Número 35, marzo- abril 2006
NANOCIENCIA Y NANOTECNOLOGÍA II>> Tribuna de debate
 
  Nanotecnología y Economía

La ciencia económica reserva el análisis de las nuevas tecnologías al campo de la mesoeconomía (sectores, territorios, instituciones). Este artículo se concentra en el ámbito sectorial y aborda en primer lugar la aportación esperada de las nanotecnologías a la estructura económica caracterizada por un modelo abierto de Leontief; en segundo lugar, vincula esta transformación estructural a la evolución de los ciclos económicos a largo plazo (Schumpeter), asociando el potencial de la nanotecnología al proceso de convergencia nano-bio-info-cogno (NBIC). Concluye con propuestas para la política científica y tecnológica en este campo.

     
Emilio Fontela
Universidad Antonio de Nebrija
 

1. Introducción

No es frecuente que los economistas se interesen por el desarrollo específico de una tecnología que todavía se encuentra en sus inicios, como es el caso de la llamada nanotecnología.

La resistencia de los economistas a la hora de abordar temas tecnológicos está profundamente enraizada en su ciencia.

Aunque la obra fundadora de Adam Smith (La riqueza de las naciones, publicada en 1776) coincide con los inicios de la Revolución Industrial, su inspiración no se apoyaba en el flujo de nuevas tecnologías que en aquel momento invadían el mundo, sino en el quehacer de los burgueses, industriales y comerciantes, que buscaban con ahínco la libertad económica para ampliar sus actividades. Para la burguesía, la tecnología era estrictamente instrumental, un producto creativo de los inventores, totalmente exógeno a su actividad empresarial.

Durante un siglo, la ciencia económica se desarrolló esencialmente como un sistema deductivo a partir de las bases de Adam Smith, hasta el punto que en el centenario de la Riqueza de las Naciones hubo mociones en el mundo académico británico para dar por finalizada la ciencia económica (Stone, 1980).

Como ocurre con frecuencia en la historia del pensamiento científico, prácticamente en ese mismo año del centenario, exactamente en 1871 y 1874, se publicaron tratados de Stanley Jevons y de Leon Walras que introdujeron el razonamiento marginalista y el procedimiento de equilibrio general de los mercados, o sea que abrieron las puertas a la formalización matemática de la microeconomía, tal como hoy se enseña en las aulas universitarias. Esta economía contemporánea de los libros de texto se completa con el estudio de la macroeconomía, o sea del funcionamiento de los grandes valores agregados de los sistemas económicos nacionales, disciplina que se apoya en las reflexiones de Keynes sobre la Gran Depresión de 1930, y en las aportaciones de Stone sobre la medida de la contabilidad nacional en 1950.

La tecnología es la que define las funciones de producción, las características de las ofertas que intervienen en los mercados; sin duda tiene gran importancia en el modelo microeconómico, pero como cada producto tiene sus tecnologías, una vez que la teoría ha reconocido esta importancia, excluye el contenido de cada tecnología de su campo de interés. Esta ciencia newtoniana maneja con elegancia ideas platónicas.

En macroeconomía el interés por la tecnología ha sido derivado de un resultado empírico: en las funciones de producción agregadas, al intentar identificar la aportación del trabajo y del capital al crecimiento económico, se puso en evidencia la existencia de un factor residual (el residuo de Solow) que explicaba una parte muy importante de este crecimiento, Este factor residual (también descrito como la progresión de la productividad total de los factores primarios, capital y trabajo) se interpretó como la aportación de la tecnología (y del capital humano, social y organizativo) al proceso de enriquecimiento de las naciones.

A pesar de este reconocimiento empírico de la importancia de la tecnología en general, en este caso para los macreoeconomistas se trata de un factor intangible exógeno (que se puede endogeneizar con ayuda de procesos de inversión en I+D), que en todo caso no es analizable de manera detallada a nivel de tecnologías específicas. Aunque algún analista económico comente en ocasiones posibles relaciones directas entre un desarrollo tecnológico y el PIB, por ejemplo, el modelo teórico causal de esta relación no existe, por lo que en el mejor de los casos se trata de una correlación estadística escasamente significativa.

