Número 33, diciembre 2005
INVESTIGACIÓN Y UNIVERSIDAD>> Editorial
 
  Nuevas miradas sobre la innovación      
Jesús Rodríguez Pomeda
Profesor Asociado de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
jesus.pomeda@uam.es
 
 

En el epílogo de su atractivo libro Freakonomics. A Rogue Economist Explores the Hidden Side of Everything, Steven D. Levitt (coautor de la obra junto con Stephen J. Dubner) nos propone pensar sensiblemente sobre cómo se comporta la gente en el mundo real. Este planteamiento requiere una nueva forma de mirar, de discernir, de medir. No es una tarea especialmente difícil, ni requiere capacidades intelectivas por encima de lo normal, pero sí el compromiso de abandonar los caminos trillados.

Cuando se estudia la situación de la innovación, su evolución histórica y sus posibles avances futuros habitualmente se emplean los modelos y conceptos sancionados por la costumbre. Tal vez esa sea una de las razones que explican la escasa creatividad que se observa en muchos análisis y propuestas de política económica.

Tomemos como ejemplo el problema de la transferencia del conocimiento desde universidades y OPIs (organismos públicos de investigación) hacia las empresas.

Podemos encontrar en la obra de diversos autores fundadas recomendaciones tales como la valorización del conocimiento en esos centros de investigación, o como el fomento de la creación de empresas de base tecnológica, que son, sin duda, propuestas sensatas y justificadas desde el punto de vista científico. Tal vez quienes defiendan estas ideas hayan verificado sus efectos positivos en otros países, lo que les dota de una mayor credibilidad.

Pero quizá nos falta la comprensión de las razones por las cuales las personas que trabajan creando, transfiriendo y utilizando productivamente el conocimiento no encuentran las vías adecuadas para superar los problemas planteados.

La visión convencional -basada en solecismos y prejuicios- nos impide ir más allá de la superficie de las cuestiones. Es preciso superar tan corta mirada para descubrir datos y motivaciones que se encuentran en la raíz de los problemas. La metodología puede, inicialmente, ser tan simple como la de procurar situarse en el lugar del otro, desarrollar la empatía.

Por ejemplo, cuando se propugna un enfoque más comercial en las OTRIs (oficinas de transferencia de tecnología) para superar los planteamientos administrativistas presentes en su actuación, no suele pensarse en quiénes son, qué quieren y qué saben las personas que trabajan en ellas. En muchas de esas oficinas el personal es escaso, la carga de trabajo elevada y diversa, y las exigencias de resultados altas. Sus condiciones laborales son heterogéneas; las habilidades y competencias que dominan han de evolucionar con rapidez para poder efectuar su trabajo adecuadamente, lo cual no siempre sucede.

Es posible que conociendo mejor qué les llevó a dedicarse a esa labor, qué les mueve día tras día, estuviéramos en mejores condiciones de saber cómo mejorar el importante cometido que asumen.

Veamos una serie de recomendaciones plausibles sobre la transferencia de conocimiento en España, y algunas sugerencias para enfocarlas desde una perspectiva más amplia.

    . Promover la cultura de la innovación y del conocimiento

Para lograrlo deberían ser patentes para todos los beneficios que se derivan de una y otro. No sólo en el plano tangible (lo que no siempre es obvio, como prueba el bajo nivel de inversiones del sector privado español en innovación con respecto a lo que sucede en otros países), sino también en el plano más inmaterial y personal. El placer que nos provoca el conocimiento o el modo en que cambian nuestras perspectivas a medida que sabemos más resultan potentes motores para nuestro trabajo.

    . Desarrollar una cultura emprendedora en universidades y OPIs

Asumir riesgos, aceptar retos y desarrollar mejoras son ideas alejadas normalmente de la práctica cotidiana en estas instituciones. Una forma de dinamizarlas consiste en aplicar incentivos -de todo tipo- idóneos, cuyo logro nos permita alcanzar un mayor nivel de satisfacción. También sería útil efectuar modificaciones estructurales que permitan sacar más partido de las relaciones de confianza que se establecen entre las personas ocupadas en este tipo de tareas. Otra idea actual que pudiera rendir buenos resultados en este terreno es la de ciudadanía organizativa, que pretende alcanzar unos equilibrios de nivel más elevado entre el ciudadano (antes, el miembro de la organización) y el medio social en el que se desenvuelve profesionalmente (antes, la organización).

    . Mejorar la medición de los resultados de la transferencia de conocimiento

Esta cuestión no es exclusivamente de técnica estadística (aunque también es necesario mejorar algunos de sus aspectos), sino que necesitamos entender mejor dos cuestiones esenciales: qué es el conocimiento que fluye entre dos organizaciones, y cuáles son sus efectos sobre ambas. Es evidente, por ejemplo, que tal flujo puede dar lugar a unas determinadas corrientes financieras, pero no es menos cierto que el proceso de transferencia requiere y produce relaciones interpersonales que incrementan el capital social de personas e instituciones. Al generarse capital social (entendido aquí como una serie de lazos que se convierten en recursos presentes y futuros para los nodos de la red) aparecerán extensos y variados efectos que normalmente no se recogen en las estadísticas al uso.

En suma, y volviendo a Levitt y Dubner, las visiones y razonamientos alejados de lo habitual suelen producir malestar en quienes se aferran al pensamiento convencional, pero sólo a través de la curiosidad, la lucidez y la creatividad seremos capaces de superar los problemas que nos suscita nuestra aproximación al mundo contemporáneo.