Número 35, marzo- abril 2006
NANOCIENCIA Y NANOTECNOLOGÍA II>> Aula Abierta
 
  La tercera edición del manual de Oslo: cambios e implicaciones. Una perspectiva de capital intelectual

El Manual de Oslo es la principal fuente internacional de directrices para la recogida y análisis de información relativa a innovación. Forma parte de la denominada "Familia Frascati" de la OCDE y la tercera edición, publicada en Octubre del 2005, se ha actualizado para recoger los progresos hechos en el área del proceso de innovación. Una de las principales razones que impulsaron la actualización fue la necesidad de ampliar las directrices y recomendaciones a ramas de servicios. Además, por primera vez, el Manual se adentra en el área de innovación no tecnológica, que tiene un peso importante en la innovación total de este sector. Por tanto, la mayoría de los cambios que este Manual ha sufrido se encaminan a cubrir la inminente necesidad de medir los factores de innovación que no están directamente relacionados con la I+D. Entre dichos cambios destacan:

  - Revisión y ampliación de la definición de la innovación, para incluir dos nuevos tipos:   innovaciones de marketing y organizacionales.

  - Medición de las actividades de innovación, con dos nuevos tipos: preparativos para   innovaciones de marketing y preparativos para innovaciones organizativas

  - El papel que las relaciones externas de la empresa (denominadas Capital Relacional en el   marco teórico del Capital Intelectual) juegan en el proceso de innovación

El ánimo de este artículo es mostrar cómo el citado Manual de Oslo no hace sino seguir la tendencia generalizada a nivel mundial en la que la medición de los intangibles y el Capital Intelectual están ganando creciente importancia y donde la creación de un informe sobre Capital Intelectual por parte de las empresas se considera cada vez más una herramienta clave para la medición de estos factores. Varias organizaciones, como la OCDE y la Unión Europea, ya han puesto en funcionamiento diversas iniciativas. En España, proyectos como INnoTEC[1] continúan el camino abierto. El objetivo básico de este proyecto es profundizar en los conocimientos adquiridos sobre factores no tecnológicos en el proceso innovador y desarrollar un marco teórico sobre los mismos, para aplicarlo a tres áreas incluidas entre las prioritarias de la presente convocatoria del Plan Nacional de I+D+i, como son a) la innovación en las PYMES; b) los mercados laborales de la ciencia y c) los sistemas sectoriales y regionales de innovación.

Con esta situación de partida, la pregunta que nos planteamos es si, con las nuevas herramientas del Manual de Oslo, los Institutos de Estadística nacionales conseguirán recoger información fiable sobre estos nuevos tipos de innovación. Nuestra respuesta a priori no es excesivamente positiva, y la base que soporta este postulado se desarrolla durante el texto para dar lugar a conclusiones finales.

     
M. Paloma Sánchez
Catedrática de Economía Aplicada
Universidad Autónoma de Madrid
mpaloma.sanchez@uam.es

Rocío Castrillo
Doctorada en Gestión de la Innovación y Política Tecnológica
Ayudante de Investigación
Universidad Autónoma de Madrid
rocio.castrillo@uam.es
 

1. ¿Qué es el manual de oslo?

La tercera edición del Manual de Oslo fue publicada en Octubre de 2005, actualizando la anterior de 1997. El objetivo de este Manual, como especifica el mismo, es proporcionar directrices para la recogida e interpretación de información relativa a innovación, con el ánimo de recolectar datos internacionalmente comparables. La medición de procesos de innovación ha despertado creciente interés en todo el mundo en los últimos tiempos. Esto se debe en gran medida a la idea de que la innovación tecnológica es el factor clave para el éxito de las empresas en la nueva sociedad basada en el conocimiento.

Sin duda, trabajos como el Manual de Oslo suponen importantes instrumentos de carácter estratégico que permiten, por un lado, la evaluación del impacto e incidencia de las políticas públicas orientadas a la promoción de la innovación, y, por el otro, a la definición de estrategias por parte de las empresas.

