Número 41, marzo-abril 2007
LA UNIVERSIDAD DEL FUTURO>> Tribuna de debate
 
  La Tercera Misión de la Universidad: El reto de la Transferencia del conocimiento

En la última década del siglo XX se ha iniciado un movimiento de revisión sobre la misión de la universidad en la actual sociedad del conocimiento, incorporando a sus funciones tradicionales de enseñanza superior y de investigación una tercera que, según las propuestas principales, se basa en el desarrollo de la llamada "tercera misión" en el ámbito de los tres ejes vertebradores siguientes: emprendimiento, innovación y compromiso social. El análisis justificativo y el plan de cómo llevar a cabo la nueva misión con cierto éxito se presenta como un tema de importancia capital en la UE, dados los objetivos planteados para la universidad europea en el horizonte 2020 de una Europa del Conocimiento.

     
Eduardo Bueno Campos
Catedrático de Economía de la Empresa
Y Director del IADE-CIC de la UAM

eduardo.bueno@uam.es
Eduardo Bueno Campos
 


1. Introducción

Al finalizar el siglo XX surge en el ámbito académico y en el Sistema de Ciencia y Tecnología anglosajón, a uno y a otro lado del Atlántico, pero muy especialmente en el Reino Unido, una corriente de opinión crítica y revisora del papel generalmente aceptado de la Universidad en su función como agente relevante en el Sistema de I+D+I y protagonista del proceso de transferencia del conocimiento tecnocientífico en el mismo, que fue rápidamente seguida por algunos universitarios y científicos de determinados países europeos, básicamente del centro y norte del continente. Además, en ese momento tal posición venía justificada por la nueva concepción que se venía construyendo de la sociedad y su economía basada en el conocimiento, tal y como venían propusieron autores como Bell (1973) y Drucker (1965 y 1993), en coherencia con lo que al final de la pasada centuria los historiadores de la ciencia decidieron bautizar a aquélla como el “siglo de la ciencia” (Sánchez Ron, 2000).

Este nuevo pensamiento, iniciado en la anterior década de los noventa, es el que va a ser objeto del contenido de las páginas de este trabajo, que dadas las limitaciones de espacio presentará de forma sucinta las diferentes aportaciones conceptuales que permitan fundamentar las bases para definir la “tercera misión” de la Universidad, en su visión de agente de transferencia del conocimiento que atesora, así como presentar los problemas de su cuantificación y las líneas básicas del debate abierto sobre el alcance, las perspectivas y barreras que inciden en su desarrollo y los cambios y reformas que requiere el sistema universitario, tanto de la UE, como de determinados países miembros, como puede ser el caso de España.En este sentido hay que recordar las aportaciones pioneras de Sheen (1992), Gibbons et a. (1994), Slaughter y Leslie (1997) y Clark (1998), quienes presentaron las primeras ideas de lo que empezó a denominarse la “tercera misión” de la Universidad; planteamiento que fue asumido de inmediato por la Comisión Europea (1995 y 2000), para formular y desarrollar la nueva estrategia de la UE, orientada a la construcción de La Europa del Conocimiento 2020.En este nuevo enfoque sobre la función de la Universidad se han ido sumando ideas y aportaciones para ir revisando y construyendo el papel a desempeñar para ir por la universidad europea en el Sistema de Ciencia, Tecnología y Sociedad en el siglo XXI o en la actual “era de los intangibles” (Bueno, 2007)

En este sentido, se revisa la función tradicional que ha caracterizado a la Universidad hasta el siglo XIX, como institución de enseñanza superior y de iniciación a la ciencia (Martin y Etzkowitz, 2000). Reflexión crítica que lleva a recordar la aportación que llevó a cabo Ortega y Gasset (1930) cuando abordó, en un conocido ensayo, la “misión de la universidad”; ideas que junto a otras más actuales, ofrecen las bases para definir el contenido y alcance de la “tercera misión” de la institución universitaria. Después de la propuesta conceptual se abordarán, como se ha indicado, los problemas de cuantificación o de definición de los indicadores que faciliten su medida y justificar de su financiación y las reformas necesarias en las políticas, legislación y prácticas que afectan la actividad universitaria europea, que de no llevarse a cabo, pueden provocar que la “tercera misión” solo se quede en un proyecto atractivo pero no ser capaz de responder a la competencia creciente,en términos de I+D+I que proviene de países desarrollados y emergentes al Oeste y al Este de la UE; competencia tecnocientífica que puede afectar de forma negativa al crecimiento y bienestar de la sociedad europea en el siglo XXI.