El problema más doloroso de la ciencia económica contemporánea es que, entre una microeconomía perfeccionada, profundamente deductiva y estática (que se concentra sobre los equilibrios y reequilibrios de mercados instantáneos que se obtienen por aproximaciones sucesivas), y una macroeconomía más inductiva y dinámica, hay un vacío interpretativo que se refiere a la naturaleza de los sectores económicos, de los territorios y de las instituciones. Este espacio, que debería cubrir la mesoeconomía como disciplina de conexión entre los agentes individuales y los comportamientos agregados, entre la estática y la dinámica, no está todavía sólidamente implantado en la ciencia económica neo-clásica, que prefiere buscar conexiones directas, pero desprovistas de todo realismo, entre los modelos microeconómicos de agentes individuales y los modelos de agregados macroeconómicos.

En realidad, es en la mesoeconomía que la tecnología adquiere su valor económico de transformación estructural, y es en este nivel intermedio en el que se sitúa el análisis input-output de Leontief (y sus aplicaciones sectoriales y territoriales), el análisis de la innovación de la escuela neo-schumpeteriana, y las perspectivas historicistas de los analistas de los ciclos económicos de larga duración. Estas investigaciones, por el momento marginadas por la corriente neoclásica dominante, confluyen en el paradigma alternativo de la economía evolutiva, aunque es de esperar que con el tiempo acabe produciéndose una integración en forma de un desarrollo sólido de la mesoeconomía como campo complementario e indispensable para la aplicabilidad de la microeconomía y de la macroeconomía.

Si en fin de cuentas, la ciencia económica debiera ser una praxeología útil para el buen funcionamiento de la sociedad, es obvio que sin este nivel mesoecomómico intermedio que es fundamental para la observación y para la acción, no se conseguirá nunca llegar sensatamente de la teoría a la práctica.

Es pues en el nivel mesoeconómico que conviene contemplar el papel futuro de la nanotecnología, y lo haremos con referencia al análisis de interdependencia sectorial (Leontief), y a los ciclos de largo plazo (Schumpeter).

2. Nanotecnología y análisis input-output

La nanotecnología se refiere esencialmente a "técnicas y ciencias que estudian, manipulan y obtienen de manera controlada materiales, substancias y dispositivos de dimensiones nanométricas" (Fundación madri+d, 2005).

Fuente: EOI, 2006


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La literatura describe un amplio campo de actuaciones de la nanotecnología que incluye investigaciones básicas (nanociencias), instrumentos para la actividad en el nivel nano (que se refiere a la millonésima parte de un metro), y materiales elaborados con estos instrumentos (nanomateriales)

Los productos de la nanotecnología se incorporan o se pueden incorporar en otros diseños productivos de la química, de la energía, del medioambiente, de la medicina, o pueden contribuir a la mejora de productos y procesos muy diversos en tratamientos de superficies, magnetismo u otras propiedades. Es así como ya se incorporan nanotubos en raquetas de tenis, nanopartículas u nanofilms en gafas de sol y antiniebla, materiales nanocompuestos en moldeados para coches. La incipiente penetración de la nanotecnología se hace invisible en objetos que habitan nuestra vida cotidiana, como algunas cremas faciales o tejidos que respiran en condiciones extremas.

La visión que hoy tenemos de la nanotecnología es la de una actividad productora de bienes intermedios que se localiza en una industria radicalmente nueva.

La distinción que introduce Leontief entre bienes intermedios (que sirven a producir otros bienes) y bienes finales (cuya vida concluye formalmente con el consumo humano) sirve aquí para separar a la nanotecnología de otros procesos tecnológicos que como las infotecnologías o las biotecnologías tienen vocaciones importantes en el campo del consumo final: los ordenadores y la mayoría de los softwares, los productos biogenéticos de la farmacia, son bienes que apelan por derecho propio al consumidor.

Los productos de las nanotecnologías marcan diferencias cualitativas de otros productos, afectan sus costes de producción, pero, por el momento, no tienen vida propia en los mercados de consumo. Conceptualmente son productos intermedios: no podemos como consumidores finales comprar y vender lo invisible.

En el modelo input-output de Leontief (Pulido, Fontela 1993), la aparición de la nanotecnología corresponde al nacimiento de una nueva fila y columna en la matriz que refleja las interdependencias sectoriales de la economía. La fila, en la que se miden los inputs que un sector i proporciona a los otros sectores j es especialmente significativa en el caso de la nanotecnología. Los llamados coeficientes técnicos de Leontief (coeficientes aij que indican la cantidad de i por unidad de j) son para la fila de la nanotecnología una indicación de lo que podría aportar el output de esta tecnología a la producción de cada sector económico.