El Manual de Oslo pertenece a la comúnmente denominada "Familia Frascati". Esta se compone de una serie de manuales editados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que desarrollan metodologías para la elaboración de indicadores. De entre ellos, el Manual de Oslo se encarga de la medición de la innovación, y es el documento de directrices más utilizado en el mundo para conocer las actividades de innovación en las empresas (OCDE, 2005).

La primera edición de este Manual fue publicada en 1992 y estaba principalmente centrada en el sector industrial. La segunda edición (publicada en 1997) actualizó el marco teórico de definiciones y metodología, y fue aplicada a un rango más amplio de empresas. La tercera edición se llevó a cabo principalmente dada la visible necesidad de incorporar a esta medición el sector servicios, para lo que las ediciones anteriores no estaban en modo alguno preparadas. Se espera que esta edición sea aplicada por primera vez a la Community Innovation Survey (CIS)[2] en el 2007, sobre los datos de la encuesta 2006.

Este artículo no tiene como ánimo resumir el manual de Oslo, que daría lugar a un documento demasiado largo y descriptivo, sino comentar los principales cambios que han tenido lugar en los conceptos, leyendo entre líneas, para finalmente dar nuestra opinión sobre los avances y las debilidades latentes que hemos podido encontrar. Para ello, este artículo se estructura en dos apartados principales; en el primero se recogen, en nuestra opinión, los cambios más importantes del Manual de Oslo, respecto de la anterior edición, con comentarios a su aplicabilidad en la práctica, y en el segundo nuestras opiniones al respecto y las implicaciones que, a nuestro juicio, esta nueva edición tendrá sobre la medición de procesos de innovación.

2. Principales cambios

La actual edición del Manual de Oslo presenta los siguientes principales cambios:

  • Revisión y ampliación de la definición de innovación.
  • Revisión en la definición de actividades de innovación.
  • Nuevas consideraciones sobre las relaciones en el sistema de innovación.

2.1. Revisión y ampliación de la definición de innovación

La actual edición del Manual de Oslo sin duda recoge una definición más amplia de lo entendido por Innovación. En la edición anterior, Innovación Tecnológica se definía como la innovación en tecnología de productos y procesos (TPP) que comprende los productos y procesos implementados tecnológicamente nuevos, así como las mejoras tecnológicas de importancia producidas en productos y procesos. Se considera que una innovación TPP ha sido implementada si se introdujo en el mercado (innovación de producto) o si fue usada dentro de un proceso de producción (innovación de proceso). Las innovaciones TPP entrañan una serie de actividades científicas, tecnológicas, institucionales, financieras y comerciales. La empresa innovadora en TPP es aquella que, durante el período analizado, ha implementado productos o procesos tecnológicamente nuevos o con un alto grado de mejora tecnológica. (OCDE, 1997, p.31).

El antiguo Manual sólo recogía la llamada Innovación Tecnológica, que requiere una mejora objetiva en el rendimiento del producto. Esto se debió principalmente a que las definiciones y conceptos de ese manual fueron adaptados para ser aplicados a los sectores primario y secundario (OCDE, 1997, p.28-30).

La nueva edición, además de estas dos categorías de innovación (Innovación tecnológica de producto y de proceso), incluye dos más: innovaciones organizacionales y de marketing. El objetivo de esta ampliación es la inclusión en el estudio del sector servicios, tratado hasta ahora sólo de soslayo, así como de la innovación de carácter no tecnológico. Sin embargo, esta clasificación de innovaciones no es, en modo alguno, nueva. El Libro Verde de la Innovación (Comisión Europea, 1995) reconoció hace más de diez años que el factor tecnológico no es el único elemento de la innovación (ibid., p. 5). Para soportar esta afirmación, se presentaba el caso del reloj Swatch, que supuso un gran éxito en el mercado por factores distintos de las innovaciones tradicionales de producto y proceso, como por ejemplo su original diseño o su distribución a través de puntos de venta no especializados.

Por tanto, la (relativamente) nueva definición de Innovación establece:

Innovación es la implementación de un producto (bien o servicio) o proceso nuevo o con un alto grado de mejora, o un método de comercialización u organización nuevo aplicado a las prácticas de negocio, al lugar de trabajo o a las relaciones externas.