2. Bases conceptuales de la “tercera misión: Enfoques principales

Revisando la literatura existente se puede elaborar un primer esbozo de las bases que fundamentan la construcción del concepto o de las líneas definitorias de la “tercera misión” de la Universidad, ejercicio que se concretará con la presentación de los enfoques principales, lo cual permitirá seguir alimentando el debate futuro sobre lo que realmente representa dicha nueva misión universitaria en este arranque del siglo XXI. En esta línea argumental hay que concretar que a nivel internacional se ha ido revisando la función principal de la universidad como institución de enseñanza superior, heredera de su aparición en el medievo y que perduró hasta el siglo XIX (Martin y Etzkowitz, 2000). Revisión que se ha ido centrando en la emergencia del “nuevo paradigma” de la universidad emprendedora, fundamentación en la que destacan autores británicos y norteamericanos, como es el caso de: Clark (1998), Gibbons et al. (1994), Slaughter y Leslie (1997) y Ziman (1994).

Pero, llegado este momento, parece obligado reconocer la aportación relevante y precursora que sobre el tema de una nueva misión de la universidad llevó a cabo Ortega y Gasset (1930), cuando en ésta fecha publicó su ensayo sobre La Misión de la Universidad indicando que “en la Universidad reciben la enseñanza superior todos los que hoy la reciben. Si mañana la reciben mayor número que hoy, tanta más fuerza tendrán los razonamientos que siguen. ¿En qué consiste esta enseñanza superior ofrecida en la Universidad? En dos cosas:

  • La enseñanza de las profesiones intelectuales
  • La investigación científica y la preparación de futuros investigadores”

En definitiva, para el filósofo español “la Universidad enseña a ser médico, farmacéutico, abogado, economista, administrador público, profesor de ciencias y de letras en la segunda enseñanza...; pero además, “se cultiva la ciencia misma, se investiga y se enseña a ello”.

La enseñanza superior, consiste, en definitiva, en profesionalismo e investigación, si bien para él y en su época "en España la función creadora de ciencia y promotora de científicos está aún reducida al mínimo, pero no por defecto de la Universidad como tal, no por creer ella que no es su misión, sino por la notoria falta de vocaciones científicas y de dotes para la investigación que estigmatiza a nuestra raza"; diagnóstico crudo y pesimista que en los tiempos actuales se ha ido corrigiendo, a pesar de continuar España siendo deficitaria de cultura científica y del reconocimiento social del sobre el papel a desempeñar por la ciencia y por la investigación en la sociedad y que debe llevar a cabo la Universidad.

Asimismo, este autor señaló que a las dos tareas primordiales a institución universitaria, siempre entrelazadas, de l hay que añadir una tercera, ya que el universitario debiera recibir algo de “cultura general” que le permita intervenir en la actualidad, en la sociedad en que vive y que le permita tener ideas sobre el mundo y la humanidad, en sus propias palabras "que pueda estar a la altura de las ideas de su tiempo, tratando los grandes temas de naturaleza cultural, científica, técnica o profesional"

En resumen, Ortega añade que la Universidad debe incorporar a su misión un tercer aspecto que concreta así:

  • El compromiso con la sociedad y con su tiempo,por lo que ha de depurar un tipo de talento para saber aplicar la ciencia y estar a la altura de los tiempos” (Vid Ortega y Gasset (1937): La rebelión de las masas).

Estas palabras enlazan con claridad con ideas actuales sobre la “tercera misión”, tal y como hoy la entendemos, ya que se orienta, sobre todo, a la necesidad de saber aplicar la ciencia, es decir, transferir el conocimiento a la sociedad, y poder responder a la demanda social de su tiempo que, en esta época, tal y como se ha indicado, se viene concretando en la “función emprendedora y de innovación”, compromiso de la Universidad como agente de creación y transferencia de conocimiento en la sociedad actual.

A continuación se presentan los enfoques o aportaciones principales que explican las bases conceptuales para proceder a una propuesta de definición que pueda ser de general aceptación sobre el alcance y contenido del significado de la “tercera misión” de la institución universitaria, en términos que precisen tanto su denotación, como su connotación en nuestro tiempo.

