Número 27, enero 2004
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  Las fuentes y prácticas de gestión del conocimiento y la complejidad de las capacidades tecnológicas: análisis de la creación de valor en el sector biotecnológico español      

Doctorando: Fernando E. García Muiña
Directores: José Emilio Navas López
Departamento: Organización de Empresas
Facultad: Ciencias Económicas y Empresariales
Universidad: Universidad Complutense de Madrid
 

1. Consideraciones iniciales: estado de la cuestión y objetivos de la investigación

La complejidad y el dinamismo de los entornos a los que las empresas se enfrentan cada vez en mayor medida requieren que las organizaciones se adapten rápida y eficazmente a él para sobrevivir. En el contexto económico actual, el desarrollo de capacidades tecnológicas se plantea como uno de los pilares básicos en los que las empresas deben basar su competitividad. Ciertamente la relación entre tecnología y creación de valor no es nueva, ya que fue el propio Schumpeter (1934) quien concibió el cambio tecnológico como la causa fundamental del dinamismo y crecimiento de la economía.

En la actualidad la comunidad científica y la práctica empresarial defienden que el principal activo de la empresa es su conocimiento (p. ej. Hall, 1992; Nonaka, 1994; Nonaka y Takeuchi, 1995; Grant 1996; Spender, 1996), y que sus procesos más importantes son las pautas de aprendizaje (p. ej. March, 1991; Ghemawat y Costa, 1993; Levinthal y March, 1993). Así, la habilidad para desarrollar y aplicar a nuevos productos los conocimientos tecnológicos acumulados, lo que se consigue mediante las capacidades tecnológicas, es el fenómeno objeto de análisis en el presente trabajo como factor explicativo del éxito de las empresas dedicadas a biotecnología en España.

La toma de decisiones relacionadas con el conocimiento tecnológico se trata de una tarea complicada, puesto que su marcado carácter intangible supone una serie de características particulares que lo diferencian notablemente de la mayoría de recursos. La propia evolución de las corrientes de pensamiento estratégico ha sido sensible a estas cuestiones y ha permitido reconocer el efecto positivo de una correcta dirección y gestión de los conocimientos tecnológicos en el éxito, no solo de las actividades innovadoras sino de la empresa en su conjunto.

Si bien es cierto que desde un punto de vista excesivamente normativo se reconoce que el conocimiento tecnológico es un activo estratégico (Cool y Schendel, 1988; Dierickx y Cool, 1989; Bowen et al., 1994; Henderson y Cockburn, 1994), los resultados de los contrastes empíricos acerca del sentido e intensidad de la relación entre la posesión y/o dominio de conocimientos tecnológicos y el éxito distan de ser concluyentes (p. ej. Afuah 2002; Figueiredo, 2002;Matusik, 2002; Soo et al., 2002; DeCarolis, 2003; Nicholls-Nixon y Woo, 2003; Spencer, 2003; Zott, 2003). No obstante, la literatura teórica y empírica revisada nos ha permitido identificar las que, a nuestro juicio, son las principales causas que explican la falta de consenso en las conclusiones de las investigaciones previas.

  • No adopción de un enfoque contingente a la hora de plantear el análisis del potencial estratégico de las capacidades tecnológicas; es decir, la no evaluación de las capacidades en función de las posibilidades que otorgan a las empresas para enfrentarse ante distintas oportunidades y amenazas del entorno[1].
  • La ambigüedad con la que se define el factor que, en principio, debe explicar en mayor proporción el potencial estratégico de las capacidades tecnológicas: la naturaleza del conocimiento y, más concretamente, su complejidad.

Nuestra aportación al avance en el conocimiento relativo a las relaciones hasta ahora descritas se plantea, por una parte, mediante una novedosa tipología de capacidades tecnológicas, que descansa precisamente en las diferentes orientaciones que pueden tomar las organizaciones para enfrentarse al entorno y, por otra parte, a través de una propuesta de definición y medición de la complejidad tecnológica que trata de identificar sus diferentes dimensiones, con propiedades y efectos particulares en la eficacia de cada una de las capacidades previamente definidas.

