Número 40, enero-febrero 2007
I+D y Competitividad>> Con otro aire
 
  ¡Que viene el séptimo de caballería!

En esta misma sección ‘Con Otro Aire’ del número anterior (www.madrimasd.org/revista/revista39/aire/aire.asp), Patricio Morcillo describió un perfil de profesor, bastante común en la universidad.
     
Rafael Mompó Gómez
Ingeniero de Telecomunicación
Universidad de Valladolid
Rafael Mompó
 

Los llaman ‘llaneros solitarios’ porque trabajan solos, cómo el mítico personaje de ficción que únicamente se hacía acompañar por su fiel ayudante Tonto[1] y su caballo Silver.

No obstante, acaso muchos de estos profesores difieran con el genuino Llanero Solitario en una característica que no se debe obviar: el auténtico Llanero Solitario cabalga en pos del ideal de corregir las injusticias. Es un personaje comprometido con su entorno.

Hay que decir que, además de los llaneros solitarios, también proliferan en nuestras universidades los llaneros solitarios-acompañados a los que, para simplificar, llamaremos ‘llaneros acompañados’. Se trata de un conjunto de profesores que se organizan alrededor de un grupo y que, actuando como grupo, presentan las cualidades y defectos a los que Patricio Morcillo hace referencia en su artículo.

Estos llaneros acompañados también tienen sus particulares ayudantes, como Tonto, y también un poderoso caballo Silver (que es la incondicional estructura institucional que los soporta). Por lo tanto, para ser auténticos llaneros, tan sólo necesitarían determinar los objetivos de su cabalgada hacia la justicia.

¿Qué es lo justo e injusto? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto?

La existencia de mileurianos[2] (bueno, y de muchísimos otros que su sueldo no llega ni a eso) es injusta, y la falta de conexión entre el trabajo de I+D de la universidad y el desarrollo de un tejido empresarial competitivo, también es algo más que incorrecto. ¡Bueno, aquí tenemos dos épicas cabalgadas, a lomos de Silver, para nuestros llaneros acompañados!: por un parte poner el máximo empeño en dotar a los estudiantes universitarios de una formación altamente competitiva en el mercado laboral, y por otra mirar más hacia la colaboración en I+D con las empresas y menos hacia el sexenio[3] socio-econonómicamente improductivo.

Pero… ¡qué veo en el horizonte! No son los llaneros acompañados los que vienen cabalgando, sino el Séptimo de Caballería, liderado por el ‘General Bolonia’[4] y por la ‘Teniente Competitividad’.[5]

Ya veremos quien llega antes…


Notas

[1] Tonto es el nombre original en inglés, que en la versión en español se traducía como Toro. Era el hijo de un jefe de la tribu de los Potawatomi. En dicha lengua Tonto significa ‘el salvaje’.

[2] La inventora de la palabra mileurista la define como “aquel joven licenciado, con idiomas, postgrados, masters y cursillos, que no gana más de mil euros, gasta más de un tercio de su sueldo en alquiler porque le gusta la ciudad, no ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, y vive al día”. Me tomo la licencia de crear otra palabra, mileuriano, que es básicamente lo mismo que el mileurista pero con una matización: el mileuriano es aquel que vive atrapado en un país cuyas costumbres empresariales, económicas y políticas parecen despreciar el progreso basado en la competitividad y en la excelencia.

[3] El sexenio es el sistema de valoración de la actividad no docente de los profesores de la universidad, y tiene influencia sobre la cuantía de su salario y otros privilegios profesionales. La estructura de dichos criterios de valoración desincentiva a los profesores que orientan su carrera profesional hacia la colaboración universidad-empresa, destinada a innovar con el objetivo de crear riqueza y bienestar social.

[4] La Declaración de Bolonia, suscrita por 29 países europeos en 1999, supone el comienzo del progreso de convergencia europea en cuanto a la educación superior se refiere. El reto más importante de la nueva universidad será formar a sus titulados para que en cuatro años (reales) puedan incorporarse satisfactoriamente al mercado laboral, aportando el máximo valor a sus empleadores. Después, a lo largo de la vida, su formación se irá ampliando y especializando sobre la base de los postgrados.

[5] Según la quinta edición del European Innovation Scoreboard (el ranking internacional sobre el desempeño de los diversos países en cuanto a la innovación), España se encuentra clasificada en el peor de los grupos posibles: el grupo de los que pierden terreno, junto a Estonia, Bulgaria, Polonia, Eslovaquia, Rumania y Turquía. Tenemos muchos universitarios, pero cada vez una peor formación de los jóvenes, y una muy deficiente formación a lo largo de la vida. Las empresas reciben muchas subvenciones públicas, y las universidades reciben muchos fondos de las empresas, pero la inversión de las empresas en I+D sigue siendo paupérrima. Estas contradicciones (cuya explicación es, simplemente, aterradora) son sólo la punta de un peligroso iceberg, que puede producir un desagradable naufragio