Número 28, marzo 2005
CONOCIMIENTO Y CREATIVIDAD>> Aula Abierta
 
  Las organizaciones virtuales frente a los sistemas tradicionales de coordinación de la actividad económica

Los avances en tecnología de la información y las comunicaciones, así como la mayor hostilidad del entorno competitivo, han influido notablemente en el diseño de los procesos organizativos actuales. Esta situación ha provocado que las empresas se planteen la idoneidad de externalizar, en mayor o menor medida, distintos procesos, lo que conduce hacia un fenómeno conocido como virtualización de los sistemas productivos. Éste encuentra soporte en las principales teorías vinculadas con la Dirección Estratégica de la empresa.

Sin embargo, el tratamiento que ha recibido en la literatura este tipo de organizaciones ha sido muy heterogéneo. No obstante, a pesar de que no existe unanimidad en la definición, clasificación y caracterización de los sistemas virtuales, la práctica totalidad de propuestas justifican los potenciales beneficios de esta alternativa de producción.

En el presente trabajo se contrastan las principales aportaciones previas al concepto y caracterización de las organizaciones virtuales. A partir de ello planteamos una definición integradora, y abordamos el análisis de sus principales características, determinantes de sus potenciales beneficios desde un punto de visto estratégico. Además, analizamos las variables que explican el grado de virtualidad de las redes. Finalmente, se plantean las principales ventajas competitivas que se derivan de esta forma de organizar la actividad económica, tanto para el sistema virtual globalmente considerado como para los distintos agentes participantes.

     
Eva Pelechano Barahona
Universidad Rey Juan Carlos
eva.pelechano@urjc.es
Fernando E. García Muiña
Universidad Rey Juan Carlos
muina@poseidon.fcjs.urjc.es
Isabel Soriano Pinar
Universidad Rey Juan Carlos
isoriano@fcjs.urjc.es
 

1. Introducción:

La necesidad de adaptarse a los cambios del entorno, mejorar la eficiencia productiva y aumentar los niveles de satisfacción de los clientes ha provocado que las empresas se planteen la idoneidad de redefinir los procesos organizativos, a través de la externalización de actividades a diferentes niveles de toma de decisiones, favoreciendo el desarrollo de nuevas prácticas de trabajo -teletrabajo-, distintas relaciones de colaboración –outsourcing- o el desarrollo de nuevas formas organizativas flexibles –organizaciones y sistemas virtuales-. El desarrollo y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) han creado un marco favorable para la creación de estas formas organizativas, ya que ofrecen innovadoras e interesantes posibilidades a las políticas de externalización.

Uno de los mayores problemas en el estudio de todos estos procesos ha sido el planteamiento heterogéneo de la virtualidad como una característica de los sistemas empresariales. Por una parte, diversos trabajos se han centrado en el análisis interno de cómo una empresa se ha adaptado a las nuevas tecnologías (la apertura de nuevos canales de distribución a través de Internet, el uso del correo electrónico, el desarrollo de Intranets, etc.), mientras que otros modelos consideran que la virtualidad empresarial es una realidad mucho más compleja, que implica un rediseño de la cadena de valor en la que confluyen distintos agentes orientados a la satisfacción de una necesidad de mercado específica. En definitiva, el análisis de los diferentes enfoques nos permite señalar que la virtualidad es una característica de los sistemas empresariales que se puede presentar de diferentes formas y grados (Martins et al, 2004; Shin, 2004).

La contribución de este trabajo es proporcionar, desde el campo de la Dirección Estratégica de la Empresa, un mayor conocimiento sobre la virtualidad empresarial; más concretamente, abordamos la concepción teórica de la virtualidad y la influencia de esta nueva alternativa empresarial en los procesos de dirección y organización. Además, se analizan las ventajas competitivas que se desprenden de estos metasistemas de producción, no sólo para el conjunto virtual sino también para cada uno de los diferentes agentes que participan en ellos.

2. La virtualización de las organizaciones en el pensamiento estratégico.

La reorganización de los sistemas productivos en torno al fenómeno de la virtualidad encuentra soporte teórico en distintas corrientes de pensamiento estratégico, que justifican su potencial para generar ventajas competitivas y rentas superiores. Así, la Teoría de los Costes de Transacción, la Teoría de la Dependencia de Recursos, la Teoría de Recursos y Capacidades y la Teoría del Conocimiento, permiten argumentar teóricamente el proceso de rediseño de los sistemas productivos que se está experimentando en la actualidad.

