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Número 37, julio - agosto 2006 COOPERACIÓN, INNOVACIÓN Y CONOCIMIENTO II>> Tribuna de debate |
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El papel de la cooperación en el perfil
competitivo de las empresas españolas[1]
La internacionalización de mercados, de actividades económicas y la creciente competencia global son algunos de los factores que caracterizan los sistemas productivos actuales. A ello se suma una intensa complejidad tecnológica que afecta tanto a productos como a procesos productivos, concediéndole a la innovación un papel clave en la competitividad de las empresas manufactureras. En ambos procesos, las relaciones de cooperación empresarial se erigen como forma organizativa de creciente importancia. En este documento se explora la relación entre cooperación y comportamiento competitivo en cuatro industrias manufactureras: alimentación, química, electrónica, y automóviles. La información se ha obtenido a partir de una encuesta realizada a nivel microeconómico y diseñada específicamente con este fin en España. |
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1. Introducción El papel de la cooperación en la mejora de la capacidad competitiva de las empresas es un aspecto que ha suscitado un creciente interés en la literatura económica de las últimas décadas. Las principales razones de este interés se encuentran en la intensa y creciente competencia internacional que se deriva de la globalización. La adaptación a esta nueva realidad exige a las empresas el desarrollo de nuevas formas de organización que les permita ser capaces de sobrevivir. Sin embargo, las explicaciones que se han aportado acerca de la naturaleza de estas transformaciones no son completamente nuevas (Hamel y Prahalad, 1989). Los recursos internos de las empresas son insuficientes para alcanzar mayores economías de escala que conduzcan a reducir los niveles de incertidumbre asociados a la entrada en nuevos mercados y a la explotación de nuevas oportunidades de negocio. Se acepta de forma generalizada que la reducción de los costes de transacción, aquellos relativos a las negociaciones y al establecimiento de contratos entre empresas, está detrás del surgimiento de una nueva arquitectura de relaciones (Coase, 1937). Mientras que la integración vertical es una opción plausible para resolver problemas de coordinación en las transacciones de factores productivos, la capacidad empresarial de integrar los conocimientos externos de forma complementaria lleva al nacimiento de lazos más permanentes. Es por ello que las relaciones de colaboración constituyen una solución posible para incrementar los resultados individuales, sobre todo en el caso de pequeñas y medianas empresas (Rosenfeld, 1996). Por otra parte, la creciente internacionalización empresarial explica porqué los sistemas productivos locales se caracterizan por contextos de competencia entre empresas nacionales y extranjeras que se encuentran geográficamente cercanas, operando en numerosas ocasiones en los mismos segmentos del mercado internacional, aspecto que afecta principalmente a las grandes empresas. El acceso a nueva información y conocimiento es uno de los motivos más importantes que llevan a las empresas a cooperar. Así, si se asume que la innovación es un proceso social, éste generalmente involucra a más de dos agentes y, por esta razón, el papel de los actores externos adquiere una importancia mayor. En este sentido, tanto las relaciones de competencia como las de cooperación son factores clave para mejorar los niveles competitivos de las empresas (Belderbos et al, 2004; Freel, 2003; Lundvall, 1995). Las primeras contribuciones sobre este asunto -provenientes de la literatura de economía industrial y de la innovación-, se centraron en la importancia que posee la proximidad geográfica en la explicación de la actividad innovadora y del resultado competitivo de las empresas. Este ha sido, por ejemplo, el objetivo de la literatura sobre distritos industriales en la que se analizan clusters de empresas y sus factores determinantes. La idea principal que se extrae de la evidencia empírica disponible es que las redes mejoran la capacidad competitiva de las empresas, especialmente de las PYME (Humphrey y Schimitz, 1996). Algunos casos paradigmáticos son el italiano, junto con el de otros países europeos, así como los de EEUU y Japón (Saxenian, 1994, Scott, 1992 y Storper, 1989). El análisis económico también ha tratado de explicar cómo la localización afecta a las decisiones empresariales sobre la cooperación con otros agentes. Lo que se ha observado es un creciente interés en el estudio de cómo la proximidad