Por el momento esos coeficientes deben ser insignificantes, pero todo apunta a que dentro de pocos años tendrán una relevante importancia en el cambio estructural de nuestra economía.

El proceso que cabe esperar del crecimiento de los coeficientes de input de las nanotecnologías tiene dos características que pueden ser complementarias:

  • por un lado se observará necesariamente un movimiento de substitución por el que nanoproductos remplazarán a productos ya tradicionales en los sectores utilizadores; la experiencia del cambio histórico de coeficientes de input cuando aparecen nuevas tecnologías señala, que inicialmente los cambios se producirán en sectores utilizadores muy dinámicos;
  • por otro lado, se observará un proceso de desarrollo intrínseco, sin aparente substitución, debido a la aportación que la nanotecnología puede hacer a la "calidad" de productos tradicionales (como se ha visto en los ejemplos ya mencionados de las raquetas de tenis o de las gafas de sol); en estos procesos el producto de la nanotecnología interviene como un aditivo.

¿Qué sabemos en estos momentos sobre el proceso de substitución? Esencialmente que depende de los precios relativos: los materiales plásticos han desarrollado su capacidad de sustituir a la madera o a numerosos materiales metálicos cuando sus precios relativos han llegado a niveles que justificaban las inversiones necesarias para los cambios de diseño.

Por el momento, como es normal con toda innovación tecnológica de carácter radical, los precios de los productos de la nanotecnologías son elevados, ya que tienen que absorber tanto la escasa eficiencia de la producción "a la medida", como la amortización de ingentes costes acumulados de I+D (aunque la intervención pública directa o indirecta, en casos como el de Estados Unidos en los que juegan un papel esencial los gastos de la investigación militar, haya reducido sensiblemente el volumen necesario de inversión privada en I+D) Pero es de esperar que con adecuadas economías de escala (se contemplan producciones de nanotubos en Japón que ya se cifran por centenares de toneladas), los costes y los precios de los productos nanotecnológicos disminuirán vertiginosamente (véase, por ejemplo, la llamada ley de Moore de los transistores que estimó con éxito la caída de los costes de producción de los componentes electrónicos).

El trasfondo de la substitución de materiales tradicionales por nuevos nanomateriales es aleccionador, ya que hace inmediata referencia a las restricciones impuestas por los recursos no renovables o escasamente renovables de nuestro planeta.

Aunque a veces parezca un contexto de ciencia-ficción, es evidente que la filosofía nanotecnológica de reconstrucción de la naturaleza desde sus bases atómicas, parece destinada (obviamente a muy largo plazo) a desplazar los límites de la capacidad de autosuficiencia humana en la Tierra.

¿Por dónde se iniciará la substitución de materiales? Sin duda la fase inicial se refiere a nichos de mercado muy específicos en los que el fenómeno de substitución se une al de la nueva aportación de características técnicas adicionales, lo que reduce el efecto restrictivo del elevado precio relativo.

Las substituciones masivas en materiales tradicionales no se pueden vislumbrar por el momento; en el desarrollo de la función logística de todo nuevo mercado, la fase inicial es relativamente lenta y repleta de intentos con frecuencia fallidos.

En el caso de la nanotecnología esta fase inicial se complica por la ausencia del soporte que normalmente aportan los mercados de consumo final. En estos últimos intervienen fenómenos psicológicos que son capaces de permitir que se franquee la fase inicial de costes y de precios elevados, mediante fenómenos de moda que pueden identificar el nuevo producto con la modernidad e introducen una inelasticidad-precio independiente del nivel de renta de los consumidores.

El mercado del consumo intermedio cuenta con una demanda dictada por empresas que minimizan costes y maximizan beneficios; las empresas son menos propicias a tolerar precios elevados que no introduzcan elementos de diferenciación suficientes para su propia producción, o que no les permitan transferir al consumidor el aspecto hedónico de la innovación. Es así que se explica la estrategia de introducción de nanotubos en raquetas de tenis que por ese mero hecho adquieren una características competitivas en la estructura decisional del jugador de tenis que modifican su proceso de maximización de utilidad.