En un principio, la teoría de los Costes de Transacción defendía la acumulación o desarrollo interno de activos específicos y estratégicos a través de la jerarquía o empresa (Coase, 1937; Williamson, 1975, 1985). Este hecho desafía las teóricas ventajas derivadas de los procesos de virtualización, que suponen el acceso y la explotación de los conocimientos de otras organizaciones con las que se mantienen relaciones para lograr un objetivo común. Sin embargo, la propia evolución de la Teoría de los Costes de Transacción reconoce las limitaciones de acumular las competencias esenciales (Prahalad y Hamel, 1990) a través de la jerarquía, especialmente en condiciones de incertidumbre tecnológica extrema; además, son diversos los trabajos que obtienen resultados empíricos que reconocen este fenómeno (Walker y Weber, 1984, 1987; Balakrishnan y Wernerfelt, 1986; Harrigan, 1986; Robertson y Gatignon, 1998; Sutcliffe y Zaheer, 1998; David y Han, 2004; García Muiña, 2004). Quizá, por ello, se justifique que las empresas acudan, de forma complementaria, a los conocimientos desarrollados por terceros agentes.

Estos argumentos avalan el potencial estratégico de los sistemas organizativos virtuales (Teece, 1998) y enlaza con los argumentos procedentes de la Teoría de la Dependencia de Recursos (Aldrich y Pfeffer, 1976; Pfeffer y Salanzick, 1978), que apuestan por la necesidad de complementar, en este contexto de complejidad y dinamismo, las competencias propias de una empresa con aquéllas desarrolladas por otras. El hecho de que diversas organizaciones compartan sus activos intangibles, les obliga a crear un idioma común, un contexto de confianza y compromiso mutuo y una infraestructura de comunicación que permita su eficaz explotación. Esto reconoce los beneficios derivados de la codificación parcial de ciertas expresiones de conocimiento tácito, puesto que mejora los procesos de identificación, transferencia, retención y explotación de las rutinas y procesos de carácter estratégico (Faucheaux, 1997; Khalil y Wang, 2002; García Muiña, 2004).

En ambas líneas de pensamiento subyace, pues, la relevancia del control/posesión y uso de conocimientos explícitos que complementen otros tácitos y específicos, lo que demuestra la mayor agilidad y eficacia en la coordinación de las relaciones entre los agentes y, por tanto, el potencial de estas estructuras de producción.

En coherencia con los planteamientos tradicionales de la Teoría de los Costes de Transacción, el enfoque más clásico de Recursos y Capacidades, reconocía el mayor potencial estratégico de los recursos específicos, difícilmente imitables, transferibles y sustituibles por otras organizaciones (Wernerfelt, 1984; Barney, 1991; Grant, 1991; Amit y Schoemaker, 1993; Peteraf, 1993). Por lo tanto, el hecho de transferir y explotar conocimientos entre distintas empresas -principio básico de los sistemas virtuales-, no debería ser fuente de ventajas competitivas según este enfoque de recursos.

Sin embargo, la evolución de esta teoría -Enfoque de Capacidades Dinámicas (Teece et al., 1997) y Teoría del Conocimiento (Nonaka, 1991, 1994; Nonaka y Takeuchi, 1995; Grant, 1996; Spender, 1996)-, reorienta el análisis hacia otras cuestiones relacionadas con los procesos de desarrollo y acumulación de conocimientos, y redefine los criterios para explicar el éxito organizativo. Así, éstos se alejan de los tradicionales de imitabilidad y sustituibilidad de los activos exclusivos de cada uno de los agentes independientemente considerados, para pasar a evaluar el grado de agilidad que dichos activos aportan a los procesos de adaptación del sistema virtual al entorno. En definitiva, el nivel de análisis se traslada desde una única empresa al conjunto de organizaciones que componen los sistemas virtuales.

3. Marco conceptual.

En la literatura no existe una definición única para referirse al fenómeno de la virtualidad, y cómo éste se puede aplicar a las empresas y su funcionamiento. En sentido literal, un hecho u objeto virtual se caracteriza como algo que existe aparentemente, pero que no es real[1] ; esta aproximación general a la virtualidad da una primera idea de qué puede implicar en el mundo empresarial -una empresa que parece existir de una determinada forma que no es tal-.

