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Número 40, enero-febrero 2007 I+D y Competitividad>> Tribuna de debate |
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Madrid: ciudad, tecnópolis y región del conocimiento Debido a la importancia que adquieren la ciencia y la tecnología para el desarrollo de nuestras regiones y ciudades, el presente documento reflexiona la promoción de parques científicos e infraestructuras de investigación e innovación que la región de Madrid tiene planteada. |
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1. La importancia del Σ(I+D+i) como fuente de desarrollo
La sociedad actual se apoya, cada vez más, en una economía intensiva en conocimiento en la que buena parte de los costes de producción se derivan del aporte continuo de nuevos conocimientos en comparación con los demás insumos. En este nuevo marco referencial se diferencian los inputs o medidas políticas que se llevan acabo por los agentes y administraciones, y los ouputs del sistema que son objetivos a alcanzar. Potenciar y desarrollar elementos intangibles son la clave de éxito de ciudades y regiones. Conceptos como infraestructuras para investigación, ciudades que aprenden, redes de innovación, o capital social, tienen como objetivo ampliar y abrir el enfoque del desarrollo regional. Por otra parte, en la transición de la vieja sociedad industrial fordista a nuevas formas de organizar el territorio après-fordiste, para los neoschumpeterianos, un modelo de desarrollo, o un sistema de innovación, está estrechamente relacionado a un cambio tecnológico, y, por tanto, a la competitividad de las estructuras de investigación y desarrollo tecnológico existentes en la región. Las ciudades y sus sistemas de innovación (Lundvall, 1992; Cooke, 2004), dependen de la calidad de la investigación y sus mapas de investigadores, de la densidad de investigadores e infraestructuras, así como de la transferencia y transmisión, pero también de la demanda social, mercados, valor añadido, activos, etc. Estamos ante un nuevo marco de capacidades y competencia que propicia cierta especialización de las metrópolis en actividades intensivas en conocimiento generadoras de alto valor añadido. Una región urbana es competitiva si tiene diseñado y se gestiona adecuadamente una Estrategia y un Plan de investigación e innovación. Reiteradamente se dice que la mejor inversión pública, además de las que se destina a la atención de la salud, es la que se emplea en la formación y en investigación. Esta afirmación general es todavía más acertada en el caso de regiones urbanas como, por ejemplo, la Comunidad de Madrid, donde universidades y organismos públicos de investigación pueden ser uno de los motores más importantes para el desarrollo de la región. Cuando se aborda la infraestructura del conocimiento e investigación en las regiones, debemos tener en cuenta que así como a escala de los países hay un conjunto más o menos equivalente y completo de instituciones de enseñanza y formación, producto de años y, a veces, siglos de políticas culturales y científicas, a escala regional nos encontramos con una gran variabilidad y a menudo con una juventud de las universidades y centros de ciencia producto de la nueva y reciente creación en las últimas décadas. En España, hace años que se abrió un proceso de descentralización que conlleva una regionalización de la enseñanza superior e incluso de la investigación en jóvenes universidades y centros de investigación. Esta dinámica de descentralización (ver Grosseti-Losego, 2003) ahora en debate,y de creación de centros e institutos se quiere aprovechar para plantear las oportunidades y relaciones de producción, intercambio, cooperación, transmisión y difusión de conocimientos. 