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Número 36, mayo - junio 2006 COOPERACIÓN, INNOVACIÓN Y CONOCIMIENTO I>> Tribuna de debate |
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Innovando a través del establecimiento de alianzas estratégicas: La generación de competencias distintivas en conocimiento y su efecto en el desempeño organizativo[1] Este trabajo tiene como objetivo subrayar la importancia de la generación de competencias distintivas en conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas, para que la participación en las mismas ofrezca un efecto directo y positivo en el desempeño empresarial. No existe un consenso claro en la literatura científica acerca de si la participación en alianzas estratégicas consigue mejorar el desempeño de las empresas o si, por el contrario, es necesaria la ocurrencia de otros factores para conseguir esta repercusión positiva. Este trabajo desarrolla una revisión del estado de la cuestión, a partir esencialmente de la literatura encuadrada en el Enfoque Basado en Recursos, concluyendo que la falta de consenso es debida a que se deja de lado el estudio del efecto mediador de la generación de competencias a través de la alianza. |
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1. Introducción El objetivo de este trabajo es, por una parte, estudiar la importancia de la generación de competencias distintivas en conocimiento que se generan en la colaboración inter-empresarial y, por otra parte, analizar el efecto que ejerce en el desempeño organizativo la generación de estas competencias a través de la cooperación. Consideramos que la generación de dichas competencias será la que favorecerá el desarrollo de innovaciones en la empresa, generadas gracias a la cooperación. La tendencia hacia la globalización de los mercados, la homogeneización de los gustos de los consumidores, los avances en campos como las telecomunicaciones o los transportes han impuesto a las empresas la necesidad de operar de una manera global. Dado que es muy difícil que las empresas posean todos los activos necesarios para ser competitivas, las alianzas estratégicas se han convertido en un instrumento crítico para poder servir a los consumidores en un entorno global (Ohmae, 1989). El crecimiento de la tasa de creación de alianzas estratégicas desde los años 80 ha ido acompañado del estudio de la justificación teórica de su eficacia comparada con otros modelos organizativos por su aportación a la mejora del desempeño. Sin embargo, no existe consenso en la literatura científica acerca de si la participación en alianzas estratégicas consigue mejorar el desempeño de las empresas o si, por el contrario, es necesaria la ocurrencia de otros factores para conseguir esta repercusión positiva. En este trabajo nos centramos en subrayar el rol determinante que juega el conocimiento generado a través de la colaboración en el desempeño organizativo. Este conocimiento se verá después traducido en la generación de innovaciones por parte de la empresa. Las alianzas estratégicas han asumido un importante papel en los procesos de innovación. Cohen y Levinthal (1989) reconocen que, el proceso de innovación está compuesto no sólo por el conocimiento que la empresa genera a través de sus programas y prácticas en I+D, sino también por la habilidad que las empresas poseen para adoptar tecnologías generadas por otras empresas. Así, la colaboración inter-organizativa se ha revelado como una variable moderadora en la relación entre las prácticas de desarrollo de nuevos productos y el desempeño de dichas prácticas (Martínez-Sánchez y Pérez-Pérez, 2003). La cooperación puede incluso proporcionar beneficios a la empresa en términos de desarrollo de nuevas tecnologías y en el desarrollo de productos innovadores (Cohen y Levinthal, 1990). En este trabajo, se pone de relieve el papel determinante que adquiere la capacidad de la empresa para transformar en conocimiento la experiencia conseguida a través de las alianzas estratégicas en la mejora de los resultados de los socios. Se busca así confirmar y generalizar las conclusiones de estudios previos (George et al., 2001; Steensma y Lyles, 