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Número 40, enero-febrero 2007 I+D y Competitividad>> Tribuna de debate |
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Medición y difusión del capital intelectual en las pequeñas y medianas empresas: un camino para incrementar la I+D Recomendaciones de la Unión Europea[1] Dado que el conocimiento es el factor de producción clave, su gestión y medición se convierten en elementos esenciales para conseguir transformar saberes en innovaciones. A lo largo de la última década se ha producido un interés creciente por el establecimiento de modelos que permitan medir y gestionar mejor dicho conocimiento, entre los cuales destacan aquellos que desarrollan la noción de capital intelectual. La Comisión Europea,en diciembre de 2004,creó un grupo de expertos con el objeto de proponer medidas para estimular la gestión y difusión de información del capital intelectual por parte de PYMES intensivas en investigación. La hipótesis básica es que el capital intelectual es el “conductor invisible” en una economía basada en el conocimiento, que este capital intelectual no se muestra en la información tradicional que las empresas difunden y, por tanto, no juega apenas papel en los procesos de toma de decisiones de I+D. Si se consigue una mayor transparencia en el proceso de identificación y difusión del mismo, las relaciones entre empresas y potenciales inversores puede mejorar, aumentando así la financiación disponible para las I+D y la innovación. El objetivo de este artículo es, primero, presentar algunos de los acontecimientos recientes y hacer referencia a las bases teóricas y empíricas en las que se apoyan las recomendaciones de los organismos internacionales y, segundo, presentar los argumentos del documento, denominado RICARDIS (Reporting IntelectualCapital to Augment Research, Development and Innovation in SMES), resultado de las actividades de dicho grupo de expertos y explicar las recomendaciones políticas recogidas en el mismo. |
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1. Introducción
La evidencia empírica manejada hasta hace poco más de una década, tendía a poner de manifiesto que el proceso de transformación de conocimiento en innovaciones era más acusado en las grandes empresas. Sin embargo, en fechas recientes, hay una atención renovada hacia las PYMES, por constatarse que dichos procesos también operan en ellas, en ciertos casos con mayor eficiencia. También a lo largo de la última década se ha producido un interés creciente, tanto en organismos internacionales y gobiernos, como en empresas y mundo académico, por el establecimiento de modelos que permitan medir y gestionar mejor dicho conocimiento. Entre los movimientos que han tenido lugar destacan aquellos que desarrollan la noción de capital intelectual, definido como la combinación de recursos y actividades de una organización en capital humano, capital estructural y capital relacional. Incluye, por ejemplo, el conocimiento, las capacidades, las experiencias y habilidades de los empleados, sus actividades de I+D, las rutinas organizativas, los procedimientos, las bases de datos o la propiedad intelectual de la empresa, así como los recursos que dedican a sus relaciones externas, por ejemplo con clientes, proveedores, aliados para el desarrollo de I+D, etc. (MERITUM, 2002). El acontecimiento más reciente es el iniciado por la Comisión Europea (Dirección General de Investigación y Desarrollo Tecnológico) en diciembre de 2004. En ese momento, se creó un grupo de expertos[2] con el objeto de proponer medidas para estimular la gestión y difusión de información del capital intelectual por parte de PYMES intensivas en investigación. La hipótesis básica que ha inducido a la Comisión Europea a tomar esta iniciativa es que el capital intelectual es el “conductor invisible” en una economía basada en el conocimiento. Dado que dicho capital no se muestra en la información tradicional que las empresas difunden, no juega apenas papel en los procesos de toma de decisiones de I+D. Si se consigue una mayor transparencia en el proceso de identificación y difusión del mismo, las