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LAS ADMINISTRACIONES REGIONALES EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Cooperar localmente para competir globalmente
Alfonso González Hermoso de Mendoza
Director de Programas
Dirección General de Investigación
Comunidad de Madrid
Este artículo intenta recoger, cómo la Administración Regional está pretendiendo dar respuesta a las nuevas necesidades de su territorio, liderando la creación del consenso necesario para definir objetivos compartidos e implicar activamente a universidades, OPIS, agentes sociales y empresas. Así ha sido reconocido por la Comisión Europea, concediendo a Madrid la distinción de región de excelencia en el ámbito de la innovación con otras 14 y única región española.
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1. Presentación:
1.1. Las administraciones regionales en la sociedad del conocimiento.
Jugando con el nombre de nuestra región vemos cómo forman parte de él el acrónimo de la actividad con la que de una manera más directa se identifica la sociedad del conocimiento y la nueva economía, la investigación y el desarrollo. Ámbitos desde los que creemos deben construirse el bienestar de los madrileños y la competitividad regional.
No pasa un día sin que surja alguna noticia vinculada a la ciencia y tecnología que nos inquiete en nuestras convicciones o cuestione nuestro modo actual de vida. Las vacas locas, el genoma humano, el calentamiento de la atmósfera, el sida o el uranio empobrecido nos recuerdan cómo en el núcleo de la sociedad del conocimiento, o también llamada por Ulrich Beck sociedad del riesgo, está omnipresente la ciencia y la tecnología.
Una década de sociedad del conocimiento ha sido suficiente para que nadie discuta que el saber cómo y el saber quien, son las actividades con mayor valor añadido posible. La innovación tecnológica crea los empleos de mañana y la investigación los de pasado mañana. Hoy día en la Unión Europea se calcula que la I+D+I es responsable de entre el 25 y 30 % del empleo que se crea.
De acuerdo con estas convicciones, por primera vez después de la cumbre de Lisboa del año pasado, la Unión Europea coloca la ciencia y tecnología como piedra angular de su política. Comprometiéndose a hacer de nuestro territorio, en los próximos diez años, el lugar de referencia global en la sociedad del conocimiento. El Consejo de Ministros asumió, sin dejar lugar a dudas, que el crecimiento económico, el desarrollo sostenible y el empleo en Europa dependen más que ninguna otra variable de la I+D+I.
En paralelo, y como consecuencia de esta apuesta por la globalización se está produciendo, a escala europea y mundial, otro fenómeno: la territorialización de la ciencia y la tecnología.
En la medida en la que en un mundo abierto y dependiente de la tecnología, los ciudadanos vuelven su mirada de manera creciente a las administraciones que les son más cercanas para encontrar respuestas a sus necesidades más inmediatas: educativas, sanitarias, medio ambientales o de empleo; las Comunidades Autónomas y las entidades locales van asumiendo nuevas obligaciones y tienen que generar nuevas capacidades.
Un ejemplo claro de este fenómeno es el esfuerzo que, en los últimos años, están realizando todas las regiones europeas para la creación de espacios de cooperación en I+D+I. Por conseguir en sus territorios la vertebración de sistemas de innovación con capacidad para generar nuevos conocimientos y de acceder a ellos allí en donde se estén produciendo y, sobre todo, con actitud y recursos suficientes para transformarlos en riqueza y prosperidad.
Pues, no olvidemos que es en el territorio donde el conocimiento se transforma en actividad productiva y en innovación.
1.2. Aproximación a Madrid.
Como vamos a intentar recoger en este artículo, la Administración Regional está pretendiendo dar respuesta a las nuevas necesidades de su territorio, liderando la creación del consenso necesario para definir objetivos compartidos e implicar activamente a universidades, OPIS, agentes sociales y empresas. Así ha sido reconocido por la Comisión Europea, concediendo a Madrid la distinción de región de excelencia en el ámbito de la innovación con otras 14 y única región española.
Para la puesta en marcha de esta política, la mayoría de los indicadores nacionales en I+D+I colocan a la región de Madrid en una situación óptima para competir en la nueva economía global. Sin embargo, en la compleja realidad regional también encontramos otros aspectos no menos relevantes, que limitan y complican la puesta en marcha de políticas propias.