  1. Un primer enfoque se ha centrado en que la misma recoge el conjunto de actividades que las universidades llevan a cabo con diferentes agentes sociales con los que se relacionan, orientadas a las necesidades del bienestar social y a cooperar con los objetivos públicos y privados de aquéllos. Aportación conceptual que se alinea, con la tercera actividad propuesta por Ortega, más allá de la enseñanza de las profesiones intelectuales y de la investigación científica. Planteamiento que se observa, entre otros, en Sheen (1992) y Martin y Etzkowitz (2000).
  2. Un enfoque derivado del anterior y concretando algo más esta nueva orientación define la “tercera misión” como la perspectiva social de su extensión y compromiso comunitario, es decir, relacionada con las necesidades sociales de su entorno, tanto locales como regionales. Perspectiva basada en las experiencias en el Reino Unido, en el que se observa un doble efecto para la entidad universitaria, de un lado se vincula más con su entorno, desarrollando su función social como servicio público y, de otro, puede generarle ingresos adicionales por sus “esfuerzos comunitarios”, aunque no sea el objetivo principal, pero facilita su desarrollo y mejora su imagen y responsabilidad corporativa con su sociedad, orientada a “satisfacer al cliente” (ciudadanos, otros agentes sociales, caso de las Pymes y otras entidades públicas y privadas de su entorno).Planteamientos que pueden verse en: Gibb (1993), CBI (2003), Department of Trade and Industry (2000), Stiles (2002) y recopilado en Molas-Gallart (2005).
  3. Finalmente, el enfoque que más influencia está teniendo es el de la universidad emprendedora, propuesto por Clark (1998), basado en el proceso de la comercialización tecnológica de los recursos universitarios. En concreto indica que los flujos de ingresos universitarios se derivan de tres actividades diferentes y que contribuyen a una nueva perspectiva del presupuesto universitario. En este sentido, la primera categoría de ingresos corresponden a la financiación pública básica para atender las obligaciones docentes de la enseñanza superior. La segunda categoría de ingresos se relacionaría con la financiación, normalmente pública, para llevar a cabo la actividad investigadora. Finalmente, la tercera categoría responde a una variedad de fuentes que tienen que ver con la perspectiva proactiva de la universidad para llevar a cabo acciones de desarrollo tecnológico, asistencia técnica, programas de formación continua y de postgrado y contratos de investigación, entre otras actividades, con corporaciones, fundaciones, empresas, clientes gubernamentales, asociaciones de antiguos alumnos, etc... En suma, se concibe la “tercera misión” a través de la actividad emprendedora de la Universidad, es decir, desde la visión de ésta como una institución básica para la transferencia de I+D o del conocimiento tecnocientífico, tal y como ha sido dicho en el inicio de este epígrafe al citar a los autores pioneros de esta perspectiva, la cual configura un nuevo concepto de “capitalismo académico” y un nuevo papel de la Universidad saliendo de su tradicional “torre de marfil” (Etzkowitz et al, 2000; Schulte, 2004). Esta comercialización tecnológica y esta función emprendedora se suele concretar en las nuevas políticas para facilitar y movilizar los procesos de creación de empresas de base tecnológica o spin-offs universitarias y en la adecuada gestión de las patentes, modelos de utilidad y licencias, que se generan en una nueva relación entre la Universidad y la Sociedad o Empresa.

Estos enfoques han provocado diversos y contrapuestos argumentos y posicionamientos entre académicos, investigadores y políticos, propios en la construcción actual de la llamada sociedad y economía del conocimiento. Debate que será considerado al final de este trabajo y que se integra en el proceso de cambio y de reformas que en estos y próximos años está viviendo y van a protagonizar la mayor parte de las universidades europeas, frente a la evolución que se observa y se prevé en otros sistemas universitarios y de Ciencia y Tecnología de los países más avanzados en I+D+I de la OECD.

3. La posición de la Comisión Europea sobre la “tercera misión”

La Comisión Europea se ha incorporado de inmediato a la nueva corriente de opinión sobre la nueva misión de la Universidad y el papel de ésta en la Sociedad del Conocimiento de Europa, cuestión que fue abordada a partir de la publicación del “Libro Blanco de la Educación y de la Formación” en 1995 y, sobre todo, de forma intensa a partir del año 2000 (Comisión Europea, 1995 y 2000).