Alejándonos de aquellos enfoques que conciben la virtualidad empresarial como el simple uso de tecnologías de la información y las comunicaciones por parte de organizaciones tradicionales -perspectiva tecnológica de Noller (1997)-, todavía se observa una gran heterogeneidad de planteamientos entre aquellos trabajos que consideran que la virtualidad implica necesariamente la existencia de múltiples agentes que cooperan para explotar, de forma conjunta, una oportunidad de mercado -perspectiva estructural de Noller (1997)-. Según esta segunda perspectiva, los sistemas virtuales deben definirse como un mecanismo intermedio de organización de la actividad económica entre la jerarquía y el mercado (Sieber, 1997), especialmente interesante para el desarrollo de productos fuertemente innovadores y vinculados con las demandas particulares de los clientes (Hodge et al., 1998; Jones y Bowie, 1998).

Los trabajos que analizan estos mecanismos intermedios describen los sistemas virtuales como redes integradas por entidades organizativas[2] interconectadas, con una problemática específica que las aleja de las tradicionales alianzas estratégicas orientadas al aprendizaje (Child y Faulkner, 1998). Si bien en algunas propuestas iniciales se consideran agentes solo a los individuos o grupos de trabajo de una misma organización (Greiner y Metes, 1995; McDonald, 1995; Skyrme, 1995; Preiss et al., 1996; Lipnack y Stamps, 1997), la mayoría de los autores asumen una perspectiva externa, al considerar que los sistemas virtuales están formados por entidades organizativas que, en realidad, son empresas legalmente independientes -entidades interorganizativas- (p. ej. Rockart y Short, 1991; Davidow y Malone, 1992; Erben y Gerstein, 1997; Criado Fernández, 2001; Fernández Monroy, 2003). Además, algunos otros trabajos adoptan un enfoque mixto, al incluir en el fenómeno de la virtualidad todo tipo de agentes (p. ej. Vickery, 1994; Jansen et al., 1997; Travica, 1997; Skyrme, 1998; Wassenaar, 1999).

Siguiendo la propuesta adoptada por quienes limitan la virtualidad a aquellos casos en los que participan múltiples empresas independientes, identificamos los sistemas de producción virtuales como un tipo de red externa que se orienta a la satisfacción de una necesidad específica de mercado, que reconoce al sistema virtual como un único agente (ver figura 1). En definitiva, los sistemas virtuales suponen la integración de distintas cadenas de valor, donde cada uno de los agentes se especializa en una fase y aporta sus competencias esenciales al conjunto; de este modo, se asegura la consecución de ventajas competitivas y la creación de rentas superiores. El sostenimiento de dichas ventajas competitivas a lo largo del tiempo puede verse asegurado, dada la mayor dificultad para identificar las empresas participantes y sus aportaciones reales al sistema por parte de terceros agentes -p. ej. Competidores- (Goldman et al., 1995; Nikolenko y Kleiner, 1996).

 

REDES
Entidades organizativas interrelacionadas (EOI)
RED INTERNA
Entidades intraorganizativas interrelacionadas (EIAI)
RED EXTERNA
Entidades intreorganizativas interrelacionadas (EIEI)
  COOPERACIÓN
RED ESTABLE
EIEI basadas en la externalización parcial y permanente
RED DINÁMICA
EIEI basadas en la externalización masiva y temporal
ALIANZA ESTRATÉGICA
EIEI orientada al aprendizaje a l/p
SISTEMA VIRTUAL
EIEI orientada a la satisfacción de una necesidad de mercado específica
Fuente: Elaboración propia
Figura 1.- Los sistemas virtuales desde una perspectiva de redes

El correcto funcionamiento de la red exige que los objetivos de cada una de las empresas se definan de forma complementaria, ya que el éxito del sistema virtual solo será posible cuando se satisfagan las necesidades del mercado y las de los propios participantes (p. ej. Fernández Calvo, 1994; Bultje y van Wijk, 1998; Schertler, 1998; Saabeel et al., 2002; Fernández Monroy, 2003).

Una vez ubicado el concepto de virtualidad en el ámbito empresarial, como un tipo de red basado en la interacción entre empresas independientes con objetivos complementarios, el siguiente paso es analizar las dimensiones o variables que caracterizan y gradúan el nivel de virtualidad de los sistemas productivos. Según las ideas apuntadas hasta ahora, el nivel de virtualidad de un sistema aumenta a medida que su apariencia se aleja más de lo que realmente es; por tanto, la virtualidad se relaciona con la dificultad para identificar los agentes participantes en el sistema y comprender sus auténticas aportaciones. El análisis integrado y crítico de las principales propuestas de la literatura -figura 2-, nos ha permitido identificar las siguientes variables como las principales dimensiones que influirán significativamente en el grado de virtualidad de las redes, y que serán tratadas seguidamente: duración de las relaciones, dispersión entre los agentes y papel de las TIC.

