Número 27, enero 2004
INVESTIGACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA>> Con otro aire
 
  El Rey del Collage

Dícese de aquél individuo que crea su obra, al igual que un artista plástico especializado en la técnica del Collage que utiliza materiales y elementos procedentes de distintos orígenes, conjuntando ideas expuestas y desarrolladas por otros.

     
Patricio Morcillo
Catedrático de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
patricio.morcillo@uam.es
 
"Nada es más peligroso que una idea,
si no se dispone de ninguna otra".
Emile Chartier
"El mal torero, como todo artista malo,
confunde el arte con la estrategia;
la exactitud con la oportunidad".
José Bergamín

 

 

Que no nos quepa la menor duda, el Rey del Collage no tiene reparos y escrúpulos a la ahora de sacar pecho y de revindicar su notoriedad intelectual aunque ésta radique en el poco honroso arte de cortar y pegar lo de otros que domina como nadie. Antes muerto que sencillo, sin el menor asomo de modestia, se arma de valor y en un abrir y cerrar de ojos se acerca a todo aquello que tiene visos de poder ser reutilizado por él como si se tratase de una versión original. Ese arte de cortar y pecar no sólo lo aplica a la hora de hacerse con el control de ideas ajenas sino también a sus propias producciones científicas de tiempos pasados que, a todas luces, cayeron demasiado pronto en el olvido y pueden ser resucitadas con un lavado de cara en condiciones.

El Rey del Collage, por si aún no lo hubiésemos entendido, es una persona al que se le ha secado la vena creativa o que ya no dispone del tiempo necesario para pararse a pensar y generar nuevas ideas portadoras de futuro. Al fin y al cabo, lo único que pretende nuestro protagonista es mantener su prestigio viviendo de las rentas y a costa de los demás. Ha sabido situarse entre los intelectuales de alto copete, de esos que van de congreso en congreso y que gozan de un gran poder de convocatoria.

Pero, hoy en día, el nivel de exigencia es tal, y lo reclaman de tantos sitios a la vez, que, con el fin de no dar un no por respuesta y no ver peligrar su crédito, dirige desde su pedestal su cohorte de esbirros para que tiren de archivos y se pongan a trabajar contra reloj. De tanto rastrear las fuentes de información les saldrán callos pero ¡qué más da! lo primero es lo primero y hay que tener contento al jefe. Cuando, al fin, surge algo relevante con visos de poder ser explotado como Dios manda por una mano diestra como la suya, delimita con criterio lo que más le interesa y, según el soporte consultado, echa mano de su Stabilo, último modelo, para subrayar la parte del documento en cuestión y lo fotocopia o, a falta de fotocopiadora, agarra, a lo bestia, el par de tijeras que nunca le abandona para recortar todo lo pertinente y buscarle la vuelta a todo lo reunido mediante un ejercicio de composición. Sus soluciones no serán elegantes pero funcionan y siempre sale bien parado. Por algo es el incontestable Rey del Collage, y como artista especializado en esa técnica, sabe, como nadie, combinar materiales de distintos orígenes y de diferentes texturas para dar nacimiento, con personalidad, a una nueva producción de la casa.

Reconozcámoslo sin ambages, cuando nos acercamos, de primeras, a un collage realizado por un reconocido artista plástico, no tratamos, nada más descubrirlo, de averiguar cuales han sido las fuentes de inspiración del autor ni de determinar lo que ha conducido a este último a emplear tal o tal material o elemento para la elaboración de su obra porque la contemplamos como un todo indivisible, como una nueva propuesta. Igualmente, cuando tomamos conocimiento de una reciente publicación de nuestro personaje, nos apresuramos para tomar conocimiento de la misma en cuanto antes y la leemos con tanta ansia que nos olvidamos de pensar, dando por bueno y por nuevo todo lo que en ella se dice.

De primeras, utilizando el argot pugilístico, nos quedamos sonados porque nos aturde tanta sabiduría, tanta ciencia infusa que emana a borbotones del Rey del Collage pero, con el tiempo y a medida que vayamos haciendo memoria, saldremos poco a poco de nuestro estado semi comatoso e iremos poniendo progresivamente a descubierto los verdaderos méritos y desméritos del personaje. Mientras que los más críticos con ese proceder de cortar y pegar, hablarán de plagio cuando comprueben el agravio, otros, los más tolerantes, se referirán a una imitación creativa. Al final, qué más dará, plagio o no plagio, el Rey del Collage se irá de rositas porque somos víctimas del sistema y nadie se atreverá a cuestionarlo y aunque alguno lo intente ni se le oirá. Ah, se siente.

Eso de "a lo hecho pecho" no va con el Rey del Collage, éste es demasiado vanidoso aunque, por muy creído que se lo tenga, se engañará a sí mismo. Ese reconocimiento social del que hoy, aparentemente, presume es circunstancial y por mucho que adorne las ideas que usurpa a los demás con un estilo propio, su producción científica no dejará de ser poco valorada. Tarde o temprano todo acaba sabiéndose y no por "pedir" prestado las ideas de los demás uno se hace dueño y señor de las mismas y se asegura el entrar en el gólgota.

Una muestra fehaciente de que todo no se pega, es lo que le ocurrió a Mazzantini una tarde en la que compartía cartel con "El Guerra" en el coso del Puerto de Santa María. Cuando iba a salir el burel que le tocaba en suerte a Mazzantini éste se dirigió al maestro cordobés con estas palabras:

    -¿Me deja usted su maravillosa muleta, a ver si logro ejecutar una de sus admirables faenas?

Asintió "El Guerra" Y le ordenó al mozo de estoques que entregase a Mazzantini su muleta. Cuando éste se la devolvió creyendo haber estado a la altura de las circunstancias, "Guerrita" lo miró con arrogancia y le contestó:

    -Ni aunque vista usté el vestío de "Lagartijo".