2000; Simonin, 1997), según los cuales el uso de alianzas estratégicas tiene un efecto positivo en el desempeño empresarial sólo cuando se toman como variables moderadoras el aprendizaje o la capacidad de absorción de conocimiento. Para ello, el presente trabajo se estructura como sigue. Tras esta introducción, se propone el marco teórico subyacente, analizando el concepto de alianzas estratégicas desde el Enfoque Basado en Recursos, se define el concepto de alianzas estratégicas y se estudian brevemente los motivos que llevan a las empresas a establecerlas. A continuación, se estudia la importancia de la generación de competencias distintivas en conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas. Posteriormente, se analiza la repercusión que la creación de conocimiento a través de tales alianzas tiene en el desempeño organizativo. El trabajo finaliza con las conclusiones y con la propuesta de diversas sugerencias para futuras investigaciones. 2. Alianzas estratégicas y Enfoque Basado en Recursos. El fenómeno de la cooperación empresarial ha sido estudiado desde diversos marcos teóricos (Ireland, Hitt y Vaiyanath, 2002; Camisón, 1993). Sin embargo, el enfoque teórico más utilizado en el estudio de las alianzas estratégicas ha sido la Teoría de los Costes de Transacción (Narula y Duysters, 2004; Yasuda, 2004; Chen y Chen, 2003; Tsang, 2000; Madhok y Tallman, 1998; Gulati, 1995; García-Canal, 1993). La lógica que está detrás de esta teoría es la minimización de costes de transacción. Bajo este marco teórico, sólo tiene sentido utilizar las alianzas cuando los costes en los que incurren las empresas al cooperar son menores que los costes que deberían afrontar si operaran como empresas autónomas. Aunque la Teoría de los Costes de Transacción ha demostrado ser válida como marco conceptual sobre el que estudiar los acuerdos de cooperación, son evidentes algunas limitaciones que presenta. Por ejemplo, no tiene en cuenta las ventajas estratégicas de las alianzas como son el aprendizaje o la rápida entrada en el mercado (Eisenhardt y Schoonhoven, 1996). ![]() En el presente trabajo, se toma como marco teórico RBV, al igual que trabajos como Yasuda (2004), Park, Mezias y Song (2004), Chen y Chen (2003), Dussauge, Garrete y Mitchell (2000), Tsang (2000), Das y Teng (2000), Sarkar et al. (1999), Madhok y Tallman (1998), Simonin (1997), Glaister y Buckley (1996) y Eisenhardt y Schoonhoven (1996). Curiosamente, a pesar de que el RBV ha sido utilizado para estudiar prácticamente todas las cuestiones que tradicionalmente han sido objeto de estudio por la Dirección Estratégica (Fernández y Suárez, 1996), una de las áreas que restaba por explorar desde esta perspectiva eran las alianzas estratégicas (Das y Teng, 2000). Sin restar validez a los trabajos que han utilizado otros marcos teóricos, consideramos que el estudio de las alianzas estratégicas se enriquece si se ve arropado por la perspectiva teórica señalada. Dado que el principal motivo por el que las empresas establecen acuerdos de cooperación es acrecentar su competitividad (Contractor y Lorange, 1988), accediendo a determinados recursos, capacidades y competencias de los que carecen, y que las alianzas son una importante fuente de activos germen de ventajas competitivas (Ireland, Hitt y Vaiyanath, 2002), consideramos que es especialmente apropiado estudiar la formación, la evolución y los resultados de las alianzas estratégicas tomando este marco teórico. De entre las distintas aproximaciones que conviven en el seno del RBV, dos han adquirido un peso específico en la investigación de las alianzas estratégicas: la Teoría del Aprendizaje Organizativo y la Teoría Basada en el Conocimiento. Ambas defienden que los activos intangibles son la principal fuente de ventajas competitivas sostenibles (Prahalad y Hamel, 1994). El seguimiento de la vía de la cooperación se produce cuando las empresas necesitan activos que no pueden desarrollar internamente a un coste y tiempo efectivo (actuando independientemente); cuando necesitan activos que no pueden conseguir a través del intercambio con el mercado (Eisenhardt y Schoonhoven, 1996); o cuando necesitan