generación de tecnologías altamente innovadoras se considera un objetivo igual de importante sino es que el más importante. Además, no resulta fácil analizar las ventajas o los beneficios de la cooperación a largo plazo desde el punto de vista del bienestar social. Se podría imaginar, por un lado, que la cooperación aumenta debido a las ventajas financieras, comerciales o tecnológicas- los rendimientos de las empresas, en cuyo caso cooperarían también sin la ayuda estatal. Por otro lado, si las empresas cooperan únicamente para cumplir con los requisitos de las ayudas, la cooperación no tiene ninguna ventaja directa para las empresas implicadas y serviría más bien para apoyar -o subvencionar de forma indirecta mediante contratos- a los organismos públicos de investigación. En ambos casos el aumento del bienestar social debería generarse de forma indirecta. Se podría justificar el fomento de la cooperación basándose en la teoría de los sistemas de innovación. Según esta teoría -basada en un concepto holístico- el sistema crea sinergias debido a la interacción entre sus agentes que, a su vez genera un proceso de aprendizaje colectivo. Los estudios de evaluación no analizan si se genera un proceso de aprendizaje colectivo o sinergias, sino que analizan el aumento de la cooperación y razonan que la existencia de tal aumento generaría, como una mano invisible, un mejor funcionamiento del sistema en su conjunto. Esta forma de evaluar las políticas se debe a la dificultad de analizar el aumento del bienestar social, ya que resulta casi imposible de analizar el aumento neto de la cooperación y los efectos indirectos sobre el sistema de innovación. Acosta, J. (1996)Análisis Económico de la Política Tecnológica: Una Aproximación Econométrica a los Proyectos Concertados del Plan Nacional de I+D. Tesis Doctoral, Universidad de Laguna. Aguado, R. (1999)Cooperación en investigación y desarrollo tecnológico de las empresas andaluces industriales. Tesis Doctoral Archibugi, D.; Cesaratto, S.; Sirili, G. (1991) Sources of Innovative Activities and Industrial Organisation. Research Policy, Vol. 20 Ballesteros, J.; Modrego, A. (2001)Public financing of cooperative R&D projects in Spain: The concerted projects under the National R&D Plan. Research Policy 30 Bayona, C. García-Marco, T.; Huerta, E. (2002) Firms´motivations for cooperative R&D: an empirical analysis of Spanish firms. 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En ellos se han analizado los indicadores y metodologías utilizados y resumido las conclusiones principales de estos estudios. Aquí se ofrece una recapitulación de los resultados más importantes de estos trabajos. [3] El nivel de impacto resulta muy homogéneo entre todas las empresas y no está relacionado con la mayoría de las características de las empresas (entre otros el tamaño, sector, antigüedad o edad de la empresa, capital social, nivel competitivo, apertura exterior etc... (Heijs, 2002a). [4] El clientelismo se define como aquella situación en la que las empresas participan con frecuencia en el mismo programa o en otros programas similares, en el caso que nos ocupa, programas de ayuda a la cooperación basados en la I+D [5] El comportamiento utilitario se define como aquella situación donde la ayuda a las empresas aparentemente no afecta a su actitud cooperadora [6] Los porcentajes indican el número de empresas clasificadas como “empresas con un comportamiento utilitario”. [7] Los porcentajes indican el número de empresas clasificadas como “empresas con un comportamiento utilitario”. [8] Medido por el número de empleados [9] El grupo “poco importante” se refiere a aquellas empresas que han contestado a sendas preguntas –la importancia de la transferencia de conocimientos desde la empresa hacia los centros de I+D y la importancia de los flujos de conocimientos desde las empresas hacia los centros- que la transferencia tecnológica ha sido poco importante. (1 o 2 puntos sobre la escala de 5, siendo 5 el nivel máximo). Después se han calculado “el grupo importante” tomando el porcentaje de colaboraciones donde la empresa indica que por lo menos ellos mismos o el centro con que colabora ha obtenido un nivel de aprendizaje de 3 puntos sobre 5. El tercer grupo de empresas - muy importante- se refiere a aquellos casos de cooperación donde según las empresas por lo menos uno de los dos –la empresa o el centro- han aprendido mucho (4 o 5 puntos). Tenga en cuenta que este podría incluir casos con un flujo unidireccional. Donde en una dirección (pej desde de las empresas hacia los centros) existe un nivel de aprendizaje muy alto mientras en la otra dirección puede estar ausente. [10] Según el siguiente calculo: el valor de la importancia de la transferencia de conocimientos desde la empresa hacia los centros de I+D menos el valor de la importancia de los flujos de conocimientos desde las empresas hacia los centros. [11] El nivel europeo de la cooperación se expresa en un 8 por ciento de los gastos en I+D mientras que España está en el 7,5 por ciento. [12] Para un estudio comparativo del sistema alemán y el español se puede consultar Heijs, 1998.
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