geográfica condiciona los flujos de conocimiento, proporcionando una vía de explicación de las aglomeraciones industriales y de la actividad innovadora (Krugman, 1991). Sin embargo, la proximidad es un aspecto que no está necesariamente limitado al "espacio", sino que puede ser analizado también desde un punto de vista cognitivo. Si bien es cierto que la proximidad geográfica opera como un factor que favorece la interacción entre agentes, la existencia de conocimiento compartido hace que los aspectos organizativos e institucionales también favorezcan la obtención de beneficios a partir de las relaciones de cooperación (Freel, 1996). La tecnología o, de forma más amplia, el conocimiento, es uno de los principales determinantes de la capacidad competitiva de las empresas. En relación al comportamiento de una industria concreta, la pregunta que cabe realizarse es si el conocimiento, que no es plenamente apropiable por quien lo genera, se extiende fundamentalmente a empresas cercanas o bien se expande a nivel internacional. En este sentido, se pueden señalar dos tendencias cruciales en el análisis empírico: por un lado, la creciente internacionalización de las actividades de investigación y desarrollo (I+D) (Archibugi y Michie, 1995) y, por otro, la robustez que han alcanzado los sistemas locales en la explicación de la innovación (Howells, 1999). La consideración de estas dos fuerzas, aparentemente divergentes pero que pueden llegar a ser complementarias, enriquece el análisis de la cooperación como factor potenciador de la competitividad. La existencia de ineficiencias en los mecanismos de mercado para asignar activos intangibles, como la tecnología, ha dado lugar a distintas explicaciones acerca de la internacionalización de las empresas basadas en las imperfecciones propias de los mercados. Mientras que la teoría ecléctica recurre a las ventajas de propiedad, localización e internalización -lo que se conoce como el enfoque OLI-, para explicar las ventajas que subyacen al comportamiento de las multinacionales (Dunning, 1973, 1980), la teoría de los costes de transacción se apoya en las ventajas de la integración vertical como forma de evitar o reducir los niveles de incertidumbre (Williamson, 1975, 1981). Más aún, una estructura particular de incentivos a la inversión directa es la construida sobre la base de los derechos de la propiedad industrial o intelectual (Hortsmann y Markusen, 1996). Por otra parte, la perspectiva evolucionista toma la innovación y el desarrollo tecnológico como elementos centrales de los fallos de mercado, subrayando la importancia de las jerarquías y rutinas empresariales como aspectos esenciales para la comprensión del proceso de internacionalización (Teece, 1977, Pavitt, 1984, 2001, Dosi, Teece y Chytry, 1998).
Igualmente, se ha demostrado que los cambios de estrategia en las grandes empresas multinacionales han estado orientados hacia una creciente internacionalización de las actividades de I+D (Pearce, 1999, Archibugi y Ianmarino, 2000 y Cantwell y Molero, 2003). Aunque las actividades de I+D aún están notablemente concentradas en un conjunto de regiones y, por tanto, escasamente internacionalizadas (Patel y Pavitt, 2000), surge la cuestión de cómo las empresas están internacionalizando gradualmente sus actividades y capacidades innovadoras (Duysters y Hagerdoorn, 1996). Así, la internacionalización de la I+D podría ser fuente del mayor grado de independencia y autonomía del que disfrutan las filiales de empresas multinacionales establecidas en el exterior, aspecto que está también vinculado a las ventajas inherentes a la localización de la filial. Las estrategias globales de las grandes empresas y la relación entre ciencia y tecnología están haciendo de la proximidad un aspecto de la mayor relevancia que se vincula a la importancia de las capacidades locales (Cantwell y Mudambi, 2001, Cantwell y Piscitello, 2001). Es por ello que la cercanía a centros públicos de investigación, la dotación infraestructuras locales, los sistemas educativos y la base científica local, son aspectos especialmente valorados por las empresas. Para las compañías extranjeras, estos aspectos afectan a la dinámica de las redes intraempresa y están condicionados por la independencia de las actividades de I+D que realizan las subsidiarias en otros países, lo que implica que éstas puedan convertirse en unidades creadoras de competencias (Cantwell y Mudambi, 2001). Para analizar la vinculación existente entre las relaciones de cooperación y la evolución de la capacidad competitiva de las empresas, resulta interesante considerar qué agentes son preferidos para establecer esa cooperación. En este sentido, este artículo