relaciones entre empresas pequeñas intensivas en investigación y potenciales inversores puede mejorar, aumentando así la financiación disponible para el desarrollo de I+D y de innovaciones. El objetivo de este artículo es, en primer lugar, presentar brevemente algunos de los acontecimientos mencionados y hacer referencia a las bases teóricas y empíricas en las que se apoyan las recomendaciones que los organismos internacionales están efectuando. En segundo lugar, presentar los argumentos esgrimidos en el documento, denominado RICARDIS (Reporting IntelectualCapital to Augment Research, Development and Innovation in SMES)[3], resultado de las actividades de dicho grupo de expertos. Por último pretendemos enumerar las recomendaciones políticas, respaldadas por la Comisión Europea recogidas en el mismo. Dichas recomendaciones, dirigidas a una variada gama de actores pretenden estimular la gestión y difusión del capital intelectual, fundamentalmente en las empresas, pero también en la Universidad y centros públicos de investigación. La estructura del documento es la siguiente: La sección 2, muestra la interrelación entre gestión del conocimiento, capital intelectual e innovación en las empresas, recordando los fundamentos teóricos de dicha relación y la evidencia internacional. La sección 3, define el colectivo de PYMES al que va dirigido el esfuerzo, presenta las ventajas del Informe de Capital Intelectual yrecoge las recomendaciones políticas de RICARDIS para estimular dicho informe en las PYMES. La sección 4 recoge las recomendaciones del Grupo de Expertos para las Universidades y centros de investigación, tanto en lo que respecta a sus actividades de formación, como a la difusión de su propio Capital Intelectual y, por último, la sección 5 presenta unas breves conclusiones. 2. Gestión del conocimiento, capital intelectual e innovación en las empresas En el proceso hacía una economía intensiva en el conocimiento en el que nos encontramos inmersos, los activos y las inversiones intangibles son elementos esenciales para la creación de valor en las empresas y en consecuencia para el crecimiento económico. (Cañibano, García Ayuso, Sánchez, 2000). Ya que en la segunda mitad del siglo XX distintas teorías habían reconocido, en mayor o menor grado, la existencia de elementos intangibles que explican parte del crecimiento económico (Solow, 1957; Deninson, 1962; Arrow, 1962; Shultz, 1969; Kendrick, 1974; Becker, 1975; Freeman, 1982; Nonaka & Takeuchi, 1995; Gorey & Dobat, 1996; OECD, 1996; European Commission, 2000a). El interés, sin embargo, ha sido creciente en los últimos tiempos y los estudiosos de la economía de la innovación ponen de manifiesto la necesidad de conocer mejor el stock de intangibles con que cuentan las empresas y las estrategias y acciones que desarrollan para incrementar y mejorar dichos activos (Foray, 2004).[4] Sin duda el intangible fundamental con que las empresas cuentan es su conocimiento, y sus dificultades de medición y aprehensión son bien evidentes. De una parte, el conocimiento es input y output del proceso productivo y, por otra, como el propio Foray ha destacado, muchas de sus características hacen que su medición sea muy complicada: una buena parte del mismo es implícito, los elementos que lo componen son heterogéneos, no es observable y no hay un módulo que nos permita transformar inputs en outputs, es decir, no hay una función de producción que se pueda utilizar para predecir, ni siquiera de manera aproximada, el efecto que una unidad de conocimiento va a tener en los resultados económicos (Foray, 2004; 11-12). Ese conocimiento, en sus distintas manifestaciones, tácitas o codificadas, junto con el resto de activos intangibles con que cuenta la empresa, se han venido analizando, de manera creciente en los últimos tiempos a través de la teoría del capital intelectual. La definición de capital intelectual que está usando la Unión Europea en el documento RICARDIS, es la elaborada en el proyecto MERITUM (2002).[5] Se define como la combinación de recursos y actividades de capital humano, capital estructural y capital relacional de una organización.