activos que pueden ser aprendidos o asimilados a través de la cooperación (Holtbrügge, 2004; Ireland, Hitt y Vaidyanath, 2002; Prahalad y Hamel, 1990). Pero la utilidad de las alianzas estratégicas no sólo reside en permitir el acceso a determinados activos. A través de la extensión y la combinación de los activos de las empresas socias, la colaboración proporciona la oportunidad de generar nuevos recursos, capacidades y/o competencias que cumplan con los requerimientos de la ventaja competitiva sostenible (Townsend, 2003). El efecto de la combinación de activos permite a los socios tomar ventaja de oportunidades emergentes y conseguir posiciones estratégicas formidables en el entorno global (Sarkar et al., 1999). De este modo, las empresas, a través de los acuerdos de cooperación, pueden crear un valor mayor al que podrían generar si actuaran independientemente (Townsend, 2003). Las empresas pueden recurrir también a la cooperación cuando cuentan con una fuerte posición social (Park et al., 2002; Das y Teng, 2000; Tsang, 2000; Eisenhardt y Schoonhoven, 1996). En este escenario, teniendo todos los recursos, capacidades y/o competencias necesarios para competir, las empresas encuentran a través del establecimiento de alianzas la posibilidad de utilizar su exceso de activos de una manera más productiva. Aunque la obtención, la generación o la puesta en valor de cualquier tipo de activo tangible o intangible puede estar en el origen de la decisión de concertar una alianza estratégica, serán aquellos activos de movilidad imperfecta, de difícil imitación y sustitución los factores inductores más potentes para la creación de las alianzas (Das y Teng, 2000). Los activos intangibles son tanto la principal fuente de ventajas competitivas sostenibles como los principales impulsores del establecimiento de activo que provee la base para la creación de ventajas competitivas (Prahalad y Hamel, 1994; Quinn, 1992). 3. La generación de competencias distintivas en conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas Desde finales de 1990 se ha comenzado a desarrollar una línea de investigación centrada en el estudio de la creación y transferencia de conocimiento así como el aprendizaje en las alianzas estratégicas. En un importante conjunto de trabajos empíricos se ha analizado la transferencia de conocimiento a través de las alianzas (e.g. Swap, Leonard, Shields, Abrams, 2001; Shenkar y Li, 1999; Tsai, 2001; Dyer y Nobeoka, 2000; Simonin, 1999; Inkpen y Dinur, 1998; Lane y Lubatkin, 1998; Lam, 1997; Inkpen, 1996; Powell et al., 1996 Hagedoorn y Schakenraad, 1994; Hagedoorn, 1993; Hamel, 1991) partiendo de la premisa de que su efectiva transferencia externa, es decir, entre empresas colaboradoras, puede constituir una fuente de ventaja competitiva (Eisenhardt y Santos, 2002). El propio desarrollo de conocimiento en la gestión de alianzas (collaborative know-how) ha sido también estudiado (Simonin, 1997). La importancia del conocimiento, su creación, explotación y transferencia, ha sido enfatizada, hasta el punto de constituir un cuerpo teórico propio, el Enfoque Basado en el Conocimiento (Grant, 1996a,b; Spender, 1996; Nonaka y Takeuchi, 1995; Nonaka, 1994). El Enfoque Basado en el Conocimiento subraya la relevancia del conocimiento como fuente de ventajas competitivas, hasta tal punto que se considera como el activo estratégico más importante en la empresa (Grant, 1996b; Quinn, 1992). Claycomb, Dröge y Germain (2001) identifican cinco características que distinguen al conocimiento de los recursos tangibles: no es fácilmente divisible, no es fácilmente apropiable, no es inherentemente escaso, es regenerativo y su valor puede aumentar con su uso. Estas características distintivas del conocimiento explican que reúna en un alto grado los requisitos necesarios para ser un activo estratégico: especificidad, dificultad de transferencia, difícil codificabilidad y elevada complejidad (Kogut y Zander, 1992), y dependencia de la historia de la empresa (Cohen y Levinthal, 1990). ![]() La composición de las competencias en conocimiento que se plantea en el presente trabajo, recoge la dualidad planteada por Bontis et