Número 34, enero-febrero 2006
NANOCIENCIA Y NANOTECNOLOGÍA I>> Con otro aire
 
  El Hombre de Flores
  "Pequeño y muy listo"

Dícese de aquella nanoespecie cuyo grado de inteligencia se podía asemejar a la del Homo sapiens aunque tuviese una capacidad craneal tres veces más pequeña que la de un niño de tres años y similar a la de un chimpancé.

     
Patricio Morcillo Ortega
Catedrático de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
patricio.morcillo@uam.es
 
"Es la observación, y no la discusión, lo que hace que una persona cambie de opinión."
Hill Rogers

 

 

En 2003, un equipo de antropólogos descubrió en una gran cueva caliza al oeste de la isla de Flores (Indonesia) siete esqueletos de unos hombres diminutos que allí vivieron hace 12.000-18.000 años. Lo misterioso de esta nueva especie de extraños minihumanos es que no guarda ninguna relación con el Homo sapiens aunque nadie pueda descartar, a pesar de que unos pocos miles de años les separa, que hayan podido coexistir tres especies inteligentes sobre el planeta: el Homo neanderthalensis, el Homo sapiens y el Homo floresiensis.

El Homo floresiensis tenía una estatura en torno al metro de altura, su peso era de 25 kg y su capacidad craneal de 380 cm3, similar a la de un chimpancé. Para los antropólogos, sigue siendo un enigma la sorprendente inteligencia que demostró el hombre de Flores ya que, con una estatura similar a la de un niño de tres años pero con un cerebro tres veces más pequeño, conocía el fuego y fabricaba útiles líticos complejos, refinados y muy evolucionados con una maestría más propia del Homo sapiens que del Homo erectus. Tales hechos podrían hacernos pensar acerca de la relación entre la capacidad craneal y la inteligencia pero es evidente que el saber no ocupa lugar. ¡Adorables criaturas!

Pero, a lo que íbamos, en la formación de los organismos vivos no hay nada que contradiga las leyes de la química y de la física. El planeta tierra se formó, hace ahora unos 4.500 millones de años, y las moléculas, compuestas de átomos, se organizaron en células para que apareciera entonces la vida. Entre el orden de los primates y la familia de los hominidae que, según toda evidencia, debió surgir hace unos cuatro millones de años, afloró, mucho más tarde, esa nanoespecie, la del Homo floresiensis, que tanto nos sorprende y nos hace reflexionar.

Sospechamos que estos minihumanos eran unos listos, en el buen sentido de la palabra porque mientras que nadie aún ha descubierto las causas de la "enanización" (dwarfing) y no dejan de organizarse acaloradas discusiones en torno a la importancia del tamaño, ellos tenían superado esta cuestión. Sabían que el Homo grande consumía mucha más energía que el pequeño y ante esa obviedad renunciaron a crecer puesto que no era requisito imprescindible para sobrevivir.

Los que algún día fueron nuestros vecinos aparcaron a un lado ese cliché tan manido divulgado a bombo y platillo que dice que lo pequeño es bello para concentrarse y acabar por descubrir que lo pequeño es, por encima de todo, útil. En efecto, un reducido tamaño favorece la agilidad, la flexibilidad y, por tanto, la capacidad de adaptación al medio.

Si no fuese porque nos encontramos en España y que no se ha producido ninguna deriva de continentes en éstos últimos 20.000 años podríamos casi asegurar que "Machaquito", ese pequeño gran hombre, era un descendiente del hombre de Flores.

Rafael González "Machaquito", dio muy pronto sus primeros pasos como matador de toros. Mantuvo una larga y dura competencia con "Bombita" y le llamaban "El toreo de la emoción". Este apodo no era debido a la edad prematura con la que empezó a hacer sus pinitos en ese difícil mundo de los toros sino a su corta estatura. Su constitución no le permitía "asomarse al balcón" con facilidad y cuando "El Guerra" le vio por primera vez, sentenció a su estilo:

    - Pa sé mataó de toros jase farta verle el morrillo al bicho y a éste le farta una cuarta.

A lo que "Machaquito" replicó:

    - Delante de los toros crezco una cuarta.

Convertido en doctor en Tauromaquia el 16 de noviembre de 1860, a lo largo de su vida toreó setecientas cincuenta y cuatro corridas y alternó con los grandes maestros de su época como "El Gallo" y Vicente Pastor. Sobrevivió cuarenta y dos años a su retirada y murió rodeado de sus hijos y nietos con el respeto de los cordobeses que le nombraron tercer califa de la ciudad sucediendo a "Lagartijo" y a "Guerrita" y precediendo a "Manolete".