Los procesos de substitución de inputs y aportación de nuevas características a los productos ya existentes, son todavía incipientes, y los coeficientes técnicos aij de una hipotética matriz de Leontief que dispusiera de información suficiente para incorporarlos, son económicamente poco significativos. La perspectiva a muy largo plazo, con unidad de medida de siglos, sitúa por el contrario el nivel esperado de los coeficientes de la nanotecnología en un lugar central del sistema económico.

¿De que dependerá la transición, a parte del factor endógeno ya evocado de las economías de escala y de la disminución de los precios relativos de los productos nanotecnológicos? Esencialmente de la dinámica de crecimiento de las economías en su conjunto, y de los sectores utilizadores en particular.

Si sobre la dinámica macroeconómica hay poco que decir, pues afecta indiscriminadamente a todas las actividades económicas, sobre la dinámica sectorial si es importante reflexionar a la hora de definir una estrategia de desarrollo del sector de la nanotecnología.

Como ya indicamos en párrafos anteriores, es un hecho comprobado y lógico que los sectores que más innovan en sus procesos productivos son también los que más crecen y los que más invierten. El círculo virtuoso del crecimiento sectorial se produce porque cuando un sector crece mucho necesita mayor capacidad productiva, esto le obliga a invertir y le permite renovar su aparato productivo tecnológico, lo que a su vez facilita la innovación y la satisfacción de nuevas demandas en crecimiento.

Por ello, los estudios disponibles sobre la evolución de las matrices input-output de los países industriales avanzados muestran claramente que cuando se producen innovaciones en procesos que tienen que ver con un aumento de los coeficientes técnicos aij de una actividad i, estos se generalizan a todos los sectores utilizadores j, pero donde mayor es el aumento es en los sectores en los que el círculo virtuoso de la innovación estimula el crecimiento.

En este contexto es de suponer que en la fase inicial del desarrollo de la nanotecnología el sector que mejor tolerará el nuevo input es el de la electrónica, pieza fundamental en el desarrollo del paradigma tecnológico de la Sociedad de la Información; de ahí la importancia que hoy conviene atribuir a futuras actividades productivas en el campo de la nanoelectrónica.

En esta misma línea de razonamiento se inscriben las aplicaciones de las nanotecnologías que están empezando a dirigirse a los sectores del ocio y de la salud, dos sectores que tienen un componente elevado de servicios, que están en fuerte crecimiento, y que tienen la característica de proporcionar bienes "superiores" (bienes de especial interés cuando se han satisfecho las necesidades básicas de supervivencia y de razonable bienestar) En los bienes "superiores", que absorben en buena parte las rentas discrecionales (rentas disponibles después de satisfacer las "obligaciones" de consumo más habituales), los efectos de elasticidad de la demanda al precio se atenúan, y la capacidad de absorción de procesos innovadores más caros aumenta, como ya hemos señalado con el ejemplo de las raquetas de tenis.

En definitiva, el diseño de la estrategia de desarrollo de la nanotecnología requiere un estudio detallado de las características evolutivas de los sectores utilizadores, y mucho más que en el caso de las innovaciones de productos finales de consumo, un enfoque multisectorial.

Un plan de futuro de la nanotecnología pasa por una prospectiva a largo plazo de la mesoeconomía de los países industriales avanzados.

3. Nanotecnología y ciclos largos

Christopher Freeman (1984) y la escuela neo-schumpeteriana, así como la corriente investigadora que forma el "colegio invisible" de la economía de la innovación (Verspagen, Werker, 2003) han proporcionado evidencia empírica que establece la estrecha relación que existe entre las oleadas largas de crecimiento económico y la convergencia de trayectorias tecnológicas que encuentran su origen en diferentes disciplinas científicas.

También ha quedado suficientemente demostrado (Fontela, 1998) que cuando esta convergencia tecnológica se produce afecta prácticamente a todos los procesos y productos intermedios y finales, y se producen efectos sinérgicos y de apalancamiento ("Spillovers").

Si a finales del siglo XX el paradigma tecnológico de la Sociedad de la Información (ordenadores, telecomunicaciones, microelectrónica) ha iniciado una profunda transformación de la gran mayoría de los procesos productivos y de los bienes y servicios producidos, lo que ha contribuido poderosamente al desarrollo de la Nueva Economía (Fontela, 2000), el escenario de futuro, que hoy se entiende por la Sociedad del Conocimiento se sustenta en otras convergencias tecnológicas que ya se están empezando a detectar.