Duración de las relaciones

Uno de los aspectos recurrentes en prácticamente todas las definiciones es la creación de los sistemas virtuales como alternativas flexibles de organización de la actividad económica, para satisfacer necesidades específicas de mercado en un entorno caracterizado por elevados niveles de dinamismo e incertidumbre y una alta intensidad de conocimiento. Este hecho es uno de los que justifica que, en la mayoría de propuestas, se considere el carácter temporal de las relaciones entre los agentes independientes, es decir, mientras resulten productivas y beneficiosas (p. ej. Byrne et al., 1993; Coyle y Schnarr, 1995; Amberg y Zimmermann, 1998; Hodge et al., 1998; Jones y Bowie, 1998; Criado Fernández, 2001; Saabeel et al., 2002). En cambio, en aquellos trabajos donde, de manera exclusiva o complementaria, se incluyen agentes procedentes de la misma empresa, o bien suele reconocerse en mayor proporción el posible carácter estable o permanente de las relaciones entre los nodos o agentes de la red (p. ej. Shao et al., 1998; Travica, 1997; Skyrme, 1998; Wassenaar, 1999), o bien directamente desatienden la dimensión temporal (Skyrme, 1995; Preiss et al., 1996; Jansen et al., 1997)[3].

En definitiva, dado que los sistemas virtuales son creados para satisfacer una necesidad específica de mercado, entendemos que este concepto es más puro a medida que las relaciones entre los agentes presenten un carácter más temporal. En este sentido, la virtualidad de los sistemas aumentará al reducirse la estabilidad de las relaciones, ya que se dificultará la identificación y valoración de las aportaciones de los agentes involucrados en la red.


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Fuente: Elaboración propia
Figura 2.- Principales aportaciones al concepto de virtualidad empresarial (continuación)

Dispersión entre los agentes

Otra de las dimensiones que se identifica en las propuestas de definición de los sistemas virtuales es la dispersión que presentan sus participantes. Sin embargo, la revisión de la literatura permite identificar que son múltiples las acepciones que puede tomar este concepto.

La que ha recibido un mayor tratamiento, especialmente en los últimos años, es la dispersión geográfica, que atiende a la localización física de los distintos agentes participantes de la red (p. ej. Skyrme, 1995; Travica, 1997; Bultje y van Vijk, 1998; Wassenaar, 1999; Fernández Criado, 2001). A pesar de que la tendencia actual plantea como condición necesaria -para la construcción de sistemas virtuales- la lejanía física de los agentes entre sí (p. ej. Jansen et al., 1997; Travica, 1997; Gebauer y Segev, 1998; Jägers et al., 1998; Shao et al., 1998; Fernández Monroy, 2003), no consideramos que deba ser un requisito esencial, ya que el concepto de sistema virtual se mantiene, independientemente de la localización geográfica de las empresas.

En línea con la dispersión geográfica, desde nuestro punto de vista, no creemos que se deba argumentar que una estructura productiva sea virtual por el hecho de emplear tecnologías de la información para interconectar agentes independientes geográficamente dispersos, si no que son herramientas facilitadoras de la implantación de las redes (Taylor, 1993; Goldman et al., 1995; Noller, 1997). No obstante, como consideramos que la virtualidad es una cuestión de grado, de forma análoga al carácter temporal de las relaciones, planteamos que, cumpliendo las condiciones de independencia jurídica de las entidades organizativas y la complementariedad de sus objetivos, el sistema virtual será más puro cuanto mayor sea la dispersión geográfica de sus agentes.

El concepto de dispersión también se ha aplicado a los fenómenos culturales y funcionales (DeSanctis y Monge, 1999). Sin embargo, creemos que el tratamiento de ambas dimensiones se encuentra incluido en otros aspectos ya analizados. Así, las empresas legalmente independientes implicarán, probablemente, patrones culturales diferentes, por lo que el éxito del sistema virtual descansará en el encaje entre las distintas culturas. En cuanto a la dispersión funcional, ésta se refiere al grado de especialización de los agentes participantes en la red, por lo que su análisis queda integrado dentro de la dimensión denominada complementariedad de objetivos y especificidad de conocimientos. En cualquier caso, mayores niveles de dispersión se corresponderán con una mayor virtualidad de los sistemas.