Madrid es la única región en España que tiene una inversión equiparable a la media europea en I+D, pero por contra su sensibilidad regional no es muy alta y la capacidad de influir en los agentes del sistema regional de innovación es limitada, al tratarse de entidades en su mayoría de titularidad estatal, o con autonomía, y en el ámbito privado, de multinacionales. Lo que nos ha obligado a hacer de la necesidad virtud y a tener que apoyar cualquier actuación en la negociación, en el acuerdo previo y en la creación de confianza. El principal logro de la Comunidad de Madrid es el ambiente de cooperación y complicidad que se ha creado entre instituciones muy heterogéneas que, no hace demasiado tiempo, apenas mantenían relaciones formales con su entorno más próximo.
Por otra parte, los indicadores nacionales no pueden servirnos de referencia absoluta. Tenemos que tener en cuenta lo que está sucediendo en los países con los que España debe aspirar a competir. España invierte en I+D la mitad de la media europea, en relación con su PIB, pero a su vez el 1.8% de la U.E. está muy lejos del 2.7 de los EE.UU. y del 3.1 de Japón.
Sesenta mil millones de dólares es la diferencia entre la inversión americana y la europea en I+D, y por fijarnos en un solo dato más, Alemania tiene el doble de personas dedicas a I+D por mil trabajadores que España.
Pese a esta desalentadora situación, según el informe de cohesión de enero de 2001, la distancia entre la inversión en I+D de los países más desarrollados de la U.E y los de la zona de cohesión, entre los que está España, las diferencias siguen aumentando.
La ciencia responde a la necesidad de satisfacer la curiosidad humana, como un objetivo en sí mismo, pero nunca, y menos ahora, ha sido una actividad desvinculada de la realidad social y económica. Madrid es un claro ejemplo de esta circunstancia, por su historia y por su presente.
Como pone de manifiesto Antonio Lafuente, en su libro “Madrid, Ciencia y Corte”, la ciencia está unida a la historia y a la vida de los madrileños de manera relevante desde el siglo XVI, y así se aprecia en aspectos tan dispares pero significativos como el urbanismo o la economía. No podemos entender la configuración urbana de Madrid, ni su actual distribución territorial si ignoramos hechos como que la principal calle de Madrid, el Paseo de la Castellana, surge en el siglo XVIII como un entorno destinado a la ciencia, al igual que su prolongación en el XIX y principios del XX, o que la construcción y mantenimiento de los reales sitios que definieron los límites territoriales de Madrid, exigieron enormes cantidades de ciencia, de la mejor ciencia de su época. Cada vez que Madrid ha intentado ser grande se ha encontrado con la ciencia y la tecnología.
Como señala el citado autor: “ Las ciudades más abiertas han dispuesto de mejores condiciones para aceptar la diferencia o admitir la innovación. Pero la creación no es simplemente el premio a muchas inversiones o el colofón que remata un buen decorado. No es una cosmética de éxito, sino savia regeneradora. Sin ella no sobreviviríamos, la ciudad se acartonaría antes de asfixiarnos. Se crea por necesidad y es doble la urgencia que remedia: primero la de quien se niega a vegetar y se aventura por nuevos rumbos; segundo la de quien busca y encuentra, están atentos y eligen. La innovación surge de un pacto entre la ciudad y los ciudadanos, tiene un carácter publico y, por tanto, no es fruto del cogito pensante, sino que surge del encuentro entre actores que salen a escena y el público que decidió ir al teatro”.
De nuevo hoy ante el reto de la globalización que trae consigo la sociedad del conocimiento, podemos aplicar la misma razón, y si Madrid aspira ser un territorio con identidad y fuente de prosperidad sólo podrá serlo desde la excelencia investigadora y su vinculación a la economía a través de la innovación.
1. Marco Global:
2.1. Una estrategia para un proyecto.
La Ley de Fomento de la Investigación Científica y la Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid de 1998, supuso la definición de una estrategia más allá de la duración de un equipo de gobierno y su aceptación por todos los agentes del sistema, permitiendo la puesta en marcha de una política adecuada a las características de Madrid.