al. (2002). Los autores plantean que la confusión conceptual existente en la literatura, puede resolverse si se considera, por una parte el stock de conocimiento que existe en la organización en un momento del tiempo (Bontis et al., 2002; Bontis, 1998; Stewart, 1997; Sveiby, 1997; Huber, 1991), y por otra, la dirección y gestión de este stock y su flujo a lo largo del tiempo (Nonaka y Takeuchi, 1995). Por tanto, las competencias en conocimiento recogen todas aquellas competencias singulares de la empresa que reflejan su capacidad para la creación, captación y transferencia de conocimiento. Hacen pues referencia, tanto al stock de conocimiento de la empresa y a su memoria organizativa, como a la capacidad para su gestión y crecimiento. La capacidad para la gestión del conocimiento en la empresa descansará en su habilidad para el desarrollo de los procesos de creación, almacenamiento, distribución e interpretación del conocimiento, así como del progreso de sistemas de captación de información y la habilidad necesaria para transformarla en conocimiento valioso para la organización. Además, el stock de conocimiento y la memoria organizativa se reflejarán, tanto en los mecanismos internos de transmisión del conocimiento como en la aplicación amplia y efectiva del conocimiento ya existente en la organización. Los programas de gestión del conocimiento, la innovación y programas de investigación y desarrollo son la infraestructura necesaria para que los procesos de creación, transferencia, almacenamiento e interpretación se lleven a cabo de manera que pueda generarse nuevo conocimiento. La capacidad de gestión de esta infraestructura se encuentra embebida en determinadas rutinas y procesos organizativos. Teniendo en cuenta las características inherentes al conocimiento, Grant (1996a, b) llega a afirmar que el principal papel de la empresa es la creación de conocimiento, debido a que las otras alternativas, como puede ser el mercado o los individuos, son ineficientes en la creación de dicho conocimiento. En el caso de los individuos, éstos tienen límites relativos a su propia naturaleza, ya que la creación de valor requiere la combinación de múltiples tipos de conocimiento especializado; también la integración en el mercado es difícil ya que requeriría la realización de transacciones específicas asociadas a mayores inversiones (Grant, 1996b). Sin embargo, bajo determinadas circunstancias, las alianzas estratégicas suponen una alternativa, más eficaz para la integración de conocimiento (Grant, 1996b). Entre estas circunstancias, Grant (1996b) matiza dos situaciones. La primera se relaciona con el caso en el que la rapidez en la extensión del conocimiento de la empresa es un tema fundamental en la creación de la ventaja competitiva y la segunda situación hace referencia al caso de que exista una falta de ajuste entre el conocimiento que posee la empresa y su cartera de productos. Por tanto, se considera aquí que las alianzas estratégicas se constituyen como una poderosa fuente de creación y explotación de conocimiento (Inkpen, 1996). Esto se debe a que el conocimiento está inmerso en la organización por lo que, si el acuerdo de cooperación no existiera no se podría acceder a él (Inkpen and Dinur, 1998). Así, será en esta creación y explotación de conocimiento donde reside el valor de las alianzas estratégicas. Este argumento es también subrayado por el estudio de Powell et al. (1996), en el que se sugiere que las alianzas pueden constituir una opción para acceder al conocimiento. Concretamente, el establecimiento de alianzas puede impulsar tanto el acceso al conocimiento de la empresa socio como la generación de nuevo conocimiento a través del establecimiento del acuerdo, en términos de Grant y Baden-Fuller (2004). La participación de la empresa en alianzas estratégicas puede impulsar la puesta en marcha de programas de gestión del conocimiento, la innovación y/o programas de investigación y desarrollo. Los acuerdos de cooperación se convierten así en el instrumento a través del que una organización puede, tanto internalizar determinadas rutinas de las empresas con las que coopera, como refinar y configurar