2. Parques e infraestructuras: de la polarización a la articulación regional Los parques científicos y tecnológicos forman parte del paisaje económico de las sociedades desarrolladas, que han invertido cuantiosas sumas de dinero en la planificación, construcción y promoción de estos recintos habilitados en teoría para la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Sin embargo, su posición relativa en el sistema Ciencia-Tecnología-Industria se ha modificado de forma sustancial durante los últimos quince años. Durante los años ochenta estos nuevos espacios se plantearon como apuesta casi exclusiva de los gobiernos regionales, sobre todo en Europa Occidental y desde luego en España, para revitalizar ciudades y reindustrializar áreas mediante la oferta de suelo acondicionado para la instalación de empresas grandes y pequeñas especializadas en procesos técnicos, así como para la constitución de centros tecnológicos de diferentes sectores y naturaleza. En este marco de las políticas tecnológicas de oferta la prioridad era la regeneración del tejido productivo mediante la incorporación de nuevos sectores denominados de alto contenido tecnológico, así como apoyar la modernización técnica de la industria preexistente en cada región. Para ello, se siguió el modelo de la concentración espacial de las iniciativas públicas en los recintos que hoy conocemos como parques tecnológicos, que se convirtieron en el emblema del compromiso de las autoridades con las exigencias infraestructurales derivadas de la tercera revolución industrial. Pero la polarización técnica, geográfica, económica y psicológica retomada de los polos peurroxianos se revela pronto insuficiente para promover un verdadero cambio sustancial y generalizado en el nivel técnico de las distintas economías regionales. Esta insuficiencia empujó a los responsables de los diseños políticos sobre estas cuestiones a fijarse en algunos modelos de innovación técnica más modestos en su plasmación física o urbanística, pero más eficaces en sus resultados prácticos, como el de las redes alemanas, danesas o suecas tejidas por centros tecnológicos, empresas y centros de innovación. Frente al parque-polo como protagonista del esfuerzo tecnológico, los sistemas regionales de innovación definidos por autores como Lundvall y Cooke o Morgan, emergen como alternativa más integrada y atenta a la realidad de cada economía regional.
3. Los Parques científicos en Madrid, una herencia en evolución En España los parques desde el año 2000 intentan un acercamiento al conocimiento que la universidad genera, recopila y contiene (los parques hacia/en la universidad). En los primeros proyectos se ha intentado llevar la universidad a los parques localizando las oficinas de transferencia, centros tecnológicos y otros centros conexos. Esto ha generado escasos frutos pues, por un lado, se partía de cero en la necesaria imbricación entre investigación y empresas, y por otra parte, en España no existe cultura de la movilidad, ni del cambio de lugar de trabajo, ni predisposición a habitar en la frontera.[1] La Comunidad de Madrid que fue pionera en estos desarrollos, constituye el principal centro de investigación en España, y ofrece a los investigadores un entorno tecnológico, productivo y financiero de primera magnitud, así como un potencial humano extraordinario. Sus casi 6 millones de habitantes disponen de un amplio abanico de universidades, OPIs, centros e institutos de investigación, estructuras de interfaz entre la ciencia y la industria, y también una docena de proyectos en curso para crear nuevos centros de investigación y parques científicos (cuadro 1). Cuando se intenta buscar las claves y características de estos nuevos proyectos, todavía hoy el denominador común son los metros cuadrados de superficie disponible. Lejos de planteamientos y estrategias internas que en el marco normativo regional lancen a universidades y centros de investigación por la senda de la investigación competitiva internacional, los promotores abundan en esquemas clásicos, en ocasiones, intentando buscar socios financieros y, en otras, solicitando ayuda para actuaciones que no despegan con la facilidad ideada. Los promotores solicitan a las instituciones ayudas y subvenciones para crear centros en las que a veces la lógica económica choca con los bloqueos políticos. Y, las líneas de fuerza no asocian estos parques en un proyecto de futuro tecnológico y económico de calado nacional, pues las relaciones se establecen más por separado que como un proyecto conjunto interuniversitario y tecnopolitano coordinado. Cuadro 1
Fuente: Elaboración propia