persigue un doble objetivo: en primer lugar, observar si existen elementos diferenciadores entre las industrias que se deriven de las fortalezas locales -nacionales-, y que impulsen la capacidad competitiva de las empresas. En segundo lugar, analizar el comportamiento de las empresas filiales extranjeras establecidas en España que forman parte de redes internacionales. Estos aspectos se exploran atendiendo al comportamiento competitivo de cuatro industrias manufactureras en España: alimentación, química, electrónica y automoción. El análisis se erige sobre la información procedente de una encuesta sobre competitividad que se ha realizado, a nivel microeconómico, específicamente para este objetivo. El artículo se estructura de la siguiente manera: en el epígrafe segundo se realiza una descripción de las variables referentes al comportamiento competitivo y la actividad tecnológica de las empresas, atendiendo a la distribución industrial y la propiedad del capital. El tercer epígrafe se dedica a la caracterización del tipo de relaciones de cooperación desarrolladas por las empresas, bien sea con otras compañías bien con otros agentes no empresariales. Finalmente, en el cuarto epígrafe se plantean algunas conclusiones. 2. Tecnología y resultados competitivos de las empresas Manufactureras El análisis que aquí se presenta se refiere a empresas pertenecientes a cuatro industrias manufactureras en España: alimentación, química, electrónica y automoción. La selección de estas industrias garantiza la comparación internacional del estudio[2] y permite incluir una selección de industrias con distinto contenido tecnológico. La información se ha obtenido directamente de los directivos de las empresas y se refiere a dos momentos del tiempo: 1998 y 2003. El objetivo de la encuesta ha sido obtener información acerca de la competitividad de las empresas, el impacto de la innovación y el impulso que confieren las redes de cooperación. Las empresas que componen la muestra fueron seleccionadas de tal forma que quedara garantizada la representatividad de esas industrias contar con una presencia equilibrada de las mismas[3]. La menor proporción de empresas se encuentra en la industria de automoción (19% del total) y la mayor representación corresponde a la industria de alimentación (30%). En términos de la propiedad del capital, la encuesta incluye empresas de capital nacional mayoritario, empresas de capital extranjero mayoritario y empresas no controladas por ninguno de los dos (empresas sin control). Debido a que las empresas sin control son nacionales, aquí se considerarán, únicamente, los dos primeros grupos de empresas. Entre las empresas de la muestra, el 20% son de propiedad extranjera, aunque existen diferencias entre industrias[4]: sólo el 5% de las empresas de alimentación son propiedad de capitales extranjeros, mientras que entre las empresas de la industria química ese porcentaje es superior al 37%. En términos del tamaño empresarial, cuantificado a través del número de trabajadores, los resultados de la encuesta son principalmente representativos de empresas medianas y grandes, ya que el tamaño medio muestral se encuentra cerca de los 200 trabajadores (186 empleados). De nuevo, se observan importantes diferencias entre industrias: las empresas de mayor tamaño pertenecen al sector de automoción y las menores al de alimentación, donde el tamaño medio es de 73 empleados. 2.1. Capacidad competitiva La medición de la capacidad competitiva de las empresas se ha aproximado a través de la cuota de mercado que alcanza su principal producto. Los resultados avalan la inexistencia de un único perfil competitivo[5]. De hecho, prevalece una estructura competitiva en una cuarta parte de las empresas, en las que sus ventas representan menos del 10% de las ventas totales del mercado. Otra cuarta parte de la muestra disfruta de una situación de cuasi-monopolio, esto es, concentran más del 90% del total del mercado. Esta situación se observa en la industria de alimentación y de automoción, ya que en ambos casos más del 34% de las empresas -tanto nacionales como de capital extranjero- declaran estar cerca de dominar el mercado con su producto principal[6] -véase Álvarez, Fonfría y Marín (2004) para un análisis más detallado de este aspecto-. Analizando la estructura del mercado nacional, la mayor parte de las empresas de las cuatro industrias operan en condiciones competitivas -Cuadro 1-. Sin embargo, algo más de un tercio de las empresas de automoción y alimentación están más cercanas al monopolio (38% y 36%, respectivamente), siendo éste un rasgo menos común en las industrias intensivas en I+D. Se han detectado, igualmente, algunas diferencias