Es cierto que algunos de los aspectos críticos de la política de innovación vienen fijados por la legislación nacional, como es el estatuto del personal investigador, la normativa sobre capital riesgo o el régimen fiscal de la I+D+I, o por la Unión Europea, como de manera creciente sucede en la legislación sobre gestión de la propiedad intelectual e industrial. Estas disposiciones son un fuerte condicionante de las políticas de innovación regional, pero en modo alguno las agotan.
2.2. Espacio europeo.
De acuerdo con el Primer plan para la innovación en Europa de la Comisión Europea, tres son las prioridades: promover la cultura de la innovación, establecer un marco favorable a la innovación y articular mejor investigación e innovación.
La capacidad para incidir desde las políticas regionales en estos objetivos es variable, pero sin duda les corresponde el liderazgo en las acciones de articulación del sistema y promoción de la cultura de la innovación y, es en estos ámbitos en los que la LEFICIT incide de manera principal.
Esta reflexión sobre la necesaria territorialización de la ciencia y la tecnología estaba presente en el “Libro blanco de la innovación” del año 1996 de la Unión Europea, pero ha adquirido todavía una mayor importancia el documento “Hacia un espacio europeo de investigación”, que sirve de orientación a la política actual de la Comisión en I+D. Pero sin duda donde adquiere una mayor precisión y contundencia es en la comunicación de la Comisión a los Estados miembros de 31 de enero del 2001 “Las regiones en la nueva economía” orientación para las acciones innovadoras del FEDER del periodo 2000-2006.
Sin querer ser exhaustivo en la enumeración de los documentos que, en los últimos años, han promovido desde la Unión Europea la territorialización de la Ciencia y la Tecnología, no podemos olvidar la propuesta de la Comisión de VI Programa Marco aprobada el 2 marzo. En este documento se apuesta decididamente por el denominado policentrismo, como modelo para organizar el sistema europeo de ciencia y tecnología, a través del apoyo a la excelencia y la promoción de la transnacionalidad y la cooperación entre los territorios. El contenido definitivo del VI Programa Marco, que coordinará una inversión de 3 billones de pesetas, se discutirá en los próximos meses en múltiples foros, y en su resultado la presidencia Española del año 2002 tendrá mucho que decir
2.3. Innovar innovando.
Podemos destacar tres aspectos con relación a la LEFICIT:
1º Consenso regional.
Al ser apoyada por todos los grupos parlamentarios, se puso de manifiesto el convencimiento de todas las fuerzas políticas en la relevancia que, para Madrid, debía tener la promoción de la ciencia y la tecnología.
2º Ciencia para la sociedad.
Es la primera ley que, en nuestro país, unió investigación e innovación tecnológica. Partiendo de una realidad compleja pero inseparable, se incorporó, de una manera clara, la responsabilidad de los poderes públicos a la hora de hacer partícipes a los ciudadanos en las actividades científico tecnológicas.
En la sociedad del conocimiento es un sin sentido separar ciencia e industria, investigación e innovación. El conocimiento es el factor clave de la riqueza de las naciones. Quienes más invierten, en occidente, en saber no son entidades filantrópicas sino las grandes corporaciones que mantienen sus posiciones dominantes en el mercado a través de su tecnología, generada con ingentes inversiones en I+D. Y esto sucede en ámbitos tan críticos para la sociedad como son los de la salud, alimentación, medio ambiente o comunicaciones.
La distinta capacidad para acceder al conocimiento es la verdadera barrera que separa de manera creciente a los siervos de los libres, y a la sociedad del bienestar del tercer mundo. Parafraseando a Francis Bacon podemos afirmar que tanto la soberanía del hombre como la de los estados está en su conocimiento. Y, posiblemente, hay que encontrar en esta razón parte de la actual decadencia del estado-nación como modelo de organización política.
La inversión en centros públicos de investigación y su vinculación a las demandas de la sociedad, es una obligación creciente e ineludible. De otro modo resultará difícil posibilitar que el tejido productivo de la región acceda al conocimiento tecnológico que necesita para mantener su competitividad en un mercado global y veremos cómo aumenta su vulnerabilidad a causa de su dependencia tecnológica. La mayor parte de las empresas carecen de los recursos propios necesarios para invertir en I+D, dado los altísimos costes y los riesgos que supone esta actividad. Así lo han entendido los acuerdos del desaparecido GATT y las normas de libre competencia de la Unión Europea.