Tecnologías de la información y las comunicaciones

Sin embargo, uno de los aspectos que más controversia ha despertado entre los investigadores de este campo se refiere al papel que juegan las tecnologías de la información y las comunicaciones en la definición y caracterización de este tipo de sistemas productivos (Fernández Monroy, 2003). El trabajo de Noller (1997) nos permite identificar las distintas funciones que pueden desempeñar los sistemas de información en las organizaciones. Desde una perspectiva eminentemente tecnológica, las tecnologías convierten a las empresas tradicionales en sistemas virtuales, al eliminar la necesidad de su presencia física y las relaciones "cara a cara". En cambio, desde una perspectiva estructural se hace hincapié en la naturaleza de las relaciones entre los distintos agentes, y se asume que las tecnologías de la información son herramientas que facilitan los canales de comunicación y la transferencia de recursos y capacidades complementarios entre los participantes (Taylor, 1993; Goldman et al., 1995; Noller, 1997).

Nuestra concepción de las TIC se aproxima más a esta segunda perspectiva. De este modo, si bien resulta casi imposible comprender la evolución de los sistemas productivos sin las TIC -ya que facilitan la necesaria relación cooperativa entre los participantes y su presentación al mercado como un único agente- éstas no son un requisito necesario para el diseño de sistemas productivos auténticamente virtuales (Fernández Monroy, 2003), si no que deben plantearse como un elemento más a la hora de valorar el nivel de virtualidad que presentan los sistemas productivos.

Otras dimensiones adicionales: número y tamaño de los agentes

Aunque las anteriores dimensiones de los sistemas virtuales -temporalidad, dispersión, uso de las TIC- han recibido un desigual tratamiento en la literatura, han sido ampliamente analizadas y descritas. Sin embargo, el análisis de la cantidad y tamaño de los diferentes agentes incorporados en los sistemas virtuales ha sido tradicionalmente apartado. No obstante, a partir de las aportaciones de Schertler (1998), queda justificada la influencia de ambas variables en el nivel de virtualidad de los sistemas. Dado que el nivel de virtualidad se refleja en la dificultad para identificar los agentes participantes y sus aportaciones, consideramos que una red tendrá un mayor carácter virtual cuanto menor sea el tamaño medio de sus agentes y mayor sea su número.

De los argumentos expuestos hasta el momento, se desprende que, para que una organización pueda considerarse virtual, se han de cumplir dos condiciones primarias: 1) la independencia jurídica de los agentes participantes y 2) la complementariedad de objetivos y especialización de conocimientos de los agentes, interrelacionados en torno a una cadena de valor orientada a la satisfacción de una oportunidad específica de mercado. De forma adicional, el grado de virtualidad que finalmente presentarán los sistemas productivos, se relacionará, directamente, con: a) la temporalidad de las relaciones, b) la dispersión geográfica de los participantes, c) el grado de implantación de las TIC y d) el número de agentes implicados, e, inversamente, con: e) el tamaño medio de las empresas participantes.


Fuente: Elaboración propia
Figura 3.- Criterios explicativos del nivel de virtualidad de los sistemas productivos

Por tanto, cumpliendo con los dos criterios primarios definidos en este trabajo, un sistema productivo virtual se define como una red intensiva en conocimiento orientada a la satisfacción de una oportunidad de específica de mercado, en la que se integran empresas jurídicamente independientes, con objetivos complementarios y que aportan sus competencias esenciales al ciclo de explotación.

4. Ventajas competitivas de los sistemas virtuales.

La creciente relevancia del estudio de los sistemas virtuales se centra en la capacidad que éstos tienen para permitir una rápida adaptación a las necesidades del entorno, proporcionando una mayor flexibilidad a la cadena de valor formada por las empresas participantes. Desde este punto de vista, las ventajas competitivas del uso y desarrollo de una red virtual pueden englobarse en dos grandes grupos: 1) agiliza la respuesta a los cambios en las necesidades de los clientes y 2) mejora la eficiencia organizativa.

En cuanto a la agilidad para reaccionar a los cambios, en entornos muy dinámicos el éxito depende fundamentalmente de la rapidez de los procesos de aprendizaje/desaprendizaje. El acceso a los conocimientos de los agentes miembros de la red, favorece este proceso (Khalil y Wang, 2002; Larsen y McInerney, 2002). El carácter sustituible de los distintos agentes que pueden conformar la organización virtual también proporciona flexibilidad a la misma ya que éstos se mantendrán mientras las relaciones sean productivas y beneficiosas (Hodge et al. 1998).