El posicionamiento de la Comisión Europea (2000) se basó en insistir en el papel de la Universidad como agente de transferencia y difusión de conocimiento y tecnologías a la sociedad, en colaboración con los agentes que integran ésta, para ir fortaleciendo el sistema de innovación en Europa y poder competir en el futuro con otras naciones y áreas socio-económicas. En esta línea hay que destacar la Comunicación 58 de 5 de febrero de 2003 sobre su propuesta de la “Europa del Conocimiento 2020” y la consulta llevada a cabo a los diferentes “stakeholders” sobre el papel de las universidades, con el fin de determinar la “visión de la Universidad basada en la investigación y la innovación” (Comisión Europea, 2004). Resultados de la consulta que, se clasifican en tres grandes áreas, como son: a) la financiación de la Universidad y la evaluación de los resultados de I+D de la misma; b) la mejora en las condiciones y políticas para lograr en la UE mayor excelencia universitaria y c) desarrollar políticas y acciones para tener una Universidad más competente y competitiva en su misión a nivel internacional.

La relevancia estratégica de la transferencia del conocimiento en el Sistema Europeo de I+D como proceso fundamental para el desarrollo de la innovación exige una mayor y mejor colaboración entre los diferentes agentes de dicho sistema, especialmente entre la ciencia y la industria, cuestión que fue el centro de los contenidos de la Cumbre de Barcelona en 2004 del Consejo Europeo. Planteamiento que revisa el tradicional modo de investigación o de creación de conocimiento en la Universidad de forma autosuficiente o con escasa cooperación con su entorno, para pasar, como indican Gibbons et al. (1994), a un nuevo modo en colaboración o abierto a través de las redes y relaciones de I+D con otros agentes del Sistema de Ciencia, Tecnología y Sociedad, proceso característico, por ejemplo, en el mundo anglosajón y en los países nórdicos europeos.Este debate y análisis se concretó en la publicación de un Handbook o de una “guía de mejores prácticas” para este tipo de investigación colaborativa y de transferencia de conocimiento más efectiva y eficiente socioeconómicamente entre la Ciencia y la Industria (Comisión Europea, 2005).

Insistiendo en la “tercera misión” de la Universidad, la Comisión Europea en su Comunicación de 6 de abril de 2005 presentó su compromiso de pasar del 2 por ciento de media nacional en la UE del esfuerzo en I+D sobre el PIB, aprobado en la Cumbre de Lisboa del Consejo, a un 3 por ciento de dicho indicador en la UE ampliada para el año 2010, cuestión que será la guía estratégica del 7º Programa Marco de I+D+I (2007-2013). Este compromiso se explicitó con el lema “Construir la Europa del Conocimiento para el Crecimiento” y se concretó en la metáfora gráfica del “triángulo de la sociedad del conocimiento en Europa”, que se recoge en la figura 1 Triángulo que enfatiza el papel relevante del mayor esfuerzo en I+D, de una nueva orientación en la educación primaria y secundaria, así como en la enseñanza universitaria, que lleve a una armonizada convergencia de acciones orientadas a la generación de innovación.

Figura 1. El Triángulo de la sociedad del conocimiento

 
(Fuente: Potocnik.(2005); Bueno (2006b)

Finalmente, la Comisión Europea presentó en noviembre del 2006 la nueva estrategia para dinamizar el Sistema de Innovación de la UE, compuesta por diez acciones, entre las que destaca la primera centrada en cómo mejorar y estimular el sistema de educación de los países miembros de la UE en el período 2007-2010, con el fin de facilitar el desarrollo efectivo de la “tercera misión” de la Universidad, así como la cuarta dedicada a la promoción de sistemas de transferencia del conocimiento entre Universidades, OPIs e Industria.

4. Propuesta de formalización de la “tercera misión”: el reto de su cuantificación

Una vez analizados los fundamentos y antecedentes que configuran el marco conceptual y los enfoques y experiencias principales sobre la “tercera misión”, parece que los ejes en que ésta se puede ir concretando giran en torno a las proposiciones siguientes:

    • La extensión de sus actividades y el desarrollo económico y social de su comunidad o entorno de referencia, es decir, más allá de la misión de la enseñanza e investigación científica, como diría Ortega (1930).
    • La transferencia del conocimiento para que, en colaboración con los otros agentes del sistema de Ciencia, Tecnología y Sociedad o Empresa, pueda concretarse en innovación para el crecimiento y desarrollo sostenible de su entorno económico, es decir, una visión de la Universidad como espacio y agente de innovación.
    • La función de emprendimiento, basada en dicha transferencia de conocimiento tecnocientífico a la sociedad, como creadora de valor, riqueza y empleo a través de la comercialización tecnológica y la creación de spin-offs, entre otras acciones generadoras de nuevas relaciones intra-agentes, a la vez que de ingresos adicionales para el presupuesto universitario (Schulte, 2004).