Después de un largo periodo histórico de segmentación y fomento de la autonomía de las disciplinas científicas, el siglo XXI parece empezar a caracterizarse por un cierto proceso de convergencia de numerosas disciplinas.

El caso más evidente es el de la llamada convergencia molecular o convergencia en el análisis de lo infinitamente pequeño, en la que están directamente implicados varios campos de investigación emergentes como el de las nanotecnologías y el de las biotecnologías. El acercamiento del análisis de la materia viva y de la materia inerte, de los genes y de los átomos, abre extraordinarias posibilidades, en particular cuando se asocia al desarrollo de las infotecnologías y de las ciencias cognitivas.

Los recientes informes de la Academia de Ciencias de los EE.UU (NSF, 2002), y de la Comisión Europea (CE, 2004) evocan la inmediatez de estos nuevos desarrollos multidisciplinares, y sus posibles implicaciones en términos de invenciones e innovaciones que pueden cambiar radicalmente las facultades humanas y los procesos sociales.

La capacidad que se está desarrollando para intervenir a nivel molecular adquiere especial relevancia para la Sociedad del Conocimiento, cuando se abordan temas de información y de conocimiento.

Es obvio que la convergencia de los desarrollos nano-bio-info, con los progresos de la investigación en el campo de las ciencias cognitivas (que cubre las neurociencias, al mismo tiempo que la psicología y la filosofía) es esencial para la comprensión y la mejora de los procesos de adquisición, acumulación y utilización del conocimiento por los seres humanos.

Esta evolución hacia la convergencia científica en lo infinitamente pequeño es por tanto la piedra angular del desarrollo tecnológico de la Sociedad del Conocimiento.

La potencialidad tecnológica evocada por la convergencia podrá proporcionar la base estructural de la Sociedad del Conocimiento, si encuentra una demanda apropiada, si responde a una necesidad valorada por la futura sociedad.

Los campos de aplicación posible de las tecnologías de la convergencia son muy variados, y definen algunas demandas a largo plazo que ya se empiezan a detectar:

  • en la industria, la tendencia a la miniaturización ha marcado el pasado reciente, y parece responder a la necesidad de reducir la demanda de materiales y de energía; extrapolada, esta tendencia justificaría el desarrollo de nano-manufacturas o de bio-ordenadores;
  • en la sanidad, son numerosas las tendencias que como el aumento de la esperanza de vida, o la integración de la gestión personal de la salud en el estilo de vida, promueven una demanda de interpretación del papel de la genética o de procesos de regulación individual en los que necesariamente intervienen sistemas de información y elementos cognitivos;
  • en modo muy similar, la demanda de conocimiento es una demanda de educación que se transmite también al desarrollo de las tecnologías de la convergencia nano-bio-info-cogno;
  • la seguridad, el medioambiente, el transporte y la energía son algunos otros de los campos en los que el paso a una Sociedad del Conocimiento implica transformaciones de los sistemas socio-técnicos en cuya nueva composición deben poder intervenir las tecnologías de esta convergencia en el nivel de lo infinitamente pequeño.

Dos informes muy recientes (CSIC, 2005 y EOI, 2006) analizan específicamente el proceso de la convergencia nano-bio-info-cogno en España e identificar posibles líneas de investigación que insten en la importancia como punto de partida de una actividad importante en nanotecnología.

El Plan Nacional de I+D+i ya ha empezado a reconocer de manera aún informal, la naturaleza de esta convergencia científica y tecnológica que prepara la Sociedad del Conocimiento, aunque es evidente que el fenómeno está todavía en todo el mundo en su fase inicial.

Fuente: EOI, 2006


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4. Consideraciones finales

La Sociedad del Conocimiento plantea importantes retos para la ciencia económica, ya que afecta los planteamientos fundamentales de la teoría del valor y de los precios. El "conocimiento" como vector de innovación, o sea de transformación de la información en riqueza, evoluciona en mercados imperfectos en los que los parámetros habituales de la maximización económica (de las utilidades, de las rentas, de los beneficios) se perciben con dificultad.

