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Número 46 EL MITO DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO>> Tribuna de debate |
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El mito de la sociedad del conocimiento | ||||||||||||
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Las sociedades y las organizaciones, en general, son innovadoras o ponen en peligro su propio desarrollo a largo plazo. Esta afirmación no deja de ser una obviedad en tanto y en cuanto las innovaciones son las que solucionan los problemas y las que permiten satisfacer las necesidades latentes o patentes de las personas a medida que van apareciendo. No obstante, a pesar de que ya nadie se atreva a cuestionar la contribución de la innovación al progreso económico y social, son aún muchos los agentes que no obran con conocimiento de causa y siguen contemplando la acción de innovar como una alternativa y no como un imperativo. Por más señas, la innovación no sólo es un imperativo sino que, también, es un reto. Es un imperativo porque si las organizaciones quieren sobrevivir y prosperar tienen que innovar en todos los campos pero, también, es un reto porque la innovación es fuente de incertidumbre y, a menudo, de rupturas (culturales, tecnológicas, políticas, organizativas, económicas y sociales) que las empresas sortean con dificultad. Tanto es así, que cuando las innovaciones son radicales, provocan unas revoluciones que desestabilizan el orden establecido y contribuyen a alimentar la sociedad del riesgo en el seno de la cual resulta crucial aprender a gestionar las transformaciones. El hecho, es que las empresas no se pueden permitir el lujo de quedarse indiferentes ante la innovación, bien sea porque ven en ella la oportunidad de crecimiento y progreso, o bien porque saben que el no competir en igualdad de condiciones con los competidores más avezados supone una amenaza que pone en peligro su continuidad. Con esta nueva realidad, la propensión a innovar es cada vez más fuerte en las empresas, y los resultados obtenidos en materia de nuevos productos, procesos y métodos engendran unas “revoluciones permanentes” que hacen cada vez más turbulenta a la sociedad del riesgo. Más allá de este primer planteamiento, también se suele relacionar a la innovación con la globalización de la economía. Desde este prisma, podemos afirmar que las innovaciones que tienen unos efectos sobre la reducción de costes permiten a las empresas, independientemente de donde estén implantadas, competir entre sí porque mediante el empleo de nuevas tecnologías y la adopción de innovaciones se liman las diferencias productivas entre competidores. Pero, a este tenor, las innovaciones que favorecen la diferenciación de los productos facilitan la adaptación de las empresas a las exigencias de los distintos mercados extranjeros. Por consiguiente, la innovación no es cambio sin más, no sólo es evolución adaptativa, es cambio consciente. Es cambio dirigido a crear riqueza empresarial. La innovación busca la competitividad empresarial, busca el crecimiento. La innovación es el meme que nos gobierna, que gobierna a nuestras empresas, y vamos trasmitiendo de generación en generación. La innovación es una cultura, la cultura de la sociedad del conocimiento. Es una cultura que, hoy, predomina en la empresa y empapa a la sociedad. En este contexto, uno de los nudos gordiano que preocupa a la empresa innovadora es el que corresponde a la detección y control de las principales fuentes de innovación porque de ellas dependerá su futuro, y aquí la ciencia desempeña un papel nada despreciable. No obstante, si, por una parte, queda evidente que un país científicamente avanzando reúne una serie de condiciones favorables para impulsar la innovación, no es menos cierto que, por otra parte, ciencia e innovación no son como dos caras de una misma moneda, entendiendo con esta afirmación, que una y otra actividad no responden a una misma lógica, a una misma cultura, a unos mismos condicionantes. Dicho esto, uno de los objetivos básicos de esta monografía es colocar a la ciencia y a la innovación en su justa relación. Clarificar la situación propiciando un debate riguroso huyendo de ese automatismo sobre el que se han sustentado muchas de las políticas científicas. El fomento de la ciencia y de la innovación se fundamenta en diferentes culturas pero debemos buscar las zonas de intersección en beneficio del conjunto de la sociedad. Aunque, en muchas ocasiones, la innovación empresarial es la que centra la atención de la mayoría de los agentes, no es menos cierto que el desarrollo y la aplicación de invenciones han sido, también, objeto de análisis en múltiples áreas de conocimiento. Esta evidencia es la que nos ha conducido a preguntar a antropólogos, sociólogos, filósofos de la ciencia, matemáticos, neurocientíficos y expertos en arte cual era, desde su perspectiva, el papel que había y seguía desempeñando la innovación en sus respectivas disciplinas y entornos. Dicho tratamiento multidisciplinar de la innovación enriquece el conocimiento que tenemos de esta variable y permite, por otra parte, ampliar nuestra visión acerca de la concepción y efectos que producen las innovaciones en todas sus manifestaciones. En síntesis, la monografía que presentamos a continuación, y que es objeto de publicación en su totalidad (Monografía nº 20), se estructura en tres partes muy diferenciadas en cuanto a su temática pero relacionadas en lo concerniente a que cada una de estas tres partes apuntala a las otras y ayuda a mejorar la calidad de nuestra base de conocimiento. A través de este enfoque queremos mostrar como puede funcionar un fértil cruce de caminos en el confluyen diversos acercamientos a la innovación. Estamos persuadidos que este análisis nos llevará a edificar unas pasarelas “lógicas” que conecten las distintas perspectivas y arrojen alguna luz sobre la yuxtaposición de las estructuras cognitivas contempladas.
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