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La información contable en la era de las nuevas tecnologías
Alfonso Rojo
Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad
Universidad de Almería
Este artículo pretende analizar el impacto de las nuevas tecnologías en la información contable. En particular, se estudia el papel que desempeñan los activos intangibles, propios de la era del conocimiento, en la información contable generada por las empresas. El autor se pregunta hasta qué punto la contabilidad debe ser reorientada con el fin de dar mayor utilidad a la información.
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1. INTRODUCCIÓN:
Recientemente se celebró en Almería una Jornada de trabajo sobre análisis contable cuyo eje central fue el impacto que las nuevas tecnologías están teniendo en la información contable. En particular se analizó el papel que los activos intangibles, propios de la era del conocimiento, están teniendo en la información contable emitida por las empresas. En el trasfondo de dicha reunión subyacía hasta qué punto el papel de la contabilidad debe ser reorientado con el fin de dar mayor utilidad a la información.
Lo allí discutido me sirve para reflexionar sobre el papel de la contabilidad en lo que ya se viene denominando nueva economía o economía del conocimiento , una economía fuertemente basada en la tecnología y la información y de marcado carácter globalizador. En una economía de estas características el papel de las empresas o, como otros prefieren denominar, negocios, se ve fuertemente mediatizado por la cantidad y calidad de la información, así como por la agilidad con que ésta llega a la misma para la toma de decisiones, al margen de otras consideraciones también de alto interés que llevan a cambios de hábitos y de comportamiento.
¿Cumple la contabilidad, en este nuevo entorno, con el papel de vehículo de información económica que de él se espera?. Esta pregunta, que se encuentra últimamente latente en todos los foros en que participan los contables, requiere de una reflexión sobre el papel que hemos de asignar a la misma.
2. EL PAPEL DE LA CONTABILIDAD:
Es suficientemente conocido que la contabilidad es uno de los sistemas de información posibles en la empresa y, por tanto, un instrumento a disposición de los interesados en la misma. Ciertamente es el sistema de información económico-financiera por excelencia. Por qué ello es así sería laborioso de tratar aquí y poco aportaría al objetivo planteado, baste argumentar que se trata de un sistema muy estructurado, que emplea un lenguaje que, una vez conocido, tiene ventajas indiscutibles para la explicación de los fenómenos y actividades empresariales, y con una relación coste-beneficio asumible, aspectos estos, junto a otros, avalados por la perseverancia de este sistema de información a lo largo del tiempo.
Sin embargo, el devenir de esta disciplina científica, particularmente en los últimos 40 años, y sobre todo a partir de lo que se ha denominado teoría positiva de la contabilidad, ha generado cierta ansia sobre el poder explicativo de la misma con relación al comportamiento de los usuarios de la información empresarial. Esta tendencia, muy arraigada en el mundo anglosajón, ha pretendido que el sistema informativo contable fuera capaz de explicar o justificar por qué los usuarios de la información contable toman unas decisiones y no otras con respecto a la empresa o negocio, por ejemplo, la relación existente entre la información contable publicada por la empresa y su cotización en el mercado de valores y, por tanto, la decisión de invertir o no en la misma. Una buena muestra de lo dicho es la pléyade de trabajos de investigación tendentes a analizar este tipo de relaciones, particularmente entre el mercado de valores y datos contables como el beneficio, los flujos de tesorería, etc. Ciertamente los trabajos parecen afirmar dicha relación, pero no se puede decir que los mismos sean claramente concluyentes.
Sin embargo, esta tendencia “hacia el mercado” olvida aquella otra para la que se concibió la contabilidad, la del control. Esto es, la contabilidad es un sistema de información que, tanto en el ámbito interno, como externo, tiene una función de comprobación, de gobierno, de dirección. Es importante no olvidar esto. El sistema contable actual, basado en los principios y criterios sobre los que hoy día se asienta, fundamentalmente el de coste histórico y devengo, esta concebido como un sistema de información para el control y gobierno de las empresas o negocios. Otra cosa muy distinta es si este sistema de información es hoy día suficiente, si requiere ser ampliado o si debiese crearse un sistema adicional complementario al mismo.
3. LAS NUEVAS NECESIDADES DE INFORMACIÓN:
Parece claro, y así se pronuncia una gran cantidad de expertos, que un sistema de información de control y comprobación es insuficiente para las empresas que operan en la nueva economía, con un objetivo claro de creación de valor.