Pero es evidente, que la economía seguirá manteniendo su operatividad (ciertamente en términos diferentes) en el siglo XXI, y que esta economía condicionará y será condicionada por el cambio tecnológico.

En este nuevo contexto las políticas científicas y tecnológicas y en especial las políticas de gasto público en I+D han pasado a ocupar un papel estelar en el conjunto de las actuaciones públicas de creación de un marco adecuado para el desarrollo empresarial.

En el campo de la ciencia básica, su carácter de bien público no admite discusión, ya que los resultados de su desarrollo se difunden sin barreras a toda la comunidad científica mundial. A medida que la investigación científica se acerca de la tecnología, y esta de la innovación, los resultados son apropiables y por tanto la justificación económica de las políticas públicas es más discutible. Por el momento los países de la OCDE están abordando con gran pragmatismo este tema y en cierto sentido están desarrollando una competencia ente sistemas nacionales de apoyo a la innovación que, en general, van más allá de la simple producción de bienes públicos.

La creciente preocupación por la acumulación de retrasos en el desarrollo de las tecnologías de la información, y por el estancamiento relativo (en comparación con Estados Unidos) de la actividad económica y del empleo, han motivado una gran efervescencia estos últimos años en relación con el papel de la ciencia, de la tecnología y de la innovación en las políticas públicas.

En marzo 2000, en la Cumbre de Lisboa, la Unión Europea estableció como objetivo para 2010 ser "la economía del conocimiento más dinámica y competitiva del mundo, capaz de un desarrollo económico sostenible, con más y mejores empleos, con una mayor cohesión social y con respeto del medio ambiente". Es la llamada "Estrategia de Lisboa".

En 2006, a mitad de camino de la estrategia de Lisboa, las señales de alerta que provocaron la declaración de la Cumbre siguen en pie: el crecimiento europeo es lento, inferior al crecimiento mundial, la competitividad por precios se ve afectada por la elevada cotización del euro, y la balanza comercial de bienes de alta tecnología sigue siendo deficitaria.

Esta situación ha provocado una intensificación de la reflexión sobre la pertinencia de las políticas adoptadas y en especial de las políticas científicas y de apoyo al cambio tecnológico.

Las políticas europeas de ciencia y tecnología no parecen estar bien adaptadas a algunas características básicas de la Sociedad del Conocimiento y de la nueva oleada de innovaciones del siglo XXI que identificamos con la convergencia nano-bio-info-cogno.

  • la Sociedad del Conocimiento requiere el rediseño de los grandes sistemas socio-técnicos (sanidad, calidad ambiental, etc.), una transformación que tiene que apoyarse en una ciencia del diseño, de los sistemas complejos y de los procesos cognitivos individuales y sociales;
  • la convergencia en la ciencia de lo infinitamente pequeño requiere infraestructuras y proyectos que aceleren la conexión entre disciplinas en el plano científico y el desarrollo de ingenierías de integración del conocimiento de estas disciplinas.

Estas dos características básicas del escenario a largo plazo que hoy contempla la sociedad europea, imponen transformaciones profundas de los sistemas de educación superior y de investigación destinados a aumentar la capacidad investigadora en temas complejos y multidisciplinares.

La I+D es un sector productivo que absorbe un porcentaje creciente de la capacidad productiva de los países avanzados; es normal que este sector se vea obligado a desarrollarse de manera eficiente, y para ello es necesario que las tendencias naturales de su "oferta" correspondan perfectamente a las tendencias de su "demanda". Como el encuentro entre oferta y demanda tiene lugar en el ámbito de la innovación, la relación está vinculada al desarrollo de los sistemas socio-técnicos en los que la innovación establece su campo de cultivo.

Es en el diseño de los sistemas socio-técnicos que radica la principal responsabilidad de las políticas públicas. Es tarea de los gobiernos definir las características estructurales de los sistemas esenciales de la Sociedad del Conocimiento. Esta tarea requiere capacidad de anticipación, proactividad, visión prospectiva. Si la Sociedad del Conocimiento se concibe como un escenario normativo para el siglo XXI en Europa, se impone que las políticas de I+D consideren explícitamente las necesidades de la transformación de los sistemas socio-técnicos básicos con el apoyo del proceso de convergencia tecnológica que delimita el campo de las oportunidades. Europa necesita para la Sociedad del Conocimiento una Ciencia del Diseño.

Bibliografía

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