Este tipo de organizaciones consigue menores costes fruto de la especialización de cada uno de los agentes participantes en sus competencias esenciales, lo que supone externalizar ciertas actividades y permite a las empresas incrementar su eficiencia. Adicionalmente, el desarrollo de nuevos negocios o mercados derivados de la utilización de las tecnologías de la información facilita el desarrollo de sinergias organizativas con el consiguiente mejor aprovechamiento de recursos. De esta forma, mediante su participación en la red virtual se permite a las pequeñas y medianas empresas conseguir las mismas ventajas de aquellas organizaciones con un mayor tamaño sin renunciar a su especialización. Así, las empresas más pequeñas comparten no sólo recursos, como infraestructuras o conocimientos, sino también el riesgo de las operaciones (Camarinha-Matos y Afsarmanesh, 2003). Por el contrario, las grandes empresas al externalizar aquellas actividades en las que no están especializadas pueden también conseguir unos menores costes y una mayor flexibilidad.


Fuente: Elaboración propia
Figura 4.- Sistemas virtuales: caracterización y ventajas competitivas

5. Conclusiones y líneas futuras reinvestigación.

El objetivo de este trabajo ha sido ampliar el conocimiento sobre los sistemas productivos virtuales. Tras analizar el concepto y dimensiones de este tipo de red se ha propuesto una definición de sistema virtual. Además, el detallado estudio de dichas dimensiones ha permitido el desarrollo de una clasificación de criterios, donde se especifican, en primer lugar, cuáles son las condiciones primarias que debe cumplir toda red virtual y, en segundo lugar, los grados de virtualidad que pueden presentar, según los criterios secundarios identificados. Este proceso hace posible discriminar aquellas empresas que utilizan simplemente nuevas tecnologías de la información y comunicaciones de los auténticos sistemas virtuales.

Del análisis realizado se puede concluir que la organización de los procesos de negocio alrededor de sistemas en red virtuales aporta ventajas competitivas tanto al sistema como a cada uno de sus nodos. No obstante, la propia naturaleza del fenómeno objeto de estudio dificulta la identificación de los agentes y su papel en el sistema. En este hecho puede descansar la auténtica ventaja competitiva de la red, ya que la competencia tendrá más limitaciones para imitar su funcionamiento y las interrelaciones de los participantes.

Sin embargo, cabe plantearse diversas preguntas que orienten la investigación futura. Junto a las aproximaciones teóricas recogidas en el trabajo, la Teoría de la Agencia abre nuevas líneas a tratar como, por ejemplo, los mecanismos de control necesarios para minimizar los conflictos de agencia entre los diferentes nodos que participan en el sistema, que pueden tener objetivos contrapuestos y cuyo poder de negociación dependerá de la posición de fuerza dentro la red (Odendahl et al., 1997; Khalil y Wang, 2002).

Algunos otros aspectos desafían el potencial estratégico de las organizaciones virtuales cuyo estudio se revela interesante. Por ejemplo, el análisis de la problemática relativa a la pérdida de control en los procesos de toma de decisiones (Cooper y Muench, 2000; Martinez et al., 2001; Fernández Monroy, 2003) o el establecimiento de nuevos modelos de coordinación capaces de gestionar las intensas relaciones entre los agentes, que superen a los tradicionales (Khalil y Wang, 2002).

Quizá uno de los aspectos que necesita más estudio sean los procesos de creación de una marca conocida, con la que el cliente pueda identificar a la organización virtual, y los de potenciación de la confianza y compromiso entre los agentes, especialmente en el contexto de un sistema productivo que suele trabajar a corto plazo y en el que los participantes no están claramente identificados (Dwyer et al., 1987; Hausman, 2001; Fernández Monroy, 2003); junto a esto, el diseño de sistemas de gestión del conocimiento -activo esencial de las organizaciones virtuales- ocupa un papel central en la dirección de estos sistemas productivos (Khalil y Wang, 2002).

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Notas :

[1]Según el diccionario de la Real Academia Española

[2]Individuos, grupos de trabajo o empresas legalmente independientes.

[3]No obstante, existe un reducido número de estudios en los que se propone un carácter externo de las relaciones y, sin embargo, plantean que dichas relaciones se pueden mantener a corto o a largo plazo (p. ej. Palmer y Speier, 1997; Sieber, 1997; Bultje y van Wijk, 1998; Larsen y McInerney, 2002; Schertler, 1998)