Incluso el proyecto parque científico de Madrid promovido en un entorno universitario (campus de Cantoblanco), donde ya existen infraestructuras importantes como el centro nacional de biotecnología, instituto de catálisis, e instituto de ciencias de materiales, planteó dudas en su formulación jurídica, financiera y en las relaciones tecnocráticas y económicas sobre el eje de terciario avanzado del norte metropolitano. Este proyecto tiene un aliado, el parque tecnológico y empresarial pionero de Tres Cantos-IMADE que por la concentración de empresas y empleos puede ser complementario para transferir la investigación realizada en los centros universitarios y así convertirla en innovación.[2] En el año 2007 Madrid tiene varios parques empresariales y una iniciativa de parque científico con cierta proyección transnacional. En él nos encontramos con aspectos significativos y positivos: a) hay un plan de viabilidad para el proyecto de PCM un tanto disperso por la concentración en Madrid de la investigación y de los centros del CSIC. b) hay líneas de investigación en los centros e institutos. c) no sólo son edificios pues existe capital social, recursos humanos dedicados a la investigación e infraestructura, equipos, sistemas, y laboratorios. d) no parte de cero, por lo que agrupar recursos y coordinar esfuerzos es el trabajo que los promotores desarrollan en la actualidad. e). se han definido las funciones con los socios financieros. f). no está asegurada la demanda regional de su oferta en servicios científico tecnológicos, ni del personal técnico e investigador. En el resto, salvando el proyecto de la universidad politécnica, incluyendo la posible “Ciudad del Conocimiento” y el proyecto del ayuntamiento son más parques tecnológicos y empresariales que científicos con un take off diferente debido a sus planteamientos iniciales excesivamente relacionados con el desarrollo de amplias zonas urbanas, licitaciones urbanísticas, cesuras, interferencias y competencias. 4. Madrid aprende de parques e infraestructuras de I+D+i Pero la experiencia de España y también de Madrid durante los últimos veinte años se muestra cuando menos mejorable en varios aspectos relacionados con la creación y gestión de parques científicos y centros tecnológicos. En primer lugar, los recursos han fluido desde la Administración Pública hacia los parques con un marco fiscal, laboral y financiero favorable para organizaciones y agentes instalados en estas infraestructuras y recintos, pero con unos resultados desiguales y; en cualquier caso, por verificar la capacidad para desarrollar tecnologías propias con esquemas operativos de los años noventa. En los estudios disponibles no se aprecian marcos de aproximación que definan relaciones sistémicas entre los parques y sus centros tecnológicos con centros preexistentes y empresas (Ondategui, 2002, 2004; Mas-Cubel, 1997; García Quevedo, 2003). Por otra parte, los procesos de descentralización administrativa han creado nuevos campus e infraestructuras universitarias dispersas por el área metropolitana que hay que gestionar desde posiciones más cercanas a la sociedad y al tejido empresarial. Los datos y las distribuciones de parques por regiones en España arrojan cifras para el quinquenio 2005-2010 que multiplican por más de cuatro los actualmente operativos (Ceprede, 2004), cuando, salvando las distancias, la misma innovación que supuso el parque científico en EE.UU y que tiene su máxima difusión en los noventa entra a partir del 2000 en una curva sostenida o descendente (Link-Scott, 2003). En este sentido, la cuestión es si es sostenible en el tiempo una política de un parque científico con esquemas del siglo pasado por cada campus universitario creado en los años ochenta y noventa. En tercer lugar, aquéllas infraestructuras de parques y centros tecnológicos también fueron instrumentos contra la obsolescencia funcional del espacio físico. Hoy las infraestructuras de investigación ya no son “duras” como los parques anteriores. Tampoco son un fin, son un medio para conseguir ouputs y objetivos sociales, activando estructuras y mecanismos organizativos en el proceso de producción y difusión de la ciencia y de la tecnología. El concepto de parque científico, mediada la década del 2000, ha de introducir cambios sustanciales con esquemas nuevos que organicen la I+D+i, y ofrecer oportunidades para modernizar nuestras universidades e instituciones de investigación. En cuarto lugar, las infraestructuras tipo parque tecnológico y científico regional han sido un poco como la cultura, lo que queda después de que