Fuente: MERITUM (2002; 19)
El modelo MERITUM utiliza como sinónimos los términos intangibles y capital intelectual y hace especial hincapié en la distinción entre recursos y actividades intangibles de la empresa. Los primeros, con un carácter estático, representan el stock o valor actual de un determinado intangible en un momento dado del tiempo. Las actividades, concepto dinámico, implican la asignación de recursos para el desarrollo interno o la adquisición al exterior de nuevos intangibles, para mantener y mejorar los que ya existen y para medirlos y controlar su evolución. La combinación de recursos y actividades intangibles, de manera adecuada, es lo que permite a una empresa transformar un conjunto desestructurado de activos de distinta naturaleza en un sistema capaz de crear valor para el accionista y otros terceros interesados en la empresa (European Commission, 2006). Como hemos indicado anteriormente las actividades de investigación y desarrollo son un componentedel capital estructural de la empresa. Sin caer en el error, tanto tiempo mantenido por el denominado modelo lineal de la innovación, de considerar las actividades de I+D como la panacea para la consecución de innovaciones, siguen siendo un elemento fundamental del proceso. Si no existiera investigación no habría manera de mover la frontera del conocimiento y las innovaciones no pasarían de ser meramente incrementales. Lo que, sin embargo, en este momento sabemos es que, de una parte, la investigación no tiene porque ser intramuros de la unidad productiva y, además, puede no tratarse de un proceso formal (un laboratorio, con una asignación de recursos humanos y financieros determinada). Pueden perfectamente tratarse deprocesos de investigación de carácter informal desarrollados dentro de la empresa o de investigación contratada a terceros, como ocurre con mucha frecuencia en el caso de las PYMES. También sabemos hoy que la sola realización de actividades de investigación y desarrollo difícilmente permite a una empresa innovar y ser competitiva en los mercados. La I+D es tan sólo un elemento aunque muy importante del capital intelectual. David Teece (2000) desarrolló el concepto de “activos complementarios” que permiten que las actividades de investigación den frutos en términos de productos y procesos nuevos, comercializados en los mercados. Todos esos activos complementarios están detallados entre los elementos que los que distintos modelos existentes incluyen como parte del capital intelectual. La Unión Europea, como es bien conocido, fijó en la agenda de Lisboa (2000) el objetivo de convertir a Europa en la “Economía basada en el conocimiento líder en el mundo, en el año 2010”. El Consejo celebrado en Barcelona en Marzo de 2002 y el celebrado en Bruselas, en marzo de 2005 han relanzado dicho objetivo. Hay también otra serie de acciones desarrolladas en paralelo para estimular la capacidad innovadora de las empresas europeas, como son la publicación del Trend Chart on Innovation en enero de 2000 y el European Innovation Scoreboard (European Comisión, 2004). La interrelación entre ambos tipos de ejercicios, es decir, el fomento de la economía basada en el conocimiento y el incremento de la innovación, está clara para la Comisión Europea: es a través de la mejora en la producción, difusión, medición y gestión del primero, como Europa puede conseguir mejores resultados en la innovación de productos y procesos y hacer frente, con mayor capacidad competitiva, a las empresas de Estados Unidos y Japón. Un estudio elaborado por la Universidad de Ferrara, por encargo de la Comisión Europea, ponía de manifiesto que, paradójicamente, un sistema económico basado cada vez más en intangibles, puede ser más eficiente a largo plazo, dado que la explotación de dichos activos intangibles permite crear valor de manera sostenida; sin embargo,los problemas asociados con la medición y valoración de intangibles implican que el sistema es más inestable, volátil y vulnerable a corto plazo (European Commission, 2003d; 19). La OCDE, hace tiempo que puso de manifiesto la necesidad de prestar atención a las actividades intangibles (OECD, 1992). En 1996 (OCDE, 1996) vuelve sobre el tema, indicando que los indicadores tradicionales no consiguen captar los aspectos fundamentales de la nueva economía y que esto puede estar dando lugar al diseño de políticas erróneas. Insiste en que una medición adecuada de las actividadesintangibles resulta esencial para entender lo que está ocurriendo en las economías de los países miembros. Tanto la Unión Europea como la propia OCDE han venido estimulando, a lo largo de la última década, a través de distintas acciones, la medición y valoración de intangibles.Con todo, los antecedentes