A partir de estas primeras reflexiones planteamos las preguntas clave a las que responderemos con el desarrollo de la presente investigación:

  • ¿Qué naturaleza de los conocimientos incorporados en las capacidades tecnológicas les otorga potencial estratégico en distintos contextos?
  • ¿Cuáles son los procesos mediante los que las empresas construyen y desarrollan las capacidades tecnológicas estratégicas ante diferentes condiciones competitivas?

2. Fundamentos teóricos: marco conceptual

La construcción de un modelo teórico completo relacionado con el fenómeno tecnológico es el hecho que justifica el esfuerzo dedicado en este trabajo al análisis de la evolución que ha sufrido el tratamiento de la tecnología desde los principales enfoques teóricos. El estudio de las diferentes corrientes de pensamiento estratégico nos ha permitido identificar diversas cuestiones de interés –más allá de la simple relación cuantitativa entre el nivel de gastos en investigación y desarrollo y los resultados tecnológicos o empresariales–, que han quedado recogidas en nuestro modelo de investigación.

Tras los primeros modelos en el campo de la Dirección Estratégica, que reconocen el potencial de los aspectos internos de las organizaciones y la relevancia de la tecnología (p. ej. Barnard, 1938; Simon, 1945; Selznick, 1957; Penrose, 1959; Chandler, 1962; Cyert y March, 1962; Ansoff, 1965, Andrews, 1971), el paradigma Estructura-Conducta-Resultados (p. ej. Porter, 1980; Lamb 1984; Schmalensee, 1985; Buzzell y Gale, 1987) destaca el interés de integrar los factores que describen el contexto competitivo a la hora de evaluar el potencial estratégico de los conocimientos tecnológicos.

En el ámbito de la Economía de las Organizaciones, la Teoría de los Costes de Transacción (Coase, 1937; Simon, 1945, 1947; Arrow, 1969; Williamson, 1975, 1979, 1985; Alchian y Woodward, 1988; Tripsas, Schrader y Sobrero, 1995; Mang, 1998) ha sido un enfoque muy interesante en la definición de nuestro modelo, puesto que ha permitido incorporar, por un lado, la importancia de las diferentes alternativas con que cuenta la empresa para acumular los conocimientos tecnológicos a partir de análisis de sus costes y, por otro lado, el estudio del efecto de las fuentes de conocimiento tecnológico en la naturaleza de aquél acumulado por las organizaciones.

A partir de los supuestos básicos de la Economía de las Organizaciones, la Teoría de la Agencia por su parte (p. ej. Jensen y Meckling, 1976; Fama y Jensen, 1983; Eisenhardt, 1989; Hoskisson, Hitt y Hill, 1993; Lippman y Rumelt, 2003) nos ha permitido integrar otros aspectos complementarios, como el análisis del efecto de la naturaleza del conocimiento tecnológico en la distribución de las rentas generadas entre los agentes y, por tanto, la retención del valor creado en la organización que desarrolla y explota dicho conocimiento.

Finalmente, la Teoría Evolucionista (p. ej. Hawley, 1950; Hannan y Freeman, 1977, 1989; Nelson y Winter, 1982; Tushman y Romanelli, 1985; Pavitt, 1987; Dosi, 1988, 1991; Jacobson, 1992) ha sido un marco de referencia muy enriquecedor para el desarrollo de los enfoques estratégicos vanguardistas de Recursos y Capacidades (p. ej. Wernerfelt, 1984; Barney, 1991; Conner, 1991; Grant, 1991; Mahoney y Pandian, 1992; Amit y Schoemaker, 1993; Peteraf, 1993) y Conocimiento (p. ej. Kogut y Zander, 1992; Nonaka, 1994; Nonaka y Takeuchi, 1995; Zander y Kogut, 1995; Grant, 1996; Spender, 1996; Spender y Grant, 1996), que directamente se centran en el análisis del potencial estratégico de los recursos intangibles y capacidades empresariales a partir de sus atributos.