Estos ejes de la “tercera misión” implican una nueva forma de llevar a cabo el proceso de I+D, de naturaleza cooperativa o en colaboración con los otros agentes del sistema, así como el diseño de nuevos espacios de transferencia y creación de conocimiento, orientados a la innovación en cualquiera de sus categorías o dimensiones. Espacios que se han venido concretando en la aparición de los parques científicos y tecnológicos (Bueno, 2006a), siguiendo las directrices del denominado “modelo de triple hélice” (Etzkowitz y Leydesdorf, 1995) en el que deben integrarse para generar las necesarias externalidades, la “academia”, la empresa y la administración pública, como modo virtuoso de desarrollar I+D y generar innovación.

En consecuencia, siguiendo la senda marcada por la Comisión Europea (2005b) y el planteamiento de la “tercera misión” basada en el emprendimiento e innovación (Bueno, 2007), la propuesta de formalización se construye con los tres ejes citados y que sintetiza la figura 2. En esta figura se recogen las tres misiones fundamentales: educación superior, investigación e innovación; así como las políticas que hay que llevar a cabo para que la “tercera misión” sea una realidad en los próximos años, como objetivo prioritario planteado por la Comisión Europea (2004 y 2006). En resumen, para llevar a cabo esta nueva misión, es necesario:

Figura 2. La “tercera misión” de la Universidad

Fuente: Potocnik (2005); Bueno (2006b)
  • Dirigir el proceso de transferencia del conocimiento tecnocientífico hacia la generación de innovación.
  • Promover la creación de la cultura científica y de innovación que necesita la sociedad actual.
  • Formar a los asesores y gestores tecnocientíficos o en I+D como agentes inductores de innovación.

Cuestiones que implican, como se ha indicado anteriormente, diseñar y poner en práctica un conjunto de políticas y de acciones de reforma, de apoyo y de motivación para que las universidades europeas, en general, y las españolas, en particular, asuman la nueva función que las caracterizará y adaptará a la sociedad del conocimiento del siglo XXI.

Las primeras políticas y acciones tienen que ver con el cambio de orientación del sistema educativo y la necesidad de formar en la enseñanza superior profesionales que sepan dirigir y asesorar los procesos de I+D+I y sean agentes inductores de innovación. Cambio educativo que debe incorporar en España la cultura científica y de innovación, para que la actividad de I+D tenga el reconocimiento social que le corresponde. Otras políticas y acciones tienen que concretarse en facilitar y mejorar los procesos de transferencia de conocimiento para que la investigación científica y el desarrollo tecnológico consecuente se concreten en más y mejor innovación. Por último, hay que incorporar y desarrollar políticas y acciones, derivadas de las anteriores, que permitan la visión de una universidad orientada al emprendimiento, la innovación y la cooperación social, como expresión formal de su “tercera misión”.

Es evidente, que dada la emergencia del paradigma que representa la nueva misión universitaria para la Unión Europea: para poder conocer y dirigir mejor sus objetivos y resultados es preciso cuantificar éstos, disponiendo para ello de un adecuado y relevante cuadro de indicadores que permita llevar a cabo la correspondiente evaluación, la cual presenta una evidente complejidad por la multidimensionalidad del concepto y por la falta de un marco conceptual de referencia aceptado por la comunidad científica (Molas-Gallart et al., 2002 y Molas-Gallart, 2005).

Esta tarea de cuantificación de la “tercera misión” exige el diseño de un modelo de análisis que permita definir el mapa de indicadores relacionados con las diferentes dimensiones o ejes vertebradores de dicha nueva misión. En esta línea el IADE-CIC (Bueno, 2007) viene investigando y desarrollando una modelización basada en la integración de la metodología Intellectus de medición y gestión del capital intelectual, con la metodología de desarrollo tecnológico del gobierno y transferencia de conocimiento, basada en las herramientas PRISMA, ARGOS Y SIGNOS, entre otras con la estructura lógica del Balanced Scorecard. Con este modelo de análisis se podrá relacionar las diferentes dimensiones en que se pueden observar las actividades de emprendimiento, innovación y cooperación socialy, en consecuencia, valorar los resultados logrados por la transferencia de conocimiento que la “tercera misión” pretende en el Sistema de I+D+I, así como, evaluar las políticas de mejora y facilitar un marco objetivo para la reflexión y el debate académico,político y social que se ha abierto en estos años sobre este tema, tal y como se apunta en el siguiente epígrafe.