todo se ha olvidado. Partieron de suelo y edificios, operan como intermediarios de una cadena fundamental, y todavía no conocemos si el paso del parque-polo al parque-nodo está beneficiando de forma más patente a las economías regionales. Parece que la investigación y transferencia de conocimientos al tejido necesita algo más que relocalizaciones de empresas, parcelas, y edificios. Requieren otros planteamientos de trabajo en el origen del proceso, en los mismos laboratorios, grupos de investigación,centros de investigación, centros de desarrollo tecnológico, empresas, e instituciones que apoyan e impulsan la investigación. Por último, la Administración al frente de organismos de formación superior e investigación, no tiene entre sus funciones “abonar suelo”, actividad propia de organizaciones privadas. Sí debe velar por la creación de conocimiento, el capital humano, los recursos financieros destinados a la ciencia, a sus científicos y a sus tecnólogos, a sus centros y grupos de investigación, a sus laboratorios, bibliotecas, redes telemáticas y universidades. Y, por tanto, debe gestionar adecuadamente los recursos destinados para investigar con mecanismos adaptados a la actualidad, pues la sociedad reclama control y resultados sobre lo que invierte en universidades y OPIs. 5. Gestión y organización de las infraestructuras de I+D+i Hace unas décadas el Estado y las grandes empresas eran garantes de la innovación. Actualmente la función de innovación pasa a ser responsabilidad de una multiplicidad de agentes públicos, privados o mixtos, en la que las escasas empresas que dan sus primeros pasos para abrirse a ella parece que necesitan sino la ayuda sí una orientación de estas redes de agentes. Aparece así un renovado equilibrio organizativo fruto de la incorporación de redes en cantidad y calidad que se engranan (figura 1) a partir de la experiencia de actores, gestores y coordinadores de la ciencia e investigación (Leydesdorff-Etzkowitiz, 1997). Para que los nuevos proyectos de parques e infraestructuras puedan beneficiarse de este marco favorable, es muy conveniente cierta estrategia regional que supere las deficiencias observadas en etapas anteriores, porque la tentación de los negocios y los sueños tecnopolitanos ha desembocado en una región urbana con casi una decena de universidades y centros de investigación que aspiran a tener un parque científico o centro de investigación nuevo, precisamente cuando la región se especializa en ocio cultural y servicios avanzados.[3] En este sentido, tal abundancia de proyectos puede ser una riqueza si se organiza pero la distribución de funciones no se podrá lograr sin disensiones y sin consenso. Si todas las universidades hacen lo mismo y al mismo tiempo (proyectos coetáneos) ¿acaso no entrarán en concurrencia y se convertirán en simples anejos de los centros de investigación y de las tecnópolis ya instaladas en otras latitudes?. Es más, ¿hasta qué punto benefician estas actuaciones a la región, sin una Estrategia clara en materia de investigación e innovación que redefina las funciones regionales en el contexto nacional e internacional? ¿No sería una política prudente, una priorización-selección de necesidades y de proyectos?. Figura 1 ![]() Fuente: Elaboración propia
Madrid es una región que desde hace décadas apuesta por la formación e internacionalización. Apartados los modelos jerarquizados hoy se tiende a modelos más distribuidos para atender mejor las realidades territoriales y del entorno, si bien en puzzles urbanos que configuran las áreas metropolitanas.[4] La realidad nos enseña que los sistemas adhocráticos y adaptativos resultan mejor que los centralizados y burocráticos. Para ello, la descentralización efectiva en campus con centros de investigación y de transferencia de conocimientos, incluso parques científicos tipo incubadora, es un síntoma de madurez universitaria. Con ellos se puede favorecer a los grupos y sus capacidades, elevar la complicidad, la proactividad y los proyectos innovadores dejando de lado el miedo al fracaso del emprendedor. Sólo así con el tiempo podremos hablar de la “universidad tecnópolis” o de verdaderas “tecnópolis, pues para salvar aquél dicho de Einstein “perfección en los medios, confusión en los fines”, el mapa de los parques y de la I+D necesita un norte que fije investigación en la frontera y atraiga investigadores y empresas.