conjuntamente con el socio, rutinas que le permitirán impulsar la generación de competencias para la gestión del conocimiento. Estas rutinas y procesos organizativos conforman la capacidad de dirigir e implementar programas de gestión del conocimiento y de investigación y desarrollo. Incluso existen numerosos casos en los que la creación de este tipo de competencias de manera conjunta (Kahna, Gulati y Nohria, 1998) es precisamente el objetivo de la alianza. Además, las alianzas estratégicas contribuyen al incremento del propio stock de conocimiento existente en la empresa, así como a su capacidad de generación o de crecimiento del mismo. Asumiendo que las empresas están constituidas por una base de conocimiento y que su principal papel es la integración del mismo, así como la generación de nuevo (Grant, 1996a, 1996b), las alianzas estratégicas se convierten en el principal mecanismo para su transferencia entre organizaciones (Kogut, 1988). Esto es debido a que el conocimiento más valioso para la empresa es aquel que se caracteriza como tácito (Grant, 1996a), siendo ésta la principal característica que hace difícil su transmisión fuera de los límites de la empresa (Teece, Pisano y Schuen, 1997). Las relaciones que se establecen entre los socios permitirán el acceso al conocimiento de otras organizaciones o a la configuración conjunta de nuevo conocimiento (Mitchell y Singh, 1996), por lo que las alianzas estratégicas se conciben como el mecanismo que permite a las organizaciones adquirir o aprender nuevas habilidades (Powell et al., 1996; Hagedoorn, 1993; Hamel, 1991). En determinadas industrias, como la de biotecnología, donde la base de conocimiento está dispersa debido a su propia complejidad, la generación de nuevo conocimiento aplicable a nuevos productos es más probable que se realice a través de un conjunto de empresas, que a nivel individual (Powell, Koput y Smith-Doerr, 1996). 4. Efecto de la generación de competencias distintivas en conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas en el desempeño organizativo En la literatura especializada está generalmente aceptado que la creación de conocimiento a través de las alianzas estratégicas afecta positivamente al desempeño empresarial (Dyer & Singh, 1998). Sin embargo, los trabajos empíricos que han estudiado el papel del conocimiento en las alianzas estratégicas es limitado (Simonin, 1997, 1999). La mayoría de las investigaciones concluyen que el hecho de establecer alianzas estratégicas está positiva y significativamente relacionado con el desempeño (Oum et al., 2004; Perry et al., 2004; Hyder y Abraha, 2004; Tebrani, 2003; George et al., 2001; Geisler, 2001; Shrader, 2001; Steensma y Lyles, 2000; Mitchell y Singh, 1996; McGee, 1995; Dunford, 1987; Bresser y Harl, 1986; Astley y Fombrun, 1983). Es más, algún trabajo (e.g. Tebrani, 2003) concluye que utilizar alianzas estratégicas mejora el desempeño independientemente del tipo de estrategia competitiva utilizada, del país de origen en el que se establezcan las alianzas y de la industria. Sin embargo, en contraposición a los anteriores resultados, autores como Hagedoorn y Schakenraad (1994) demuestran que no existe una influencia directa de las alianzas estratégicas en el desempeño económico de la empresa; y Shrader (2001) concluye que en función del indicador del desempeño que se utilice, el uso de alianzas estratégicas tiene un efecto positivo o negativo en el desempeño. De ahí que Shrader (2001) concluya que si otras variables moderadoras no fueran consideradas, no habría una relación directa entre cooperación y desempeño. En la Tabla 1 se presentan estos estudios clasificados según los resultados alcanzados. Tabla 1
Fuente: Elaboración propia