OCDE, 2005, p.33.

Merece la pena incorporar una breve definición de cada tipo de innovación. Esta nueva edición define cada una de ellas como:

Una innovación de producto es la introducción de un bien o servicio nuevo o con un alto grado de mejora, respecto a sus características o su uso deseado. Esta incluye mejoras importantes en especificaciones técnicas, componentes y materiales, software incorporado, ergonomía u otras características funcionales.

Una innovación de proceso es la implementación de un método de producción o distribución nuevo o con un alto grado de mejora. Esta incluye mejoras importantes en técnicas, equipo y/o software.

Una innovación de marketing es la implementación de un nuevo método de comercialización que entraña importantes mejoras en el diseño del producto o en su presentación, o en su política de emplazamiento (posicionamiento), promoción o precio.

Una innovación organizacional es la implementación de un nuevo método de organización aplicado a las prácticas de negocio, al lugar de trabajo o a las relaciones externas de la empresa.

OCDE, 2005, p.34-37.

El actual Manual evita nombrar a la innovación como tecnológica, en cuanto el adjetivo 'tecnológica' (usado en las dos primeras ediciones) restringe considerablemente el alcance de lo que se considera innovación. La necesidad de suprimir el término 'tecnológica' como adjetivo a la innovación se hace fundamental con la incorporación de las innovaciones de marketing y organizacionales. Cañibano, García-Ayuso y Sanchez (2000) ya señalaron hace seis años el hecho de que el término tecnológico restringía considerablemente el concepto de innovación, y entonces recomendaron suprimir este adjetivo, como al fin se ha hecho.

Numerosos estudios señalan la creciente importancia de los factores distintos de los tecnológicos, entre ellos algunos de los elementos del Capital Intelectual, en los procesos de innovación. El Capital Intelectual es definido como "fuente de beneficios económicos futuros para la empresa, que carecen de sustancia física y que pueden o no aparecer en los estados financieros" (MERITUM, 2002, p. 16). Los conceptos de capital intelectual e intangibles[3] han sido y son estudiados por un gran número de autores y grupos de investigación. Las principales iniciativas que han tenido lugar en el área de la medición de intangibles han sido: Balanced Scored Card (Kaplan & Norton, 1992); Navigator of Skandia (Edvinsson & Malone, 1997); Technology Broker (Brooking, 1996); West Ontario University (Bontis, 1996); Canadian Imperial Bank (Saint-Onge, 1996); Intellectual Asset Monnitor (Sveiby, 1997); INTELECT Model, (Instituto Universitario Euroforum, 1998); Intellectual capital (Dragonetti & Ross, 1998);The Value Explorer (Andriessen, 2000); MERITUM Project (2002)[4].

Por otro lado, varias asociaciones internacionales como la OCDE, el Banco Mundial, la Comisión Europea, la Oficina de Patentes Europeas o el Banco de Inversión Europeo han realizado diferentes actividades con el objetivo de identificar, medir, gestionar y revelar información sobre intangibles siguiendo el esquema de Capital Intelectual.

En la actualidad proyectos como INnoTEC llevan a cabo iniciativas para entender las características específicas de dichos factores no tecnológicos y su influencia en los procesos de innovación, para mejorar el diseño y la efectividad de las políticas. Este proyecto, actualmente en curso, parte de la hipótesis de que los factores no tecnológicos son decisivos para incrementar la capacidad innovadora de las empresas, los sectores, las regiones y, por tanto, de los sistemas nacionales de innovación. Este marco teórico será de aplicación a tres áreas incluidas entre las prioritarias de la presente convocatoria del Plan Nacional de I+D+i, como son a) la innovación en las PYMES; b) los mercados laborales de la ciencia y c) los sistemas sectoriales y regionales de innovación.

La clasificación de la innovación del nuevo Manual en cuatro categorías permite mantener una continuidad con las anteriores ediciones, ya que las antiguamente denominadas innovaciones tecnológicas de productos y procesos están muy relacionadas con las nuevas innovaciones de productos y procesos. A pesar de esto, la relación no es perfecta, y el Instituto de Estadística (INE) anticipa una ligera discontinuidad en las series, dado que algunas de las innovaciones consideradas antes de producto o proceso han pasado a ser de marketing u organizacionales (González, 2005).

