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Número 24, julio 2004 CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN Y LOS PAÍSES MENOS DESARROLLADOS>> Editorial |
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Ciencia, tecnología e innovación y los países menos desarrollados | |||||||||||||||||
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Parafraseando el título de una famosa, y relevante, obra de Mokyr, podemos decir que la innovación ha sido históricamente la palanca de la riqueza de las naciones. El esfuerzo de la humanidad por obtener más rendimiento material de la naturaleza la ha conducido a una acelerada sucesión de métodos, sistemas y desarrollos que ha cimentado su desarrollo económico. Además de otros factores bien estudiados por los teóricos del desarrollo, resulta claro que las diferencias geográficas e históricas en el terreno de la creatividad aplicada al fin innovador explican algunas de las realidades contemporáneas en términos de crecimiento y desarrollo económicos. Por tanto, parece conveniente reflexionar sobre la capacidad transformadora
de las capacidades humanas aplicadas al avance socio-económico
a través de la innovación. El amplio grupo de relevantes especialistas y académicos fue coordinado por Calestous Juma (de la Kennedy School of Government, Harvard University) y por Dato'Ir Lee Yee-Cheong (de la Federación Mundial de Organizaciones de la Ingeniería, París, y de la Academia de Ciencias de Malaysia). A partir de los "Objetivos de Desarrollo del Milenio" (ODM) establecidos por las Naciones Unidas en 2000, se propone una clara reorientación de las políticas de desarrollo para enfocarlas más nítidamente sobre las fuentes críticas de crecimiento económico, en particular, las vinculadas con la adecuada utilización del conocimiento científico y tecnológico. La evolución de los sistemas económicos, sociales y culturales tiene lugar en el tiempo a través de modificaciones en el conocimiento y en las instituciones. Las transformaciones del sistema económico resultan de un proceso de aprendizaje que requiere la utilización de nuevo conocimiento (o conocimiento previamente accesible combinado de diferente manera) en las actividades productivas, junto con el correspondiente ajuste de las instituciones concernidas. Por tanto, tres agentes deben impulsar la innovación acelerada que exigen hoy en día los procesos de desarrollo económicos: los gobiernos, las instituciones educativas y las empresas. Dichos agentes, en opinión del citado grupo de trabajo, deberían actuar en las siguientes direcciones:
Estas líneas generales de actuación deben complementarse con actuaciones en la mejora de las infraestructuras de todo tipo (y especialmente las científico-tecnológicas), y -muy especialmente- en el incremento de las capacidades humanas mediante el esfuerzo educativo. En este contexto, resulta difícil exagerar la importancia que -para los países menos desarrollados- tienen la creación de sólidas comunidades de científicos y técnicos, o las inversiones en educación superior en dichos países. Tampoco podemos olvidar la relevancia que presenta el fomento de actividades emprendedoras surgidas de universidades y otros centros de educación superior, lo que, en buena medida, requiere un cambio radical en los enfoques pedagógicos y organizativos de dichas instituciones. Como conclusión, podemos subrayar la urgencia que -para alcanzar en los años venideros un mundo más justo y equilibrado- tiene todo ese conglomerado de actividades que giran en torno a la ciencia, la tecnología y la innovación. En ese sentido, nuestra revista (como bien saben nuestros lectores) publica regularmente contribuciones que ayudan a comprender mejor los problemas comentados. Confiamos en que del esfuerzo colectivo surja una realidad alejada de las lacras que hoy padece buena parte de la humanidad. |
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