En una realidad como la madrileña, y la española en general, donde tradicionalmente la investigación ha sido una actividad fundamentalmente pública y, donde el número de grandes empresas o multinacionales vinculadas al territorio ha sido limitado, (recordemos que la investigación es una actividad estratégica que las empresas vinculan en un 90% a su país de origen), y la I+D en las pequeñas y medianas empresa ha sido una actividad poco frecuente, tenemos que llegar a la conclusión de que las universidades y, los centros de investigación públicos, son el principal activo económico de un territorio. No solo por su capacidad para formar, como tradicionalmente se les ha considerado, sino por su capacidad para producir, integrar y transferir conocimiento. Las ingentes inversiones que realiza la sociedad para su creación y mantenimiento deben revertir en ésta a través de su directa implicación en las necesidades concretas de los ciudadanos.
Este fenómeno de acercamiento de los investigadores públicos a las necesidades sociales tiene otra perspectiva no menos relevante, aunque frecuentemente olvidada, y es que cada día en más áreas de conocimiento resulta imposible estar en la excelencia científica, sino se está en directa relación con el mercado.
Dentro de este apartado relativo a acercar la ciencia a los ciudadanos la aportación de la LEFICIT es especialmente relevante al establecer un mandato preciso e innovador a los poderes regionales para actuar en el ámbito de la cultura científica. Esta faceta de las políticas de ciencia y tecnología va a adquirir una importancia decisiva en los próximos años. En el documento del VI Programa Marco aprobado por la Comisión se hace hincapié en la llamada “Nueva alianza ciencia sociedad y ciudadanos” dirigida a garantizar la participación de los ciudadanos en decisiones que influyen directamente en su vida tanto o más que la determinación de sus impuestos, y de los que hasta ahora ha permanecido separado, como son las vinculadas a la biotecnología o las tecnologías de la información. Se trata de promover la incorporación de la I+D en el centro de la toma de decisiones en los ámbitos que posiblemente más interesan a los ciudadanos, como la seguridad alimentaria, el desarrollo sostenible o su propia salud. No sin falta de mala conciencia, plenamente justificada, habla la Comisión de la reconciliación de los ciudadanos con la ciencia.
3º Coordinación en la gestión.
La tercera novedad significativa de la LEFICIT es la unificación en la gestión de la investigación y la innovación.
Esta decisión es una consecuencia lógica del anterior planteamiento, y una premisa para superar la tantas veces repetida “paradoja europea”: mucha ciencia poca innovación. Si la investigación y la innovación tecnológica es un entramado de complejas relaciones entre entidades capaces de producir, identificar conocimiento e integrarlo en nuevos productos o procesos, separar la gestión de los programas dirigidos a los centros públicos de investigación, de los dirigidos a las empresas, esperando que los vasos del saber rebosen y que, de este modo, llegue el conocimiento al mercado o a la sociedad y así se cree riqueza y bienestar es un planteamiento tan poco eficiente como obsoleto.
En este apartado, creo que el modelo de la LEFICYT es especialmente adecuado ya que mantiene, dentro de la misma organización administrativa, la coordinación y gestión de la ciencia y la tecnología, y de las universidades, su principal activo.
Muchas de las causas de la separación, cuando no abierto enfrentamiento que se vive en Europa, y de manera especial en España, entre ciencia básica y aplicada, hay que buscarlas en los intereses de los propios gestores del sistema y son reflejo de los enfrentamientos entre estos. En este sentido, hay que felicitarse de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología y esperar que se superen las tradicionales contradicciones del sistema.
Si queremos crear empleo estable y de calidad y promover actividades económicas de alto valor añadido y respetuosas con el medio ambiente, todo lo que sea distanciar a la empresa de la I+D y, a las universidades de la cultura de la innovación, de la movilidad, y del riesgo emprendedor, es un derroche difícilmente justificable.
Por último, la LEFICIT prevé los instrumentos necesarios para que una política de excelencia en I+D esté integrada en la política general de desarrollo regional y no sea una acción aislada, procurando que la innovación sea una acción horizontal incorporada al resto de las políticas sectoriales.
