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Número 36, mayo - junio 2006 COOPERACIÓN, INNOVACIÓN Y CONOCIMIENTO I>> Con otro aire |
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El Rico Vacilón Dícese de aquél que posee una capacidad de respuesta capaz de encontrar una solución pertinente a todas las cuestiones y situaciones que surgen en su entorno y le afectan directamente. |
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Primero, fueron a rescatar a Tom Jones que lo intentó con "Sex bomb", sí pero no. Luego se volvió a la carga con "Mi Corazón Espinado", "Baila Morena" y, más recientemente con "La Lola" pero, ni con esas; el "Rico Vacilón" sigue siendo el cha-cha-chá más veces grabado y escuchado sobre la faz de la tierra. Nadie ha podido con esa pieza legendaria que Rosendo Ruiz Quevedo creó en 1955. Algunos dirán que el cubano acertó con el ritmo pero sospecho que son las letras las que calaron muy hondo en el público. Y, para muestra, un botón:
cha-cha-chá, qué rico cha-cha-chá. A la prieta hay que darle cariño, a la china tremendo apretón, a la rubia hay que darle un besito, pero todas gozan del Vacilón". Algunos malintencionados dirán que sólo le faltaba pedirse la "Barbie" y otros moralistas que la canción no es más que la crónica de unas ovejas descarriadas seducidas por un ladrón de corazones que practica el lenguaje de las manos. Ni una cosa ni la otra y que nadie ponga el grito en el cielo, pues aunque las mujeres no son de piedra, lo único que relata el cha-cha-chá es una historia de éxito como no hay otra igual, y nada más. No le demos más vueltas. Cambiando de decorado, seguro que reaccionaríamos idem de idem ante tanto éxito alcanzado por parte de un individuo en cualquier otro escenario o ambiente. ¡Ya quisieran algunas empresas responder así de bien a las exigencias de sus clientes! Y, más aún, ¡ya quisieran algunos investigadores tener así de contentos a sus benefactores en lugar de marear la perdiz! No te digo. Con los datos que manejamos, y a la vista está, el Rico Vacilón ha hecho un carrerón. Pero, insistamos una vez más: por muy importante que sea su poder de seducción y aunque tenga un corazón tan grande que no le cabe en el pecho, lo suyo con los demás no sólo es pura química. Lo que le da alas a la hora de replicar a las demandas surgidas en el entorno es su sexto sentido. Este sexto sentido que se llama intuición es el que le permite poner la directa sin frenos cuesta abajo mientras que otros andamos a trancas y barrancas y siempre cuesta arriba. Ahora, no nos confundamos, la intuición no es sinónimo de corazonada ni es una cualidad divina sino, fundamentalmente, la lógica recompensa de un aprendizaje organizado como es debido. No cabe duda de que también nuestros genes desempeñan un papel interesante pero la intuición es, sobre todo, una aptitud que mejoramos día a día a medida que nuestras vivencias van dejando sus huellas indelebles en nuestras mentes. Con estos planteamientos, comprendemos muy bien lo que quiere decir Khonon Goldberg, neuropsicólogo, cuando escribe que "la experiencia e intuición ahorran esfuerzos y energías". Para él, "el cerebro precisa menos recursos cuando puede tirar de las experiencias acumuladas y no está obligado a analizar una situación en profundidad". Por esta razón, es más común que la reacción espontánea de un veterano sea más correcta que la de un joven. En resumen: el Rico Vacilón sabe más por su experiencia que por su cara bonita. De una manera más trivial, diríamos que sabe más por viejo que por sabio pero, de una u otra forma, lo suyo, en definitiva, es la atención al cliente y hace de la necesidad una virtud. Que nadie se equivoque, la suerte no está echada una vez por todas. El mismo Rico Vacilón, por muy creído que se lo tenga, puede encontrarse en la cuerda floja en un abrir y cerrar de ojos: basta con que aparezca una solución al problema superior a la suya para que le den la espalda y si te he visto no me acuerdo. La única alternativa que le queda es no dejar de aprender para tener una preparación digna de elogios. El aprendizaje no tiene límites, nunca se acaba y permite estar siempre en alerta tomando las decisiones razonadas. Aún así, si alguien se atreve a pretender que el éxito se convierta en una constante para el resto de los tiempos entrará en el terreno de lo extraordinario y de la utopía porque, tarde o temprano, una innovación se abrirá camino y hará tabla rasa. Eso es lo que intentó explicarle Manuel Mejías a su hijo, el famoso "Papa Negro". Después de una tarde redonda, llevaron en hombros al "Papa Negro" por la calle Confiterías. Cuando llegó al hotel, empezó a contarle a su padre todos los detalles de la faena pero este seguía comiendo en silencio sin prestar demasiada atención a las palabras de su retoño. Algo molesto por tanta indiferencia, el "Papa Negro" se detuvo y pregunto: -Padre, ¿es que no le ha gustao? El peligro del aprendizaje es que las personas sigan su inercia activa y actúen de manera previsible de acuerdo con sus paradigmas en lugar de intentar proyectarse y explorar nuevos horizontes. Si así sucede y optamos por la comodidad entonces alguien vendrá y nos quitará del medio. Eso mismo es lo que quiso decir Manolete al ver torear a Luís Miguel Dominguín: Asistía Manolete a una novillada nocturna en la plaza de Albacete donde toreaba Luís Miguel Dominguín y nada más observar sus buenas maneras exclamó: -¡Este viene con la escoba de barrer! A veces, unos asumen ese relevo generacional pero, en otras ocasiones, las personas sólo vemos lo que queremos ver. Así, un día, uno de los partidarios del joven "Bonarillo", le preguntó a "Lagartijo" cual era su opinión con relación a "su" torero que, según él, tenía cosas de torero grande y unos alardes de valor fuera de lo común. El maestro cordobés, sin pensárselo dos veces le contestó: -Es un farol que se apagará pronto. En definitiva, eso son dos días pero mientras el éxito nos acompañe, carpe diem. |
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