Número 26, noviembre 2004
RETOS UNIVERSITARIOS>> Con otro aire
 
  El Ser Básico

Dícese de ese niño que todos llevamos dentro.

     
Patricio Morcillo
Catedrático de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
patricio.morcillo@uam.es
 
“La infancia es la patria del hombre”.
Rainer Maria Rilke

 

Juan Luís Arsuaga afirma con toda rotundidad que las personas somos Seres Básicos. Siendo profesor de Paleontología Humana, lo primero que se nos ocurre es pensar que se está refiriendo a cualquiera de nuestros antepasados, bien al Homo antecesor de Atapuerca o bien al Homo sapiens sapiens o, inclusive, al Neandertal que tanto le apasiona, pero nada de eso, nada de Seres Primitivos, alude al hecho de que las personas, por muy adultas que nos consideremos, nunca abandonamos del todo nuestra infancia. Los Seres Humanos, nunca dejamos de comportarnos como niños, como unos niños grandes cuyas capacidades de asombro y de ensoñación quedan, sin embargo, intactas a lo largo de nuestras vidas. Somos como unos bebés gigantes, fascinados por lo misterioso y con ánimo explorador convencidos de que quedan montones de cosas por descubrir aunque, muchas veces, a medida que vamos avanzando en nuestra andadura, tropezamos con huellas que han dejado otros exploradores que nos han precedido en el intento. Ante esta cruda realidad, regresamos cabizbajos, sin pena ni gloria, de nuestro viaje a ninguna parte hasta que, de nuevo, nos entre el gusanillo y salgamos a la aventura.

No obstante, aunque Seres Básicos seamos todos, no todos estamos cortados con el mismo patrón. Hay Seres Básicos tristones, grises, que se entretienen con muy poquita cosa -los juegos de mesa, las colecciones de fósiles, minerales, sellos, cachimbas…, el interés por todo lo relacionado con la naturaleza o la construcción de maquetas- por citar algunas actividades aburridas pero que tienen la ventaja de no molestar y de no dar la nota pero hay otros Seres Básicos que, por el contrario, se apuntan a un bombardeo y entran como un elefante en una cacharrería poniendo todo patas a arriba. Estos últimos, buscan, incesantemente, nuevas emociones, nuevas experiencias y nuevas ilusiones portadoras de futuro. Parecen tener azogue, pero lo malo es que no viven ni dejan vivir porque una cosa es que no duden en acometer nuevos proyectos y otra cosa es que nunca se atrevan a ir solos y arrastren detrás de ellos a otros Seres Básicos, menos inquietos y algo renuentes entretenidos con sus pasatiempos que terminan por dejarse seducir por sus facultades de persuasión.

Pero, a veces, la capacidad de persuasión que atesora un individuo no es suficiente para cambiar el curso de los acontecimientos. El mismísimo Luís Mazzantini pudo comprobarlo un día en que no conseguía encarrilar su faena como Dios manda. Cuenta Luís Nieto que “el banderillero Tomás Mazzantini, una tarde en la que su hermano Luís no veía la manera de estoquear a un toro encerrado en tablas y a la querencia de un caballo, metió el capote repetidas veces, por mandato de Luís, para que la res diese unos pasos y se saliera para los medios.

A pesar de su buena voluntad, los esfuerzos de Tomás fueron vanos, Luís le reiteraba la orden, indicándole el sitio donde tenía que colocar al toro y Tomás, por más que lo intentase, no lo conseguía.

Nuevo mandato y nuevo esfuerzo inútil del banderillero.

Rendido ya, se acercó Tomás a la cara del cornúpeto y le dijo con autoridad:

    -Toro: dice mi hermano Luís que salgas pa´ fuera.

Y como el toro permanecía inmóvil, Tomás volvió a dirigirse a su hermano y con aire de impotencia le dijo:

    -Ya lo ves; no quiere ir, ni aún por la persuasión”.

Pues así es, por mucho pico de oro que tenga el Ser Básico y por importante que sea su poder de persuasión, llega un momento en que la gente se rebela y le dice “ya no me junto”. También es verdad, que en ese primer envite el Ser Básico suele hacerse el sueco y, como si este renuncio hubiese pasado inadvertido, vuelve alegremente al ataque para intentar convencer a sus fieles de toda la vida mejorando las formas y el fondo de su proyecto: “Es el no va más, es una ocasión de oro que nos va a catapultar al estrellato y no hay razón alguna para darle la espalda a esta atractiva propuesta”.

No es que este Ser Básico caiga antipático y viva del cuento sino todo lo contrario porque sus ideas suelen ser innovadoras, atrevidas y seducen a cualquier hijo de vecino pero no es, lo que se dice, un corredor de fondo, le gustan mucho más las distancias cortas y eso implica que, a veces, se le vaya la fuerza por la boca. Cuando nace en él una nueva ilusión, no hay quién lo sujete y como un caballo desbocado va por ahí pregonando sus ideas y propósitos para que su entorno se fije en él, le reconozca como un ser brillante y le preste la atención y el apoyo que, según él, se merece aunque, a veces, le tengan que sacar las castañas del fuego.

A pesar de todo lo dicho en cuanto a algunos aspectos de su comportamiento, nuestro Ser Básico, pletórico de fantasía, vitalidad y talento, es más listo que el hambre y eso le conduce, en cada momento, a saber lo que debe hacer. Pues no sólo genera ideas que quitan el hipo a cualquiera sino que sabe exponerlas y proponerlas en el instante oportuno y a las personas adecuadas. Además, posee la fuerza y seguridad de ponerlas en práctica esquivando las trabas que jalonan el recorrido. Claro, como ya lo mencionábamos anteriormente, es muy conciente del panorama y no se tira sólo al vacío. Colaboradores al margen, siempre se las arregla para apuntalar su proyecto con el apoyo incondicional de todos aquellos individuos que tienen algo que decir debido al poder de decisión que aglutinan. ¿Cómo consigue llevar al huerto a todos estos poderosos? Pues, de nuevo, recurre a la persuasión, a esa capacidad de persuasión que consiste en pintar todo de color de rosa y en olvidarse de los problemas.

Aún así, no nos confundamos, a este Ser Básico no le gustan los chanchullos y rechaza el desarrollar toda iniciativa que no sea transparente y ética. Es como la mujer del César que no sólo debe ser casta sino que también debe parecerlo. Lo único que pasa, es que este Ser Básico tiene culto a la juventud y, como cualquier chaval que no sabe estarse quieto, tiene fuerzas para dar y tomar.

Por muy arriesgado y aventurado que sean sus proyectos nunca sale escaldado y sigue con todas sus fuerzas intactas para volver a empezar cuando surja la ocasión. En eso, se le parece mucho a “ El Gallo ” cuyas genialidades descollaron en cuanto pisó los ruedos. “El Guerra”, que quedó impactado por sus hazañas dijo de él: “Si Rafaé cayera desde un quinto piso, caería torero”