[5] No hay institución que más conocimientos y capacidades internas acumule: es el activo principal. Cuestión aparte es cómo se gestionan dichos activos internamente. De la correcta gestión clientelar y explotación de las fuentes de conocimiento dependerá el futuro de nuestras universidades con sus parques en relación con el territorio y su entorno. En la región de Madrid, organismos e instituciones de investigación y formación tienen un recorrido amplio, pues cuando éstos asumen nuevas funciones más ricos se hacen, más investigadores son, y cuando añade el fomento de la innovación y la incubación, sus cometidos también cambian. A medida que va aumentando su rol en la economía pasando de ser proveedores de recursos humanos a ser un generador de actividad científica y económica, se refuerza la relación que mantienen con la industria y con la sociedad. Y, en este sentido, los parques y centros de investigación conseguirán diferenciar sus iniciativas, más que en los espacios, en la efectividad de funciones estructuradas, profesionales y efectivas. Las instituciones dedicadas a la investigación y transferencia de conocimientos no hace falta que haga lo mismo que sus homólogas. El escenario del networking university o stakeholder university puede generar complicidades para que a su vez se generen redes de conocimiento, y una learning region con un cluster de conocimiento y aprendizaje permanente. Hoy se trazan nuevas infraestructuras de producción de conocimientos con implicaciones organizativas importantes. Por ejemplo, los equipamientos comunes, centros tecnológicos y de investigación aunque tienen una razón de ser explícita, empiezan a funcionar más de forma multidisciplinaria y colaboradora. La ampliación o creación de estos centros y sus acreditaciones de calidad de la investigación es una oportunidad que, por ejemplo, se sigue en Madrid con la Red de Laboratorios, para que las instituciones puedan competir con el creciente número de institutos privados de investigación y desarrollo tecnológico. Podemos decir que la acumulación de conocimiento en las universidades a pesar de las dotaciones en infraestructuras internas (laboratorios, centros tecnológicos, TICs, bibliotecas, salas de prácticas, campos de experimentación), no se transfiere adecuadamente. Y, tal vez sea aquí donde el mecanismo del parque-incubadora pueda solventar algunas lagunas en este proceso de transferencia. Pero la primera prioridad de un parque científico universitario de nuevo calado no es enseñar, ni informar con jornadas de puestas abiertas, ni crear empresas. La primera prioridad es proveer estímulos a favor de la investigación-creación entre estudiantes de postgrado, y entre investigadores o empresarios procedentes de otras universidades. Así, el parque poco a poco puede convertirse en un instrumento de cambio industrial, tecnológico y social. El parque científico con su incubadora no sustituye a los grupos de investigación, ni reproduce esquemas organizativos en otro edificio. Complementa, y puede cambiar la actitud de los jóvenes investigadores, de los empresarios y autoridades locales, respecto de la universidad y de la ciencia básica o aplicada. Estas iniciativas de nuevos parques y centros, por encima de empleos, empresas y facturación, deben demostrar su “valor añadido” para la región. Los parques y las incubadoras deben tratar de recuperar la inversión por lo que cualquier estructura que se cree conlleva una gestión de la investigación y de la función emprendedora pues el modelo es de negocio dirigido a la obtención de beneficios. Por ejemplo, los parques científicos y tecnológicos como mecanismos de transferencia e incubación, deben demostrar si conducen a un aumento neto de la tecnología mediante producto o proceso nuevo, la creación de riqueza, y las relaciones que no se hubieran producido de otro modo con otros instrumentos, tal vez más baratos, en la economía regional. Llegados a este punto podemos preguntarnos si hay tejido industrial en Madrid capaz de demandar los posibles servicios ofertados por 8 nuevos parques científicos. Si tenemos en cuenta el modelo económico y la dinámica industrial en la región, la respuesta es cuando menos incierta.