Para explicar esta anomalía empírica, una parte importante de la literatura se ha centrado en fijar los factores relacionados con el diseño de la alianza que contribuyen a su éxito (Dussauge y Garrette, 1995) o a su fracaso (Park y Ungson, 2001). La estructura de gobierno de la alianza se ha demostrado una variable moderadora del efecto positivo de las alianzas en el desempeño (George et al., 2001; Mitchell y Singh, 1996). Sin embargo, la literatura ha estudiado el efecto que la participación en alianzas estratégicas tiene en el desempeño de la empresa, obviando generalmente la importancia de la creación de activos intangibles a través del establecimiento de estos acuerdos de cooperación. El acceso a determinados recursos, capacidades o competencias de los que las empresas cooperantes carecen subyace a la mayoría de motivos por los que se instauran las alianzas estratégicas (Glaister y Buckley, 1996), siendo determinantes en los resultados que se alcancen (Harrison, Hitt, Hoskisson e Ireland, 2001; Das y Teng, 2000). El poder generador de rentas económicas persistentes de las alianzas estratégicas no puede descansar únicamente en la participación de los socios en la red. La participación en alianzas estratégicas proporcionará ventajas competitivas sostenibles a las empresas socias sólo si son capaces de interiorizar o de apropiarse de recursos, capacidades o competencias de los que antes carecían, que cumplan los requisitos antes citados de activos estratégicos. Si las empresas no logran cambiar su dotación de competencias distintivas participando en la alianza, su posición competitiva no tiene por qué modificarse. En el presente trabajo consideramos que es en la generación o adquisición de competencias a través de los acuerdos de cooperación, donde reside el valor de la cooperación empresarial y lo que le dota de sentido a la misma y que, por tanto, la influencia de las alianzas estratégicas en el desempeño empresarial dependerá de las competencias en conocimiento que sea capaz de crear. Del mismo modo, consideramos que la participación en alianzas estratégicas también influirá positivamente al desempeño organizativo gracias al incremento del stock de conocimiento que la empresa ya posee, así como a la generación o integración de nuevo conocimiento. 5. Conclusiones y sugerencias para futuras investigaciones La literatura que estudia la relación entre las alianzas estratégicas y el desempeño empresarial se caracteriza por la falta de consenso a la hora de determinar el efecto que la participación en las mismas tiene en el desempeño empresarial. El presente trabajo nace con el objetivo primordial de subrayar la importancia de la generación de competencias distintivas en conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas para que la participación en las mismas ejerza un efecto directo y positivo en el desempeño empresarial. Hemos sintetizado las principales aportaciones científicas que pueden ayudar a entender la problemática de la generación de conocimiento a través del establecimiento de alianzas estratégicas con la finalidad de salvar algunas de las limitaciones hasta ahora existentes en esta línea de investigación. Basándonos en estudios previos (Bontis et al., 2002; Bontis, 1998), hemos construido un marco conceptual que subraya la dualidad del concepto de conocimiento (stock de conocimiento y su dirección y gestión a lo largo del tiempo) y su influencia en la mejora de resultados empresariales a través de la participación en alianzas estratégicas. El anclaje teórico en el RBV, y especialmente en la teoría del conocimiento y en la teoría del aprendizaje organizativo, nos permiten predecir que si las empresas colaboradoras no consiguen aumentar el conocimiento que ya poseen a través del acuerdo de cooperación, éste no producirá el efecto deseado en su competitividad. El establecimiento de acuerdos de cooperación es un proceso complicado y delicado, como lo demuestran la alta tasa de fracasos o la insatisfacción con el desempeño de la alianza estratégica (Khanna, Gulati y Noria, 1998). La cooperación presenta importantes problemas (Teece, 1986), no estando exenta de costes específicos (Camagni y Gamborotto, 1988). Por un lado, están los costes de integración funcional de estructuras autónomas, habituadas a operar con culturas y estilos distintos (Camisón, 1993: 12). Por otro lado, se presentan problemas de control de la alianza, que justifican la importancia de la posición de una empresa en la red para extraer resultados (Powell, Koput y Smith-Doerr, 1996), así como la importancia que se le da al estudio de los