temporales, entre 1998 y 2003. Particularmente, la proporción de empresas que se sitúan entre los percentiles 10 y 90 ha aumentado en las cuatro industrias, especialmente en la química, debido al proceso de concentración que se ha venido produciendo en los últimos años. Por otra parte, se ha preguntado a los directivos de las empresas dos cuestiones relativas a su perfil competitivo en el mercado internacional: con respecto a la situación de su producto principal y la otra sobre las tecnologías de producción[7]. En relación a los productos, la mayoría de las empresas han declarado tener un moderado nivel competitivo, aunque casi el 50% de las compañías de la industria química declaran ser fuertemente competitivas -Cuadro 2-. Considerando las diferencias entre empresas nacionales y extranjeras, aunque la mayor parte de ellas se sitúan en el segmento de competitividad moderada, el nivel es superior en las últimas, mientras que el 16% de las empresas nacionales muestran una situación de debilidad competitiva. Finalmente, la competitividad en las tecnologías de producción se considera también moderada en la mayor parte de las empresas encuestadas, aunque las diferencias entre industrias persisten -Cuadro 3-. En efecto, para cerca de la mitad de las empresas de la industria química su competitividad internacional es elevada, lo que contrasta con el 28% de las empresas de alimentación, que declaran poseer una competitividad débil. Teniendo en cuenta la propiedad de las empresas, un 43,5% de las de capital extranjero dicen poseer una posición competitiva fuerte, mientras que en las empresas nacionales prevalece un nivel moderado. Este resultado coincide con otras aportaciones empíricas sobre la industria manufacturera española (Bajo y López, 1996). Cuadro 1
n = 110
Cuadro 2
(1) Los datos corresponden al año 2003 puesto que no existen diferencias
significativas entre 1998 y 2003 n = 89 Cuadro 3
(1) Los datos corresponden al año 2003 puesto que no existen diferencias
significativas entre 1998 y 2003 n = 81 2.2. Actividades tecnológicas de las empresas manufactureras De forma bastante generalizada se acepta que las actividades tecnológicas constituyen un factor crucial para la mejora de la competitividad empresarial (Dosi, Pavitt y Soete, 1990, Verspagen y Wakelin, 1997). Por este motivo, la inclusión de aspectos relacionados con la tecnología enriquece el análisis y permite un mejor conocimiento de los perfiles competitivos de las empresas. En primer lugar, atendiendo a las actividades de generación formal del conocimiento, la institucionalización de los laboratorios de I+D se ha llevado a cabo por parte de la mayoría de empresas (un 65% de 128 empresas respondieron afirmativamente a esta cuestión) -Cuadro 4-. No obstante, hay importantes diferencias entre industrias. En la industria química todas las empresas extranjeras tienen unidades de I+D y también cuentan con ello cerca del 10% de las nacionales. Sin embargo, en la industria alimentaria la existencia de laboratorios de I+D está mucho menos extendida, siendo más probable en las empresas extranjeras. Este hecho es particularmente relevante en las cuatro industrias consideradas ya que al considerar el porcentaje de empresas filiales de multinacionales con unidades de I+D, éste es claramente superior al correspondiente al total de empresas manufactureras españolas, como se puede comprobar en Fonfría (1999). Cuando se atiende a la existencia de laboratorios de control de calidad dentro de las empresas, la mayoría de ellas responde nuevamente de forma afirmativa -en particular, todas las empresas tanto extranjeras como nacionales en la industria química poseen este tipo de unidades-. En las otras tres industrias, las empresas nacionales que no poseen estos laboratorios representan un 36% en alimentación y un 33% en automoción -Cuadro 4-. Cuadro 4
n = 128
Respecto a la intensidad en actividades de I+D, aproximada a través de la proporción de ventas que se destina a esta actividad, el valor medio para el conjunto de la muestra es del 5% en 1998 y del 6% en 2003 -véase el Gráfico 1-. La intensidad mostrada por las empresas nacionales de automoción y química es excepcionalmente elevada en 1998 -8% y 7%, respectivamente-, proporción que se mantiene en el tiempo en la última. En la industria electrónica, el valor de este indicador es del 5,7% en 1998 y del 6% en 2003. En el otro lado de la escala se encuentra el valor correspondiente a las empresas extranjeras en la industria alimentaria. En general, entre los dos años considerados, la I+D realizada por las empresas extranjeras ha crecido en las otras tres industrias, habiéndose experimentado el mayor incremento en la industria de automoción, que ha multiplicado por casi 3,5 su valor. Puede decirse que, en términos generales, las empresas nacionales destinan más recursos a la I+D que las extranjeras. Sin embargo, estas últimas poseen más laboratorios y, por tanto, realizan esta actividad de una manera más formal que las empresas nacionales. ![]() Gráfico 1. Intensidad en I+D -porcentaje sobre ventas-, 1998 y 2003
