![]() |
Número 32, octubre 2005 LA I+D+I EN LA CORNISA CANTÁBRICA>> Con otro aire |
|
||||||||
|
||||||||||
|
|
![]() |
Cruela De Vil Dícese de una persona que, por afán de poder, no recula ante cualquier empresa aunque eso suponga repartir maldad a diestro y siniestro. Para ella, el fin siempre justifica los medios. |
|||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||
Es evidente que vivimos en un mundo de tentaciones y, para tentaciones inmundas, las que tiene Cruela De Vil. Tanto es así que si divisamos el horizonte y, de pronto, asoma por una esquina la alargada sombra de Cruela entonamos al unísono el ¡sálvese quien pueda! En cuanto aparece, se masca la tragedia. No sólo es que se trate de una estirá engreída que lleva, como diría Juan José Millás, el fenotipo y el genotipo a pecho descubierto sino que, además, es un ser malvado, egocéntrico, insolente, sin escrúpulos, dispuesta a remover Roma con Santiago con tal de quedarse por encima de los demás. Según ella, el fin justifica los medios, lo que implica que nunca recule ante la adversidad y dispare contra todo lo que se mueve. Piensa que la vida es pura competición, y quiere ganar a todos los que tiene enfrente aunque este jugando a las canicas. Matar, lo que se dice matar, en el sentido propio de la palabra, como lo pretendía hacer su prima hermana que se dedicó, con muy poca fortuna, al séptimo arte y se estreno en una de Wald Disney, no es lo suyo aunque, a veces, se lo pida el cuerpo. Ahora, si hablamos metafóricamente, es evidente que en algunos momentos se comporta como una matona de tres al cuarto que tiene en vilo a todos los que la rodean. Ella lo tiene muy claro: al compañero ni agua y al enemigo polvorones en el desierto ¡Qué jodía! Dicho esto, todos, o casi todos, hemos sido cocinero antes que fraile y en algún momento de nuestra existencia, para desgracia de los que teníamos al lado, hemos actuado a imagen y semejanza de Cruela De Vil y no es que fuese la culpa del cha cha cha sino de la edad. Un pecado de juventud como otro cualquiera que pierde fuelle a medida que vamos saliendo de la pubertad y empezamos a relativizarlo todo. Pero este no fue el caso de Cruela que no ha dejado de empecinarse, erre que erre, con sus cosas y no ha soltado de la mano la escoba de barrer para hacer limpieza a su alrededor y adecentarlo todo a su manera hasta quedarse como los chorros del oro. Piensa que por llevar ese trajín no hay más razón que la suya y sólo con la posibilidad de que alguien pueda atreverse a llevarle la contra le sube la bilirrubina y se pone a cien. Lo suyo, siempre lo suyo y nada más que lo suyo tiene interés y merece ser tomado en consideración por parte de todos esos aprendices que componen la comunidad científica a la que pertenece. Quién no lo entiende así y cae en sus manos, pobre de él porque, a la primera ocasión, lo pondrá a caer de un burro. Según Wittgenstein, no seguimos unas determinadas reglas para actuar en conformidad con un patrón ideal sino por alcanzar la condición de maestro en una disciplina particular. Asimismo lo entiende Cruela que considera que sólo sus experiencias son reales y dignas de elogio. Sin embargo, no cae en la cuenta de que no es maestro quien quiere sino quien puede. Recuerdo, a este respecto, que un día, un buen aficionado, amigo de “Lagartijo”, le interpeló haciéndole la siguiente pregunta: - Rafael, ¿quién es mejor torero, tú o "Frascuelo"? El Califa cordobés no se lo pensó dos veces y contestó lacónicamente con esta sentencia: - Los dos semos iguales. ¡Sólo que a mi me icen er maestro! Con mucho criterio y sentido común, “Lagartijo” incide en la legitimación. Para él, no hay más maestro que el que recibe el beneplácito de todos los que comparten su mismo oficio y afición. Pues, como dice el Sabina, aunque "una tenga la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta” no consigue, así porque sí, ser la referencia obligada para el conjunto de los mortales. No hay maestro sin legitimación y este reconocimiento perdurará siempre y cuando se hagan las cosas como Dios manda. En una de sus obras, Pushkin hacía decir a un personaje “He sobrevivido a mis deseos” y sería aconsejable que Cruela meditase sobre estas palabras pues, si tuviese, como dicen en mi pueblo de adopción, dos goticas de conocimiento, abandonaría, antes de que fuese demasiado tarde, estas ansias de poder y de dominio a cualquier precio. Más vale tender puentes que dinamitarlos porque, a la larga, uno no sabe lo que le puede deparar la vida y siempre existe la posibilidad de que donde las dan las toman. |
|||||||||||||||||||