LAS PORCELANAS DEL BUEN RETIRO


A lo largo del siglo XVIII, las principales Cortes Europeas desarrollan manufacturas cerámicas, dentro de un proceso genérico de fortalecimiento de las Fábricas Reales, al cual no fue ajeno el Reino de España. La creación de la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro se inserta en este marco, y su estudio debe ser concebido con relación al patronato regio y al influjo de la ilustración española de la centuria.

La introducción en Europa de la Porcelana China (porcelana dura), constituyó una de las etapas clave de la industrialización y supuso, en su momento, un esfuerzo de integración de conocimientos científicos y técnicos, recursos económicos y organizativos sin precedentes. En los trabajos de investigación se involucraron los científicos más prestigiosos de la época, y la lucha por obtener el denominado oro blanco fue un elemento de prestigio y de competencia económica entre las diferentes Cortes ilustradas europeas (Alemania, Francia, España, etc...), las cuales soportaron económicamente su progreso. Sería, finalmente, en Meissen (Alemania) en 1715 y bajo el patrocinio de Augusto el Fuerte, Elector de Sajonia y Rey de Polonia, cuando J. F. Bottger obtiene la primera porcelana europea. A lo largo del siglo el secreto de la porcelana, con las adaptaciones locales oportunas, se extendería al conjunto de los países europeos.

En este contexto, la actividad de la Real Fábrica de la China, que se desarrolla entre 1759 y 1808, estuvo marcada por una serie de circunstancias que condicionaron su evolución. Su creación, por Carlos III, es tardía con respecto al resto de manufacturas europeas y su dependencia tecnológica, en las primeras etapas, de la Manufactura Napolitana de Capodimonte (operarios, materias primas, técnica productivas, etc...) es significativa. Por otro lado, ser la única manufactura española dedicada exclusivamente a la producción de porcelana, la privó de cualquier clase de intercambio con empresas semejantes y propició, por ejemplo, la aparición de problemas de suministro de materias primas. En otro orden de cosas, el precipitado e inesperado final de la Fábrica del Buen Retiro, como consecuencia de la guerra de la Independencia, ocasionó entre otros desastres, la pérdida de la mayor parte de la documentación, envolviendo su historia en una densa nebulosa, sólo alumbrada por algunas aportaciones aisladas. El arrasamiento final de la fábrica, bajo el reinado de Fernando VII, eliminó finalmente casi cualquier vestigio físico de su instalación.

Desentrañar y hacer aflorar los condicionamientos humanísticos, técnicos, científicos, económicos y el entorno histórico en que se desarrollo la actividad productiva de la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro, requería la puesta en marcha de un equipo multidisciplinar. Así lo entendió la Dirección de Investigación de la Comunidad de Madrid, convocando a un grupo de trabajo en que se integraron las siguientes instituciones: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Municipal de Madrid, la Dirección General del Patrimonio Histórico Artístico de la Comunidad de Madrid, la Escuela de Cerámica de la Moncloa, el Instituto Tecnológico Geominero de España, el Instituto de las Ciencias de la Construcción y del Cemento Eduardo Torroja y el Instituto de Cerámica y Vidrio CSIC.

El proyecto, que en un principio, contemplaba las siguientes etapas:

. Recopilación de la bibliografía existente desde el punto de vista histórico, artístico, museístico y arquitectónico.

. Investigación de la localización de los yacimientos de materias primas utilizadas, en dicha época, en la fabricación de la porcelana.

. Clasificación de los fragmentos de porcelana y lozas procedentes de excavaciones arqueológicas.

. Caracterización físico-química, minearológica y microestructural de las piezas procedentes de las de la excavaciones arqueológicas y de los fondos arqueológicos y museísticos.

. Determinación de los procesos productivos empleados en la Fábrica.

. Reproducción de las pastas cerámicas y ciclos térmicos utilizados en la fabricación de la porcelana.

Sin embargo, el proyecto tuvo que restringir sus ambiciosos objetivos debido a la limitación del desarrollo del mismo al año 2000 exclusivamente. En este sentido, los estudios se han centrado, fundamentalmente, en la etapa final de la Fábrica del Buen Retira, a partir de 1804, en que estuvo bajo la dirección de Bartolomé Sureda, único responsable español en la corta historia de la fábrica y prototipo del técnico ilustrado que, bajo la influencia de Agustín de Bethencourt, máxima figura de esa generación, es encargado por el Rey Carlos IV de poner en marcha una reorganización total de la fábrica tras los repetidos fracasos técnicos y económicos que habían caracterizado las etapas anteriores e impedido la obtención de una verdadera porcelana de calidad.