3. Estrategia regional:
Bajo el lema “Cooperar localmente para competir globalmente”, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó el pasado año el III Plan regional de investigación científica e innovación tecnológica, dirigido a poner en marcha los mandatos de la LEFICIT: implicar a los ciudadanos en la ciencia y la tecnología, mejorar la competitividad regional y promover la excelencia científica.
El III PRICIT supone un importante cambio en la política regional, no solo en sus objetivos, sino también en sus instrumentos y en la definición de las relaciones entre las administraciones y demás agentes implicados en el sistema regional de ciencia tecnología y sociedad. El plan es mucho más que un agregado de convocatorias y una lista de prioridades.
3.1. El valor de la información.
Como primera novedad, destacar la importancia que se da en el mismo a la información, materia prima de la sociedad del conocimiento. La facilitación del acceso a la información de manera rápida, con contenidos precisos y costes reducidos es el factor clave de la competitividad, regional y empresarial y por lo tanto obligación ineludible de los poderes públicos.
Tres constantes se dan en los territorios que en los últimos años alcanzan un mayor y sostenido crecimiento. Un ambiente cultural activo, mano de obra cualificada y buenas redes de información. Es en este último apartado donde más se puede incidir desde un plan de I+D.
La puesta en marcha de estas nuevas políticas publicas exige cambios en la organización de las administraciones, creación de nuevas capacidades para satisfacer nuevas funciones. Las organizaciones administrativas deben ser más flexibles, livianas y especializadas, y sus responsables deben cambiar en cuanto a la mentalidad con que se enfrentan a sus funciones. El liderazgo de la administración o se soporta en su capacidad para promover el trabajo en red y, para alcanzar el acuerdo en la definición de procedimientos y objetivos comunes, o éstas serán una rémora para el sistema, retroalimentadas en un clientelismo estéril. Las relaciones basadas en principios de jerarquía y las actitudes fiscalizadoras, no proactivas, son vestigios de otras épocas, inútiles en la sociedad del conocimiento.
Las subvenciones en el III PRICIT dejan de ser la única herramienta de las políticas publicas de fomento, como ha sucedido con demasiada frecuencia, complementándose con otros instrumentos financieros y de creación de entorno.
Es incorrecto plantear las nuevas políticas como un enfrentamiento entre subvención e información, ya que ambos elementos son complementarios. La información es el mejor instrumento para conseguir financiación de las distintas fuentes nacionales o europeas existentes. Y esto es especialmente cierto si nos referimos estrictamente a la financiación de la innovación, a la búsqueda de recursos económicos para la explotación comercial del conocimiento. Cada vez más los financieros se abren a proyectos de innovación tecnológica. El acceso a la información, y la capacidad para elaborar propuesta competitivas, son el elemento clave para la captación de financiación en una economía abierta y global como la actual. Los proyectos empresariales, aunque procedan del ámbito académico, deben obtener su financiación fundamentalmente de acuerdo con la lógica del mercado y no de las ayudas públicas.
Mucho trabajo queda aquí a las administraciones regionales para dotar a sus emprendedores de las capacidades necesarias para elaborar y promover sus ideas, y para crear espacios que las hagan visibles y atractivas a los inversores.
3.2. En red y en la Red.
Otra novedad del PRICIT es introducir los contratos programa como un instrumento que complementa las convocatorias tradicionales y que permite concretar los objetivos del plan de acuerdo con las estrategias propias de las distintas instituciones y la cofinanciación de las actividades.
Todas las universidades públicas, la confederación de empresarios, la Fundación universidad empresa y los principales OPIs y centros tecnológicos han acordado un contrato que define un marco común de actuación para los años 2000 a 2003 en sus actividades de I+D+I.
Las grandes inversiones que exige la investigación de excelencia, y sólo esta merece llamarse como tal, no pueden quedar a la decisión de los proyectos de investigadores individuales. Cada vez más, las decisiones deben responder a estrategias estables de las instituciones que pongan en relación directa sus capacidades con las demandas sociales. Aquí aparece, de nuevo, un papel clave de la administración regional.