fundamentales del documento RICARDIS, son la Comunicación de la Comisión sobre inversión en investigación: Un plan de acción para Europa (COM [2003, 226]) y la comunicación sobre servicios a las empresas (COM [2003, 747]). En ambos se constata la necesidad de mejorar la identificación, medición y difusión del capital intelectual de las empresas como condición necesaria para incrementar el esfuerzo empresarial europeo en investigación y desarrollo. Son numerosos los modelos que a lo largo de los últimos años se han construidos para reflejar el capital intelectual de las empresas y ayudar a las mismas en sus procesos de medición y gestión. Los más antiguos en el tiempo son: Balanced Scored Card (Kaplan & Norton, 1992); Navigator of Skandia (Edvinsson & Malone, 1997); Technology Broker (Brooking, 1996); West Ontario University (Bontis, 1996); Canadian Imperial Bank (Saint-Onge, 1996); Intellectual Asset Monnitor (Sveiby, 1997); Intellectual capital (Dragonetti & Ross, 1998); the Value Explorer (Andriessen, 2001); MERITUM (2002). La Comisión Europea menciona los más modernos en el documento RICARDIS, entre ellos el modelo MERITUM (2002) (www.uam.es/meritum) Como es lógico, todos presentan características comunes y peculiaridades específicas. El modelo MERITUM, del cual, como hemos indicado, toma el documento RICARDIS, la definición de capital intelectual, conduce, al final del proceso de medición y gestión a la elaboración de un Informe de Capital Intelectual. Es precisamente dicho informe un objetivo de interés preferente para la Comisión Europea, en el marco delas actividades del Grupo de Expertos creado. El documento RICARDIS, que en la fecha de elaboración de esteartículo (marzo de 2006) se halla en la fase final de su revisión, por parte de las autoridades de la Comisión, será publicado en breve y, presumiblemente, las distintas acciones que se recomiendan, puestas en marcha. 3. La gestión y difusión del capital intelectual en las pymes 3.1. Delimitación de la población objetivo Las pequeñas y medianas empresas están definidas por una recomendación de la Comisión (2003/361/EC) como aquellas empresas que tienen entre 10 y 249 trabajadores, un volumen de ventas igual o menor a los 50 millones de euros y un volumen de activos igual o menor a 43 millones de euros. Por otra parte el Tercer Informe Europeo sobre Indicadores de Ciencia y Tecnología 2, 2003 (TERSTI, 2003) establece una taxonomía de PYMES en función de su nivel de realización de actividades de I+D. Las clasifica en:
El grupo de expertos definió como población objetivo del trabajo, aquellas empresas por debajo de los límites anteriormente mencionados y que se encontraran entre los tres primeros grupos de la clasificación TERSTI. Conforman un colectivo de PYMES intensivas en investigación. Asimismo, consideró que las recomendaciones serían también de interés para las unidades o departamentos de I+D en grandes organizaciones, por entender que este tipo de unidades comparten muchas de las características del grupo primero de la clasificación TERSTI. El colectivo de empresas afectadas por RICARDIS es relativamente amplio. Como es bien sabido, en Europa más del 99% de todas las empresas son PYMES, lo quesupone un total de 19,3 millones de entidades (European Commission 2003b). Considerando que la pertenencia a sectores de alto contenido tecnológico, puede ser un criterio válido para clasificar las PYMES como empresas de alta tecnología, el observatorio de PYMES de la Unión Europea calcula que existen unas 750.000 PYMES activas en industrias de esta naturaleza, (European Comisión, 2005, 28). Otras clasificaciones de PYMES que el grupo de expertos ha tenido en cuenta, son, en primer lugar, la elaborada por (Rothwell and Dodgson, 1998). Distinguen entre:
Una última clasificación de empresas innovadoras que también se ha tenido en cuenta es la que realiza el Innovation Scoarboard de la Unión Europea que distingue entre 5 tipos de innovación, a partir del Community Innovation Survey (European Comisión, 2003c). Distingue entre:
Todas estas diferentes clasificaciones de PYMES, ponen de manifiesto la enorme variedad de situaciones con las que nos podemos encontrar, en lo que respecta a las actividades de I+D y de innovación en este tipo de empresas, ya que todas ellas se enfrentan a distintas ventajas, inconvenientes, fortalezas, debilidades, etc. ![]() Los datos del Community Innovation Survey (CIS) muestran que el 40% de las pequeñas empresas (califica como tales a las que tienen entre 10 y 50 empleados) de los sectores industriales son innovadoras y un 30% de las empresas de servicios. Dentro de este colectivo de empresas innovadores, aproximadamente un 60% realiza actividades intramuros de I+D y un 30 % actividades extramuros de I+D. Los datos muestran igualmente que además de innovaciones de producto y de proceso la mayoría de estas empresas ponen en marcha importantes cambios estratégicos y organizativos. Es también interesante destacar que, siempre de acuerdo con el CIS 3, los gastos en innovación, como porcentaje del volumen de ventas en las pequeñas empresas innovadores se elevan a 4,1%, por encima del 2,7% que gastan las de tamaño medio y del 3,1% que gastan las grandes empresas (European Comisión, 2005). También todas ellas tienen una serie de puntos en común a los que pasamos a referirnos a continuación. 3.2. Peculiaridades de las PYMES Como apuntábamos anteriormente la hipótesis de la que parte todo el ejercicio del grupo de expertos, es que la mejor gestión, medición y difusión del capital intelectual de las empresas, uno de cuyos elementos es la I+D, va a potenciar el incremento de este último tipo de actividades, que es precisamente el objetivo explicitado, primero en la Agenda de Lisboa, después en Barcelona dos años más tarde y, renovado en el Consejo Europeo del presente año 2005. Las PYMES tienen una serie de características que las sitúan, en general, en situación de desventaja frente a las grandes empresas. Muchas de estas características se constituyen en barreras a la inversión en I+D y en innovación, lo que justifica la intervención pública. Dichas barreras son las siguientes:
En definitiva, hay una falta de transparencia acerca del capital intelectual y de los activos que poseen o quieren desarrollar que dificulta la obtención de recursos. Así pues, el conjunto de barreras para la inversión en I+Dy la innovación con el que seenfrentan las PYMES puede ser agrupados en cuatro grandes áreas: Escasez de recursos financieros; Escasez de conocimiento; Escasez de capital humano y Escasez de competencias gerenciales Veamos algún ejemplo de cada uno de ellos. Por lo que respecta a los recursos financieros cabe señalar que el camino a través del que se financian las PYMES va a depender, en la mayoría de los casos, de las características del sistema financiero del país en concreto (European Commission, 2000b). Ahora bien, sea cual sea el tipo de financiación que obtengan (aportaciones al capital o préstamos) la información asimétrica de que disponen los inversores va a dificultar, sin duda, el que a las empresas les lleguen los recursos necesarios. En general no es fácil que la empresa sea capaz de articular la información sobre los recursos y capacidades que dan lugar a la generación de valor, en los formularioso documentos que los bancos requieren.[6] En lo que respecta a la escasez de conocimiento, las PYMES raramente van a disponer de mecanismos de generación de conocimiento interno y están obligadas a adquirirlo externamente a través de contactos no solo con clientes y proveedores, sino también con universidades y centros de investigación. En este sentido el documento elaborado por el grupo de expertos, considera que una mayor difusión del capital intelectual por parte de universidades y centros públicos de investigación puede ayudar a las PYMES a incrementar sus contactos con ellos. La homogeneización del lenguaje puede influir de manera positiva en sus relaciones. Las PYMES tienen también dificultades en atraer al personal más cualificado. Los recursos humanos de mayor cualificación, cuando están buscando trabajo no disponen de mecanismos fáciles para conocer lo que las eventuales PYMES intensivas en investigación están desarrollando. Por otra parte las propias PYMES no siempre son capaces de analizar e identificar las competencias que efectivamente necesitan para el desarrollo y consecución de los objetivos previstos. Algo parecido ocurre con las competencias gerenciales, no siempre disponen de las mismas de manera que puedan hacer estudios de mercado o desarrollar campañas adecuadas para el lanzamiento de nuevos productos. No todo son desventajas en las PYMES, con respectoa las grandes empresas. También se identifican factores positivos. Por ejemplo, en muchas ocasiones están especializadas en determinados nichos en los que las grandes empresas tienen más difícil cabida; gozan de una flexibilidad, de un proceso de toma de decisiones poco burocrático, pueden tener un espíritu emprendedory un conjunto de empleados motivados y todo ello convertirse en pilares para el desarrollo de ventajas competitivas y de nuevos productos y servicios. De lo que se trata pues de conseguir, midiendo,gestionando o difundiendo el capital intelectual es de aprovechar las ventajas con las que cuentan y minimizar las barreras. 