Número 45, noviembre-diciembre 2007
SOBRE EL VALOR DE LA INNOVACIÓN>> Editorial
 
  Regiones y universidades      
Jesús Rodríguez Pomeda
Universidad Autónoma de Madrid
jesus.pomeda@uam.es
 

Durante los meses más recientes una serie de turbulencias financieras han comenzado a mostrar sus efectos sobre la economía real en todo el mundo. Con uno de sus focos principales localizado en las hipotecas de alto riesgo obtenidas por los consumidores estadounidenses, la agitación se ha trasladado de unas regiones a otras y de unos sectores a otros con el resultado de afectar negativamente a las perspectivas de crecimiento de la economía mundial.

En esta situación de incremento de la incertidumbre que parece estar afectando a una variable crítica cual es la confianza de los agentes económicos resulta útil volver la atención a los factores esenciales sobre los que, en último término, descansa la capacidad de crecimiento económico y de bienestar social.

Entre ellos aparece indudablemente la capacidad innovadora sostenida de las naciones y de las empresas. Su análisis sosegado requiere en primer lugar atender a los datos estadísticos que reflejan su comportamiento en los últimos tiempos.

Si leemos con atención las informaciones procedentes de las fuentes más solventes, como es el caso de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y, concretamente, la excelente obra titulada OECD Science, Technology and Industry Scoreboard 2007 encontraremos un conjunto de interesantes conclusiones que pueden ilustrar la reflexión sobre la situación actual y la que podemos esperar en los años venideros.

La primera conclusión es que sobre la innovación y la globalización descansan en buena medida las posibilidades de mejorar el rendimiento de los sistemas económicos, así como sus efectos nada desdeñables sobre el bienestar de los ciudadanos, la preservación del entorno natural o la salud pública.

¿Cómo ha evolucionado el esfuerzo innovador mundial actualmente? En primer lugar, con una apreciable reducción de su tasa de crecimiento. Si observamos la inversión en nuevo conocimiento, su crecimiento es, en líneas generales, similar al del aumento del Producto Interior Bruto (PIB). Esta situación contrasta con la existente durante los últimos años de la década de 1990, en la cual la inversión en conocimiento superó el crecimiento del PIB.

Por otro lado, se ha registrado un incremento en la proporción que los trabajadores cualificados representan sobre el total de la mano de obra. Este resultado resulta especialmente llamativo en el sector servicios.

También se ha producido una modificación en la orientación de las políticas públicas de innovación, desde el énfasis en las subvenciones y otras ayudas directas hacia instrumentos indirectos tales como los incentivos fiscales o el refuerzo de los nexos entre los centros de investigación y las empresas dentro de los Sistemas Nacionales de Innovación.

La difusión de las tecnologías de la información ha conocido un ritmo más constante que durante los explosivos años de la pasada década. Otro aspecto relevante se refiere a la pujanza que, también en el terreno innovador, están mostrando las naciones emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y, por último, las actividades relacionadas con la investigación y el desarrollo han incrementado su grado de internacionalización, lo que está modificando las consecuencias económicas de esa inversión.

En conclusión, es preciso comprender e interpretar adecuadamente las transformaciones de la economía mundial derivadas de la globalización y de los cambios registrados en las actividades creadoras de conocimiento de tal modo que la nueva situación que estamos viviendo dé origen a unas sociedades más robustas,equilibradas y sostenibles.