Con este marco de referencia general destacamos la necesidad de integrar los aspectos funcionales y dinámicos de la tecnología a la hora de diseñar un modelo completo de dirección y gestión del conocimiento tecnológico. Esto es así puesto que consideramos que tan importante resulta el estudio de la naturaleza del conocimiento responsable de la creación de innovaciones relevantes, como el análisis del proceso de construcción/renovación de las capacidades, tal y como se pone de manifiesto en las dos preguntas clave propuestas.

Con la finalidad de avanzar en la controvertida relación entre la tecnología y el éxito, en esta investigación planteamos como punto de partida la definición y clasificación de las capacidades tecnológicas y la aproximación multidimensional a su complejidad.

Entendemos por capacidad tecnológica toda facultad genérica de la empresa para movilizar conjuntamente recursos científicos y técnicos que permiten el desarrollo de productos y/o procesos productivos innovadores de éxito, al servicio de la implantación de estrategias creadoras de valor ante unas condiciones medioambientales determinadas.

La tipología de las capacidades tecnológicas planteada incorpora las distintas orientaciones que pueden tomar las organizaciones a la hora de administrar su función tecnológica. Así pues, en un contexto competitivo tradicional son las capacidades tecnológicas de explotación de exclusividad –inmunes a la imitación y sustitución– las que, en principio, explicarían situaciones de ventaja competitiva sostenible. Sin embargo, cuando las innovaciones no se disfrutan en exclusiva por ninguna organización o la industria se comporta de un modo turbulento, son las denominadas en este trabajo capacidades de explotación de no exclusividad y capacidades de exploración las que pasarían a ocupar la posición de mayor relevancia en los procesos de Dirección Estratégica de la tecnología. En ambos casos, el potencial estratégico de las capacidades se evalúa en función de la agilidad y eficacia que otorgan a los procesos de innovación tecnológica incremental y radical, respectivamente.

En cuanto al tratamiento de la complejidad tecnológica –entendida en sentido amplio como el grado de dificultad para identificar los componentes de las capacidades y comprender su funcionamiento–, planteamos una propuesta de medición del fenómeno que permite reconocer la existencia de dos dimensiones o factores subyacentes con efectos particulares en el éxito. Así, definimos y reconocemos la existencia de un componente endógeno de la complejidad, que se vincula directa y exclusivamente con el nivel de conocimientos tácitos embebidos en las capacidades, y otro exógeno, que depende de la presencia conjunta de conocimientos tácitos y explícitos.

3. El modelo de investigación

El tratamiento teórico perfeccionado de los conceptos y variables clave han permitido el diseño de un modelo de investigación que permite avanzar en el estudio de las controvertidas relaciones apuntadas.

Nuestra propuesta de análisis no aborda solo aspectos cuantitativos de la relación entre los esfuerzos tecnológicos y resultados tecnológicos y/o resultados empresariales, sino que integra otras cuestiones de carácter cualitativo, como son la idoneidad del empleo de distintas fuentes de conocimiento –internas o externas– o el interés de ciertas prácticas de gestión de conocimiento, más concretamente la codificación y la protección legal del conocimiento tecnológico, por su influencia en la naturaleza del conocimiento.

Mientras algunos estudios conceden a las fuentes internas de conocimiento de forma exclusiva la capacidad para explicar mejores resultados tecnológicos y/o empresariales (p. ej. Afuah, 2002; Balconi, 2002; Figueiredo, 2002; Miller, Eisenstat y Foote, 2002; Douglas y Ryman, 2003; Spencer, 2003), otros en cambio concluyen que el efecto individual de las fuentes internas en el éxito es negativo y que solamente aquellas empresas que acuden a fuentes externas de conocimiento obtienen mejores resultados (p. ej. Yeoh y Roth, 1999; Yli-Renko, Autio y Sapienza, 2001; Matusik, 2002). Otros modelos consideran menos importante la proporción de la partida de gastos en I+D que se destina a cada una de las diferentes fuentes de conocimiento, ya que concluyen que tanto las fuentes internas como externas individualmente consideradas tienen una influencia positiva en el éxito (p. ej. DeCarolis y Deeds 1999; Schroeder, Bates y Junttila, 2002; Soo et al., 2002; Nicholls-Nixon y Woo, 2003). Además es posible encontrar trabajos que identifican relaciones en uno u otro sentido según una serie de factores que moderan dicha relación (p. ej. Zahra y Nielsen, 2002).