2.2. Revisión en la definición de actividades de innovación

En esta última edición del Manual se ha hecho más énfasis en la importancia de la medición en profundidad de las actividades de innovación. Por ello incorpora un capítulo específicamente centrado en la medición de estas actividades, lo que supone una novedad.

Se definen actividades de innovación como todos los pasos científicos, tecnológicos, organizacionales, financieros y comerciales, incluyendo inversión en nuevo conocimiento, que potencialmente tienen como resultado la implementación de innovaciones.

OCDE, 2005 p.65.

Como señala también el Manual de Frascati, I+D no es el único paso en el proceso de innovación.

De nuevo, la ampliación de esta definición podría suponer problemas de comparabilidad con encuestas de innovación anteriores, si bien el Manual mantiene la continuidad mediante la separación de dichas actividades en actividades de innovación relacionadas con I+D por un lado (normalmente de producto y de proceso, pero también relacionadas con innovaciones de marketing y organizacionales, y las actividades de investigación básica, que por naturaleza no están directamente relacionadas con el desarrollo de ninguna innovación específica). Por otro lado, se agrupan todas las actividades de innovación distintas a las propias de I+D en dos categorías: preparativos para innovaciones de marketing y preparativos para innovaciones organizativas.

El criterio básico para distinguir actividades de I+D de actividades de innovación no relacionadas con I+D es la presencia en I+D de un elemento apreciable de novedad y de la determinación de incertidumbre científica o tecnológica, o que dichas actividades den lugar a nuevo conocimiento o al uso de nuevo conocimiento para elaborar nuevas aplicaciones (OCDE, 2005, p.69).

Estas ampliaciones en la definición de innovación y de actividades de innovación encajan con la tendencia generalizada de incluir la innovación no tecnológica como elemento clave en la nueva sociedad del conocimiento. Como antes avanzábamos, este era un cambio que hace ya años considerábamos necesario. La inclusión explícita de actividades y factores de carácter no tecnológico y el efecto que los mismos pueden tener sobre la innovación nos parece un muy importante paso adelante.

Ahora bien, tanto las anteriores versiones del Manual como la presente tienen un problema importante. Los Institutos Nacionales de Estadística, en las encuestas que dirigen a las empresas de sus bases de datos, preguntan, y van a seguir preguntando, cuestiones cuya respuesta las empresas no elaboran para si mismas. En consecuencia, tienen que hacer estimaciones ex proceso para la contestación de dicha encuesta y la estimación efectuada puede estar lejos de representar la realidad. Nos referimos a lo siguiente: El Manual de Oslo recomienda pedir a las empresas que distingan entre compra de equipos, gastos en marketing, gastos en formación, etc. asociados con las actividades innovadoras. Las empresas conocen sobradamente el importe total de sus gastos o inversiones en esas partidas, pero no siempre distinguen - a menudo es totalmente imposible- si el gasto en cuestión está asociado o no a una actividad innovadora. Las empresas, para responder la encuesta, realizan una estimación que puede o no ser fiel reflejo de la realidad.

Existen dos alternativas, a nuestro juicio, para paliar este problema. La primera es conseguir que las empresas elaboren de manera sistemática los cálculos que las autoridades económicas y estadísticas consideran necesarios para la toma de decisiones políticas. Este es un camino, a todas luces, largo y salpicado de dificultades. La segunda es conseguir que las empresas difundan, con criterios homogéneos y partiendo de definiciones estándares, la información que sí elaboran para si mismas.

Dicha información, en la que respecta a las actividades intangibles sería la que quedaría recogida en un Informe de Capital Intelectual. Las innovaciones son el resultado de las distintas actividades que la empresa acomete y sobre todo de la coherencia entre todas ellas. No nos parece tan relevante si el software, el equipo adquirido o el curso de formación proporcionado está o no asociado a una actividad innovadora. Lo importante es ver si dichas inversiones se acometen y si la empresa innova como consecuencia de ellas. Todo lo anterior es, si cabe, más relevante, para las actividades que dan lugar a innovaciones organizativas.