3.3. Las ventajas del Informe de Capital Intelectual (ICI) para las PYMES La elaboración de información sobre el capital intelectual es el proceso en virtud del cual se cuenta una historia que muestra como la empresa crea valor para sus stakeholders utilizando su capital intelectual. El proceso implica la identificación, medición y difusión del mismo, normalmente a través de una presentación coherente en un documento físico “el Informe de Capital Intelectual”. Dicho Informe cumple una doble función: 1) Complementa a la información financiera destinada a la gestión (es decir cumple una función interna) y 2) complementa la información financiera que se distribuye a terceros (función externa). El mensaje que el Informe de Capital Intelectual pretende lanzar es claro: el potencial futuro de una empresa no radica en su capital financiero, sino en su capital intelectual. Los beneficios del informe para las PYMES son de dos tipos. A) Constituye un mecanismo de comunicación con su entorno. B) Actúa como navegador interno para la empresa, permitiéndole desarrollar y asignar recursos de manera más eficiente. En otras palabras, le permite a la empresa descubrir dónde están sus intangibles críticos y hacer un uso más eficiente de todos ellos, creando sinergias, priorizando unas áreas sobre otras, monitorizando el resultado de las actividades intangibles que la propia empresa decida acometer y, en definitiva, facilitando el proceso de toma de decisiones. Un Informe de Capital Intelectual es un elemento complementario al plan de negocio, que muestra como las actividades de investigación y desarrollo y otras actividades complementarias crean valor para accionistas, clientes, empleados y todas las personas interesadas en el devenir de la empresa. Muestra de manera transparente elementos que, con los instrumentos tradicionales de difusión e información que hasta el momento han desarrollado las empresas, están ocultos. Como hemos puesto de manifiesto, el objetivo final del trabajo del grupo de expertos es conseguir que las PYMES incrementen su esfuerzo en investigación. Pues bien la difusión del capital intelectual de las PYMES puede ayudar al incremento de la I+D en dos sentidos: Primero, a través del ejercicio las empresas pueden mejorar su comprensión acerca de las consecuencias de las actividades de investigación, pueden entender mejor dónde se sitúan los elementos que crean mayor valor y pueden detectar mejor el valor de los activos complementarios. Por otra parte, la difusión del capital intelectual puede hacer que mejore el diálogo existente entre la empresa y los potenciales inversores. El ICI revela información acerca de los recursos y las actividades intangibles de la empresa y hace visibles aspectos no siempre claros, como son las competencias y las relaciones de la empresa con su entorno. De esta manera puede reducirse el riesgo que los potenciales inversores perciben. En definitiva, el informe puede ayudar a la empresa a ser consciente de lo que tiene y de lo que necesita (objetivo interno) y puede mejorar la comunicación a terceros de esos objetivos de futuro y de lo que están haciendo para conseguirlos (objetivo externo). 3.4. Recomendaciones del grupo de expertos para estimular la difusión del capital intelectual El amplio debate desarrollado por el grupo de expertos ha llevado a elaborar un conjunto de recomendaciones para su puesta en marcha con carácter inmediato. La tabla 1 que aparece a continuación la recoge de manera ordenada. La primera columna indica que es lo que se debe hacer a juicio del grupo de expertos, la segunda indica quién debe actuar, es decir a cargo de quién debe correr la puesta en marcha de las medidas recomendadas y, la tercera por último, justifica la medida en cuestión. El Gráfico nº 1 siguiente presenta las mismas medidas agrupadas en cuatro categorías mostrando un cierto grado de circularidad entre las mismas y cómo unas medidas refuerzan a otras. Tabla 1
Fuente: European Comisión (2006)
Gráfico 1 El grupo de expertos es consciente de la multiplicidad de los informes de distinta naturaleza que las empresas se están viendo obligadas a realizar y muestra las interrelaciones entre los mismos y el Informe de Capital Intelectual, de manera tal que la empresa no tenga que multiplicar sus esfuerzos. 