La incertidumbre que rodea a las actividades innovadoras explica porqué las empresas necesitan a menudo recurrir a fuentes externas de conocimiento (Von Hippel, 1988). La I+D interna no siempre es suficiente para llevar a cabo los complejos proyectos que el desarrollo tecnológico requiere y, en algunos casos, se hace necesario que otros agentes complementen las capacidades internas de las empresas. La decisión de cooperar con agentes externos depende, pues, de su contribución a la consecución de los objetivos de la empresa. En la encuesta se ha preguntado acerca de este aspecto con el fin de obtener un visión clara sobre el tipo de instituciones más favorecidas por la cooperación o la subcontratación de las actividades de I+D. Como puede observarse en el Cuadro 5, la relación con universidades españolas, así como con proveedores de materiales y de maquinaria suponen la mayor parte de los acuerdos de cooperación. En el otro extremo se encuentran las relaciones con centros de investigación públicos y privados -no universidades-, y con universidades extranjeras. Cuadro 5
n = 89
Las universidades españolas y los centros privados de investigación se involucran de forma notable en la cooperación en I+D mediante fórmulas de subcontratación de las empresas. Por otra parte, diferenciando entre qué actividades son las que realizan las empresas internamente o subcontratan, la investigación científica y el diseño son las actividades que con mayor probabilidad se subcontratan. Sin embargo, son predominantes las actividades de I+D internas relacionadas tanto con actividades de innovación de proceso como de producto y de control de calidad (Álvarez et al. 2004). Aunque las patentes son mecanismos formales de apropiación del conocimiento, el número de patentes obtenidas por las empresas se utiliza generalmente en la literatura de innovación como un indicador de resultados tecnológicos. Es plausible aceptar que la propensión a patentar difiere entre industrias y de acuerdo con otras características estructurales de las empresas, tales como la propiedad (Howells, 1990, Fonfría, 1999). En términos generales, las empresas incluidas en la muestra no han declarado un elevado número de patentes en los últimos cinco años. Sin embargo, las patentes internacionales son más representativas que las nacionales[8]. Es destacable que las empresas de la industria química presentan una mayor propensión a patentar en ambos mercados -Cuadro 6-. Sin embargo, el valor que adoptan las empresas nacionales de la industria de automoción en los dos tipos de patentes es especialmente importante, más aún en las internacionales. Además, las empresas de capital nacional pertenecientes al resto de industrias son más activas en la solicitud de patentes que sus competidores extranjeros. Cuadro 6
n = 209 patentes
Finalmente, de acuerdo con la literatura, la introducción de nuevos productos en el mercado es uno de los indicadores más relevantes de innovación (OCDE, 1996). Por lo que respecta a las empresas incluidas en la encuesta, cerca de una cuarta parte de sus ventas se debe a nuevos productos (21% en 1998 y 25% en 2003). En la industria de automoción, la capacidad innovadora es incluso mayor: más del 30% de sus ventas, habiendo reducido la distancia con respecto a otras industrias entre 1998 y 2003. Entre las empresas de esta industria, las nacionales parecen ser más innovadoras en productos: 45% en 1998 y 40% en 2003. La distribución entre empresas nacionales y extranjeras en las otras tres industrias es muy similar, a excepción de la química -Cuadro 7-. Cuadro 7
3. Las empresas de cooperación de las empresas manufactureras españolas Las razones que llevan a las empresas a tomar la decisión de cooperar con otros agentes son de diversa naturaleza. El acceso a nuevas oportunidades y mercados, así como las ganancias de eficiencia son algunas de las más importantes (Howells, 1990, Kleinknecht y Reijnen, 1992). La idea básica es que las empresas no operan aisladamente en el mercado sino que se enfrentan a la competencia recurriendo crecientemente a fórmulas cooperativas que implican a otras empresas y a otros agentes. En otras palabras, las relaciones de las empresas pueden ser horizontales -con los competidores- o verticales -principalmente con clientes y proveedores-. En un