Número 32, octubre 2005
LA I+D+I EN LA CORNISA CANTÁBRICA>> Editorial
 
  Hacia una competitividad regional incrementada      
Jesús Rodríguez Pomeda
Profesor Asociado de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
jesus.pomeda@uam.es
 

La mejora de la competitividad de las regiones representa sin duda uno de los retos fundamentales si se quiere hacer de la Unión Europea el área más dinámica del mundo basada en el conocimiento.

Ya en 2003, el entonces comisario para la política regional y la reforma institucional, M. Barnier, consideraba que la competitividad regional puede definirse como la habilidad de una región para anticipar y adaptarse con éxito a los cambios sociales y económicos (tanto internos como externos), mediante la creación de nuevas oportunidades económicas, entre las que se destaca la oferta de trabajos de calidad para sus ciudadanos.

Traemos a este número de madri+d una serie de contribuciones que giran en torno al desarrollo de sistemas regionales de innovación en la Cornisa Cantábrica.

Las características de los tres sistemas considerados (los de Asturias, Cantabria y el País Vasco), si bien presentan diferencias apreciables, también responden a una tipología en cierto modo similar.

En efecto, en ellas puede rastrearse (especialmente en los casos asturiano y vasco) un común origen industrial, y unos problemas similares de adaptación a las complejas y profundas modificaciones que la estructura económica mundial ha visto en los últimos años.

Así, en los tres casos presentados aparecen con nitidez los factores esenciales que determinan la competitividad regional: el nivel y el destino de las inversiones públicas y privadas, la calidad del capital humano, la disponibilidad de infraestructuras físicas y virtuales adecuadas, la productividad de su fuerza de trabajo, el capital social, la capacidad y flexibilidad de sus instituciones, la infraestructura y el esfuerzo en innovación, el acceso a los mercados, las condiciones ambientales, la calidad de vida y, en general, el atractivo socioeconómico.

Durante los años recientes, las Administraciones regionales (en colaboración con las nacionales y europeas, de acuerdo con el principio de subsidiariedad) han buscado, con diversa fortuna, mejorar tales condiciones para conseguir el gran objetivo del aumento del bienestar de sus ciudadanos.

En el momento actual de la Unión, con la indefinición que atenaza su desarrollo institucional y sus perspectivas financieras para los años inmediatos (sin olvidar los problemas derivados de la ampliación), parece aconsejar el reforzamiento de la capacidad autónoma de las regiones para impulsar su desarrollo a través de los sistemas regionales de innovación.

No obstante, también existe un elevado beneficio potencial en la colaboración y el establecimiento de redes de cooperación entre regiones, especialmente en el terreno de la ciencia, la tecnología y la innovación. Por ejemplo, proyectos tan destacados como REDIMadrid podrían servir en el futuro de estímulo para extender la vinculación y la transmisión de información entre grupos de investigación de diferentes regiones.

En la economía del conocimiento, como nos han enseñado destacados autores, la suma de los esfuerzos conduce a un incremento más que proporcional en los resultados. La interacción con investigadores de otras regiones y países sin duda resulta positiva siempre, pero aún más en momentos de indefinición institucional y económica como los actuales.