Cada una de las entidades que forman parte del sistema regional debe cumplir una triple misión con relación a éste. Por un lado, debe participar en la definición de las actividades y objetivos y, por otro, debe recibir del sistema aquellos servicios de los que se deduzca una ventaja con su gestión unificada y, por último debe prestar una parte de aquellos servicios a los demás miembros. Sólo integrando a las instituciones a través del entramado de relaciones y complicidades que surge de disfrutar frente al proyecto de la triple condición de dueño, cliente y proveedor, se traba la confianza y corresponsabilidad necesaria para su consecución. Con un símil culinario, a la administración regional le corresponde comprar el recipiente de barro y mover con punto hasta se ligue el pil-pil. El éxito del programa dependerá no tanto del número de entidades presentes en el territorio como de la cantidad y calidad de enlaces que seamos capaces de crear en su entorno.
Pero no basta con crear comunidades estables de intereses, hay que dotarlas de espacios propios que permitan su consolidación, crecimiento y proyección internacional y, esto sólo es posible desde la Red.
Para el PRICIT Internet es un instrumento que hace más eficientes las políticas de innovación, pero sobre todo Internet es un nuevo entorno de relaciones económicas y humanas en el que la presencia pública es crítica. El PRICIT promueve ocupar un espacio en este ámbito de actividad de manera conjunta por todos los agentes del sistema de innovación. En un marco global por definición como es la Red, conseguir ser visible es algo que está reservado a los grandes consorcios, e imposible para entidades aisladas por muy importantes que sean en sus territorios.
La creación de un espacio público que permita la presencia en la Red de los intereses de los investigadores, de las pequeñas y medianas empresas y de los ciudadanos, con voz propia, independiente de los consorcios de telecomunicaciones, es una necesidad que solo puede satisfacerse si es sentida y compartida por todos los miembros del sistema.
Esta actuación debe enmarcarse en otro escenario más amplio que permita dar respuesta a los riesgos de la fractura digital que vaticina la Declaración de Helsinki para los territorios que se queden atrás en la actual revolución de las tecnologías de la información, y cuyas consecuencias pueden ser insuperables a corto y medio plazo. Como declara la carta de Okinawa del G 8, “to be digital or no to be.”
3.3. Espacio regional para la investigación.
Como tantas veces sucede en la ciencia cuyos descubrimientos pasan por la quiebra del sentido común, el proceso de globalización ha traído consigo la aparente paradoja de la territorialización.
El PRICIT entiende la territorialización como un medio para la puesta en valor de las capacidades de Madrid a través de la cooperación. La posibilidad de adaptar las políticas de I+D a su realidad desde el convencimiento en que el progreso procede del aprendizaje en redes dentro de la región y entre regiones.
La competitividad de Madrid, de España y de Europa está interrelacionada. La territorialidad de la ciencia y la tecnología no supone disgregar, sino la promoción de la excelencia y la tras nacionalidad.
El PRICIT se integra en el marco de la propuesta del “Espacio común Europeo” (EEI), de la Comisión, cuyo objetivo último es movilizar todo el capital de Europa en I+D. El EEI promueve aumentar la capacidad global en I+D integrando los recursos dispersos en la Unión, apostando por la excelencia y por abrir Europa al mundo. Para ello, es necesario solucionar uno de sus problemas estructurales para competir con Japón o EE.UU., que es la fragmentación. La territorialización se presenta como un antídoto frente a la fragmentación.
Las administraciones regionales y locales no son sujetos pasivos en este proceso, pues invierten en I+D tres veces más que el presupuesto del programa marco. El esfuerzo de la Unión Europea en I+D, que supone sólo un 5 % del total de la Unión Europea encuentra su justificación en gran medida en la búsqueda de la integración de recursos dispersos, en la promoción de redes de excelencia y atrayendo a los jóvenes más capaces y las mujeres a la ciencia, en el modelo que se ha dado en llamar de desarrollo policéntrico.
EL EEI necesita del espacio regional de investigación, necesita que cada territorio identifique y apoye sus recursos para integrarlos al sistema europeo y se beneficie de él.
El PRICIT pretende cumplir con estos cometidos en el ámbito de la Comunidad de Madrid, y crear un espacio regional de investigación cohesionado y competitivo e integrado en la Unión Europea.