mundo cada vez más internacionalizado, un aspecto adicional al tipo de actividad que las empresas deciden realizar en cooperación es la consideración de cooperar bien con socios nacionales o bien con agentes extranjeros. El Gráfico 2 ilustra los resultados que se han obtenido de la encuesta referente al tipo de actividad realizada en cooperación y el tipo de socios elegidos, esto es, competidores, clientes y proveedores, diferenciando entre extranjeros y nacionales[9]. La subcontratación, la asistencia técnica y las adquisiciones son las formas de cooperación más citadas y no se detectan diferencias importantes entre otras formas de cooperación. El patrón de cooperación con competidores que se observa es similar tanto en el caso de las empresas nacionales como extranjeras, siendo las operaciones preferidas las adquisiciones y alianzas estratégicas[10]. Estas son también las formas de cooperación más utilizadas tanto con clientes nacionales como con extranjeros, ganando relevancia las actividades de asistencia tecnológica con estos agentes. Teniendo en cuenta la importancia relativa de cada forma de cooperación -aproximada a través del porcentaje que representan en cada tipo de agente y su nacionalidad-, aquéllas más relevantes en las que intervienen socios extranjeros son las operaciones de adquisición, las alianzas estratégicas y la cooperación con competidores. Más del 20% de las empresas cooperan en esos tres casos. Por otra parte, alrededor del 18% de las empresas cooperan tanto con los clientes en OEM[11], como con los proveedores a través de operaciones de adquisición, subcontratación y alianzas estratégicas. La proximidad geográfica es, en general, un aspecto relevante al considerar el hecho de que la cooperación entre empresas nacionales es más significativa que con empresas extranjeras. En efecto, los valores más elevados corresponden a la cooperación con proveedores nacionales, alrededor de una cuarta parte de las empresas dicen subcontratar y cooperar vía asistencia técnica con éstas. Las alianzas estratégicas son la forma más relevante de cooperación con los competidores nacionales, siendo igualmente relevante la proporción de empresas que ha realizado adquisiciones de competidores nacionales. Finalmente, la asistencia técnica es la vía de cooperación con clientes más frecuente. Este resultado es debido, probablemente, al relativamente bajo nivel de costes de transacción y de compromiso de recursos empresariales que implica (Alonso, 1995). Adicionalmente, un aspecto interesante y que ha sido destacado por la literatura de economía de la innovación se refiere al papel jugado por distintas organizaciones con las que las empresas cooperan en I+D. De tal forma que cuanto más altos son los costes y los niveles de complejidad de esas actividades, más necesaria se hace la cooperación. De acuerdo con los resultados de la encuesta, la mayor parte de las empresas españolas no coopera. Sin embargo, el papel de las universidades y de los centros de investigación nacionales parece ser crucial para la I+D de las empresas: entre un 14% y un 20% de ellas así lo ha manifestado (Álvarez et al. 2004). Aunque de forma menos intensa, la importancia de la cooperación con los consumidores finales y de los proveedores de materiales también se pone de manifiesto en los resultados de la encuesta. Lo que se confirma parcialmente es el resultado esgrimido en literatura sobre sistemas nacionales de innovación, en la que se subraya el papel que juegan las relaciones productor-usuario como fuente externa de mejora de las habilidades de innovación interna de las empresas (v.g. Lundvall, 1992; Edquist, 1997). En contraste, el papel de los socios foráneos, universidades, laboratorios de investigación y consultoras parece ser aún muy limitado. ![]() Gráfico 2. Tipo de cooperación y tipo de socios (proporción sobre el total de
la muestra)
El establecimiento de relaciones de cooperación con objetivos instrumentales o finalistas puede observarse en el Cuadro 8, en el que se revela que los dos objetivos principales de las actividades de I+D de las empresas son el desarrollo y la mejora de productos y procesos, quedando menos priorizada la investigación científica y aplicada. El diseño y el control de calidad se encuentran en una posición intermedia, habiendo sido destacados por cerca de la mitad de las empresas encuestadas. Por lo que se refiere a la propiedad del capital, las empresas nacionales son más proclives a destinar su esfuerzo en I+D hacia la innovación de productos que las empresas foráneas. Sin embargo, esta diferencia se hace menos clara en la industria química, en la que un mayor número de empresas se orienta hacia la investigación: 14 empresas sobre 26 han declarado que su objetivo es la investigación científica, mientras que 18 de 37 señalan la investigación aplicada. Cuadro 8