La nueva economía está sustentada, como se ha comentado, en el conocimiento, en la información y en las expectativas sobre ese conocimiento. Hasta ahora, el sistema de información contable (SIC), eminentemente de carácter económico-financiero, recoge información valorada en términos históricos, con escasa participación de las expectativas (por ejemplo, los gastos de I+D activados), lo que plantea dos interrogantes:
¿Ofrece el SIC toda la información necesaria para cumplir con su fin?
¿Debe recoger el SIC información sobre expectativas?
Lo que lleva a una tercera cuestión:
¿Es útil la información contable en este contexto?.
Es evidente que las respuestas a tales preguntas no son sencillas y pueden tener mucho de compromiso político e intereses encontrados. No obstante trataremos de dar una respuesta a las mismas.
En primer lugar, hay que tomar en consideración que dado el impacto social que la contabilidad tiene, por el conjunto de agentes que se ven afectados (propietarios, trabajadores, clientes, proveedores, administraciones, etc.), eran necesarias un conjunto de reglas que permitieran cierta homogeneidad y comprensión de la misma, lo que llevó ya desde hace tiempo a una regulación específica. Esto es lo que ha ocurrido prácticamente en todo el mundo y particularmente en España a través del Plan General de Contabilidad y normativas previas o posteriores de diferentes rangos.
No cabe duda que el PGC y la normativa afín son insuficientes en la nueva economía. Son insuficientes por diferentes motivos entre los que cabe citar, sobre todo, el hecho de tratarse de un sistema de información de carácter histórico que, por tanto, no recoge expectativas. Como señalan Cañibano y García-Ayuso (2000;9:10), “..la creación de valor está cada vez menos relacionada con la acumulación y gestión de activos materiales y más con la generación y mantenimiento de ventajas competitivas relacionadas con los activos intangibles. En la medida en que las normas de contabilidad no permiten el reflejo de estos activos en balance, la estimación contable del valor de la empresa .. y de su capacidad de generación de riqueza .. aparecen sesgados a la baja..”
Por otra parte, la información que ofrece el sistema contable, dado el sistema que lo regula, no siempre llega a los usuarios en tiempo adecuado, aunque esta dificultad cabe que sea subsanable mediante el uso de la tecnología. Internet constituye en este sentido el lugar idóneo para ello, pues tal como indica Gandía (2000; 39) “permite divulgar información ‘on line’, lo que puede contribuir a superar la tan aludida falta de oportunidad en la publicación de información financiera”.
De lo que acabamos de decir no se puede desprender, en modo alguno, que la información contable no sea útil. Significa tan sólo que la vertiente “hacia el mercado”, la que tiene que ver con las expectativas y, por ende, la que hace referencia al capital intelectual y la estrategia, no aparece en dicha información como a muchos probablemente les gustaría. La función de la contabilidad sigue siendo, sobre todo, de control y organización, debido a las bases sobre las que se asienta, sólo muy parcialmente de gestión y análisis y, escasamente de estrategia.
4. LAS SOLUCIONES:
Indudablemente, en la sociedad del conocimiento y la tecnología no cabe cruzarse de brazos. Se trata de dar soluciones coherentes dentro de un contexto regulado en donde se han de tomar en consideración los dos aspectos que se pretenden conjugar, control y estrategia, pero a sabiendas de que las herramientas no tienen porque ser forzosamente las mismas.
Al sistema contable actual no se le debe pedir más de lo que se le pide. Se trata de un sistema de regulación y control soportado en bases que, caso de cambiarse, difícilmente podrían cumplir su fin. ¿Significa eso que no se puede hacer nada para recoger las estrategias? En absoluto. Se debe estructurar un nuevo sistema de información para la valoración y gestión de la empresa que complete y complemente el anterior y se sirva de sus reglas y criterios para dar contenido y coherencia al mismo.
Lo que se propone no es otra cosa que un sistema de información que, aprovechando parte de los criterios, reglas y normas del actual sistema contable, incorpore aquella información valorada y no valorada que permita ofrecer al usuario una visión estratégica y de valoración actual de la empresa, dentro de un contexto regulado que permita la homogeneidad y comparabilidad de la información entre empresas y en tiempo real.
