Número 27, enero 2004
INVESTIGACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA>> Entrevista
 
         
Dña. Manuela Romo
Profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y experta en Psicología de la Creatividad. Autora del libro Psicología de la Creatividad

   

Manuela Romo es profesora titular de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y experta en Psicología de la Creatividad. Autora del libro Psicología de la Creatividad (Paidós, 1997), ha centrado su labor investigadora sobre el tema durante más de 20 años, publicando además de otros 2 libros, numerosos trabajos de ensayo e investigación. Ha impartido conferencias y seminarios en numerosos centros de España, Europa e Iberoamérica. En el 2000 organizó en la Universidad Autónoma de Madrid el Primer Encuentro Estatal de Docentes e Investigadores Universitarios sobre Creatividad. Desde su origen, coordina en su universidad el Doctorado Interuniversitario en Creatividad Aplicada. Es vocal de la Asociación para la Creatividad.

1. ¿Qué relevancia tiene la creatividad en la creación de nuevo conocimiento?

Toda. En mi libro "Psicología de la creatividad" propongo una definición operativa: "Creatividad es una forma de pensar cuyo resultado son cosas que tienen, a la vez, novedad y valor". Esa forma de pensar ha sido la responsable, a lo largo de nuestra evolución como especie, del planteamiento de cuestiones relevantes para nuestra supervivencia y desarrollo en la ciencia y la tecnología o para el autoconocimiento en otras formas de conocer. "Los cielos estrellados por encima de mí y la ley moral dentro de mi", decía Kant. Cuestiones que han derivado en la formulación de problemas y en la solución de los mismos mediante ideas originales y valiosas en el contexto en que fueron planteadas. Es la creatividad la responsable de la evolución cultural, de la acumulación y transmisión de los "memes", las unidades de conocimiento resultado de los procesos de pensamiento creativo. Yo digo que es la creatividad la que nos ha llevado desde las cavernas hasta Saturno. La creatividad y no la inteligencia, la habili dad de producir conocimiento nuevo, no de tratar con el ya existente.

2. En la visión popular, el científico es alguien aislado del mundo a quien, de cuando en cuando, "se le enciende la bombilla" ¿Hay algo de cierto en esa imagen?

Contestaré con una frase de Pasteur que me gusta mucho: "En el terreno de la invención la suerte favorece a las mentes preparadas". Acaso no fue un golpe de suerte la bombilla que iluminó la mente de Fleming ante aquel cultivo enmohecido de estafilococos que él supo reconocer como algo valioso y que le puso en camino del descubrimiento de la penicilina,.... O la iluminación repentina que tuvo Kekulé cuando, en un estado de somnolencia, asoció la visión de una serpiente que se mordía la cola con la estructura en anillo de la molécula del benceno,... Y ¿qué decir del eureka de Arquímedes? Podríamos citar innumerables ejemplos de chispas iluminadoras responsables de productos creativos en la ciencia, pero también en las artes, la literatura o la solución creativa de problemas en la vida cotidiana. Es lo que los psicólogos llamamos procesos de "insight". Son momentos en los que -como si de un puzle se tratara- la información se reestructura, se reorganiza en una nueva gestalt donde todo tiene sentido. Pero, ha mediado un acto de flexibilidad mental y, por supuesto, una exhaustiva formación previa, estudio, trabajo, una mente preparada como decía Pasteur. Este es el misterio de la chispa del genio.

La profunda motivación hacia su trabajo es lo que mejor define al científico creativo, de manera que los problemas que le ocupan en su trabajo de manera muy especial se los lleva puestos, en un nivel mayor o menor de conciencia a la cama, el autobús, la bañera,... -las tres "b" de los anglosajones- y, a veces, un elemento muy ajeno al problema puede ayudar a cristalizar ese conjunto de ideas que forjan la solución creativa.

3. ¿Es posible aplicar sistemáticamente la creatividad a los procesos de creación de valor en la empresa?

No solo es posible y se puede, sino que se debe. Estamos en la era del conocimiento y, con lo que acabo de decir, se comprende que innovación y creatividad son valores emergentes, cuya necesidad es casi cuestión de supervivencia. En el mundo que vivimos, donde los cambios son vertiginosos y globales, la sociedad, desde la educación, debe potenciar mentes abiertas a la novedad, críticas, flexibles para encarar los cambios y productivas para aportar asi mismo, novedad y cambio.

Pero, como tu dices en la pregunta, la aplicación ha de ser sistemática. No basta con un curso de fín de semana, más o menos lúdico, donde nos ponemos gorros para pensar de diferentes maneras,... La gestión de la innovación supone un cambio mucho más profundo, requiere estructuras horizontales, no jerarquizadas donde la información fluye libremente, equipos multidisciplinares que faciliten enfoques diversos y nuevos puntos de vista, amén de otros cambios de más calado en las organizaciones, como perder el miedo a la innovación, lo cual significa -es cierto- riesgo, incertidumbre, azar, caos, crisis,... pero necesarios para innovar y mejorar en procesos, productos, servicios y clima laboral.

La creatividad en la empresa, igual que en el centro educativo no se dará mientras no se cumplan dos principios fundamentales: libertad y seguridad psicológicas. La primera para que la persona no se coarte a la hora de proponer sugerencias, ideas o plantear problemas y, la segunda, para tener la confianza suficiente que garantice esa libertad de pensamiento sin que ello implique consecuencias negativas en el plano personal o laboral. Cada vez hay más ejemplos de empresas que suscriben estos principios incrementando, con ello, su competitividad.

4. ¿Qué podría hacerse desde la perspectiva de un Sistema Regional o Nacional de Innovación para fomentar la creatividad de sus agentes?

En primer lugar, asumir que las estrategias de la creatividad son un valor fundamental en la formación de aquellas personas que trabajan en los ámbitos de la economía del conocimiento. Invertir en creatividad e innovación es un valor seguro. Me viene a la mente un ejemplo cercano y es el de la comunidad extremeña que ha creado un organismo para el apoyo a la creatividad y la innovación en jóvenes emprendedores; lo conozco de primera mano porque es un estudiante de nuestro doctorado en Creatividad Aplicada, quien ha sido nombrado gerente de esta institución.

Creo que en los MBA la preparación de los futuros profesionales debe orientarse cada vez más al desarrollo de habilidades básicas; el saber cómo cuenta más que el saber qué y la formación académica tradicional en las profesiones que tienen que ver con la gestión del conocimiento. Fomentar y reforzar actividades innovadoras marca el nivel emprendedor de una empresa. No podemos permitirnos el lujo de seguir a la cola de Europa en la atención a la innovación y la creatividad. Hay que acabar de una vez por todas con la maldición del tópico ¡"que inventen ellos!"