Si las preguntas en la próxima edición del Community Innovation Survey mantienen el mismo objetivo, es decir, se pretende que las empresas distingan entre gastos asociados a innovaciones organizativas y gastos asociados a otros fines, nos tememos que la encuesta y sobre todo las políticas que de ella surjan pierdan credibilidad y sobre todo no sean efectivas.

2.3. Nuevas consideraciones sobre las relaciones en el sistema de innovación

La nueva edición del manual de Oslo pone fin a la visión linear de creación de Innovación. La aceptación del modelo linear de innovación explicaba por qué el principal indicador para medir innovación durante más de dos décadas fue la inversión en I+D (Cañibano et.al, 2000). Ya hace 15 años, Rothwell (1991) definió innovación como un proceso complejo interactivo que envuelve múltiples interrelaciones entre ciencia y tecnología, productores potenciales y consumidores. En las nuevas teorías dinámicas de creación de innovación, se reconoce que la innovación no se crea de manera unidireccional desde Investigación básica a Desarrollo Tecnológico, sino que el proceso conlleva una serie de interacciones entre actores. Las teorías evolucionistas ven innovación como un proceso dependiente del pasado de la empresa por el que conocimiento y tecnología se desarrollan a través de las interacciones entre varios actores y otros factores. La estructura de estas interacciones determinará la futura línea del cambio tecnológico.

Otra teoría estrechamente relacionada con esta perspectiva es la de innovación vista como sistema. En resumen, el marco de los Sistemas de Innovación (Freeman, 1990; Lundvall, 1992; Nelson y Winter, 1982; Nelson, 1993) estudia la influencia de instituciones externas en las actividades de innovación de las empresas y otros actores.

El Manual adapta estas y otras teorías para crear un marco de medición de la innovación. Los principales elementos a considerar en el mencionado marco son:

  • La innovación en la empresa.
  • Las relaciones con otras empresas e instituciones públicas de investigación.
  • El marco institucional en el que las empresas operan.
  • El papel de la demanda.

Desde esta perspectiva, la innovación puede ser consecuencia de actividades de I+D o de otras actividades, como, por ejemplo, la adquisición de tecnología extranjera, ya contemplada en las ediciones anteriores del Manual, o la gestión del conocimiento y el capital intelectual, que podría inducir innovaciones organizativas, estas últimas, como ya hemos visto, introducidas por vez primera en la edición tercera del Manual.

En esta línea, nuevos estudios son llevados a cabo actualmente sobre los factores no tecnológicos que afectan a la capacidad innovadora de las empresas. La influencia de estos estudios es latente en la nueva versión del manual, y es tan importante que ha afectado incluso al título del Manual: de "Directrices para la recogida e interpretación de datos de innovación tecnológica" a "Directrices para la recogida e interpretación de datos de innovación". Como se puede observar, el título de esta última versión elimina el adjetivo tecnológica para ampliar el alcance.

A pesar de estas recientes aportaciones, el concepto de innovación no tecnológica no es en modo alguno nuevo. En 1939, Schumpeter ya incluía en su definición de innovación nuevos productos, nuevas fuentes de suministro y nuevos tipos de organización (Schumpeter, 1939; 63).

En definitiva, implícitamente el nuevo Manual está reconociendo la existencia de factores no tecnológicos, que no son sino los denominados "intangibles", que forman parte del capital intelectual de una organización. En particular, el nuevo manual de Oslo añade un capítulo dedicado en exclusiva a las conexiones y redes entre empresas como potenciadores de la creación de Innovación y la capacidad de aprendizaje y absorción de las empresas. En términos de las nuevas líneas de investigación de Capital Intelectual e Intangibles, estas conexiones y redes son agrupadas bajo el término de Capital Relacional, dentro del mencionado Capital Intelectual. El término Capital Intelectual está adquiriendo creciente importancia a nivel europeo y mundial. En Diciembre de 2004 la Comisión Europea reunión a un grupo de expertos para proponer una serie de medidas que estimularan el informe de Capital Intelectual en PYMES intensivas en investigación. El resultado es el Informe RICARDIS ("Reporting Intellectual Capital to augment Research, Development & Innovation in SMEs"), que en resumen considera el Capital Intelectual como un factor crucial en la nueva Economía del Conocimiento.