[6] Los estudios disponibles nos enseñan que la mayoría de las regiones carecen de sistemas de innovación organizados. Disponen más bien de unos entornos en los que están presentes algunos elementos de fomento de la innovación pero en los que faltan otros tantos, los fundamentales (Buesa, 2002). Según la teoría de los medios innovadores (Bramanti-Ratti 1997; Freeman-Ludval, 2004), la innovación aparece como consecuencia de procesos de aprendizaje colectivo y se desarrolla en un contexto social, institucional y cultural específico que permite a las empresas, a través de una red de contactos y relaciones, acceder a las innovaciones. Después de varios años planteando sistemas productivos, medios innovadores, parques tecnológicos y otros mecanismos, lo cierto es la incertidumbre que existe en la innovación, pues lo más probable es que no estemos más que ante posibles candidatos a medios innovadores. Madrid por sus características históricas se apoya en un territorio denso en cuanto a capacidad empresarial e institucional, y en cuanto a la potencialidad de respuesta innovadora a los desafíos del cambio industrial. Sin embargo, y con todo el bagaje de un área metropolitana central, no pensemos inmediatamente en la función regeneradora del tejido mediante parques universitarios. La creación de nuevas empresas es un proceso largo y costoso en el que habrá que incorporar experiencia, pues el parque científico universitario para ser creíble en sus actividades necesita no sólo incubar, sino ganar prestigio con sus inventos útiles a la sociedad, con sus laboratorios dispuestos a ofrecer soluciones científico-tecnológicas continuas, y con sus graduados ahondando en la frontera de la ciencia y los problemas de la sociedad. Esto es lo que caracteriza y diferencia a los buenos parques científicos. Madrid dispone de un excelente potencial que avanza en calidad integrando y organizando el amplio abanico de recursos disponibles. Ahora bien, una Red de Ciencia y Tecnología es viable y posible desde el momento que existe una estrategia regional en la que lo común triunfa sobre la expresión de las divisiones, en caso contrario se va hacia la desterritorialización de la ciencia e investigación. En Madrid la Red actual es fruto de 10 años de experiencia y evolución hacia redes descentralizadas y distribuidas, cuyos nodos no deberían operar como polos peurroxianos extremos del espacio de investigación y desarrollo tecnológico regional. Universidades, centros de investigación, y empresas tienen un nuevo escenario y oportunidad para la innovación, pues la Administración ha lanzado una apuesta decidida y adecuada para consolidar la Red de Ciencia y Tecnología a favor de la innovación. Este nuevo marco se apoya, fundamentalmente, en la gestión de las capacidades y competencias existentes, y en adecuar los mecanismos de transferencia, movilidad e incentivos. Bien es cierto, que estas infraestructuras juegan un rol importante para las ciudades que manejan parámetros de desarrollo y juegan roles y funciones en el contexto global de las grandes ciudades. Un parque, dos o tres, añaden prestaciones a la ciudad y a las universidades que tienen líneas abiertas con proyección. Pero estas infraestructuras llegan, se impulsan e incentivan cuando existe masa crítica organizada, demanda latente, estructuras abiertas y ágiles, líneas de trabajo, consorcios motivados con la investigación y el desarrollo territorial, y empresas comprometidas que traccionan y financian investigación. En Madrid ha llegado la hora de plantearse si la I+D acaso no es la industria del futuro, aunque no sea fácil abrirse hacia estos nuevos planteamientos de riesgo en tiempos de incertidumbre. El potencial, los recursos y la características existen, y su condición de región que económicamente articula amplios territorios son una realidad y un aval para abrirse por los horizontes de la I+D. Las líneas de fuga aproximan realidades concordantes con las nuevas funciones que las Administraciones van asumiendo. Por ejemplo, el Programa de Infraestructuras incide tanto en la organización de la Red de Laboratorios compartiendo recursos de investigación, en la oferta de servicios científico tecnológicos proyectados hacia las empresas con el objetivo de aumentar los ingresos en universidades por servicios prestados, como en la definición de nuevas estructuras tipo instituto de investigación cooperativa. Además, se aborda una línea nueva transversal por la que se incide en temas de calidad en la investigación. 