Por su parte, algunos otros modelos de investigación apuntan que la forma más adecuada para analizar el papel de las fuentes de conocimiento es mediante el estudio del efecto conjunto de las fuentes internas y externas de conocimiento (p. ej. Tripsas, 1997; Figueiredo, 2002; Schroeder et al., 2002; Thomke y Kuemmerle, 2002; Knott, 2003b).

De forma paralela, la evidencia empírica tampoco es concluyente en cuanto a la idoneidad de la codificación y protección legal del conocimiento en el éxito tecnológico y/o empresarial. Incluso, la relación entre los resultados tecnológicos y la eficacia empresarial tampoco está clara. Mientras algunos trabajos concluyen que los mejores resultados tecnológicos necesariamente conducirán una mejor posición competitiva (p. ej. Albino et al., 2001; Figueiredo, 2002; Schroeder et al., 2002; Knott, 2003b), otros estudios no muestran una evidencia tan concluyente (p. ej. DeCarolis y Deeds, 1999; Yeoh y Roth, 1999; DeCarolis, 2003).

Los desiguales efectos de las políticas de acumulación de conocimiento y de las prácticas de gestión de intangibles sobre el éxito alcanzado en cada una de las orientaciones tecnológicas quedan explicados por su influencia en la composición cualitativa de la complejidad.

Así pues se plantean hasta quince hipótesis que recogen la influencia directa e indirecta a través de la complejidad tecnológica de las fuentes y prácticas de gestión sobre el éxito tecnológico y de éste, a su vez, en los resultados empresariales.

Figura 1.- El modelo general de análisis

4. Metodología

Trabajos empíricos de gran impacto que abordan el contraste empírico del potencial estratégico de los recursos y capacidades justifican la necesidad de definir una población lo más homogénea posible (Hoskisson et al., 1999; Yeoh y Roth, 1999; DeCarolis, 2002; Douglas y Ryman, 2003; Lenox y King, 2004; Rothaermel y Deeds, 2004). Por ello, consideramos oportuno limitar nuestro estudio a una única industria. Además, en nuestro caso, requeríamos que el sector se caracterizara por un alto contenido tecnológico. Lo poco explorado para el caso español y el elevado potencial de crecimiento de la industria biotecnológica justificó nuestra elección.

No obstante el carácter horizontal de la industria, nos obligó a elegir solo algunos segmentos de actividad, para alcanzar los niveles de homogeneidad necesarios de la población; así pues elegimos empresas que se dedicaran a biotecnología en España en los segmentos de salud humana, salud animal y suministros que, al menos, desarrollen actividades de innovación en el territorio nacional desde enero de 2000, pero sin exigir ningún criterio adicional con respecto al tamaño. La falta de una estadística nacional actualizada nos obligó a crear nuestro propio censo de empresas, a partir de la base de datos del CINDOC construida en 1997.

Uno de los aspectos metodológicos en los que quisiéramos hacer más hincapié ha sido la medición del éxito empresarial en un sector tan joven como el de la biotecnología, caracterizado por unos modelos de negocio novedosos y por la ausencia de indicadores cuantitativos objetivos que reflejen la eficacia con la que se desarrollan las actividades. De ahí que en la presente Tesis Doctoral se haya prestado especial atención no solo a ciertas medidas de éxito tradicionales (rentabilidad económica o incremento en ventas), sino también a otras medidas de éxito alternativas (p. ej. capacidad de atracción de capitales, capacidad de atracción de socios o composición del Consejo de Administración) que permiten recoger de forma más adecuada la eficacia empresarial según la idiosincrasia competitiva de la industria objeto de análisis (p. ej. Corolleur et al., 2004; Oliver, 2004; Sanders y Boivie, 2004). El contraste de la utilidad de estas innovadoras medidas hace más interesante, si cabe, la elección de la población de bioempresas hecha.