mecanismos de gobierno de estas relaciones (Mitchell y Singh, 1996). Un tercer tipo son los problemas competitivos. La cooperación puede debilitar las ventajas estratégicas de una empresa (Porter y Fuller, 1988: 108; Hamel, Doz y Prahalad, 1989; Jarillo, 1989: 74) si permite que un competidor aprenda por encima de él o se apropie de conocimientos internos que debieran estar salvaguardados con el pacto. El riesgo de potenciar a un competidor con el cual se coopera pone de relieve que la esencia de las alianzas es de naturaleza estratégica: obtener conocimiento y acelerar la tasa de aprendizaje (Camisón, 1993: 12). Son las propias características que convierten al conocimiento en uno de los principales activos estratégicos, las que favorecen también su generación o transferencia a través de los acuerdos de cooperación. La dificultad de apropiación, de imitación y de sustituibilidad, debido, principalmente a la ambigüedad causal y a la complejidad social en la que se basa esta generación de conocimiento, convierte a los acuerdos de cooperación en uno de los principales vehículos por los que la empresa puede acceder a ellos (Kogut, 1988; Chi, 1994; Das y Teng, 2000). Aquellas competencias más valiosas de la empresa, basadas en el conocimiento, no pueden ser eficientemente obtenidas a través del intercambio con el mercado dado que se encuentran embebidas en las rutinas organizativas y en la compleja red social en la que se forman. Por ello, las alianzas constituyen una vía para internalizarlas (Hamel, 1991), y es ahí donde reside su valor. Este valor se incrementa cuando se trata de competencias heterogéneas entre las distintas empresas participantes en el acuerdo (Sakakibara, 1997). Además de estas cuestiones, existen otros parámetros que hasta ahora no se han mencionado en este trabajo pero que tampoco deben dejarse de lado en el estudio de las alianzas estratégicas. Consideramos especialmente importante abordar en futuras investigaciones el estudio del rol que asume el diseño contractual de las alianzas estratégicas en el proceso de generación de competencias distintivas en conocimiento. La evidencia empírica sobre esta cuestión es apenas inexistente. Parece lógico, sin embargo, que la forma contractual en la que se materialice el acuerdo de cooperación influya en la facilidad (dificultad) con la que se genere y transfiera el conocimiento entre las empresas socias de la alianza. El diseño contractual que se establezca ha de considerar, junto al riesgo de comportamientos oportunistas por los socios (Chen y Chen, 2003; Das y Teng, 2000), la amenaza de desequilibrios competitivos cuando las capacidades recíprocas de absorción de conocimiento aprendiendo dentro de la red le sean desfavorables. La estructura de gobierno de la alianza debe incorporar como criterio a considerar la propensión y capacidad de aprender de los aliados, así como su disposición hacia la transferencia de conocimiento, junto a las variables clásicas de corte contractual ya señaladas por la literatura. De la misma forma, los objetivos perseguidos al establecer la alianza pueden también condicionar el aprendizaje de las empresas socias. Dussauge, Garrette y Mitchell (2000) han concluido que el aprendizaje es más intenso en las link alliances que en las scale alliances. Por consiguiente, la empresa deberá valorar explícitamente sus propósitos de aprendizaje, de absorción y generación de conocimiento, a la hora de negociar el sistema de objetivos de la alianza. Estas necesidades van en la línea de reconciliar RBV y la teoría de los costes de transacción para explicar la formación y el desempeño de las alianzas, como ya han reivindicado análisis recientes (Yasuda, 2004; Combs y Ketchen, 1999). 6. Bibliografía Amit, R., Schoemaker, P. J. H. (1993): "Strategic assets and organizational rent". Strategic Management Journal, 14, pp. 33-46. [1]Esta investigación forma parte del proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología - FEDER (SEC2003-01825/ECO) y el Instituto Valenciano de investigaciones Económicas IVIE 2006. [2]Contacto camison@emp.uji.es. Tlf. 964 72 85 34. |
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