4. Recomendaciones para universidades y centros públicos e investigación Las recomendaciones del grupo de expertos dirigidas a Universidades y Centros Públicos de investigación pueden clasificarse en dos grandes grupos. En un primer lugar se recomienda que se incrementen las enseñanzas acerca del capital intelectual, su gestión, medición y difusión, en los centros universitarios, mencionando expresamente Facultades de Ciencias, Escuelas de Ingeniería y Facultades de Economía y Empresariales. El documento constata cómo los estudios sobre gestión de la innovación y política de innovación que se han hecho en Europa no siempre se efectúan lo suficientemente cercanos a la realidad que muestran las empresas. Las enseñanzas sobre estos temas raramente toman en consideración la gestión del conocimiento y el análisis y difusión del capital intelectual. Consideran que esta laguna debe ser salvada en el futuro y que los profesores e investigadores en áreas de contabilidad y gestión, que son los que normalmente se dedican a temas de capital intelectual, deben trabajar en estrecha colaboración son los que se dedican a estudios de innovación y a política tecnológica y de innovación (Cañibano, García Ayuso, Sánchez 2000) La segunda línea de recomendaciones hace referencia a la necesidad de que las propias universidades y centros públicos de investigación gestionen, midan y difundan su capital intelectual, utilizando modelos aparecidos a los que utilizan las empresas. Ya hay experiencias de este tipo en Europa, la más interesante es probablemente la desarrollada por el Austrian Research Center (ARC). A partir de esta experiencia, el gobierno austriaco ha aprobado una ley que obliga a las universidades del país, a partir del 2006, a elaborar un informe del capital intelectual. Otra experiencia de la que el documento RICARDIS se hace eco es la que se está desarrollando en marco de la red de excelencia PRIME. El proyecto “Observatorio de las Universidades Europeas” que se desarrolla dentro de la red tiene como objetivo la elaboración de indicadores comunes para las empresas europeas que reflejen precisamente sus capacidades en cuanto a producción, gestión y difusión del conocimiento. 5. Conclusiones Conceptos como gestión del conocimiento, activos intangibles y capital intelectual forman parte, cada vez más, del lenguaje común de las empresas. La Comisión Europea entiende que si dichos conceptos calan en las pequeñas y medianas empresas su interés por la investigación va a aumentar y por tanto se dedicarán a las actividades investigadoras un mayor volumen de recursos. El conjunto de recomendaciones recogido en la Tabla 1 requiere tiempo para la puesta en marcha, pero el camino que se inicia es, a nuestro juicio prometedor. Creemos que, aunque parezca paradójico, es más fácil que las PYMES consideren cercanos a sus actividades diarias estos nuevos conceptos y que los mismos les ayuden a contemplar la investigación como lo que realmente es, un proceso que permite resolver problemas y que, por tanto, se encuentra al alcance de todos. 6. Bibliografía Andriessen, D. (2001) “Weightless Wealth. Four Modifications to Standard Intellectual Capital Theory”. Paper presented at the 4th World Congress on the Management of Intellectual Capital. Hamilton, Ontario, Canada. Arrow, K.J. 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Uno dirigido a decisores políticos a distintos niveles, tanto nacionales como comunitarios, el otro dirigido a las empresas y a potenciales inversores. [4] Muchos de los argumentos recogidos en esta sección se desarrollan enSánchez, P. yElena, S. (2006) [5] MERITUM (Measuring Intangibles to Understand andImproveInnovation Management) es un proyecto financiado por el Programa TSER de la Comisión Europea entre los años 1999 y 2001. Fue coordinado por un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid dirigido por Leandro Cañibano y Paloma Sánchez. En él participaron otros 10 equipos de investigación de la Universidad de Sevilla y de Universidades de Francia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia. Su principal resultado fue el modelo y las directrices que llevanel mismo nombre que el proyecto. [6] La evidencia empírica existente en este tema es todavía poco concluyente. Un reciente artículo (Guimón, 2005) refleja los resultados de un experimento con un conjunto de analistas de crédito del Banco Santander Central Hispano. Un conjunto de analistas recibió la información sobre un proyecto de inversión en los documentos que habitualmente una empresa pequeña proporciona cuando acude a un banco a solicitar un préstamo. Un segundo grupo recibió la misma información junto con un informe de capital intelectual de la empresa. Observadas las decisiones de uno y otro grupo en relación con la aprobación del crédito, se constata que hay todavía una gran separación entre el potencial impacto que se le atribuye al informe del capital intelectual y el impacto real, ya que el grupo de recibió el informe de capital intelectual no tomo decisiones fundamentalmente distintas. El trabajo demuestra la escasa cultura del sector bancario español en relación con estos temas y explica las razones de la paradoja encontrada, coincidiendo en la necesidad de dar mayor difusión a los modelos de capital intelectual.
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