Los estudios que se han venido efectuando desde el año 1996 han permitido localizar, en la zona conocida como “Huerto del Francés del Retiro”, los basamentos de la Ermita de San Antonio sobre la que se construyó la Real Fábrica así como delimitar la red de desagüe perimetral que rodeaba la fábrica y que acababa en un largo túnel hacia el arroyo del Prado. En la alberca, situada en dicha zona, se han recuperado fragmentos cerámicos (restos de materias primas, pruebas de pastas, desechos de vajilla, azulejos y baldosas). El análisis de estos desechos han puesto de manifiesto, por primera vez, que la porcelana desarrollada por Sureda se componía de proenstatica, a-cuarzo y a-cristobalita, y que en su fabricación se utilizó sepiolita de Vallecas. El empleo de la sepiolita es le dato que caracteriza y diferencia a las producciones de Sureda del resto de las producciones europeas de porcelana y lo que permite hablar con propiedad de “Porcelanas de Madrid”.

Los estudios efectuados por el Instituto Geominero de España han permitido la localización de 16 yacimientos de materias primas, distribuidos por todo el país. Revisten especial interés los yacimientos localizados en la propia provincia de Madrid, en Colmenar Viejo, Galapagar, Valdemorillo, San Fernando, Cerro de Almodóvar y Huerta de la Zabala. El empleo de la sepiolita de este último yacimiento es, comom ya se ha dicho, una de las modificaciones y logros claves introducidos por Sureda en la fabricación de la porcelana. La información obtenida permite constatar los exhaustivos ensayos y experimentos de todo tipo de materias primas susceptibles de emplearse en la producción de la porcelana y el elevado coste de los trabajos destinados a garantizar el suministro de dichas materias primas.

Con esta información, la Escuela de Cerámica de la Moncloa ha formulado y reproducido, empleando procedimientos tecnológicos análogos a los de la época, cuatro tipos de pasta, cuyas composiciones y propiedades se acercan a las observadas en las piezas de vajilla procedentes de la excavación de la Fábrica del Buen Retiro.

El proyecto, en combinación con otros trabajos previos, ha permitido fijar la localización de la fábrica, sus dimensiones, costes y empleados, así como los datos básicos acerca de la organización del trabajo y cuestiones administrativas. En su momento, la fábrica fue una de las mayores instalaciones fabriles de Madrid y una planta innovadora en temas como las relaciones laborales. Su personal, dado el patrocinio Real, dispuso de unas condiciones de trabajo, remuneraciones, asistencia sanitaria, ayudas de jubilación, orfandad y viudedad inexistentes para los trabajadores de la época.

El trabajo desarrollado, ha permitido concluir, igualmente, que, en su etapa final, bajo la dirección de Sureda, la fábrica fue capaz de lograr una producción de porcelana con características técnicas propias basadas en el empleo de sepiolita cuyos yacimientos de Madrid son, hasta hoy en día, los únicos en el mundo. Su empleo facilitó el incremento de la producción de vajillería, abriéndose así a un mercado potencial muy importante. En todo caso, sus pastas permitieron obtener una obra plástica de gran relevancia y pavimentos para residencias reales cuyos estudios están pendientes de abordar.

El esfuerzo de Sureda fue ingente y las dificultades a superar excesivas, como comenta en el memorándum que envía al Rey el 8 de noviembre de 1808 pidiendo licencia para retirarse. No obstante, pone en marcha la mencionada búsqueda de materias primas, reorganiza la fábrica entre 1805 y 1806 y a finales de 1807 ha sentado las bases para la nueva fase, que desgraciadamente termina en mayo de 1808 con la ocupación de la fábrica por los franceses. Terminada la ocupación y vuelto a la fábrica escribe: “tuvimos que abandonar la fábrica por ocuparla las tropas francesas y ahora que hemos vuelto a ella y encontrado los talleres estropeados e igualmente falto de fondos para hacer traer la tierra y encontrado los talleres estropeados e igualmente falto de fondos para hacer traer la tierra, me veo en la imposibilidad de poner en ejecución una cosa que tanto he deseado para la prosperidad de la fábrica y honor mío”. Termina así la historia de una fábrica, a la que este proyecto ha contribuido a su conocimiento integral desde el punto de vista histórico, humanístico, artístico, técnico y científico.



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