Aunque el nuevo Manual de Oslo no lo denomine de esta manera, no cabe duda de que el reporte de información homogeneizada de Capital Intelectual se ha vuelto fundamental. La información que se refleja en la actualidad en los estados financieros puede representar una ínfima parte del valor real de la empresa (Edvinsson and Malone, 1997).

Por Capital Relacional se entiende "el conjunto de recursos ligados a las relaciones externas de la empresa con sus clientes, proveedores de bienes, servicios o capital o con sus socios de I+D" (MERITUM, 2002, p.19). Esta definición incluye, no sólo las relaciones que la organización tiene con terceros, sino las percepciones que estos tienen de ella.

La creciente importancia del papel que estas conexiones juegan en la innovación ha hecho incluir un nuevo capítulo en el manual, con el objetivo de proveer algunas directrices en la medición de estas relaciones externas. Las actividades de innovación de una empresa dependen en parte de la variedad y estructura de sus conexiones, lazos a fuentes de información, conocimiento, tecnologías, prácticas y recursos humanos y financieros (OCDE, 2005, p. 54).

El nuevo manual distingue tres tipos de conexiones:

  1. Fuentes de información abierta. Incluye la información disponible que no requiere la compra de tecnología o de derechos de propiedad intelectual. Tampoco requiere interacción con el propietario de la fuente.
  2. Adquisiciones de tecnología y conocimiento. Comprende la compra de conocimiento y tecnología externa sin cooperación activa con la fuente. Ejemplos de esta categoría son patentes, licencias, servicios de consultoría o incluso la contratación de personal que posea el nuevo conocimiento.
  3. Cooperación para la innovación. Comprende la participación activa en proyectos de innovación compartidos con otras organizaciones (también puede incluir compras de conocimiento y tecnología).

En términos de Capital Intelectual, que una empresa utilice adecuadamente las fuentes de información abierta supone una competencia para la empresa, enmarcada por tanto dentro de Capital Estructural. Sin embargo, el uso con éxito de las fuentes para la compra de conocimiento y tecnología y los socios cooperativos, al necesitar de algún grado de interacción con la fuente, es considerada Capital Relacional.

Las fuentes potenciales son similares para estos tres tipos de conexiones, y el Manual incluye una lista de estas fuentes resaltando para qué tipo de conexión es más relevante (OCDE, 2005, p. 58). Esta lista ha sido adaptada por los autores a la terminología específica de España, tal como recomienda el Manual:

  Fuentes de
Información abierta
Fuentes para compra
de conocimiento y tecnología
Socios cooperativos
Fuentes internas a la empresa *    
      I+D *    
      Producción *    
      Marketing *    
      Distribución *    
Otras empresas del grupo * * *
Fuentes externas en el mercado     *
      Competidores * * *
      Otras empresas del sector * * *
      Clientes *   *
      Empresas de consultoría   * *
      Proveedores de
      equipos, materiales,
      componentes, software o
      servicios
* * *
      Laboratorios comerciales * * *
Fuentes del Sector Público      
      Universidades y otras
      instituciones de Educación
      Superior
* * *
      Institutos de Investigación
      gubernamentales o públicos
* * *
      Institutos de Investigación
      privados sin ánimo de lucro
* * *
      Empresas especializadas de
      servicios de innovación
      públicas o semi-públicas
* * *
Fuentes de Información General      
      Descubrimientos
      (revelaciones) de patentes
* * *
      Conferencias, reuniones
      profesionales, literatura
      especializada y revista
* * *
      Ferias y exhibiciones * * *
      Asociaciones de empresarios,
      cámara de comercio
* * *
      Otras asociaciones locales * * *
      Contactos o redes informales * * *
      STANDARDS OR
      STANDARDISATION AGENCIES
* * *
      Regulaciones públicas (ejem.
      Medio ambiente, seguridad)
* * *
Fuente: OCDE, 2005, p. 58.