4. Principales comclusiones Los resultados obtenidos en el trabajo que se presenta en este artículo confirman la importancia que alcanzan las relaciones de cooperación en la mejora de competitividad de las empresas. Se detecta, sin embargo, que existen diferencias entre las distintas ramas industriales. El contenido tecnológico de cada industria, aproximado por el esfuerzo en I+D, parece operar como factor determinante de tales diferencias. En las industrias de alta tecnología, por ejemplo, es más probable la cooperación en actividades relacionadas con la investigación. Igualmente, es especialmente destacable que las empresas de la industria de automoción -considerada convencionalmente de medio contenido tecnológico- presentan una elevada capacidad de innovación Por otra parte, se observa que hay diferencias de interés en los perfiles competitivos de las empresas al considerar la presencia de capital extranjero. La proximidad geográfica y cultural se erige como un elemento relevante en la definición de los nexos de cooperación y, con ello, es más probable la colaboración que desarrollan las empresas españolas con agentes del sistema nacional de innovación. Bibliografía Alonso, J.A. (1995) "International Process and Forms of Market Penetration: A Dynamic Proposal" en J. Molero (Ed.) Technological Innovation, Multinational Corporations and New International Competitiveness The Case of Intermediate Countries. Reading: Harwood Academic Publishers. Álvarez, I. (2003) Empresas extranjeras y efectos de derrame tecnológico o spillovers: Una aplicación a las manufacturas españolas. Tesis Doctoral. Madrid: Universidad Autonoma de Madrid. Álvarez, I., Fonfría, A., Marín, R. (2004) Results from a Competitiveness Survey to the manufacturing Spanish firms, COMPETITIVENESS European Project, WP 6, Del. 4, (www.case.pl ) Archibugi, D., Michie, J. 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[1]Este artículo forma parte de los resultados obtenidos por el equipo español participante en el Proyecto Europeo del 5º Programa Marco de la UE denominado Competitiveness. Este trabajo se refiere a parte de los resultados de una encuesta realizada a empresas españolas bajo el marco metodológico adoptado en dicho proyecto. Los autores son los únicos responsables de las opiniones expresadas en este trabajo, que no representan la opinión de la Comunidad Europea. Asimismo, La Comunidad Europea no es responsable del uso que se haga o se pueda realizar con los datos que aparecen en este artículo. [2]El estudio es parte del Proyecto Europeo del 5º Programa Marco de la UE denominado Competitiveness y, por tanto, el marco metodológico adoptado para realizar la encuesta ha sido compartido por la mayor parte de los países involucrados en el proyecto: Polonia, Hungría y la República Checa. [3]El número de respuestas obtenidas ha sido de 134, sobre una muestra de 554 empresas, siendo la tasa de respuesta, por tanto, del 29%. La muestra incluye empresas de más de 50 trabajadores, con actividad productiva -y no sólo comercial- en España. La base informativa que conforma el universo de las empresas incluidas en el estudio ha sido Fomento de la Producción 2002, que incluye más de 30.000 empresas que realizan su actividad en España. [4]Esto es coincidente con los datos correspondientes a la presencia de empresas extranjeras en la industria manufacturera española: Las empresas extranjeras representan el 22% del empleo manufacturero español (Álvarez, 2003). [5]La competitividad se ha medido de acuerdo con la categorización de las cuotas de mercado en percentiles. [6]De acuerdo con los datos referidos al conjunto de las manufacturas españolas, la mayor concentración corresponde a automoción y a maquinaria de oficina, donde los índices C4 muestran unos valores del 73% y del 75%, respectivamente (Álvarez, 2003). [7]Las respuestas a estas dos cuestiones se basan en percepciones subjetivas realizadas por los directivos. [8]De acuerdo con los resultados de la encuesta, las empresas han obtenido en media 134 patentes internacionales y sólo 75 en España (Álvarez, et al. 2004). Este es un aspecto compartido por el conjunto de las manufacturas españolas. [9]Nótese que el número de empresas que han respondido a esta cuestión es 69. Debido a la existencia de distintas opciones, una empresa puede dar diferentes respuestas en cada caso. [10]Para un amplio análisis sobre fusiones y adquisiciones en España, véase Marín (2004). [11]OEM: Original Equipment Manufacturin |
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