6. Observaciones y consideraciones finales Un grupo nuevo de infraestructuras y parques científicos surge y se fomenta cuando la sociedad, las empresas, universidades, y los responsables se han dado cuenta de que ninguna otra región o nación va a hacer el desarrollo tecnológico y la innovación por ellos. En la situación actual por la que la ciencia y la tecnología adquieren un valor trascendental, además de las razones históricas por las que Madrid siempre ha sido un centro de ciencia nacional, ésta es la justificación de una Red coordinada que teje el futuro de al región. Resulta tentador imaginar que los proyectos de parques y centros de investigación pudiesen funcionar un día en una red multiorganizada, una vez clarifiquemos líneas de investigación en las que los parques universitarios funcionen como mecanismos de transferencia hacia las empresas y la sociedad. Esto requerirá, como bien planteanCeyer-Scapolo (2003), voluntad política que no separe ventanillas de la ciencia, de la tecnología e innovación. Bibliografía CEPREDE -Centro de Predicción Económica– (2004) Penetración Regional de la Nueva Economía. Consejería de Economía e Innovación Tecnológica, Comunidad de Madrid, Madrid. Benko, G.-Lipietz, a. (eds) (1994) Las regiones que ganan. Distritos y redes. Los nuevos paradigmas de la geografía económica. Ed. Alfons el Magnámin, Valencia. Borja, J.-Castells, M. (1997)Local y Global. La gestión de las ciudades en la era de la información. Ed. Taurus, Madrid. Bramanti A., Ratti R. (1997) “The multi-faced dimensions of local development”, in Ratti R.,Bramanti A., Gordon R. (eds.): The dynamics of innovative regions, Aldershot, Ashgate. Braczyk, H.-Cooke Ph (Edi.) (1998) Regional Innovation System, University College London, UK. Buesa,M., y otros (2002)“Una tipología de los sistemas de innovación regionales en España”. Rev. madri+d, Monografía nº 5, pp. 80-89, Consejería de Educación, Madrid. Ceyer, A.- Scapolo, F. y otros (2003) The Future of Manufacturing in Europe 2015-2020. The Challenge for Sustainability. Institute for Prospective Technological Studies, (DG, JRC-Joint Research Centre-), European Comision, Bruselas. Cooke, Ph. (2004) Sistemas de Innovación Regional: conceptos análisis y tipología (borrador policopiado). Centro de Estudios Avanzados, Universidad de Cardiff, Gales. Freeman, C., (2004) “Technological infrastructure and international competitiveness”, Industrial and Corporate Change, Vol 13, No 3, pp 531-539. Oxford University Press. García Quevedo, J. (2003) Universidades e Infraestructura Tecnológica en la localización de Innovaciones, Economía Industrial, nº346, pp.127-134, MCyT, Madrid. Grosseti, M.-Losego, Ph. (2003) La territorialisation de l’enseignement superior et de la recherche. France, Espagne et Portugal. L’Harmattan, Paris. Leydesdorff, H.-Etzkowitiz H. (1997)A triple Helix of University-Imdustry-Goverment Relations, Instituto de Política Científica, Universidad Estatal de Nueva York, Nueva York. Link A.N.- Scott J.T. (2003) U.S. Science parks: the diffusion of an innovation and its effects on the academic missions of universities. International Journal of Industrial Organization, 21 /9,pp.1323-1356. Oxford. Lundvall, B.A.(ed) (1992) National Systems of Innovation. 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Delivering innovation: key lessons from the world-wide network of science and technology parks, pp.65-91,IASP, Campanillas, Málaga. Veltz, P. (1999) Mundialización, ciudades y territorio. Ariel, Barcelona. Viale, R.-Ghiglione B. (1998) “El modelo de la triple hélice”, Report nº 29. IPTS Sevilla. Notas: [1] El terreno de la innovación que no es tierra de nada o tierra de nadie, sino de todos y de todas las ocupaciones es proveer ideas allí donde pocos llegan y facilitar su paso por las fronteras.El habitante de la frontera está “abierto a la innovación, está dispuesto a correr riegos, a perder el tiempo, a renunciar a privilegios y ventajas (antigüedad, experiencia, prebendas,…), mantiene el temple en la soledad, es generoso con el adversario y noble en la competencia”. Véase una discusión sobre el tema en Jorge Wagensberg (2003): Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, Metatemas, Barcelona. [2] Véase, para