Número 38, septiembre-octubre 2006
INVESTIGACIÓN Y PRODUCCIÓN CIENTÍFICA I>> Con otro aire
 
  El agente doble

Dícese de aquél individuo que juega a dos bandas.

     
Patricio Morcillo Ortega
Catedrático de Organización de Empresas
Universidad Autónoma de Madrid
patricio.morcillo@uam.es
 
"Al que está mirando no se le ve. Es la forma informe, la imagen sin imagen, huidizo, inalcanzable."
Anónimo (China)

 

 

Veo, veo,
¿Qué ves?
Una cosita
¿Y qué cosita es?
Empieza por la i
¿Qué será, qué será, qué será?
Información
Sí, sí, sí, eso sí, sí, sí, eso sí, sí, sí, eso es.

La información, esa información capaz de poner patas para arriba el orden establecido, es la que siempre ha sido objeto de codicia por parte de los espías. Todos, sin ninguna excepción, tenemos el afán de saber, en todo momento, lo que se cuece a nuestro alrededor, y, de hecho, la profesión de espía es, a todas luces, la segunda más antigua del mundo.

Como no podía ser de otra forma, con la emergencia de la sociedad del conocimiento, la profesión de espía ha conocido una segunda juventud. Por si fuera poco, la misma se ha beneficiado de la inestimable ayuda de las nuevas tecnologías que, no sólo facilitan el acceso a este trabajo, sino que contribuyen a mejorar su nivel de eficiencia en cuanto se sabe utilizar estos nuevos artefactos adecuadamente. Micrófonos, grabadoras, cámaras, videograbadoras, monitores, emisores, visores, programas espías, teléfonos espía, auriculares, audífonos-pinganillos, chuletas electrónicas, tintas invisibles, mini cámaras, etc. constituyen una muestra de todos estos utensilios que permiten escuchar conversaciones ajenas desde cualquier parte, grabar imágenes pasando inadvertido y detectar señales con el máximo sigilo.

Con todo esto, miedo me da cuando pienso en ese exceso de confianza que tenemos al intercambiar, alegremente, informaciones con todos los que tenemos a nuestro lado. Vamos, que uno duerme a pierna suelta, y mientras tanto, bajo cuerda, va nuestro espía particular y lo casca.

Si un buen espía es aquel que nunca cuestionada nada, que posee un don innato para las relaciones personales con una capacidad para fabular, engañar y seducir al que se le pone por delante, queda claro que, muchos de nosotros, estamos, permanentemente, sentados en un hormiguero de espías. Pero lejos de dejarnos amedrentar por esta situación, algunos han hecho de la amenaza una oportunidad convirtiendo el espía de turno en Agente Doble.

En vista de lo visto, el modus operandi del Agente Doble no se parece en nada al del espía de toda la vida. Por la cuenta que le tiene, lejos de llamar la atención el Agente Doble suele ser mucho más discreto que el clásico topo dotado de un pico de oro aunque, en el fondo, siga siendo un encantador de serpientes. Lo que diferencia el uno del otro es, por una parte, la ambición que atesoran, pues es evidente que el negocio de espía se le ha quedado pequeño al Agente Doble y aspira a más, y, por otra parte, este último es una figura poliédrica capaz de adaptarse a cualquier acontecimiento, independientemente de lo que este cayendo. Su permanente movimiento de vaivén es el no va más.

¡Cómo se las gasta el Agente Doble! Aplica al pié de la letra sus tres artimañas básicas: la apariencia, el camuflaje y la triquinuela. Con la apariencia se trata de pasar desapercibido, con el camuflaje pretende parecerse a lo que le rodea y con las triquinuelas siembra la distracción entre sus víctimas para que en el instante en que se pongan a tiro asestarles el golpe de gracia.

Pero, como suele ocurrir en todas las profesiones, no es oro todo lo que reluce y suelen abundar los espías de medio pelo, mentirosos patológicos o ineptos iletrados que han conseguido colarse descaradamente en ese gremio sin méritos propios. El saber detectar, identificar, captar y explotar las informaciones congruentes sólo está al alcance de unos pocos elegidos. Cuando muchos aseguran que vivimos en una sociedad basada en el conocimiento otros, en cambio, coinciden afirmando que vivimos, más bien, en una sociedad basada en la ignorancia. Buena muestra de ello, es lo que se refleja a la hora de saber oír e interpretar lo que sucede en nuestro entorno, y, si no, que se lo pregunten al "Tremendo" y a algunos individuos que oyeron pero no supieron escuchar lo que se decía acerca de la desgracia que afectó al "Chato".

"Cigarrón" era el varilarguero de la cuadrilla de "Bombita" que falleció una tarde del mes de agosto de 1901 en la plaza de San Sebastián cuando un toro de Saltillo le tiró al suelo. La prensa le dio al suceso un tratamiento prioritario y la desgraciada noticia corrió como la pólvora por todos los círculos taurinos del país. Cuando un aficionado estaba leyendo, en voz alta, para un grupo de amigos la crónica de la corrida y comentó que la muerte se había producido por un colapso, "El Chato", compañero de mil batallas de "Cigarrón", exclamó con rabia torera:

    Marditos toros! ¡Hasta con la cola matan!

Con un quid pro quo de tal calibre resulta incontestable que "El Chato" no tenía madera de espía, pero es que, a veces, no sólo es que no damos más de sí, sino que somos muy propensos a perder el norte al producirse un acontecimiento inesperado.

Cuando "Tremendo", otro compañero de "Cigarrón", se preparaba para picar a un toro, este último arremetió contra el caballo y el picador. Levantó a ambos hacia las nubes y "Tremendo" se dio una costalada tal que se quedó tumbado en la arena medio conmocionado. El público aplaudió a reventar la ejemplar bravura y fuerza del novillo, deseando verle embestir en la segunda vara.

Los monosabios se apresuraron en levantar del albero al del castoreño y con toda presteza lo subieron de nuevo al caballo. Pero con la prisa lo colocaron montado al revés. "Tremendo", medio atontado todavía, para no perder el equilibrio fue a agarrarse al cuello del cabestro en el momento que le decía un monosabio:

    -¡Al toro otra vez, Camilo, que no sio ná!

Abrió los ojos "Tremendo" y exclamó desde su asombro:

    -¡Qué no sio ná, y la quitao la cabeza al caballo!