El manual también recomienda el estudio de dichas conexiones dividiendo estas por el área geográfica en la que la conexión se localiza. Una posible categorización podría ser la división en local, regional, nacional e internacional.

Aunque esta primera aproximación a la medición de las conexiones entre empresas era cada vez más necesaria, la iniciativa aún dista de tener una forma definida. Este capítulo ha tenido un carácter exploratorio más que descriptivo (Gonzalez, 2005).

Se vuelve a plantear la duda de si las empresas serán capaces de dar datos fiables, ya que ellas no elaboran estos datos para ellas mismas. Esto, como ya hemos comentado, podría llevar a la creación de políticas y programas erróneos.

3. Implicaciones y reflexiones

Hay un importante número de factores no relacionados con I+D que pueden afectar a la habilidad de absorber nuevo conocimiento y tecnología y de innovar. Algunos de ellos son la base de conocimiento de las empresas, las habilidades y la formación académica del personal, la implementación de Tecnologías de Información y Comunicación, y la proximidad a instituciones de investigación pública y a regiones con una alta presencia de empresas innovadoras. Identificar los factores principales que las empresas necesitan para innovar y aquellos factores que aumentan la habilidad de innovar es de gran importancia para las políticas y la creación de programas adecuados (OCDE, 2005, p. 64).

La nueva edición del Manual de Oslo pone de manifiesto la importancia de los enfoques de Capital Intelectual. Este documento establece que, aunque la I+D juega un papel vital en el proceso de innovación, gran parte de la actividad de innovación no proviene de esta, sino de mano de personal altamente cualificado, de las interacciones con otras empresas e instituciones públicas de investigación, y de una estructura organizacional que fomente el aprendizaje y la explotación del conocimiento (OCDE, 2005, p. 19).

En la referencia anterior se presentan las tres categorías de Capital Intelectual: Capital Humano (personal altamente cualificado), Capital Relacional (interacciones con otras empresas e instituciones públicas de investigación) y Capital Estructural (estructura organizacional que fomente el aprendizaje y la explotación del conocimiento). El intento sistemático y estructurado de medir estos factores que afectan a la capacidad de innovación de la empresas más allá de la inversión indirecta en I+D supone, en nuestra opinión, la gran novedad de esta edición. De esta manera, el manual reconoce la creciente importancia de los factores no tecnológicos como potenciadores de la capacidad de innovación de las empresas.

Los conceptos de capital intelectual e intangibles han sido y son estudiados por un gran número de autores y grupos de investigación. Asociaciones internacionales como la OCDE, el World Bank, la Comisión Europea, la Oficina de Patentes Europeas o el Banco de Inversión Europeo han realizado diferentes actividades con el objetivo de identificar, medir, gestionar y revelar información sobre intangibles siguiendo el esquema de Capital Intelectual. En la actualidad el ya mencionado proyecto INnoTEC continúa el camino abierto.

Resumiendo, el nuevo Manual de Oslo no hace sino reflejar la tendencia que se está siguiendo a nivel mundial, para cubrir una clara necesidad de información. Lev y Zarowin (1999) sugieren que la razón por la que los estados contables de las empresas son cada vez menos representativos es la creciente importancia de la innovación como determinante del valor de las empresas. Los intangibles no están reflejados apropiadamente en los estados financieros (Cañibano et.al. 2000). Las nuevas iniciativas enfocadas a la medición del Capital Intelectual por parte de varios organismos nacionales y supranacionales suponen un importante paso hacia delante para el reconocimiento de los intangibles como el gran motor de crecimiento en la nueva sociedad del conocimiento.

Aunque esta edición del Manual de Oslo por fin reconoce la importancia de este tipo de factores, su aproximación al área sigue sin ser suficiente. Como ya mencionamos, las directrices para la medición de las conexiones entre empresas no están aún suficientemente definidas (González, 2005, Panel PYTEC). También se empezó a medir el papel de TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) como facilitador de innovación, pero a nuestro parecer fue sólo una declaración de intenciones, puesto que casi no está desarrollado.