Menos desarrollada en su definición y ejecución pero no menos necesaria es la estrategia de coordinación con la administración general de Estado y con otras Comunidades Autónomas.
Los argumentos para explicar esta actividad son los anteriormente expuestos, multiplicados por el articulo 149.1.15 de la Constitución “El Estado tiene competencia exclusiva sobre: Fomento y coordinación general de la investigación científica y técnica”.
Sólo en tres ocasiones la Constitución ha reservado al Estado como competencia exclusiva la de coordinación, en los supuestos de planificación general de la actividad económica, sanidad y ciencia y técnica. En modo alguno, puede considerarse casual esta atribución de potestad de coordinación, a la que el profesor Eduardo García de Enterría, entiende como “un poder específico del Estado distinto de la fijación normativa de bases que adquiere sustancia propia en la impartición de medidas no normativas que permitan articular el ejercicio de competencias propias y de competencias en que disponga dicha facultad”.
El PRICIT, como antes hemos señalado, no quiere un sistema regional independiente de ciencia, sino atender las características propias complementando estrategias que por lo menos deben tener una dimensión nacional. Los costes y la naturaleza compleja de la actividad científica nos han demostrado cómo cuando se quiere excelencia y relevancia mundial ni siquiera el ámbito nacional es suficiente, siendo necesario unir los recursos y capacidades de los estados miembros de la Unión Europea. Casos como la investigación espacial y aeronáutica, la física de partículas, o el genoma, en los que Europa ha demostrado su capacidad, en investigación y en innovación, nos muestran claramente que la ciencia de excelencia es difícilmente compatible con cotos regionales.
La Comunidad de Madrid espera poder dar cumplimiento a las previsiones del IV Plan Nacional de I+D+I y firmar un convenio con la administración del Estado que defina el mayor número posible de campos de complementariedad. En cuanto a la cooperación interregional, la Comunidad de Madrid es promotora de la red ibérica de regiones innovadoras dentro de los programas europeos RIS-RIITS.
3.4. Creación de una imagen de marca.
Todos estos objetivos quedarían notablemente disminuidos en sus posibilidades si no fuésemos capaces de crear una imagen de Madrid como región innovadora, como territorio abierto a la nueva economía y a la sociedad del conocimiento. Tarea en la que suelen fracasar los poderes públicos que encuentran grandes dificultades para trasladar a la sociedad sus actividades más allá de la publicidad institucional, que sirve de propaganda a intenciones o logros concretos. El traslado a la sociedad y su vinculación con un proyecto a largo plazo, mas allá de la acción concreta de un Gobierno, es la intención de este programa.
De cara a los miembros del sistema regional de innovación la utilización de símbolos comunes que permitan visualizar la existencia de un proyecto compartido refuerza su cohesión. Para esto, es condición necesaria la calidad de estos símbolos en su forma y contenidos, y su legitimación. Esta circunstancia sólo es posible cuando hay participación en su gestión y su utilización da valor a las actividades.
La promoción hacia el exterior de una imagen de Madrid como lugar de excelencia científica y de alta capacidad innovadora permitirá que las empresas e investigadores, cada uno individualmente, se beneficie de la imagen general de Madrid.
El conocimiento por parte de los ciudadanos del hecho de que el principal activo de la Comunidad de Madrid para su futuro bienestar se encuentra en los investigadores y empresas innovadoras, facilitará involucrarlos y despertar su interés por la ciencia y promover la cultura de la innovación.
La marca madri+d que da titulo a este artículo recoge buena parte de estos objetivos.
Después de esta presentación creo que habrá quedado clara el convencimiento de que al hablar de ciencia y tecnología estamos hablando de educación, de cultura y de economía, pero también que en la sociedad del conocimiento no podremos hablar de educación, de cultura y de economía, sin hablar de ciencia y tecnología
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La innovación tecnológica crea los empleos de mañana y la investigación los de pasado mañana. Hoy día en la Unión Europea se calcula que la I+D+I es responsable de entre el 25 y 30 % del empleo que se crea.
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El acceso a la información, y la capacidad para elaborar propuesta competitivas, son el elemento clave para la captación de financiación en una economía abierta y global como la actual
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