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Número 40, enero-febrero 2007 I+D y Competitividad>> Editorial |
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La presidencia alemana y la investigación en la Unión Europea | |||||||||||||
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El primer semestre de 2007 corresponde, en el actual esquema rotativo, a la presidencia alemana de la Unión. Marcada por la próxima conmemoración (el 25 de marzo) del quincuagésimo aniversario de los Tratados de Roma, el Gobierno federal se ha planteado un programa enfocado hacia el inicio de la recuperación política de la Constitución. El lema de la presidencia es “Logrando juntos el éxito” y comprende una serie de objetivos y prioridades vinculados tanto con los que fueron objeto de la anterior presidencia finlandesa como con los de las dos que la sucederán, esto es, la portuguesa y la eslovena. Se configura así un programa de trabajo a dieciocho meses vista. También, como no podía ser de otro modo, se vinculan con los planteamientos estratégicos de la Comisión para el presente año 2007. El programa puede verse en: En el contexto específico de la política de investigación (que aparece recogido dentro del segundo epígrafe del programa, titulado Configurando el futuro económico, social y ambiental de Europa) encontramos una serie de consideraciones que merecen nuestra atención y comentario. En primer lugar, resultan de interés las áreas específicas que pretende enfatizar la presidencia. Es obvio que una política como la de investigación afecta, y es afectada a su vez, por muy diversas esferas de la actividad de la Unión y de los Estados miembros. Por eso es relevante conocer en qué líneas específicas se espera observar el empuje alemán. En primer lugar, con un planteamiento que es difícil deslindar tanto de la coyuntura geoestratégica como de problemas domésticos del Estado presidente, encontramos la voluntad de incidir sobre el desarrollo de “tecnologías de promoción ambiental”. Las tecnologías ambientales son consideradas como un “importante catalizador” para la innovación y el empleo: parece que los ecos de la Estrategia de Lisboa no se han apagado del todo. Así, se fomentará el desarrollo de aquellas tecnologías que reducen el consumo de materias primas y las que facilitan un uso eficiente de la energía, dado su innegable impacto sobre la competitividad de la economía de la Unión. Se prevé una reunión específica de ministros responsables de Medio Ambiente para tratar dicho impulso. En este punto sólo cabe aplaudir la iniciativa alemana, aunque pueda recordarse la ingente cantidad de medidas similares que los países occidentales proclamaron ya desde los choques petrolíferos de los setenta. Entrando ya concretamente en la “promoción de la investigación y el desarrollo”, la presidencia alemana recuerda el compromiso de Lisboa y su carácter crítico para la prosperidad y el crecimiento económico del continente. El planteamiento es muy genérico (“priorizar la promoción de innovaciones en los sectores público y privado, teniendo en cuenta toda la cadena de valor añadido, desde la promoción de la investigación básica al desarrollo de nuevos productos y servicios”) y se basa en el inicio del desarrollo del Séptimo Programa Marco. Sí que representa una señal política clara la declaración de que instrumentos financieros adicionales a dicho Programa serán puestos en marcha para apoyar en este ámbito a los nuevos Estados miembros. Se cita específicamente a los Fondos Estructurales como dicha fuente de financiación. También merece recogerse el objetivo de reforzar la cooperación entre universidades, otros centros de investigación y empresas para lograr mejores resultados en el terreno de la innovación. Es decir, implícitamente se reconoce que uno de nuestros problemas persistentes es la transferencia de tecnología, como trasunto de la bien conocida “paradoja europea”. El desarrollo de esquemas adecuados para tratar la propiedad intelectual en las instituciones públicas de investigación es visto como una de las facetas de este antiguo problema. Si bien representa una muestra de lucidez reconocer la persistencia del mismo, se echa en falta (tanto en los planteamientos de la presidencia alemana como en los de la propia Comisión) un mayor nivel de imaginación y creatividad a la hora de abordarlo. Por último, se hace referencia a la creciente relevancia de las actividades espaciales, proponiéndose el desarrollo de un Programa Espacial Europeo. Al igual que el caso de la energía considerado más arriba, tampoco puede negarse la oportunidad de este planteamiento si se tienen en cuenta los serios problemas que aquejan al buque insignia del sector aeroespacial europeo, esto es, a EADS. Parece un planteamiento razonable (a la vista de las dificultades comerciales que nublan el futuro de su joya en la aeronáutica civil, el A-380) promover el impulso desde el sector público de un sector que obviamente resulta estratégico para la Unión. Para concluir este breve comentario, no puede olvidarse que, a continuación de las consideraciones que el programa de la presidencia alemana hace con respecto a la política de investigación, se recoge una serie de premisas con relación a otra política estrechamente relacionada con ella. Nos referimos a la educación. Aquí se observa un deseo por “fortalecer la cooperación europea” basado en el énfasis sobre las cuestiones relativas al marco europeo de cualificaciones en el contexto de Bolonia, y, muy especialmente, en lo que se refiere a la formación profesional. El programa no olvida citar su preocupación por la educación de adultos y por el establecimiento de un sistema de indicadores para el sector educativo (vinculado con la investigación en educación). Es decir, se subraya la persistencia en el esfuerzo por hacer más transparente la rendición de cuentas a la sociedad de la actividad del sistema educativo. En conclusión, cabría esperar –dado el peso de Alemania en la Unión- unos planteamientos más ambiciosos, originales y firmes en lo que respecta a la política de investigación, sobre todo si se considera la actividad en este ámbito no sólo de los competidores clásicos de la Unión (Estados Unidos y Japón), sino de países como China, cuya labor día tras día casi justifica que dejemos de calificarles como “emergentes”. Tal vez ese tono menor que Alemania imprime a sus objetivos (y a su práctica en estos primeros dos meses de presidencia) quepa achacarlo al delicado momento institucional de la Unión, con los problemas que provocan las más recientes ampliaciones, la incertidumbre sobre el proyecto constitucional y la indefinición sobre el color político del próximo inquilino del palacio del Elíseo. No queda sino confiar en que las amenazas y las oportunidades que caracterizan nuestro entorno nos lleven a asumir una conducta más enérgica en todo lo que se refiere a crear, en 2010, la economía basada en el conocimiento más poderosa del mundo. |
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