A pesar de estas dificultades, el carácter tecnológico-intensivo de la industria así como su escaso tratamiento en la literatura hicieron de la biotecnología un sector muy interesante en el que contrastar nuestro modelo.

Para asegurar los mayores niveles de objetividad posible tratamos de emplear indicadores cuantitativos que cumplieran con el criterio de la validez teórica o de contenido.

En el caso de que no fuera posible el empleo de medidas cuantitativas, desarrollamos escalas subjetivas de Likert de 7 puntos, a las que sometimos a las pruebas de fiabilidad –mediante el Alpha de Cronbach– y validez de concepto –mediante los enfoques convergente y discriminante–. En este caso, resultan especialmente relevante los resultados de los análisis factorial exploratorio y confirmatorio de dos niveles que ponen de manifiesto la efectiva existencia de dos dimensiones en el constructo complejidad que se corresponden con los componentes endógeno y exógeno respectivamente.

Finalmente, se ha de poner de manifiesto que el reducido número de observaciones muestrales aconsejó el empleo de técnicas estadísticas no paramétricas[2], ya que no pudieron asegurarse ni la normalidad univariante de las variables, ni la normalidad multivariante del modelo completo.

5. Resultados y conclusiones

En cuanto a las fuentes de conocimiento, la principal conclusión se refiere a la implicación positiva de las fuentes internas en la construcción de capacidades complejas por lo que respecta a ambas dimensiones –endógena y exógena–; de ahí que las empresas necesariamente tengan que desarrollar conocimientos a través de medios propios, si quieren disponer de capacidades complejas que cumplan con el criterio de heterogeneidad valiosa y sean, por tanto, fuente de ventajas competitivas. La necesidad de disponer de una base, exclusiva o complementaria, de conocimientos tácitos es el hecho que puede justificar estos resultados. Sin embargo, dichos resultados no deben llevar a pensar a científicos o directivos que acudir a fuentes externas de conocimiento no sea una opción complementaria interesante para, en determinadas circunstancias, la consecución de ciertos objetivos.

El análisis del segundo factor explicativo de la naturaleza del conocimiento incluido en nuestro modelo nos condujo al tratamiento de las prácticas de gestión: codificación y protección legal. La propia definición de ambos procesos nos lleva a considerar que se relacionarán de forma directa con la complejidad exógena. Los resultados empíricos así lo demuestran.

En suma, la complejidad endógena depende directa y significativamente de la proporción de fuentes internas de conocimiento, e inversamente, pero no de forma muy significativa, del nivel de implantación de prácticas de gestión. Por su parte, la complejidad exógena depende directa y significativamente de la proporción de conocimientos exclusivos acumulados a través de fuentes internas y, especialmente, también de forma directa y muy significativa, de la posterior implantación de prácticas de codificación y de protección legal de conocimiento.

En cambio, los resultados muestran que la mayor proporción de fuentes externas desemboca en la construcción de capacidades tecnológicas con una menor complejidad sistémica, al afectar de forma negativa tanto a los niveles de complejidad endógena como exógena. Con respecto al empleo conjunto de fuentes internas y externas de conocimiento, los resultados ponen de manifiesto una falta de significación en las relaciones a un nivel aceptable. Esta ausencia de significación puede deberse a que el sentido e intensidad del vínculo entre las variables dependa de la propia proporción entre fuentes internas y externas. Así, si bien un reducido nivel de fuentes externas puede afectar positivamente a la complejidad exógena, una proporción excesiva de dichas fuentes puede reducir los niveles de complejidad sistémica de las capacidades. Es decir, puede ser que a partir de un determinado nivel de fuentes externas, su efecto sobre la complejidad cambie de sentido, pasando de afectar positivamente al componente exógeno a la construcción de capacidades tecnológicas excesivamente transparentes.

Sin embargo, el mayor interés de incorporar en el análisis las fuentes y prácticas de gestión del conocimiento no se sitúa simplemente en la caracterización de la complejidad de las capacidades, sino en la explicación de su influencia sobre el éxito tecnológico, a través de su efecto en la complejidad como variable mediadora.

