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Número 26, noviembre 2004 RETOS UNIVERSITARIOS>> Editorial |
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Retos Universitarios | |||||||||||||||||
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Este número de madri+d , como observará el lector tras una somera revisión de su contenido, dedica una especial atención a cuestiones directa o indirectamente relacionadas con la Universidad y su potencial innovador. Si consideramos que buena parte de las actividades vinculadas con la ciencia, la tecnología y la innovación realizadas en España se llevan a cabo en el ámbito universitario, parece razonable promover el estudio de sus realidades, logros y carencias. Así, la Tribuna de Debate está constituida por dos artículos que pretenden arrojar luz sobre la cuestión. El primero de ellos, debido a Bernardos y Casar, está centrado en la realidad española, mientras el siguiente -obra de Murcia y D'Alemán- pretende extraer una serie de enseñanzas de utilidad del peculiar sistema de investigación estadounidense. La universidad es, en las sociedades occidentales, una de las instituciones más longevas. Este hecho posiblemente esté relacionado con su demostrada capacidad de adaptación al cambio, junto con su potencial de liderazgo intelectual y social. Por su propia naturaleza, la universidad no cesa de cuestionar su propio papel buscando un incremento de su utilidad para el conjunto de los ciudadanos. Esta voluntad autocrítica es parte de su propia esencia, y representa un saludable ejercicio de honestidad que, desde luego, sería muy recomendable para otras instituciones no tan acostumbradas a ella. Ese continuo replanteamiento sólo es pernicioso cuando paraliza la actividad docente e investigadora orientada hacia la excelencia. Por tanto, no debe sorprender que la universidad esté continuamente poniendo en cuestión sus propios límites y procedimientos. Como ejemplo reciente, observamos el prolongado y profundo debate que en el Reino Unido se desarrolla sobre la financiación universitaria, a partir de una serie de hechos más o menos paradójicos, como el relativo a los problemas presupuestarios que arrastran centros de extraordinario prestigio a pesar de tener un elevado número de solicitudes de admisión año tras año. Trascendiendo de la dimensión nacional, que tantos matices registra, nos encontramos con la radical transformación que para la universidad del continente surge a partir del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Como es bien sabido, la Declaración de Bolonia (suscrita por treinta países europeos el 19 de junio de 1999) sienta las bases del EEES, que proclama su intención de afectar positivamente al empleo en Europa, así como la mejora del prestigio académico de sus instituciones de educación superior de modo que atraigan a estudiantes brillantes de todo el mundo. Sus seis objetivos específicos giran en torno a la comparabilidad de las titulaciones, la armonización de los estudios universitarios en un sistema de dos ciclos, el cómputo del esfuerzo estudiantil mediante los créditos ECTS, el incremento de la cooperación en metodologías que redunde en un incremento de la calidad, la promoción de la dimensión europea de los estudios universitarios y, por último, el consecuente impulso de la movilidad de estudiantes, profesores y personal administrativo. Con un horizonte de realización fijado en el año 2010, se establece un mecanismo de revisión y control bienal, mediante Conferencias Ministeriales. Hasta la fecha han tenido lugar en Praga (2001) y Berlín (2003), estando fijada la siguiente cita en Bergen (Noruega) para los días 19 y 20 de mayo de 2005. Sin duda, el proceso de desarrollo del EEES (así como su relación con el Espacio Europeo de Investigación) significa el reto fundamental que ahora mismo tienen planteadas nuestras universidades. Superarlo representará para la institución universitaria reafirmar su papel central en la sociedad del conocimiento que se está configurando en estos primeros años del siglo XXI. |
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