Esta idea no es nueva. Hace ya 11 años escribía (Rojo, 1989; 469) “Está claro que las decisiones empresariales no se toman sobre la base de aquél valor (el de transacción o contable), sino a este último (valor económico), y si la contabilidad ha de informar con este fin, habrá de permitir la obtención del valor económico de la empresa”.
Indudablemente muchas cosas han cambiado en estos últimos 11 años, particularmente la tecnología y el auge del conocimiento como base de la competitividad a medio y largo plazo. Estos hechos han generado a su vez cambios de estrategias empresariales sustentados en el objetivo de creación de valor para el accionista y una necesidad de información más específicamente orientada hacia el usuario que pretende tener una base más sólida para tomar de decisiones en un contexto altamente competitivo y de incertidumbre.
No cabe duda que un sistema doble de información implicaría un mayor coste para la empresa. Si embargo, hay que considerar que las empresas ya vienen haciendo esto de forma individual y de cara a los analistas de empresas o simplemente porque consideran que ello le reportará algún tipo de ventaja competitiva. Estudios recientes revelan esta circunstancia .
Se debería ser decidido en este campo y efectuar propuestas claras y comprometidas. Un sistema complementario de información orientado a la valoración y gestión de las empresas puede ser compatible con un sistema tradicional y debería esta compuesto de los siguientes estados contables:
1. Posición de riqueza en términos de precios actuales (Balance a valores presentes). Este balance debe tomar en consideración tanto los elementos tangibles como los intangibles, valorados según criterios aceptados y acogidos a normas específicas emitidas a tal fin.
2. Cuenta de pérdidas y ganancias orientada al cálculo del resultado económico, que tome en cuenta los valores presentes de los diferentes bienes, así como las expectativas y periodificaciones asociadas a estrategias específicas (por ejemplo la enajenación o adquisición de participaciones de control, cesión o intercambio de activos, etc)
3. Un estado de flujos de fondos financieros (estado de flujos de tesorería o cuadro de financiación) que ha de recoger las expectativas asociadas a estrategias planteadas por la dirección.
4. Una memoria explicativa de los criterios seguidos en la confección de cada uno de los estados indicando las hipótesis, expectativas, variables, y todas aquellas consideraciones que puedan contribuir a su comprensión.
Asimismo, un sistema de esta naturaleza alcanzaría su máxima utilidad si comprendiese, además, los siguientes elementos:
1. Una conciliación entre los todos y cada uno de los estados contables en base real e histórica.
2. Una comparación entre los estados contables del ejercicio con las estimaciones del ejercicio precedente y una estimación para el ejercicio futuro.
Referencias bibliográficas
Arguedas, R. (2000): “Nueva economía: moda o paradigma”. Boletín AECA. Nº 52. Abril-Julio.
Cañibano, M. y García-Ayuso, M. (2000): “El Papel de los intangibles en el análisis de la situación financiera de la empresa”. Actas de la VI Jornada de Trabajo sobre Análisis Contable. Almería. Octubre.
Gandía, J. L. (2000): “La divulgación de información sobre intangibles en Internet: evidencia internacional”. Actas de la VI Jornada de Trabajo sobre Análisis Contable. Almería. Octubre.
Rojo, A. (1989): “Algunas reflexiones sobre la teoría actual de la contabilidad”. Técnica Contable. Nº 491. Noviembre.
Rojo, A. y Sierra, M. (2000): “La revelación de información sobre intangibles en empresas españolas: un estudio exploratorio”. Actas de la VI Jornada de Trabajo sobre Análisis Contable. Almería. Octubre.
Rojo, A.; Ramírez, A.; Sánchez, J. A. (2000): “Creación de valor en el sector de autopistas de peaje”. Actas de la VI Jornada de Trabajo sobre Análisis Contable. Almería. Octubre.
Sánchez, M. P. (2000): “Necesidades de información en la sociedad del conocimiento: especial referencia al capital humano”. IX Encuentro AECA. Ibiza. Octubre.
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La contabilidad es un sistema de información que, tanto en el ámbito interno, como externo, tiene una función de comprobación, de gobierno, de dirección.
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Parece claro, y así se pronuncia una gran cantidad de expertos, que un sistema de información de control y comprobación es insuficiente para las empresas que operan en la nueva economía, con un objetivo claro de creación de valor.
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Se debe estructurar un nuevo sistema de información para la valoración y gestión de la empresa que complete y complemente el anterior y se sirva de sus reglas y criterios para dar contenido y coherencia al mismo.
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