A la vista de los resultados empíricos obtenidos, los mayores niveles de complejidad endógena dificultan los procesos de imitación de las capacidades tecnológicas de exclusividad; sin embargo, las hace más vulnerables frente a su sustitución. El argumento que subyace en estas afirmaciones se basa en el hecho de que la consideración por parte de los competidores de tener una mayor comprensión sobre cuáles son las capacidades estratégicas de la empresa líder, les hace creer ser más conscientes de sus limitaciones para buscar tecnologías sustitutivas capaces de igualar la eficacia y eficiencia de los sistemas tecnológicos estratégicos, independientemente de que así sea en la realidad.

Los efectos favorables de la complejidad exógena sobre la sustitución de las capacidades justifican la implantación de ciertas prácticas de codificación parcial de conocimiento y de protección legal; esta última solo cuando los niveles de complejidad sistémica sean menores. Sin embargo, los efectos positivos reconocidos sobre la codificación de conocimiento tecnológico se extienden más allá de los anteriores planteamientos. La búsqueda de capitales y el propio desarrollo de acuerdos de cooperación se facilita cuando los agentes externos son capaces de conocer y evaluar mejor el conocimiento de otras empresas con las que existen posibilidades de cooperar. Además de generarse situaciones de mayor confianza mutua, el objetivo de transferencia de conocimiento entre socios podrá ser alcanzado de forma más satisfactoria. Apoyándose en los mismos argumentos, la codificación y articulación de conocimiento parece afectar también positivamente al éxito de las empresas conjuntas y a los procesos de fusión y adquisición de compañías.

El sentido contrario de las relaciones entre cada componente de la complejidad y su vulnerabilidad frente a las acciones de imitación y sustitución acometidas por la competencia, justifica el desglose de las dimensiones de la naturaleza del conocimiento –hasta ahora obviado– para avanzar en su estudio. Como anteriormente señalábamos, el tratamiento independiente de la sustituibilidad ha sido una de las cuestiones que más ha ocupado nuestra atención, ya que apenas ha sido analizada hasta ahora teórica y empíricamente.

En cambio, cuando las organizaciones persiguen la consecución de objetivos tecnológicos de explotación de no exclusividad, los resultados nos permiten concluir que acudir a fuentes internas de conocimiento y codificarlo en parte posteriormente aumentan los niveles de agilidad y eficiencia de los procesos de desarrollo tecnológico incremental. Luego, la complejidad exógena de las capacidades ocupa nuevamente un puesto fundamental en la gestión eficaz de la innovación tecnológica.

Por su parte, la construcción de capacidades de exploración resulta considerablemente diferente. La altas dosis de dinamismo de la industria aconseja acudir a fuentes internas y externas, lo cual, según los resultados anteriores, debería ser fuente de menores niveles de complejidad sistémica de las capacidades. Sin embargo, las altas dosis de creatividad requeridas en este caso reconocen los efectos positivos de circunscribir la complejidad –quizá menor en términos absolutos– a su componente endógeno; es decir, la no idoneidad de la implantación de prácticas de codificación parcial del conocimiento.

En definitiva, el centro de todo el debate acerca del efecto favorable o desfavorable de la codificación de conocimiento gira en torno al tipo de innovación y, por ende, a los distintos tipos de capacidades tecnológicas. Uno de los trabajos recientes en los que se destaca explícitamente este hecho es el de Benner y Tushman (2003), quienes apoyan que cuanto más radical sea la innovación menos interesante serán las prácticas de gestión que supongan mayores niveles de codificación.

De forma general, los resultados obtenidos ponen de manifiesto la necesidad de disponer conocimientos internos exclusivos que permitan mejorar los niveles de eficiencia de aquellos desarrollados por terceros agentes, y que la casi exclusiva presencia de conocimientos externos es responsable de la construcción, en el mejor de los casos, de capacidades tecnológicas poco complejas y, por tanto, menos estratégicas; todos estos argumentos descansan en la propuesta conceptual que se planteó de la complejidad exógena, y que quizá justifique la poca relevancia que tradicionalmente se ha otorgado a las fuentes externas de conocimiento.