5. Conclusiones

El tema de la “tercera misión”, desde su inicio, en los países que introdujeron el nuevo enfoque de la función de la Universidad ha suscitado una serie de corrientes críticas en contra y a favor, tal y como recogen Lee (1996), Maskell y Robinson (2001) y Molas-Gallart (2005), debate crítico que viene siendo más intenso en los países que se van incorporando poco a poco a este proceso de renovación de la misión de las instituciones de educación superior en estos años, primeros del siglo actual. Es evidente que en este presenta una importancia capital la regulación de la actividad de la Universidad y el marco legal en que la misma se debe y puede mover en el desempeño de su función como agente y espacio de I+D+I. En este debate, la preocupación sobre el papel de la innovación y el retraso en el crecimiento tecnológico de Europa frente a EEUU, Japón y otros países asiáticos emergentes y, con rápido nivel de desarrollo en tecnológico, es clara en los órganos de gobierno de la UE y dentro de las redes de científicos y expertos respecto a la situación y evolución del sistema de I+D+I.

En consecuencia, el futuro de la “tercera misión” dependerá del grado de armonía e integración de objetivos y comportamientos del marco político-gubernamental, del marco social y empresarial y del marco académico-investigador de la Universidad y de los Organismos Públicos de Investigación. Sincronía o diacronía que puede ser la clave para el éxito o el fracaso de la propuesta de la “tercera misión”, como nueva perspectiva de la función de la Universidad en la actual sociedad del conocimiento. Esta integración y cooperación responde a la metáfora, antes citada, del “modelo de triple hélice” o mejor, en lenguaje técnico-aeronaútico, de una hélice de “triple pala”, en la que el giro coordinado de cada una de las palas que representan los agentes que protagonizan los actuales Sistemas de Ciencia, Tecnología y Empresa, es decir, universidades, gobiernos y empresas, podrá generar la energía necesaria para que el sistema de innovación despegue y se eleve lo más alto posible. Metáfora con la que se puede concluir este trabajo, lo cual para cualquier lector, por poco conocedor que sea de estas materias, no se le escapa que representa un reto de gran calado, dadas las inercias, la complejidad y los recursos y capacidades que se ven involucrados en la definición y puesta en práctica con cierto éxito de la “tercera misión” de la Universidad para los próximos años, sean éstos el 2010 o el 2020, como hitos estratégicos señalados por la Comisión Europea.

En conclusión, la propuesta de contenido y alcance de la “tercera misión” se puede formalizar a través de los tres ejes siguientes, que construyen el ámbito de actuación de la “tercera misión” de la Universidad, a la vez que permiten una definición aún provisional y exploratoria sobre dicho concepto:

  • El eje que explica la aceptación corporativa, como misión de la universidad, de su papel fundamental para propiciar y generar innovación en el Sistema de I+D+I, actuando como agente y espacio dinamizador de estos procesos de innovación.
  • El eje que explica el papel de la Universidad, en la concepción de su misión como agente de emprendimiento, a través de la puesta en práctica de procesos de transferencia de conocimiento.
  • El eje que explica la función de compromiso con el crecimiento y el desarrollo sostenible de la comunidad social en la que se integra la Universidad, lo que facilitará una mayor cooperación social en los procesos de I+D+I en la sociedad y economía del conocimiento.

Si estos ejes se integran en una lógica triádica y se desarrollan de forma sincrónica, como se ha apuntado más atrás, es posible que la posición competitiva en I+D+I de Europa sea mejor y recupere posiciones vividas en épocas pasadas, con lo que se podrían cumplir los objetivos fijados de cómo lograr en la UE la excelencia en Investigación, el desarrollo de la innovación, la atracción de los mejores talentos del mundo, el crecimiento económico y mantener el bienestar social de los ciudadanos y organizaciones de los países miembros en la sociedad del conocimiento europea.

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