Número 29, mayo 2005
CIENCIA, TECNOLOGÍA Y UNIVERSIDAD>> Editorial
 
  Sociedad y Economía del conocimiento: manos a la obra      
Jesús Rodríguez Pomeda
Profesor Asociado de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
jesus.pomeda@uam.es
   

Nuestros lectores saben bien de nuestro interés constante por analizar, debatir y difundir los múltiples aspectos que presenta la idea del conocimiento como eje central de la sociedad y la economía del siglo XXI.

La importancia que el conocimiento tiene como punto prioritario de las agendas públicas y privadas está fuera de duda, como muestran –por ejemplo- las acciones llevadas al efecto por la Unión Europea.

No obstante, se percibe en diversos ámbitos una cierta desilusión sobre las consecuencias tangibles de la incorporación generalizada del conocimiento a la producción de bienes y servicios, y al modo de consumirlos. Parecen olvidados los recientes años en los que el tema predominante era la Nueva economía, que fue caracterizada como la más exitosa incorporación de las tecnologías de la información a la producción en términos de incrementos de productividad. Así, para algunos esta no es sino la más actual moda...que no tardará en diluirse para dejar paso a la siguiente.

Por tanto, resulta esencial mostrar los relevantes efectos que la aplicación intensiva y sistemática del conocimiento y su dirección tienen en nuestras vidas, como agentes económicos y como ciudadanos.

En este sentido podemos citar la destacada conferencia científica que tuvo lugar los pasados días 11 y 12 de enero en Washington, D.C. titulada Advancing Knowledge and the Knowledge Economy. Tres son las circunstancias que convierten en ejemplar (a los efectos antes señalados) esta reunión académica. En primer término, la relevancia de las instituciones que la impulsaron: la National Science Foundation estadounidense, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), las direcciones generales de Investigación y de la Sociedad de la Información de la Comisión Europea, el Grupo de Trabajo Interagencias sobre investigación y desarrollo en tecnologías de la información del gobierno estadounidense, y la Universidad de Michigan.

El objetivo de tal reunión consistía en profundizar en el estudio de los procesos de creación, organización y difusión del conocimiento teniendo en cuenta las interacciones tecnológicas, empresariales, sociales y económicas.

Desde un planteamiento más modesto, el presente número de la Revista madri+d también suministra materiales de reflexión en la misma línea.

Así, el lector podrá conocer las ideas de Rodríguez, Ranguelov y Landeta (de la Universidad del País Vasco) sobre las actividades de investigación, desarrollo y transferencia de sus resultados llevadas a cabo por las universidades. A continuación, le ofrecemos un artículo de Valqui (de la Universidad Técnica de Dinamarca) sobre creatividad en las organizaciones y sociedades contemporáneas. Otras propuestas de la revista en esta entrega son los artículos de León (de la Universidad Politécnica de Madrid) sobre las expectativas españolas con respecto al más destacado instrumento de política científica y tecnológica de la Unión Europea, que no es otro que el séptimo Programa Marco. Además, Giménez (de la Universidad de Zaragoza) nos plantea analizar las relaciones entre tecnología y capital humano.

En suma, las contribuciones más extensas del número permiten explorar algunas de las facetas que muestra la transformación productiva del conocimiento en nuestros días. Junto a ellas es evidente que existen otras no menos interesantes. Por ejemplo, el impacto de la globalización, la normalización creciente de las tecnologías de la informática y de las comunicaciones, el papel creciente que juega la innovación y la investigación científico-tecnológica en nuestras sociedades, la presencia creciente de unas infraestructuras informáticas cada vez más integradas, la desagregación de las cadenas de valor empresarial con las consiguientes experiencias de externalización, o la relevancia cada vez mayor de los procesos productivos llevados a cabo en el seno de diversas redes.

La conclusión general que podríamos extraer es la necesidad de profundizar en el análisis. En efecto, nos encontramos con una enorme variedad de políticas afectadas (relativas, por ejemplo, a las prioridades de inversión pública, la difusión de los resultados de la investigación, o la propia creación del conocimiento en cooperación con agentes privados muy preocupados por las cuestiones relativas a la propiedad intelectual e industrial) y con una multitud de tensiones entre los agentes actuantes (Administraciones públicas a sus diferentes niveles, Universidades, Centros de investigación, Empresas privadas, ...).

Las dificultades enormes de dicho análisis no deberían arredrarnos, sino más bien servirnos de estímulo para acometer una aventura intelectual de enorme impacto económico y social. El conocimiento, y su aplicación productiva, es errático, complejo, pluriforme, paradójico y surge de la interacción entre diferentes seres humanos e instituciones. Pero su comprensión y articulación plenas son críticas en este momento histórico.