En definitiva, la gestión eficaz de capacidades tecnológicas de explotación de exclusividad se corresponde con la acumulación de conocimientos a través de fuentes internas y la correspondiente implantación de prácticas de codificación y protección legal de conocimiento –esta última en condiciones de menor complejidad sistémica–, ya que permiten simultanear la construcción de “barreras” a la imitación y a la sustitución de las capacidades tecnológicas.

En cuanto a las capacidades tecnológicas de explotación de no exclusividad, la evidencia encontrada nos permite concluir que acumular conocimientos a través de fuentes internas y codificarlo, pero no protegerlo, posteriormente permite agilizar los procesos de innovación tecnológica incremental.

Finalmente, la mejor gestión de las capacidades tecnológicas de exploración supone acumular conocimientos mediante políticas que integren el empleo conjunto de fuentes internas y externas pero la no codificación y protección legal posterior del conocimiento. De ahí, que la construcción de capacidades tecnológicas endógenamente complejas se relacione positivamente con el éxito tecnológico de esta tercera orientación.

De algún modo, los resultados de nuestro trabajo resultan coherentes con la investigación empírica previa que ha tratado parcialmente algunas de estas cuestiones en el campo de la biotecnología u otros con similares pautas competitivas (p. ej. DeCarolis y Deeds, 1999; Figueiredo, 2002).

De la observación de los resultados obtenidos, también podemos concluir que, en un sector tan intensivo en conocimientos tecnológicos como el biotecnológico, las empresas apuestan por los beneficios de las economías de especialización (Rothaermel y Deeds, 2004), ya que por lo general suelen concentrar sus esfuerzos en una única orientación tecnológica.

6. Aportaciones y líneas futuras de investigación:

Desde un punto de vista científico:

  • Mejor tratamiento conceptual de las capacidades tecnológicas.
  • Mejor tratamiento conceptual de la complejidad tecnológica.
  • Propuesta contingente de criterios de evaluación estratégica de los conocimientos, específica para cada tipo de capacidad tecnológica.
  • Avance en el conocimiento de las relaciones entre tecnología, éxito tecnológico y resultados empresariales.
  • Contraste de la eficacia de medidas de éxito empresarial alternativas valiosas en condiciones de gran incertidumbre.

Desde un punto de vista empresarial:

  • Caracterización de la industria biotecnológica.
  • Identificación de los factores tecnológicos clave de éxito en una industria muy joven y poco explorada hasta ahora.
  • Análisis de los procesos de gestión relacionados con dichos factores más adecuados.

7. Líneas futuras de investigación

Entre otras alternativas destacamos los desafíos más significativos. Por un lado, el avance en la relación entre el dominio de una cartera de tecnologías correspondientes a distintas orientaciones y la eficacia empresarial, puesto que, a medida que vaya madurando la industria, es probable que las organizaciones emprendan procesos de diversificación tecnológica, tal y como ha ocurrido en otros mercados distintos al español.

Por otro lado, en coherencia con la aparición de ciertos trabajos recientes, planteamos el análisis de las relaciones entre la posición de fortaleza/debilidad de las empresas –en términos de las capacidades tecnológicas– y su habilidad para enfrentarse a las oportunidades y amenazas que impone la industria. De este modo, seríamos capaces de adoptar un enfoque explicativo de porqué ciertas organizaciones, con una determinada dotación de capacidades tecnológicas, se enfrentan en mejores condiciones a la competencia actual, proveedores, clientes, o ante la amenaza de nuevos competidores o la aparición de tecnologías sustitutivas y, por tanto, son capaces de crear mayor valor para los accionistas.


Notas :

[1]Para que el modelo de investigación propuesto sea sensible a esta cuestión, hemos de alejarnos de una definición de la función tecnológica que la contemple como un fenómeno orientado exclusivamente hacia la consecución de unos objetivos únicos igualmente relevantes ante cualquier situación competitiva. De ahí que sea necesario relacionar distintas medidas de éxito tecnológico con los resultados empresariales para poder identificar qué tipo de activos tecnológicos son relevantes en la industria.

[2]En concreto, Test U de Mann-Whitney o test W de Wilcoxon.