Sin embargo, lo que es claro es que la información sobre intangibles y Capital Intelectual que el Manual de Oslo intenta recoger es sin duda relevante. Pero en este momento surge la duda de si los Institutos nacionales de Estadística serán efectivamente capaces de conseguir información fiable de algo que las empresas no elaboran para si mismas. Estas parecen estar avocadas a hacer una estimación de estos datos, que, obviamente, pueden o no representar fielmente la realidad.

Entendemos que la medición de la información que el manual de Oslo requiere es fundamental, pero el procedimiento por el que se pretende conseguir esta información es equivocado. Consideramos que el mejor mecanismo para que los decisores políticos puedan tener información fiable acerca de las actividades innovadoras de las empresas pasa por potenciar los informes de capital intelectual que, por supuesto, van a recoger las actividades de I+D y la mayor parte de las restantes actividades innovadores. Por lo que respecta la inversión en equipo, que es, obviamente tangible, y no intangible, el pretender que las empresas distingan entre aquella inversión destinada a actividades innovadoras y no innovadoras es, a nuestro juicio equivocado. La burda estimación que la mayor parte de las empresas tienen que realizar a estos efectos puede estar dando lugar a que las importantes decisiones de política de investigación y de innovación se estén tomando sobre bases muy débiles y, quizás, equivocadas.

Aparte de estos, se identifican otros problemas que este manual arrastra desde ediciones anteriores y que siguen sin solución total, aunque se han hecho algunos avances:

Los institutos de Estadística, obligados por el secreto estadístico, no permiten el análisis de las mejores prácticas o de hacer ejercicios de Benchmarking (Cañibano et.al., 2000), porque no se permite la consulta de la información desagregada.

El uso de micro datos, que el INE va a empezar a utilizar a partir de 2007, paliará en parte este problema. Se utilizará un procedimiento para asegurar la confidencialidad y existe evidencia de que este no distorsiona los resultados (Jaumandreu y López, 2005).

No se han hecho esfuerzos para la medición de innovación en el sector público.

Parece generalmente aceptado que las universidades y centros de investigación juegan un papel cada vez más relevante en la nueva sociedad del conocimiento (Etzkowitz & Leydessdorff, 1996, 2001; Gibbons, 1998). Aunque no en el Manual de Oslo, la Comisión Europea, a través de la Red de Excelencia PRIME, puso en marcha un ambicioso proyecto para la medición de los intangibles en universidades públicas. El Observatory for European Universities[5] (OEU) tiene como objetivo principal desarrollar un marco de análisis común y crear una batería de indicadores para medir y compara los elementos intangibles de las actividades de investigación a nivel europeo.

El problema de retraso de información sigue latente. Este imposibilita el uso de dicha información para toma de decisiones a corto plazo (Cañibano et.al., 2000).

La solución de este problema vuelve a pasar por la potenciación del Informe de Capital Intelectual por parte de las empresas. Esto daría lugar a información que se hace pública al mismo tiempo que la información financiera.

Como reflexión final y a modo de conclusión, consideramos que el Informe de Capital Intelectual por parte de las empresas se está convirtiendo en una necesidad latente como herramienta fundamental para una medición fiable de la Innovación. Los próximos retos irán encaminados a la creación de una metodología común y homogénea a nivel europeo sobre el reporte de Capital Intelectual.

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Notas :

[1] "Factores no tecnológicos y procesos de innovación: un vínculo por explorar" (2005-2008) Subvencionado por el Plan Nacional de I+D+i.

[2] La CIS recoge información sobre la capacidad innovadora de empresas europeas. Es una encuesta realizada por los Institutos de Estadística nacionales siguiendo las instrucciones del Manual de Oslo. La información incluye gastos relacionados con innovación, ratios de innovación y factores que han fomentado o entorpecido la innovación.

[3] Términos utilizados a menudo como sinónimos (Lev, 2000; MERITUM, 2002).

[4] El Proyecto MERITUM desarrolló 77 estudios de casos en seis países europeos (España, Francia, Finlandia, Suecia, Dinamarca y Noruega).

[5] Compuesto por 15 universidades y centros de investigación de ocho países europeos distintos.