más detalle, un análisis territorial de los primeros parques tecnopolitanos y su evolución regional en Ondategui J., (1997): “Nuevos espacios productivos: tecnología industria y servicios en la región de Madrid”, en Ciudad y Territorio-Estudios Territoriales, Nº 112, pp. 357-378, Ministerio de Fomento, Madrid. Para los complejos industriales apoyados en proyectos de parques tecnológicos Ondategui J. (2000): “Dinámica industrial y tendencias recientes en el norte metropolitano de Madrid”, en Lozano J. Mª (Coord): Nuevas Tecnologías, Trabajo y Localización Industrial, pp. 373-384, AGE-Universidad de Granada. Granada. [3] Los sueños tecnopolitanos nos son familiares incluso en Madrid. El proyecto para producir bajo demanda chips de silicio -microelectrónica- que tuvo AT&T en la ciudad de Tres Cantos duró una década, cuando las administraciones habían logrado poner a punto el Centro de Microelectrónica de Madrid en el Parque Tecnológico de Tres Cantos con el visto bueno del CSIC. AT&T-Tres Cantos exportaba entre el95 y el 98% por falta de demanda interna. Después de pasar por varios grupos empresariales durante un cuatrienio, traspasó a BP las instalaciones en el 2001 para elevar la capacidad de producción de las placas fotovoltaicas ensambladas en la planta de Alcobendas.En el norte, durante 15 largos años, las relaciones industriales y económicas han sido de producción e instalación de empresas, con frecuencia más guiadas por las características urbanas (tipo de urbanización, baja densidad, medioambiente, empleos cualificados, nuevas actividades ligadas a las economías metropolitanas, concentración de instituciones, hospitales, etc), que por la investigación básica o aplicada realizada en los centros universitarios. [4] Para comprender la dinámica universitaria en relación al territorio y sus funciones, véase Campos Calvo-Sotelo, P. (2000): La universidad de España. Historia, Urbanismo y Arquitectura. Centro de Publicaciones, Ministerio de Fomento, Madrid. Universidades como la de Vigo es segregada pues la ciudad la desconoce al estar situada en As Lagoas-Macosende a espaldas de la ciudad en un espacio territorialmente marginal. El caso de la universidad de Alicante, también como la de Vigo con un proyecto de Parque Científico, es una universidad superperiférica formulada casi como una operación urbana en San Vicens del Raspeig, más propia de una operación de recalificación de suelos que de articulación del territorio metropolitano. Véase también Pié Ninot, R. (2003): “Universidad y Desarrollo Urbano”, en Vilalta, J-Pallejá, E. (2003): Universidades y Desarrollo Territorial en la Sociedad del Conocimiento, vol. 1, pág. 245-256, Universidad Politécnica de Cataluña, Barcelona. [5] Con treinta años de experiencia, el parque tecnopolitano, de Sophia Antípolis cerca de Niza, y por lo tanto apartado de una gran metrópoli, genera cierto escepticismo ante la abundancia de proyectos actuales. Se está constatando, por un lado, cierta desinversión de las grandes firmas, que pretenden acercarse a los centros de dirección urbanos, al mismo tiempo que se percibe, por otro lado, el limitado efecto de las “fertilizaciones cruzadas” que se anunciaban por Pierre Laffite entre investigación y producción industrial y, en último lugar, la invasión de los parques por servicios terciarios que podrían haberse implantado con menores costes en cualquier otro nudo de comunicaciones. Véase Troin, J. F. (2003): Las metrópolis del Mediterráneo. Fundación CIDOB, Icaria, Barcelona. [6] Los datos disponibles indican que la economía de Madrid año tras año se apoya, por orden de importancia, primero en la construcción que es la que más crece, segundo en el sector servicios en el que el turismo registra aumentos superiores al 3% de visitantes anuales, y por último en la industria.El sector industrial de la Comunidad de Madrid, aunque pequeño en relación con el de servicios, es el segundo de España en tamaño absoluto, después del de Cataluña. Desde el 2000 existe un proceso abierto de relocalización con At&T, Piaggio, Nissan-Cuatro Vientos, etc, que debemos valorar. Véase el Atlas de la Industria en la Comunidad de Madrid elaborado por la Consejería de Economía e Innovación Tecnológica. |
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